Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Dulces años”
La llegada del nene trajo mucha alegría a todos los que rodeaban a Alejandro y Katerin, además, los medios de comunicación hicieron un gran trabajo difundiendo aquel acontecimiento, causando gran entusiasmo a todas las personas que los conocían. Durante toda una semana fueron llenados de regalos y buenos deseos para el bebé. Eso sin contar el apoyo y el amor que les brindaron a los padres primerizos. Alejandro y Katerin se encargaron de cuidar y proveerle lo necesario al pequeño, quien desde su llegada al mundo, era querido por todas las personas. El niño había sido bendecido con unos abuelos que lo amaban y que en ningún instante lo abandonaban, siempre estaban atentos a sus necesidades. Pero, ellos no fueron los únicos en disfrutan de la benevolencia y la bendición del cielo, sino que, también los empleados de las empresas de los padres de Katerin y de Alejandro tuvieron beneficios, disfrutando así de la felicidad del nacimiento del heredero de la familia Magno-Castillo. ... Alejandro se convirtió en el esposo ideal, por el cual sus empleadas sentían admiración. La devoción que tenía hacia su mujer y su niño era digna de reconocimiento, ellas no perdían ninguna oportunidad para halagar lo, darle consejos útiles para su matrimonio y la crianza de su pequeño, alimentos nutritivos, vitaminas y suplementos para mantenerlo sano, y cosas que le servirían a su mujer. Realmente las cosas para Alejandro y Katerin estaban siendo buenas, el destino les comenzaba a sonreír, después de tener duros años llenos de tormenta y turbulencias, por fin tenían su momento para observar el lindo día que ahora se les permitía tener. La empresa de las dos familias iba de maravilla, al paso al que iban más tarde no tendrían de que preocuparse. El futuro para el pequeño Jeremy estaba destinado a estar sin carencias económicas y afectivas, ya que todos lo amaban. Los primeros meses de crianza del nene no fueron lo que Katerin y Alejandro habían esperado, no lo habían tenido fácil. Sin embargo, con paciencia y ayuda de sus padres pudieron tener un buen ritmo y cuidar adecuadamente de su hijo. Los dos padres amorosos se turnaban para cuidar, apapachar y tener tiempo con su hijo, dándole la suficiente atención para hacerle ver que en verdad era amado en esa casa. El amor por su hijo los fortaleció y creó un gran lazo entre ellos dos, Katerin y Alejandro estaban contentos con la vida que tenían ahora. Nada ni nadie podía intervenir con ellos ahora, parecía que sus problemas y obstáculos habían desaparecido. Así pues, pasó el tiempo, por dos años Katerin se mantuvo al cuidado de su pequeño, sólo pocas veces hacia su aparición en la empresa de su madre, llevaba al bebé a ver a su padre, al cual su rostro se iluminaba. Todos los empleados halagaban al nene, siempre diciendo que era lindo y se parecía a sus padres. Después, al tercer año, Katerin retomó el trabajo en la compañía, dejando al bebé al cuidado de su madre y su suegro, quienes adoraban tener su compañía. Lo mimaban y no habían ningún momento en que no le expresarán su afecto. Alejandro no se quedaba atrás, de vez en cuando se daba sus escapadas para ir a besar la frente de su hijo, tenerlo entre sus brazos y admirar su bella sonrisa. Se mantuvieron de esa manera, cuidando y siendo parte de la vida de su hijo. La empresa para ellos quedaba en segundo plano, siempre se mantuvieron presente en sus actividades escolares y familiares. El pequeño Jeremy amaba mucho a sus padres, abuelos y amigos de la familia. Él se sentía feliz con ese ambiente. Katerin y Alejandro se sentían realmente felices y orgullosos de su pequeño, la educación que tenía daba buenos resultados en sus notas en la escuela. Además, le inculcaron las artes como tocar instrumentos musicales, escribir historias, dibujar y pintar, canto y baile. También, practicaba deportes. El pequeño Jeremy tenía un grandioso futuro por delante, y eso lo sabían perfectamente. Por lo que, siempre que él tenía interés en aprender algo nuevo, Katerin y Alejandro no dudaban en permitírselo. Le contrataban los mejores maestros. El niño aprendía, había adquirido el amor por el conocimiento a través de su madre y su padre. Su abuelo Ernesto se había encargado de contarle la bella historia de amor que sus padres habían tenido, y como gracias a las tutorias qué su madre le había dado a su padre, ellos habían fortalecido su vínculo, y como ellos dos se habían enamorado. Habían pasado 10 años, Jeremy iba a la primaria, donde era apreciado y respetado por sus compañeros, no sólo por venir de buena familia sino por su buen carácter, todos querían ser cercano a él. Procuraban estar lo suficientemente cerca a él, nadie se atrevía a molestarlo. En alguna época lo habían intentado, pero, por ser la persona más gentil del instituto lo protegían todos. Así que, los niños bravucones habían desistido, ahora, ellos eran quienes pedían estar siempre con él. El amor de Katerin y Alejandro se mantenía intacto, parecía que no había pasado ni un solo año, ellos se seguían queriendo con la misma intensidad que en la universidad. Ya pronto tendrían su décimo quinto aniversario de bodas. A lo cual, Alejandro había contratado al mejor organizador para hacer una hermosa fiesta. Por otra parte, para Amery, Henry, Tamara y Michael, el amor había florecido para ellos trayendoles la felicidad de ser padres un año después del nacimiento de Jeremy. La primera pareja con la llegada de la pequeña Abigail, una hermosa niña de unos bellos ojos azules y cabello negro. Aunque, varias mujeres y algunos hombres hablaban sobre la infertilidad de Amery por su edad, se habían quedado con la boca cerrada después del nacimiento de la nena. Ella se convirtió en la felicidad del hermoso matrimonio, Henry agradecía a la vida por el gran regalo que le había dado desde que conoció a Amery. La niña era amiga de Jeremy, asimismo, de los mellizos Ethan e Iris, hijos de Tamara y Michael, quienes habían tenido dos hijos en un solo parto. Sus hijos se llevaban bien, así como ellos tenían su hermosa amistad. ... El trabajo en la empresa de Katerin había crecido desde que se expandió a otras ciudades de distintas partes del mundo, por lo que, su padre Denilson le mandó a Joshua para que ayudara a aliviar su carga y que no perdiera valioso tiempo con su hijo y su esposo. Katerin estaba agradecida por esa magnífica decisión. Además, su amigo era muy eficiente con las labores de la empresa, sin lugar a dudas los dos hacían un magnífico trabajo. A Alejandro le había caído de maravilla aquella noticia, le emocionaba que su mujer fuera apoyada por Joshua, quien le había caído bien desde que se lo habían presentado. Ellos dos se llevaban bien, por lo que no tenían ningún problema. El día de su aniversario había llegado, el trabajo que había invadido era mucho por lo que, ella tuvo que presentarse al menos por la mañana y retirarse temprano a casa para prepararse para el evento que se realizaría en la gran mansión Magno. Aquella casa en la cual habían permanecido por petición de Ernesto y el pequeño Jeremy, que adoraba vivir ahí. Joshua se había encargado de enviar a Katerin de vuelta a su casa, por ningún motivo quería que ella se perdiera ningún detalle que Alejandro había preparado con mucho cuidado y amor. Él había sido su cómplice para darle esta grandiosa sorpresa. Quería a su amiga aún, sin embargo, había podido separar el amor y no se había cegado por otro sentimiento negativo. Él sabía perfectamente que amar a una persona era que fuera feliz aunque eso fuera con otra persona, su amor por Katerin era puro y absoluto. — Anda, Katerin. Ve a casa, yo termino de hacer esto. Dijo convenciendola para que se pusiera de camino a la mansión, donde Alejandro estaba terminando con los últimos detalles. — Gracias, Shua. En estos años has sido el mejor compañero y amigo que he tenido en el trabajo. Por eso, espero que algún encuentres a la mujer ideal para que te haga compañía así como yo encontré a mi amado esposo. Respondió Katerin con una gran sonrisa, solo con recordar el día en que le había prestado su bolígrafo al desdichado muchacho que se sentaba frente a ella en el día del examen de admisión hacía que su corazón se precipitara. — Ya te dije que no te preocupes por eso, ahora, ve a casa. Disfruta de tu tarde con tu esposo y tu familia. Respondió Joshua dándole una pequeña palmadita en la espalda y acompañándola al ascensor. Antes de irse, Katerin lo abrazó y le agradeció una vez más por todo lo que hacía por ella. — Ya verás que un día el destino te recompensará por tu buena voluntad. Nos vemos mañana. Dijo Katerin con una gran sonrisa. «Solo con verte feliz me hace sentir recompensado» Pensó Joshua mirando como el número que indicaba como el ascensor iba descendiendo.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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