Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Tiempo”
Después de aquel suceso, la guardia y protección hacia Katerin había incrementado, nadie quería que le pasara nada malo. Todos procuraban cuidarla. En ningún momento la dejaban a solas, menos sabiendo que ese hombre estaba suelto. Era cierto que no le había hecho ningún daño, pero, no sabían a ciencia cierta lo que tramaba. En la mansión Magno, los empleados estaban al tanto de Katerin así como su suegro, Don Ernesto cuidaba de ella en lugar de su hijo, el cual trabajaba un específico horario para pasar más tiempo con su esposa, a la cual mimaba y halagaba. El día del parto se acercaba, la emoción por tener a su pequeño entre sus brazos aumentaba cada vez más. Alejandro adoraba acariciar y sentir la pancita de Katerin, la cual disfrutaba el momento, el pequeño se movía emocionado cuando sentía la presencia de su padre. — ¿Cómo le llamaremos a nuestro hijo? Preguntó Katerin a Alejandro, quien se sorprendió por tal cuestión. Hasta este momento del embarazo en el que sólo faltaban unos pocos días para dar a luz, ellos no habían pensado el nombre para el pequeño. — Tienes razón, no hemos discutido ese asunto. Es importante que lo definamos antes de que nazca. ¿Has pensado algún nombre en especial? Contestó Alejandro sentándose a su lado y rodeandola con un brazo. Katerin se quedó pensativa, a su mente venían varios nombres para su bebé, pero, no se decidía por cual sería el indicado. Ella quería lo mejor para su hijo. — He pensado en varios, pero aún no estoy de acuerdo con uno. ¿Y tú? ¿Ya tienes alguno? Respondió después de un largo rato. Alejandro sonrió, en realidad en algún momento había pensado en la idea de ponerle un nombre a su futuro hijo cuando ni siquiera los dos eran algo. — Mmm... Si te soy sincero, yo ya lo he pensado desde antes de que nosotros tuviéramos una relación. Respondió Alejandro con un ligero rubor en sus mejillas. A Katerin le tomó por sorpresa su confesión, Alejandro le había demostrado que podía ser muy dulce y cursi, desde antes él ya había planeado su vida juntos como todo un enamorado. — Me gustaría saber entonces... Quiero saber que nombre has pensado para nuestro hijo. Contestó enlazando su mano con la mano libre de Alejandro mientras lo regresaba a ver. El sonrojo en sus mejillas aumentó, le daba pena confesarle sus más profundos secretos, pero, como ellos dos habían acordado jamás guardar nada uno del otro, fue sincero con lo que diría. — ¿Qué te parece si lo llamamos Jeremy? Dijo de manera dudosa, esperando por la respuesta de su esposa. Katerin repitió el nombre una y otra vez en su mente y luego en su boca, comenzó a jugar con sus apellidos. — Jeremy Magno Castillo. Mmm… creo que me gusta como suena. Respondió mientras acariciaba su barriga. En ese instante, el bebé se movió de una manera que sorprendió a Katerin, la cual no espero más, tomó la mano de su esposo y la colocó en su panza. Alejandro se maravillo de lo inquieto que se encontraba su bebé. — Creo que a él también le gusta, entonces, creo que ya está decidido su nombre. Se llamará Jeremy. Afirmó Katerin con entusiasmo. En esa noche durmieron con tranquilidad hasta la madrugada cuando comenzaron las contracciones en Katerin, ella comenzaba con la labor de parto. Alejandro no espero más y se apresuró a abrigarla, para luego dirigirla al auto. Don Ernesto y los empleados de la casa se levantaron con el ruido de ellos hicieron al bajar las escaleras. — Ya va a nacer el pequeño. Exclamó Alejandro al ver a su padre. Don Ernesto no dudo ningún segundo en ayudar a su hijo para que trasladarán lo antes posible a Katerin, tan rápido como pudieron se pusieron a la marcha con todo y pijama se dirigieron al hospital más cercano a la mansión. Durante el camino, mientras Alejandro manejaba, su padre aprovechaba para poner al tanto primero a sus padres, los cuales se apresuraron a dirigirse al hospital, después a Amery y su esposo, luego a Tamara y Michael. La noticia emocionó a todos, a quienes no les importo la hora ni las circunstancias en las que estaban, se dirigieron a toda prisa al hospital. En cuanto llegaron, atendieron de inmediato a Katerin. Alejandro como todo padre primerizo quería entrar con Katerin a la habitación a donde la iban atender, le preocupaba bastante lo que le pasaría a ella y a su bebé. El médico y las enfermeras no le habían permitido el paso, además, pidieron que conservará la calma, algo que parecía imposible en Alejandro en este instante. — ¿Cómo qué no puedo pasar junto a mi esposa? Preguntó Alejandro exaltado, luego de que lo detuvieran. — Lo siento, pero no puede, por favor sea paciente y espere. Respondió de manera amable y comprensiva la enfermera. — No, de ninguna manera, yo entraré a hacerle compañía a mi esposa, yo... — Alejandro, por favor, obedece a la enfermera y al doctor, te aseguro que estaremos bien, te lo prometo. Lo interrumpió Katerin. En ese preciso instante quería refutar a su respuesta, él se negaba a no participar al nacimiento de su hijo. — Pero... Yo quiero estar a tu lado, quiero sostener tu mano y ver como nuestro pequeño nace. No quiero dejarte sola en esto. — No estaré sola, porque tú siempre estás aquí - respondió señalando su corazón mientras soportaba el dolor que le iba y le venía - así que, no te preocupes estaré bien, pronto tendremos a nuestro pequeño entre nuestros brazos. Concluyó diciendo Katerin mirando directamente a los ojos a Alejandro, transmitiendole una absoluta e inquebrantable confianza. Alejandro sonrió, su mujer era realmente valiente y hermosa. Su valor y su confianza lo terminaron de convencer, sin decir nada más, dejó que el personal médico la trasladará a la habitación asignada y comenzarán con la larga labor de parto. Con un grande esfuerzo, Alejandro tuvo que esperar en la sala de espera, a fuera de esa misma habitación. Los minutos comenzaron a sentirse eternos en el momento que se separó de Katerin, la cual se encontraba nerviosa. Ella quería conocer pronto a su bebé. Alejandro no paraba de dar vueltas, Kate y Denilson llegaron en el momento en que Katerin era introducida a la habitación. Su madre había alcanzado a darle algunos consejos para cuando comenzará con la ardua labor. Tiempo después, Amery, Henry, Tamara y Michael llegaron entusiasmados por saber si ya había nacido el pequeño. Sin embargo, les contestaron que aún no. La espera se hizo eterna para cada uno de ellos que añoraban con ansias escuchar al pequeño. Alejandro por ningún momento dejó de ir y venir en línea afuera de la habitación, en cierto momento hasta había perdido la noción del tiempo hasta que escuchó el llanto del nene. Su hijo había nacido después de unas horas. Katerin sonreía con la frente sudorosa, aunque le dolía mucho su cuerpo por el esfuerzo que había hecho, el llanto y la presencia de su bebé aliviaron cualquier dolencia y la invadieron de un sentimiento sensacional. Su pequeño había nacido sano, el doctor le había afirmado luego de revisarlo y de limpiarlo. — Es un lindo niño, es tan hermoso. Exclamó una emocionada enfermera que lo limpiaba con extremo cuidado. Katerin se moría de ganas por tenerlo entre sus brazos y admirar a la pequeña vida que había traído al mundo, quería sentir el pequeño cuerpecito de su bebé. De hacerle sentir que era bienvenido y amado en este mundo. El doctor le dio la instrucción a la enfermera para que le permitiera a Katerin tener entre sus brazos a su nene. En cuanto lo tuvo en brazos, las lágrimas de emoción se desbordaron en su rostro, su corazón palpitaba con rapidez, la alegría que estaba sintiendo era fenomenal. Sin dudas, este era el día más feliz de su vida. Admiró cada detalle de su bebé, sonrió al notar que su pequeño tenía el mismo color de ojos que su adorable padre. El niño sería sin dudas un rompecorazones y apuesto hombre como su padre. — Bienvenido al mundo, pequeño Jeremy. Dijo Katerin dándole un pequeño beso en la frente a su nene, el cual estaba tranquilo. Afuera, Alejandro no pudo aguantar más la espera y sin previo aviso irrumpió en la sala, sólo para encontrar la escena más hermosa que había visto en su vida. Su amada esposa sostenía a su adorado hijo, sin esperar a que se lo permitieran corrió a su lado y se unió a ella. — Es hermoso, gracias Katerin. Exclamó admirando a su pequeño.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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