Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Trato”
La respiración de Alejandro era irregular, las palpitaciones de su corazón se habían precipitado de una manera fenomenal. El hombre que tanto daño le había hecho a su esposa y a su suegra había vuelto de nuevo a sus vidas. — Sólo dímelo de una vez, me aseguraré de hacer lo que me pidas, solo no le hagas nada a Katerin y a mi hijo. Nicolás le sonrió con descaro a Katerin que lo miraba con una expresión desconcertada. Luego, miró sus manos y entrecerró sus ojos para examinar una pequeña mancha que había aparecido en su mano derecha. — Mmm... Bien, debo admitir que me gusta esta actitud sumisa tuya. - calló un momento y salió de la sala donde tenía a Katerin, se dirigió a un lugar tranquilo - Está bien, me has conmovido, Alejandro. No te preocupes, no le haré nada a mi querida hija. Te la enviaré de nuevo, no te alarmes. Solo quiero decirte algo y ya de ti si quieres aceptar mi consejo. Respondió Nicolás cambiando su sonrisa burlona por una expresión seria y casi sombría. La respuesta de Nicolás había sorprendido a Alejandro, no esperaba que él fuera tan rápido de convencer sin pensarlo tanto había decidido regresarle a Katerin. Este hombre algo debía traer en manos, no podía dejar las cosas tan fáciles. — ¿En verdad dejarás libre a Katerin? Preguntó con desconfianza. — Claro, sólo quería pasar un pequeño momento con la chica que crié por todos estos años. Me han malinterpretado, ya no quiero hacerles ningún mal, lo juro. Alejandro no podía creer en sus palabras, lo que este hombre afirmaba era algo tan inverosímil, no era posible que hubiera cambiado de la noche a la mañana. — ¿Por qué siento que me estás mintiendo? — No es necesario que lo creas, yo te lo probaré mandando a Katerin sana y salva. Ya lo verás, sé que lo que antes hice estuvo mal, por eso no te culpo por tus dudas hacia mí. Respondió de manera convincente. Alejandro, Kate, Denilson, Amery y Henry estaban atónitos, no podían creer en ese hombre. Simplemente no se trataba de él, podía ser cualquiera menos ese hombre abominable que les había lastimado mucho. — Está bien.... — Katerin estará de vuelta en menos de una hora de nuevo a casa de tu padre. Así que, no te preocupes. Aunque, antes de que terminemos esta conversación quiero decirte algo de hombre a hombre. Dijo Nicolás interrumpiendo a un consternado Alejandro. La actitud de él era sumamente desconcertante, sencillamente no era su manera de ser, todos los que estaban escuchándolo se debían asegurar que lo que estaban oyendo no fuera un sueño. — Yo... — No es necesario que digas algo, solo quiero decirte que cuides a mi pequeña. Protegela, aunque ella no sea mi hija biológica, todos estos años que la crié a lado de Amery la sentí como mía y se que lo que hice estuvo mal. Ya he cambiado, está bien si me creen o no, no los juzgo porque sé que yo fui el culpable. Volvió a interrumpirle. El desconcierto crecía cada vez en los presentes, Alejandro no sabía que decir, sus palabras parecían sinceras al punto que sus vellos se habían enchinado. Mientras que, Nicolás sonreía por las palabras que había dicho, se sentía orgulloso por lo bueno que era para actuar. Sabía que el silencio sepulcral que Alejandro había tenido en ese instante, se debía a que sus palabras realmente le habían llegado, él había tenido éxito. — Continúen con el segundo paso de nuestro plan. Indicó después de haber silenciado su celular. Sus hombres asintieron y se dispusieron a cumplir con su orden. Rápidamente se apresuraron a desatar a Katerin que los miraba sorprendida. — ¿Me dejarán ir? O, ¿a dónde piensan llevarme ahora? Preguntó Katerin mirándolos desconcertada. — No haga preguntas, sólo obedezca, son órdenes del jefe. Respondió uno de los guardias de Nicolás. «¿Ahora que estará tramando este hombre? ¿Por qué hace esto? Solo espero que no le haga daño a mi bebé» Pensó Katerin preocupada. Por otra parte, Alejandro aún no salía de su shock al igual que de los que estaban a su lado. Nicolás sabía que ya era momento para seguir con esa conversación. — Ale, hijo mío. Espero que la cuides a ella y a su pequeño, protegelos por mí. Jamás la dejes, no te canses de su amor ni de tu matrimonio. Sé atento con ella y procura darle todo para que no te deje, como lo hizo su madre conmigo. Le aconsejó con rencor en su corazón. Le ardía que Kate jamás lo amó, aunque hubiera hecho lo imposible por ganarse su amor, en su corazón siempre había estado Denilson, el único amor de su vida. Por eso, ahora deseaba con toda su alma hacerle pagar por su desprecio, ya fuera con ella o por medio de su hija, él cobraría venganza. Nicolás guardaba un gran secreto, algo que la propia Amery y Kate desconocían, y hasta la fecha no habían averiguado. — Debes de tener en cuenta que ella siempre te amará. Aunque, no puedo asegurarte que no venga alguien más que quiera arrebatartela como me arrebataron el amor de su madre. Volvió a decir con un tono amargo. Aborrecía con toda su alma al hombre que una vez fue su mejor amigo. Su amistad se había destruido por una mujer, la cual siempre había tenido ojos para éste y no para él que la había conocido antes que Denilson. «Él sabía que ella me gustaba. El único traicionero en esta historia ha sido él, ahora, me lo pagará» Pensó Nicolás resentido. — Bueno, no te quito tu tiempo. Solo te pido eso, ¿puedes hacerlo por mí, verdad? Confío en ti, Alejandro. Prometo jamás volverlos a molestar, por favor vivan bien. Dijo Nicolás sin darle tiempo de responder a Alejandro que se había quedado estático ante sus palabras. Kate no se fiaba en su extraño sentimentalismo, por mucho tiempo había presenciado la actitud del hombre que la había tenido encerrada en ese lugar. Sabía que Nicolás era capaz de cualquier cosa. Nicolás sonrió después de colgar, guardó su celular en el bolsillo de su saco y se dirigió al automóvil, en donde habían dirigido a Katerin para regresarla a su destino. Durante el trayecto permanecieron en silencio, ninguno se atrevía a decir algo hasta que, Nicolás decidió meter su cuchara en el asunto. Ahora estaba en marcha el tercer paso de su meticuloso plan. — No te confíes tanto en ese hombre, no sabes con certeza si te amará para toda la vida, así que, no te hagas ilusiones. Te lo digo por tu bien. — ¿Cómo puedes estar tan seguro con lo que afirmas? Para tu información, Alejandro me ama lo suficiente, nuestro amor está bendecido por los cielos, así que, él jamás me dejará ni dudará de mí. Respondió Katerin con firmeza. Nicolás sólo le dedicó una sonrisa, habían venido a él miles de posibles respuestas pero, mejor optó por esperar un poco para responder aquella afirmación. — Ya quiero verlos cuando pasen unos años, a ver si sigues diciendo lo mismo, ya veremos mi pequeña Katie. Ahora, te dejaré con tu adorado suegrito. Cuida bien de tu criatura. Dijo Nicolás aparentando amabilidad. El resto del camino permanecieron callados, ya nadie dijo nada más. Cuando llegaron a la puerta de la mansión Magno, se llevaron con la sorpresa de que Alejandro, sus madres y su padre la esperaban preocupados. — Piensa en lo que te dije, cuídate de los pasos de este amor que dices sentir. Nunca puedes estar segura si él confía lo suficientemente para estar siempre de acuerdo contigo y no creer que le seas infiel, aún si todas las pruebas apuntan a que sí. Nos vemos después, querida. Dijo Nicolás deteniendo el auto, uno de sus hombres corrió a abrirle la puerta a Katerin y bajar sus cosas que había traído del trabajo. Katerin solo se dedicó a verlo con incredulidad. ¿Qué era lo que le ocurría a este hombre? ¿Por qué de la nada la trataba bien a ella y a Alejandro? Algo no cuadraba en esto, pero, Katerin no podía averiguar qué era eso. — Cuídate y cuida del pequeño, un día volveremos a encontrarnos, querida. Dijo con confianza. Antes que Katerin pudiera decir algo más, Nicolás ya había desaparecido de su vista, en cambio, fue envuelta por los cálidos brazos de Alejandro. — Pensé que jamás volvería a verte, no sabes que infierno he vivido en estas últimas horas, prometo que no volverás a encontrarte con este hombre. Dijo Alejandro estrechando la fuertemente. Katerin se sentía segura, al fin se sentía cómoda. No sabía aún qué era lo que Denilson tramaba con esta extraña amabilidad.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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