Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Tú de nuevo”
Rodeada de productos acomodados cuidadosamente en cajas, Katerin se encontraba atada de pies y manos recostada en una cama de fuerza en el centro del lugar. La seguridad de este almacenamiento había sido más reforzada que en el que anteriormente había estado encerrada. Muchos hombres distribuidos de manera estratégica monitoreaban la zona, sabían que esta vez no le podían fallar a su jefe, el cual buscaba vengarse de la mujer a quien más había amado y que mejor con su hija, la cual también lo había traicionado. Katerin despertó luego de haber estado inconsciente alrededor de 5 horas. Lo primero que se dio cuenta es que estaba atada de pies a cabeza, después, del lugar extraño en el que estaba encerrada y por último, lo que más le aterró fue toparse con la última persona que habría querer ver en este mundo, frente a ella estaba a quien por muchos años había considerado su padre, ese despreciable hombre que le había robado el tiempo con su madre y su padre. Nicolás le sonreía descaradamente, le daba gusto ver como Katerin lo miraba con sorpresa, y eso era entendible, ya que su condena había sido grande, no era para que pudiera estar libre ahora. Este hombre había llegado en el peor momento para Katerin y Alejandro, apenas cuando comenzaban a tratar de ser felices, alguien se interponía entre ellos. Arrebatandoles todo lo que habían construido con esfuerzo. — ¿Tú? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo es que saliste libre? Preguntó Katerin exaltandose. Nicolás se limitó a mirarla con entusiasmo, al fin había llegado el momento de contarle cómo había triunfado ante la “justicia” y la supuesta “ley” que el estado tenía, sólo le había bastado aflojar una buena suma de dinero de una cuenta que tenía privada para que pudiera salir en libertad. — ¿No te da gusto verme, hija? Preguntó Nicolás fingiendo tristeza. Katerin estaba realmente desconcertada, sus emociones y sentimientos estaban mezclados, no sabía que pensar ni qué decir, no sabía ni siquiera con certeza cómo saldría de esta situación. Nadie tendría ninguna pista ni un paradero de ella, estaba absolutamente a la merced de este abominable hombre. — Déjate de bromas. ¿Qué pretendes hacer conmigo? ¿No crees que ya fue suficiente? Por tu culpa no disfrute de la compañía y el cálido amor de mi madre y de mi padre, por años me hiciste creer que ella había muerto y que él jamás me había querido ni a mi madre ni a mí, cuando la realidad era otra y tú sabías perfectamente. Comenzó a reclamarle Katerin. Sentía miedo, pero, eso no impedía la gran molestia y coraje que tenía en su corazón. Por ningún motivo permitiría que su hija pasara por una situación similar, ella lucharía a cualquier costo por su felicidad. Sabía que pelear con este ser era algo inútil, además, le daría más razones para molestarla y divertirse con ella, así que optó por conservar la calma y controlar sus nervios, ya que no le hacía ningún bien ni a ella ni a su bebé. — Estuve pensado en ti todo este tiempo, quería que me volvieras a recibir cariñosamente como cuando llegaba a casa y te alegrabas de verme. Aunque no le quieras yo sigo siendo tu padre, así que, te guste o no, yo seré el abuelo de ese niño. Respondió ignorando lo que ella había dicho anteriormente. Katerin solo apretó sus puños contra la cama y cerró los ojos para contar hasta el número que pudiera controlarla. A Nicolás le divertía ver el rostro desesperado y preocupado de Katerin. Su idea principal era mantenerla en este lugar para hacerle sufrir a ella y a su madre, y de paso a su padre. Este hombre estaba lleno de rencor e ira, lo único que le llenaba ahora era cobrarse por todo lo que había vivido por ese amor no correspondido. Kate pagaría por su desprecio. Por haber preferido un hombre de clase baja y ponerlo por encima de él y su orgullo. «¿Cómo ese hombre pudo arrebatarme a la mujer que más quería? Ahora, me toca arrebatarles lo que más aprecian» Pensó Nicolás mientras contemplaba con satisfacción el ceño fruncido de Katerin, la cual no dejaba de observarlo totalmente cabriada. — ¿Qué planeas? ¿Me matarás? Preguntó Katerin con la intención de que Nicolás fuera sincero. El hombre sólo respiró hondo y luego exhalo, contempló con satisfacción a la mujer que esperaba con atención su respuesta. Él estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias con tal de cobrar su dulce venganza, Katerin pagaría por el desprecio de su madre. — No te mataré, al menos no ahora. No podría quitarle la vida a mi amaba hija o siquiera a mi querido nieto. Veo que no perdiste el tiempo mientras me mantuve encerrado en aquella celda rascuacha. Bien, bien, felicidades por casarte con un buen partido. Katerin ponía poca atención a sus palabras, su mayor prioridad era encontrar una salida para esto a lo que se estaba enfrentando. — Tú eras mi mayor orgullo, yo solo quería cuidarte y hacerte a mi imagen y no a la de ese empresario de cuarta, sino de primera que pudiera comprarte todo lo que quisieras sin ningún esfuerzo. Mencionó Nicolás acercándose lentamente a donde ella estaba atada. Katerin sentía su pesada mirada sobre todo su cuerpo, este hombre no perdía ningún detalle, si las cosas seguían de esta manera, no había duda que su pequeño naciera en este desolado, triste lugar apartado de las personas a quien más amaba y apreciaba. ... Por otra parte, Alejandro había contratado a los mejores investigadores para dar con el rastro de su esposa. Asimismo, Henry, Amery, Tamara, Michael y sus demás aliados habían comenzado la insesante búsqueda por alguien que pudiera ayudarlos a encontrar a Katerin. Alejandro no se daba ni un respiro, no se permitía quedarse sentado, no sabía dónde pudiera estar su esposa. La incertidumbre y la desesperación no eran buenos aliados para él, eso lo sabía perfectamente bien. Pero, no podía hacer nada más que buscar y buscar como loco, hasta que... Recibió una llamada de un número restringido y desconocido, con la esperanza de encontrar algún indicio de su esposa. — ¿Quién eres? ¿Por qué te llevaste a mi mujer? Regresala mientras estoy siendo amable, porque juro que te haré pagar por lo que le hayas hecho. Le dijo en cuanto contestó el celular. Una risita burlona se escuchó al otro lado de la bocina, Nicolás no se había podido contener las ganas de reírse por lo bien que se la estaba pasando. Kate y su familia en verdad eran su verdadero objetivo, como fuera le haría pagar su traición y su abandono por otro hombre. — Cállate, ya sabés quien soy. Además, no le quiero hacer ningún daño, solo quiero darle un pequeño escarmiento a su madre y a ese hombre. Respondió Nicolás desde la otra línea. Los vellos de Alejandro se enchinaron, con horror escuchó la temible voz de ese infeliz que tanto daño le había hecho a la mujer que más amaba en este mundo. — ¿Qué pretendes con mi esposa? Te prometo que te haré pagar por todo esto, ya verás, te encontraré y me pagarás por las lágrimas, el miedo y la desesperación que Katerin estuviera expuesta por su culpa, yo... — Shh... Por favor, me aburres con este cuentito de esposo preocupado. Ahora harás lo que yo te diga si no quieres que nada le pase a tu amada. Lo interrumpió Nicolás con una brusca voz. Alejandro reflexionó aún más el asunto, no podía actuar así nada más, no podía fallar ni traerle problemas a su esposa ni a su niño que estaba a punto de venir al mundo. — No le hagas daño ni a ella ni al bebé, es lo único que te pido. Le dijo Alejandro con tono de súplica. Esto por supuesto le encantó escuchar a Nicolás, la sensación le volvía una vez a la vida, por lo que, esperaba pronto arruinar la vida de cada uno de los integrantes de la familia. — ¿Qué quieres de mí? Haré lo que me pidas, solo por favor no le hagas ningún daño a mi esposa, por favor. Dijo Alejandro, la voz comenzaba a temblarle. Nicolás sonrió con satisfacción, su plan comenzaba a andar de maravilla. «Pronto sabrán lo que sufrí por su culpa, cada uno pagará por lo que me hicieron, tarde o temprano. Afirmó con mucha confianza.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
Y, ¿si tan solo nos amamos?

Populares

Populares

close 0/500