Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Cuidados”
El luto por Ana Lisa se mantuvo hasta el mes, a petición de su madre, Katerin retomó de nuevo el ritmo de su día a día, empezó a hacer los previos preparativos para dejar la empresa en manos de su madre, quien se había puesto de acuerdo con Don Ernesto para que ella fuera cuidada y atendida en su mansión. Ellos no eran los únicos que la atendían con sumo cuidado, también lo hacía Tamara y Michael, no paraban de preguntar si necesitaba algo o preguntar por cómo se encontraba, asimismo, Henry y Amery siempre estaban pendiente de ella. Por supuesto, que no podía faltar el esposo sobreprotector, Alejandro le llamaba cada hora para saber si se encontraba bien. Katerin era muy consentida por todos, la espera para el nacimiento del bebé era larga para los abuelos, ellos que tanto habían añorado al fin se les había hecho el gusto. Kate y Amery como las grandes amigas que son, fueron a realizar las primeras compras para el cuarto del bebé, el cual a sugerencia e insistencia de Don Ernesto se iba a instalar en su residencia, él no quería perder ningún detalle de su nieto o nieta, quería apreciar cada uno de los momentos de este, ya que con Alejandro no pudo hacerlo por la enfermedad de su esposa y la empresa. Las dos mujeres se pasearon por los largos pasillos de las tiendas departamentales, comprando figurillas de color fosforescente para pegar en la pared, estampillas y dibujos, también, algunos ositos y juguetes. La emoción se veía reflejada en las grandes sumas que gastaban para la llegada del bebé, sin dudas sería muy amado y consentido por esta gran familia. Katerin acompañada de Alejandro iba siempre a sus citas con el doctor, ninguna sesión se perdía ni llegaba tarde. Los dos seguían al pie de la letra las recomendaciones del doctor, el cual admiraba con alegría a la feliz pareja. Para ellos, el mundo comenzaba a sonreírles, parecía que todo lo malo ya había pasado, ahora era parte del pasado, se aproximaban los días buenos, llenos de amor y felicidad. Las personas malas habían recibido su castigo, Jinna se mantenía presa, había sido encontrada culpable y le habían dado una larga condena. ... El tiempo transcurrió, los meses se pasaron rápido para Alejandro y Katerin, quienes amaban compartir cada instante juntos, apreciando el crecimiento de su bebé, el cual hace poco se había confirmado que era un pequeño, un lindo niño vendría al mundo y formaría parte de la familia. El período había sido difícil, tanto para Katerin como Alejandro. Los antojos eran las cosas que siempre traían de arriba para abajo a Alejandro. Los vómitos matutinos de los primeros tres meses y los constantes mareos que había experimentado Katerin era una de las cosas que más había odiado. Ahora, ella estaba en su penúltimo mes, ya llegaría el momento para que el pequeño naciera. Por lo que, Katerin pronto dejaría su puesto y se iría a descansar a la mansión Magno, bajo el cuidado de su suegro, quien estaba encantado con su presencia. Desde que había llegado al último trimestre, ellos se habían mudado a la mansión. La habitación del bebé y los muebles ya estaban listos para su llegada, todo estaba previamente alistado, ya sólo faltaba que naciera. ... Katerin terminaba de darle los últimos informes e instrucciones a su madre, ya que dejaría la compañía en sus manos para descansar y disfrutar de su último mes de embarazo. — Mamá, eso es todo. Si necesitas algo o si tienes un problema, no dudes en llamarme, yo trataré de solucionarlo. Le dijo una vez más antes de caminar hacia la salida. Su madre sólo asintió. Por ningún motivo la molestaría con eso, ella lo que más quería era que su hija y su nieto estuvieran en paz y armonía, que mejor era la gran casa pacífica de Ernesto. Además, de su cuidado meticuloso por parte de él y su personal. — Hija, ¿te vas a ir sola? Preguntó a Katerin antes de que saliera de la oficina. — No madre, un chófer de mi suegro pasará por mí, no te preocupes. Te llamo cuando llegué, ¿sí? Respondió Katerin esbozando una sonrisa. — De acuerdo, hija. Cuídate, por la tarde estaré visitándolos. Al salir de la oficina, sus trabajadores la saludaron con respeto y se despidieron de ella con buenos deseos. Todos querían y apreciaban a Katerin, puesto que ella era una de las mejores jefas que habían tenido, se preocupaba por el bienestar de cada uno de sus empleados y de sus hijos. Incluso había puesto en la planta baja del edificio una guardería en donde los hijos de las trabajadoras y trabajadores podían ser cuidados por profesionales capacitados. Así pues, Katerin bajó y se despidió de los trabajadores que se topaba en la salida. El automóvil la esperaba a tiempo, Katerin se vio sorprendida por la rapidez que había tenido el chófer, el cual había llegado en tan solo cuestión de unos 5 minutos después de haberla llamado. No espero ni un momento más y abordó aquel gran auto, el chófer le sonrió amablemente y se puso en marcha. En el transcurso del camino aprovecho para enviarle mensajes a Alejandro que ya se dirigía a casa. Los dos platicaban con gran entusiasmo, que ni siquiera notaba la noción del tiempo y el espacio por el que el transporte transcurría. El tiempo se había demorado, ellos aún no llegaban, fue cuando Katerin se atrevió a mirar a la ventana, topandose con la escalofriante verdad que le heló la sangre, con horror vio un paisaje que desconocía, estaban muy lejos de la ciudad. «¿Dónde estoy? ¿A dónde me lleva este chófer?» Pensó Katerin preocupada. — Disculpe, chófer. Pero, ¿dónde estamos? Se supone que debíamos llegar a la casa de mi suegro. Yo... Yo no sé de este lugar. Dijo Katerin tratando de no perder la calma. El hombre se orilló en una esquina de la carretera, solo la vegetación rodeaba aquel lugar desolado. Katerin comenzaba a sentir nervios, la incertidumbre había llegado a ella, este hombre le daba mal espina. Definitivamente no saldría nada bueno en esto. El hombre la volteó a ver con una extraña expresión, entre sonrisa y seriedad, no espero a que Katerin reaccionará y colocó un trapo lleno de cloroformo en su nariz. Ella no tuvo tiempo para defenderse, lentamente fue cayendo al acolchonado asiento trasero. — No se preocupe, pronto estaremos ahí. Ya la llevó, jefe. Fue lo último que escuchó Katerin. Su cuerpo y sus ojos se sentían pesados, sin poder hacer nada más, se perdió en la oscuridad y cayó en un profundo sueño. El hombre con astucia tomó su celular, lo apagó y lo tiró al monte, luego, arrancó el auto y volvió a retomar su camino. Katerin había tomado el auto equivocado, sin haberse dado cuenta había sido una presa fácil de atrapar, lo cual le había dado un gran gusto al chófer, el cual no había tenido la necesidad de llegar a los extremos con el chófer verdadero. Todo había sido rápido, fácil y sin ninguna sospecha. Parecía que había salido sin ningún problema, lo cual ponía de buen humor al hombre. En todo el transcurso no paró de sonreír, la bella doncella de cabellera negra que reposaba en la parte trasera pronto le daría la gran suma que su jefe le había prometido a cambio de su presencia. El misterio de quien había mandado traer a Katerin surge en este preciso momento. Mientras tanto, Alejandro va saliendo de una larga junta, con la esperanza de escuchar la linda voz de su esposa marca al número, dándose cuenta que su teléfono entra a buzón de inmediato. Sin saber porqué su corazón se comienza a agitar, desde hace un rato la sensación de ansiedad y de incomodidad en su corazón se había presentado, un mal presentimiento tenía. Tenía miedo, no sabía que era lo que le causaba esa extraña sensación, la cual intensificó al no tener comunicación con su esposa. Trató varias veces, hasta que decidió llamar a su padre, el cual le contestó que hacía una hora que no llegaba Katerin. La preocupación de Alejandro comenzaba a crecer más y más. ¿Dónde habrán llevado a Katerin? ¿Quién la secuestro? ¿Por qué? Esas interrogantes posiblemente se conozcan más adelante.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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