Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 23
La plática con Leonel fue mejor de lo que esperé, al tratar de hablar con él me imaginé muchos escenarios pero no éste, incluso hasta imaginé que me rechazaba o que me decía alguna mala palabra que nos dejara en el punto de partida nuevamente. Pero no fue nada como eso y ahora de algún modo gracias a ello me sentía más tranquila y con un peso menos. Hoy me sorprendió que me pidiera ir con ellos a la hora del descanso, pero por supuesto me negué, no quería dejar a Owen solo y aunque no me gustó como se refirió a él no dije nada. ¿Qué se cree para hablar así de él? Encima se supone que son amigos no debe hablar mal de él, al menos no a sus espaldas. Después de las prácticas voy a los vestidores, me preparo para salir, Cassandra se adelanta, sale sin decir nada, y yo tampoco pido explicaciónbpero solo lo presiento. Va a ver a Leonel. Un rato más tarde también salgo, un ruido a mis espaldas me hace darme la vuelta. Giro totalmente hasta quedar frente a la puerta de los vestidores, algo obstruye mi visión, sé de inmediato que son una manos. El corazón me empieza a latir más rápido, no sé si es por la emoción o por qué. –¿Me buscabas? –me pregunta la voz de Owen al oído. Mi piel se eriza por su cercanía, el corazón me late más deprisa como si eso fuera posible, siento la electricidad fluir por mi cuerpo y mi respiración acelerarse. Debo calmarme o al menos controlarme. –Owen –jadeo llevando mis manos a donde están las suyas. Sus manos atrapan las mías y eso hace más vibrante la situación, puedo sentir como las chispas saltan a nuestro alrededor, la tensión es tan latente, la atracción que siento por él es inevitable. El chico me gusta demasiado, tanto que da miedo admitirlo y si mi intuición no falla él también se siente de ese modo. Destapa mis ojos, me toma de las muñecas de forma delicada, me gira sobre mi eje y me obliga mirarlo. Sus ojos están chispeantes, seguro yo me encuentro del mismo modo, estamos tan cerca que es abrumadora la situación, pero no por eso es incomoda. Me quedo ahí porque ahí quiero estar y puedo asegurar que él quiere lo mismo, pues es él quien nos ha llevado a esa situación y ahí sigue estando. Suelta mis muñecas, lleva sus manos a mi pelo, yo dejo caer las mías a los costados. Su cabello al igual que el mío se encuentra húmedo, tengo ganas de enredar mis dedos en su pelo pero no lo hago por miedo a arruinar el momento, en cambio él si lo hace. Enreda sus dedos en mis ondas y los mechones que estaban lacios pronto se convierten en ondas igualmente, por gracia de sus dedos. Se acerca más a mi, tengo que inclinar la cabeza para poder verlo a la cara, él inclina su cabeza hacia mi y quedamos tan cerca, como jamás lo hemos estado. Sus labios están a milímetros de los míos, nuestros ojos conectados. Sus dedos siguen acariciando mi pelo, siento el deseo de poner mis manos en su pecho, pero temo que al tocarlo todo se vuelva una ilusión, y por ello me contengo. –Owen –llama alguien a su espalda. Owen se sobresalta, después se tensa, yo por mi parte ladeo la cabeza para poder ver y solo para comprobar que es Leonel. Hacerme consciente de la situación en la que me hallo me hace sonrojarme, escondo mi cara en su pecho, pero eso solo me provoca ponerme más roja. Nos separamos y aunque no me gusta separarme de él, sé que tengo que salir de ahí. –Yo... –tartamudeo. No sé que decir, respiro hondo y después hablo. –Lo mejor es que me vaya –logro decir. –Cam –me dice con cariño. –Yo... –no sé que decir, no quiero ver a Leonel, me siento muy avergonzada –nos vemos luego. Le doy un beso en la mejilla y después me voy. –Esto no ha terminado Camille –le oigo decir a mi espalda –tenemos un asunto por resolver. Tiemblo por sus palabras pero no me vuelvo, sino por el contrario sigo mi camino. Llego al auto con el pulso acelerado, me subo a prisa y cierro la puerta rápidamente, al parecer ninguno de los dos, Cass y Tono, se percatan de lo sucedido. Tono pone en marcha el auto y eso me da tranquilidad. El auto se apaga poniendo fin a nuestro viaje, como ya es costumbre, Tono y yo nos quedamos en el auto luego de que Cass se vaya, pero hoy es diferente a los demás días pues desde que le platiqué a Tono lo que planeaba hacer sobre arreglar las cosas con Cass y Leonel, el mostró su total desacuerdo a que lo hiciese con Leonel, y aunque parece que ha aceptado mi decisión, él se ha estado mostrando muy distante y seco conmigo. Aunque ahora estoy enamorada de Owen, no quiero dejar todo a la deriva con Tono, quiero enmendar mi error y tengo que hablar con él para poder lograrlo, aunque puedo asegurar que no será tan fácil. Me paso al asiento del acompañante, juego con mis manos. Estoy nerviosa. No tengo ni idea de que decirle y no ayuda ni un poco el hecho de que él no me mire, sumado a eso que tenga la mandíbula apretada. –No sé por donde empezar –divago –hay tanto que deseo decirte que no tengo todo en orden. Pero en este momento solo tengo la certeza de que odio estar contigo de este modo, odio cuando me ignoras, cuando tu sonrisa desaparece y cuando tu mal genio se hace presente. Y sé que yo ocasioné esto, pero aun así no dejo de odiarlo. Volteo la cabeza en su dirección y lo miro, me mira atentamente. –Sé que estás molesto por lo que decidí hacer –continúo –y tienes la razón al querer que no lo haga, es cierto que me lastimó, pero no me gusta guardar rencores. No quiero vivir con rencores, por eso lo hice. Busco de nuevo su mirada, sigue atento a mis palabras, pero su mirada se está empezando a dulcificar. Eso es una buena señal que me invita a continuar. -No quiero odiar, y sé que no se justifica pero quiero que lo entiendas. Esta vez soy yo quien mira hacia el frente y no le vuelvo a dirigir la mirada. Me toma de la barbilla, me hace mirarlo, sus ojos están atentos y tan llenos de lo que identifico como amor. Pega su frente a la mía y se lo permito. –Esa es una razón más para amarte –me dice. Su aliento casi mezclándose con el mío, clava mis ojos en los suyos buscando una respuesta a sus palabras. –Eres noble –explica. Acerca más su rostro al mío, sé lo que pretende hacer, el recuerdo de lo que Owen y yo estamos a punto de hacer me asalta y me devuelve a la realidad. Ninguno de los dos merece que los trate como objetos, ninguno merece ser engañado. En ese momento sé que debo fidelidad, no a Owen, ni a Tono, sino a mi misma. Porque al final a quien terminaría engañando no sería más que a mi misma, y yo no merezco eso, mucho menos ellos. –No –lo detengo. Se detiene abruptamente, me mira a los ojos. –¿Es por él? –pregunta –¿aún estás enamorada? –No –le digo, eso le da cierto alivio –ya no estoy enamorada de él, me enamoré de Owen. Lo veo negar, no sé interpretar su gesto, su rostro se torna inexpresivo y eso me horroriza, no sé que esperar de él. Se queda callado, me siento más nerviosa por su silencio. Pasado lo que parece una eternidad decido romper el hielo. –¿No piensas decir nada? –pregunto. Está solo un momento callado, pero es suficiente para ponerme muy ansiosa por su respuesta. –¿Qué quieres que te diga Camille? –sigo sin expresión alguna. –Lo que sea que quieras decirme. Voltea la cabeza y me perfora con su mirada. –Ya no voy a luchar por lo que no quiere ser luchado. Me cansé de que siempre pases de mi, de ser quien cura tus heridas y que eso no sea suficiente para merecerte. Sus palabras son como un balde de agua fría. Duele. Pero no son más que la verdad, una muy dura pero que no he querido ver. –No pienso convertirme en un imbécil solo para merecerte. Me quedo muda, ésto no está yendo como planeo y me siento frustrada por ese motivo. –No ha sido mi elección –susurro –es mi corazón. Él niega otra vez. –Tuya o no es algo con lo que deseas estar y no rebatiré eso. Buena suerte Camille. Y entonces aunque la que debe irse del auto soy yo, eso no sucede, sin decir más él baja del auto y me deja sola. Toda la noche sopeso sus palabras, a pesar que me duele que lo nuestro, si es que alguna vez hubo algo, termine así. Nada puedo hacer, mis sentimientos son míos y simplemente no puedo cambiarlos por más que yo lo deseé. Lo mejor es que cada uno  continúe con su vida como si nada hubiera sucedido, pero estoy segura que eso está a años luz de suceder. Hay tanto por reparar que llevará tiempo, pues ambos nos hemos hecho daño pero espero que podamos superarlo juntos. Dicen que el corazón no se equivoca y creo que tienen razón con eso. Por eso es que luego de tanto meditar me decido por dejar libres mis sentimientos por Owen. Esa es al menos mi idea cuando entro por la puerta del instituto, no lo veo antes de entrar a clases, por lo tanto tengo que esperar hasta que llega el descanso. Voy hasta la cafetería y lo busco en la mesa que sé que se sienta y en la que ya se me había hecho tan familiar estar. Camino hasta ella y cuando la tengo a la vista, no puedo creer lo que veo. Owen tiene a una chica sobre sus piernas. Delgada, de buena figura, cabello negro azabache, ojos café oscuro y piel blanca. Es hermosa. Siento un pinchazo en el pecho, pero me dispongo a ignorar la sensación. Miro en dirección a él, al verme sus ojos se dilatan con sorpresa. –Hola Owen –digo sentándome frente a él y a la chica. Nada de Ow o cariños por el estilo, mantengo mi cariño al margen. –Camille –dice –pensé que no vendrías. –¿Y dejarte solo amigo mío? –le pregunto –por supuesto que no. Asiente nervioso. –Owen –dice la chica en su regazo. –Ella es Camille –me presenta. –Un gusto –saludo –llámame Cami. –Peyton –dice solamente. Afirmo. El descanso es incómodo, en vez de prestarles atención tomo mi libro y continúo mi lectura, eso me relaja mucho. Cuando termina el descanso me escabullo sigilosamente con mi libro debajo del brazo, no me despido y él tampoco hace amago de querer hacerlo, es algo que me dolió pero no se lo muestro, débil es lo que menos quiero parecer ante los demás. Una vez en clases no me puedo concentrar y cuando terminan fue una bendición. Decidí probar una última vez, sé que me estoy humillando pero una vez más quiero hacerlo. Voy en su busca antes de iniciar las prácticas, por fortuna está solo. –Hola Owen –hablo como solía hacer –quiero hablar contigo sobre lo que sucedió luego de la práctica. –Cami –me dice suavemente –disculpa, en verdad lo siento. No sé que me pasó, un desliz. Perdón, ¿podemos olvidarlo? Asiento solamente, porque un nudo se instala en mi garganta y me impide hablar de momento. –Claro –digo tratando de sonar como yo –tema zanjado. –Me alegra –su sonrisa parece llena de pesar pero no lo creo. –Tengo que ir a practicas –me despido y sin más me voy. –Claro –solo le oigo decir antes de marcharme. Mi corazón de nuevo se rompe en pedazos y en esa ocasión compruebo dos cosas, probablemente perdí al que pudo ser el amor de mi vida por nada. Y segundo, el corazón también se equivoca.
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