La Cuarta Guerra

seis
Los brazos del chico tocaron la cintura de May, poco a poco iban acortando la distancia hasta unir sus labios. Era un beso lento, lleno de deseo, May puso sus manos en el cuello de Ladislas para intensificar ese beso que tanto deseaban, desde que Ladislas había despertado ambos soñaban despiertos con ese momento y ahora que lo habían echo realidad sus corazones latian a mil por hora. El chico la tumbó en la cama y el encima de ella sin dejar caer todo el peso y sin dejar que sus labios se separasen. - No sabes cuánto deseaba esto May - la chica sonrió mirándolo a los ojos. Habían separado los labios, pero seguían igual de cerca mirándose a los ojos, cualquiera que los viese sentirían la conexión entre ellos dos, les tendrían envidia de todo lo que ellos estaban sintiendo. En esa relación no habría ni chicos ni chicas que quieran separarlos, era algo que les tranquilizaba pero más allá de terceras personas estaban los problemas del reino. Tenían que unirse, juntar fuerzas para salvar el reino, para que no caiga sobre el la cuarta Guerra. Ambos sabían que tendrían que luchar mucho, pero también sabían que juntos lo harían y no fallarian. - Yo también deseaba esto Ladis - se volvieron a besar. Minutos después Ladislas se tumbó al lado de la chica y ambos miraron al techo. - ¿Como haremos para solucionar esto? - preguntó May mirando a Ladislas. - Primero debemos descubrir que esta haciendo el teniente con el dinero - May miró al techo. - ¿Y como lo descubrimos? Por qué no creo que nos lo cuente - Ladislas rió - ¿siempre te ríes por todo? - ahora fueron los dos quienes rieron. - Lo tendremos que vigilar, cuando sepamos cien por cien que es lo que hace con el oro lo podemos despedir - May asintió. - ¿Y antes de la boda no se puede hacer nada? - Ladislas negó. - No tenemos el derecho de hacerlo ahora, cuando nos casemos tomaré el trono, mi padre no puede hacer nada, pues es a él a quien están acusando de robo - May asintió. - ¿Serás el rey? - Ladislas la miró y sonrió. - Algo así, pasaré a ser la segunda mano de mi padre - May rió. - No te veo como rey - Ladislas la miró sorprendido. - ¿Por qué? Seré un buen rey - - No lo dudo, pero no sé, siempre a sido tu padre - Ladislas sonrió. - Lo sé, pero ahora me tocará a mi, y estaré con mi reina - la abrazó volviendo a ponerse encima de ella. - Suena raro - los dos rieron. - Suena perfecto, la reina, mi reina - la susurró en el oído haciendo que el cuerpo de May temblase. May volvió a juntar sus labios con los de Ladislas, intensificó el beso poniendo sus manos en la cabeza, enredando así sus dedos en el pelo del chico. Ladislas tocó con ambas manos la cintura de la chica, haciendo que la piel de May quemase por el contacto de sus manos. Ladislas abrió los ojos y segundos después los abrió May. - Ladislas tus ojos - dijo algo asustada por qué los ojos se tornaron a un rojo muy intenso. Ladislas con velocidad vampirica se separó de ella alejándose lo más que pudo. - Llevo mucho sin sangre lo siento - se fue de la habitación saltando por la ventana. May se levantó rápido mirando por la ventana pero ya no había rastro del chico, salió de la habitación, tampoco vio a sus padres, salió de la casa y fue a Palacio. Estando allí buscó a Adem, estaba junto a sus padres en la sala. - ¿Adem podemos hablar? - el chico se levantó y asintió. Los dos salieron del palacio, fue entonces cuándo May comenzó a hablar. - Debes buscar a Ladislas, se fue de la habitacion, necesitaba sangre - el chico la miró. - ¿Olió sangre? - la chica negó. - Nos estábamos besando, nos miramos a los ojos y los tenía rojos, se disculpó y salió por la ventana - Adem la miró analizando todo. El chico miró a su alrededor. - Voy a buscarlo, quédate aquí - la chica negó. - Yo quiero ir - Adem negó. - Adem por favor - dijo en modo de súplica. Adem terminó por aceptar. - Bien, sube - se subió en la espalda del chico. - respira - dijo el cuando empezó a correr con fuerza vampirica. Llegaron a un bosque. - Vete por ahí, yo por aquí - May asintió. Y así fue como May fue por la derecha, buscaba por todos los lados pero no encontraba a nadie, miró por encima de los árboles, miró por algunas pequeñas cuevas que había, en un lago pero no había nadie. Se estaba empezando a asustar, no quería que nada le pasara, esperaba con todas sus fuerzas que estuviera bien. Volvió al punto de encuentro y allí vio a Adem. - ¿Algo? - la chica negó. Adem se llevó las manos al pelo nervioso, no sabían donde podría estar, el reino era grande, había mucho bosque, muchos sitios donde podría estar, pero a Adem que es quien más lo conocía no se le iba a la cabeza algún sitio donde su hermano podría estar. Adem le hizo una seña a May para que no hablara, fue entonces cuando Ladislas se hizo presente, sus ojos estaban rojos como la sangre, debajo de sus ojos se podían ver muchas venas, May se acercó a él, pero Adem la separó. - Corres peligro May, eres humana, no puedes estar aquí - May negó. - No me voy a ir Adem, no voy a dejarlo solo - Adem suspiró frustrado. - Si te quedas te puede hacer daño, y si lo hace no se lo va a perdonar - May negó. - Lo siento pero no me voy - - May vete - grito Adem haciendo que Ladislas sonriera de forma malvada. - Solo necesita sangre - Adem se acercó a ella. - Y tu eres su única fuente de sangre, si no te vas te podrá hacer daño - May negó. May miró a Adem que se acercaba más a ella para llevársela de ahí, pero ella lo impidió apartandolo, ninguno sabía de donde había sacado tanta fuerza para separarlo con solo una mano, Adem sorprendido la miró. En la cabeza de May algo hizo “clik” miró a Ladislas y ya no había más que ellos dos solos, se iba acercando lentamente a el, estaban frente a frente. Ladislas la miró a los ojos, se acercó más a ella, y el color se sus ojos se intensificó aún más. May lo separó y se subió la manga de la chaqueta para dejarle vía libre a sus venas. - May no, no se podrá detener, te matará - dijo Adem intentando que la chica no lo hiciera. - Si no lo hago morirá, necesita sangre Adem - la chica lo miró. En es momento se escuchó un golpe, Ladislas se había desmayado, May se puso a su altura, lo cogió de la cabeza y clavó los dientes del chico en su antebrazo, segundos después Ladislas recuperó la conciencia y bebió sangre. May sentía un dolor muy grande en su brazo, un ardor que pasaba desde la mordida y pasaba por todo su cuerpo. - May separate, no se podrá detener, te consumirá - la chica no hacia caso. En ese momento solo le importaba el chico, parecerá estúpido pero estaba dispuesta a que Ladislas la consumiera toda la sangre, solo le importaba el chico, si el iba a estar bien, no le importaba quedarse sin vida. - May por favor hazme caso, separate - volvió a intentarlo Adem, estaba viendo como la chica se ponía pálida - no parará, lleva años sin beber sangre - Adem se acercó a ellos pero Ladislas de una patada lo separó. Y entonces May se desmayó, Ladislas la miró y miró a Adem. - ¿Que hice? - dijo acercándose más a May - ¿por qué no me detuviste? - dijo con lágrimas en los ojos. - Lo intenté, me empujaste - dijo asustado por ver que la chica no reaccionaba. - La maté Adem - dijo llorando - no respira - Adem negó medio llorando. - Levantala, vámonos - Ladislas negó abrazandola. - No puedo, no puedo - se mordió el brazo y se lo puso en la boca. - No, Ladislas, es peligroso - Ladislas lo apartó. - Si no lo hago puede morir - Adem se llevó las manos a la cabeza - bebe reina, bebe - se volvió a morder el brazo ya que la herida se había cerrado. - Si muere ya no será humana - habló el hermano menor. Ladislas asintió. - No dejaré que muera - Adem rió cínicamente. - No sabes lo que pasará - dijo enfadado. El chico había cogido cariño a la chica, pues gracias a ella su hermano estaba de vuelta, gracias a ella ahora eran felices, no podía morir, no de esa manera. - Mientras yo esté con vida nada le pasará Adem, no puedo dejar que muera - dijo acariciandole la cara. - El que muera o no, no está en tus manos, hermano - dijo Adem acercándose a él.
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