La Cuarta Guerra

cinco
May cada vez se sentía más débil, sus piernas temblaban, la distancia entre los dos se iba acortando poco a poco, pero la suerte no estaba de su lado ya que llamaron a la puerta. Adem entró y miró a los chicos. - Si no fuera falsa la boda esto me estaría pareciendo fatal - los dos rieron. - Te extrañé hermano - dijo soltando el agarre que tenía en la cintura de May y yendo a abrazar a su hermano. - No sabes lo que te extrañé yo a ti, mamá a preparado tu comida favorita, nos esperan abajo - May y Ladislas asintieron. - Sal hermano tengo que hacer una cosa antes - Adem sonrió mirando a May. Esta se dio la vuelta avergonzada, segundos después las manos de Ladislas volvieron a tocar su cintura haciéndola girar. - Tenemos una conversación pendiente - la chica sonrió. - Tu familia te espera - Ladislas la besó la mejilla con delicadeza. Salieron de la habitación y bajaron a la sala, todos se sentaron y empezaron a comer los espaguetis a la carbonara, esa era la comida favorita de Ladislas, después de la sangre claro está. Su madre lo miraba mientras lloraba, nadie de esa sala se podía creer lo que sus ojos estaban viendo, el por fin volver a ver a su hijo, sentirlo otra vez. Jonh abrazó a su mujer, Ladislas se levantó y abrazó a su madre con todas sus fuerzas. - Madre, estoy aquí para quedarme, para ayudar en todo lo que está pasando, no me volveré a ir, siempre me tendrás - su madre lo abrazo y lo besó la frente. Se volvió a sentar en la silla y Clarisse miró a May. - Gracias May, no se como agradecerte esto, no es una tontería, has traído de vuelta a mi hijo, no sabes cuanto tiempo estuve esperando esto, me alegro mucho que seas tu la mujer con la que mi hijo comparta su vida - May sonrió avergonzada. - No hay que agradecer nada, lo hice de corazón - sonrió aún más y la familia sonrió. - Es mi esposa, debemos tener un poco de cuidado - dijo en tono amenazante haciendo reír a todos. - Yo también me alegro de que seas tu la mujer con la que mi hermano comparta su vida. Sabiendo esto ellos se pueden casar ¿no? - May se atragantó haciendo reír a la familia. Ladislas la miró sonriendo. Era una sonrisa enorme, la miraba con sus ojos llenos de amor, tenían un brillo que jamás lo habían tenido, May lo miró a los ojos sintiendo otra vez esa corriente eléctrica pero esta vez sin tocarse. - Son los más indicados para casarse, su amor perdurará para toda la vida, pero ahora sí son ellos los que tienen que elegir - Ladislas la miró. - No está preparada y lo entiendo - miró a su hermano de forma amenazante. El quería hacer bien las cosas con su alma, esa decisión no se podía tomar así tan a la ligera, el quería hacerlo bien, saber que la chica estaba dispuesta a competir su vida con el. Estaba amando el momento en el que el y ya dieran el “si quiero”. Apartó esos pensamientos de su cabeza y dirigió su mirada al plato de comida. - Me gustaría hablarlo con mis padres - dijo con una sonrisa - y antes de la boda me gustaría acabar con todo esto que está pasando - Jonh la miró. - Por lo de tus padres no te preocupes, y lo que está pasando lo puedes pasar al lado de Ladislas, el es el mayor - sonrió haciendo asentir a Adem y haciendo que Ladislas la mirase. - ¿Podría salucionarlo casandome con Ladislas? - el padre asintió. - Al ser su alma lo harías con más fuerza, con más poder - May miró a Ladislas. - Tengo que irme, con permiso - la familia asintió. May le dedicó una última mirada a Ladislas y se fue corriendo por las calles del reino hasta llegar a su casa. Nada más entrar abrazó a sus padres. - ¿Hija que haces aquí? - May sonrió. - Es una larga historia, pero... Debo contarla - los padres la miraron ansiosos por saberla. - ¿Sabéis quién era el primer hijo de la familia Nemeth? - los padres asintieron. Minutos después May acabó por contar la historia, los padres la miraban atónitos y algo asustados. - Tranquilos el corte sanó, bueno a medias le puse esta venda - dijo enseñándoles la mano. - ¿Te casaras con el mayor? - May subió y bajó los hombros. - Siento algo inexplicable por Ladislas, no sé explicarlo - sonrió haciendo sonreír a sus padres. - No es una decisión que se debe decidir a la larga, es unir tu vida para siempre hija - dijo su madre y May asintió. - Lo sé, pero ahora de verdad quiero hacerlo, ya no sólo por salvar al reino, si no por que siento que es lo correcto - los padres sonrieron. - Nosotros te damos la bendición hija, si tu eres feliz adelante - May sonrió. Los abrazó fuerte y les dio un beso en la mejilla. - Dentro de unas horas debemos ir a Palacio para hablar con la familia Nemeth ¿te quedas? - habló Martah y la hija asintió. Quería pasar tiempo con sus padres, y así pasaron la tarde, viendo películas, contándose cosas y riendo, May echaba de menos sentirse así, pero en toda la tarde no había podido dejar de pensar en Ladislas, echaba de menos estar con el. Se estaba volviendo loca, era la primera vez que sentía algo así y sumándole que todo era intensificado se iba a volver loca. Ahora estaba en su habitación, entró al baño hizo sus necesidades y al salir puso ver una silueta negra en la esquina, se quedó estática en la puerta del baño asustada, iba a gritar pero no sabía cuando, el miedo la estaba comiendo, la silueta se estaba acercando, en un acto reflejo encendió la luz del baño para poder ver quien era. - Ladislas joder que susto - dijo dándole un empujón. El empezó a reír y se acercó a ella, la besó la mejilla y la acercó más a él. - Amo cuando te asustas - May lo miró mal. - Pensé que era alguien que me venía a matar - dijo suspirando aliviada por no ser lo que ella pensaba. Ladislas volvió a reír, la miró a los ojos y habló: - Mientras yo esté con vida y a tu lado nadie de hará nada - May sonrió poniendo sus manos en los brazos del chico. - He hablado con mis padres - Ladislas la miró - les conté todo, y dicen que si estamos preparados para unir nuestras vidas que lo hagamos - el chico sonrió - yo quiero hacerlo, pero no sé, siento algo inexplicable - Ladislas frunció el ceño. - ¿Algo malo? - la chica negó rápido. - No, es bonito por decirlo de alguna manera, siento que... - el chico la miró a los ojos. - ¿Cómo qué  estas enamorada? - la chica asintió. - También siento que es muy rápido todo esto que está pasando - el chico asintió. - Es normal todo esto que estás sintiendo May, es algo muy fuerte, más fuerte que lo que sienten tus padres y se ven que están enamorados - la chica sonrió y asintió. - Lo sé, pero tengo miedo Ladislas - el chico se sentó en la cama y la hizo sentarse encima de sus piernas. - ¿Miedo a que? - la chica negó mordiendose el labio. Ni ella sabía por qué tenía miedo, de lo que en esos momentos estaba pasando, no sabía nada, sentía una atracción muy grande por ese chico, algo enorme que quería sentir toda su vida. Siempre se preguntó cómo era sentirse enamorada, que era el amor, siempre se lo preguntó y ahora que lo estaba experimentado le daba terror sentirlo. - ¿Es por eso que nunca me enamoré de alguien? - preguntó inocente haciendo sonreír al chico. - En parte, pero no me cambies de tema ¿a que le temes May? - la chica suspiró llevándose las manos a la cabeza. - No lo se Ladislas, como ya te dije es algo que no puedo explicar, y tengo miedo a perderte, a que esto acabe, a que no sientas todo lo que yo estoy sintiendo, no sé - dijo mirando a un punto fijo de la habitación. - No te puedo asegurar a ciencia cierta que no me vayas a perder, pero créeme que me tendrás mucho mucho tiempo, y mírame a los ojos - dijo haciéndo que lo mirase - dime que ves - la chica sonrió. - Unos ojos de color marrón - Ladislas rió. - Enserio May, dime que ves - la chica lo miró a los ojos. - Veo un brillo especial en ellos - el chico asintió. - El mismo brillo que tienes tu, siento lo mismo que tu May, igual de intensificado que tu - May suspiró. May la miró a los ojos y se fue acercando poco a poco a sus labios, May se mordió el labio haciendo que Ladislas pasara su dedo pulgar por los labios para que dejara de morderselos. - No hagas eso, me vuelves loco reina - dijo en un suspiró haciendo que May sonriera nerviosa. May adrede volvió a morderse los labios, acercándose aún más a el, Ladislas puso su mano derecha en la cintura de la chica. - Enserio no lo hagas, haces que quiera besarte aún más - May sonrió. - Hazlo entonces - Ladislas sonrió.
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