La Cuarta Guerra

cuatro
May se levantó pegando una patada a la pared, se limpió las lágrimas que caían por sus mejillas. - Tranquila, me dejas sin casa mujer - May miró furiosa la tumba y se acercó a Ladislas que tenía la boca llena de sangre. - ¿Puedes dejar de hacer bromas estando en esa situación? - dijo enfadada. - Lo siento, no llores, era de suponer que no iba a funcionar - May negó mientras se limpiaba las lágrimas. - Tiene que funcionar Ladis, tiene que hacerlo - se escuchó el silencio. - ¿Lasdis? Hacía mucho que nadie me llamaba así - May frunció el ceño. - Es que estás muerto - dijo sería. Ladislas rió. - Perdón por ser así de directa, a veces no me doy cuenta - dijo suspirando. - Tranquila, podrías limpiarme un poco la sangre ¿no crees? - May sonrió. Se acercó a el para limpiarle la sangre. Se quedó mirando para el, miró hacia la puerta y escuchó a Adem entrar. - ¿Nada? - May negó. - Era de suponer - May lo miró. - Eso mismo dijo el -  sonrió mientras se limpiaba las lágrimas. - ¿Por qué te duele tanto? - May suspiró. - No lo se Adem, pero por un momento pensé que podía estar con vida, que podría estar con nosotros en todo esto - Adem se acercó a ella y la acarició los hombros. - Estoy llegando a pensar que eres el alma de Ladislas, y se que me está escuchando, y quiero que el lo confirme - May lo miró. - ¿Que soy su alma? ¿Qué es eso del alma? - dijo confundida sin dejar de mirar el cuerpo de Ladislas. - Te lo explicaré en otro momento - dijo Ladislas. - Debo irme May, no tardes en volver a Palacio - May asintió. Se despidieron con dos besos y Adem se fue. - Explicame que es eso del alma - dijo acariciando la mano de Ladislas. La sintió fría, fue como tocar la nieve, luego pasó su mano a la cara y también la acarició. - Eso se siente jodidamente bien - May rió. - No cambies de tema - Ladislad rió. Pero eso fue lo último que se escuchó, después fue un silencio largo. - ¿Ladislas? - no obtuvo respuesta. May se levantó limpiando las lágrimas que caían de sus ojos, ahora ni siquiera lo escuchaba, empezaba a sentir culpa, a pensar que igual su sangre lo había debilitado aún más o llagado a matar, miró por última vez el cuerpo del chico con intenciones de cerrar el ataud pero una mano la paró. May pegó un grito y saltó del susto cayendo más lágrimas de sus ojos, estaba viéndolo despierto, con los ojos abiertos, eran esos ojos, por las noches, en sueños se le aparecían, nunca supo a quien pertenecían y ahora ya lo sabía, en un acto reflejo se tiró encima de Ladislas para abrazarlo. - Dios mío ahora si estás vivo - Ladislas rió. - Creo que necesito una ducha urgente - May lo miró a los ojos. - ¿Te he revivido y eso es lo único que tienes para decir? - Ladislas se levantó poniéndose de pie en el suelo. Era más alto que May, ella le llagaba por la barbilla, el la sonrió y le dio un beso en la frente, haciendo que May se estremecíera con ese acto. - Gracias May, esto es increíble, hace tanto que no veía a una persona así, tan real, esto parece nuevo para mí y te lo tengo que agarceder, tampoco sé cómo hacerlo - May lo calló. - No hablando tanto y abrazándome - Ladislas sonrió y la abrazó. Minutos después se separaron y se miraron a los ojos. - Tenías razón, necesitas una ducha urgente - Ladislas rió. May lo observaba con detenimiento, pudo ver unos cuantos tatuajes salir de su camisa, en el cuello y brazos, sonrió al sentir las manos de Ladislas en su cara, cerró los ojos disfrutando de ese momento. - Ahora es mejor - habló el chico en un susurro. - Lo sé - dijo ella en un hilo de voz. Se volvieron a mirar a los ojos, los dos estaban disfrutando ese momento como dos niños cuando están jugando, Ladislas pasó su mano por la de May. Ambos sintieron una electricidad por todo su cuerpo, esa electricidad que los uniría de una forma u otra para siempre, a pesar de los años, de la distancia o de los muchos obstáculos que aparezcan en el camino. - Debemos irnos, tus padres tienen que saber esto - habló May sin despegar la mirada de la de Ladislas. Ladislas asintió, la cogió de la mano, pero al bajar la montaña ella le soltó la mano. - Nadie nos puede ver - habló ella y el asintió dándose cuenta de la situación. Entraron a Palacio y la familia al completo estaba ahí, al mirar hacia los chicos todos se quedaron boquiabiertos y sorprendidos. - ¿Hijo? - habló Clarisse. - Hola mamá - corrió hacia ella y la abrazó. Luego abrazó a su padre y a su hermano. - ¿Funcionó? Funcionó - dijo este con una alegría en el cuerpo que se la podía contagiar a cualquiera. - ¿Que funcionó que? - habló Jonh el padre de los chicos. - May sintió qué Ladislas no estaba muerto, le dio de su sangre y lo salvó - dijo tirándose encima de su hermano cayendo los dos al suelo. - Eso solo lo podía hacer su alma - habló otra vez el padre. Ladislad lo miró y asintió, entonces las últimas palabras de Ladislad recobraron sentido, el puzzle estaba encajando a la perfección, todas las piezas se estaban uniendo. - Es ella padre - May los miró. - ¿Que soy quien? - Ladislas rió. - Ya te lo contaré, necesito ducharme, no tardo vuelvo ahora - dijo subiendo las escaleras. Pero May no se iba a dar por vencida, quería las respuestas ya, fue entonces cuando empezó a seguir a Ladislas hasta su cuerto. - ¿Por qué me sigues? - dijo el dandose la vuelta. - ¿Como sabes que te he seguido? No estaba haciendo ruido - Ladislas cambió sus ojos a un tono muy rojo. May asintió sonriendo. - Respondeme a algo - Ladislas asintió apoyándose en la pared del pasillo con las manos en los bolsillos del pantalón. - hazme la pregunta - sonrió. - ¿Qué quiere decir que soy tu alma? - Ladislas suspiró mirando a otro lado y luego volvió a dirigir su mirada a May. - Ser el alma de un vampiro, en este caso tu la mía, quiere decir que son personas que están destinadas a estar juntas, que sienten una energía y una conexión muy fuerte. Por eso es que sentiste la necesidad de salvarme como fuera y te sentías así al saber que no podías salvarme - May asintió. - ¿Es por eso que solo yo te podía escuchar? - Ladislas asintió. - ¿tu sabías que yo era tu alma? - el volvió a asentir. - Desde antes que tu nacíeras yo ya lo sabía, una bruja había contactado conmigo, me había dicho tu nombre, el nombre de tus padres, por eso mis últimas palabras fueron: “volveré por ella” - May sonrió. - ¿Y esto no se puede cambiar? - Ladislas la miró sorprendido. - ¿No quieres estar conmigo? - se hizo el ofendido, May sólo rió. - No es eso, es que yo no pudo estar con otra persona que no sea tu hermano hasta que no pase todo esto - Ladislas asintió. - Pero nos podemos besar sin que nadie se de cuenta - May lo apartó con su mano mientras sonreía. - Duchate mejor - Ladislad sonrió. May le dio un beso en la mejilla y se fue hacia su habitación, estando allí saltó de felicidad, no entendia por que se sentía asi, pero estaba feliz, sentía como que se podía comer el mundo estando al lado de ese chico. Estaba mirando por la ventana cuando escucha una voz. - Es preciosa la vista desde aquí - habló Ladislas poniendo sus manos en el abdomen de May. - Si, es preciosa - dijo sonriendo - pero las manos las puedes quitar, me voy a casar - dijo reteniendo una risa. - Creo que a mi hermano no le importará que te bese - dijo dándola un beso en la mejilla. - Pero a mi si me importa - dijo dándose la vuelta para quedar frente a él. - Somos dos personas destinadas a estar juntas, y no es que lo diga por que si, es la realidad - May sonrió. - Aún así, el reino no lo sabe - Ladislas sonrió de lado. - Pero tu y yo si - May sonrió. - Lo importante es el reino ¿no? - Ladislas asintió. - Creo que ahora me importas tu más que el Reino May - May se ruborizo ante esas palabras. - Ca.. Casi no nos conocemos Ladislas - el chico asintió. - Creo que en este caso no importa mucho, nos conozcamos o no nuestro destino es estar juntos - May sonrió. Se terminó por separar de él, si no lo hacía estaba segura de que lo besaria. Suspiró mirando hacía la pared. - ¿Por qué te separas? - May suspiró. - No te puedo tener cerca Ladislas - el chico sonrío. - ¿Y eso por que? - May subió y bajó los hombros. - Eso es algo que me guardaré para mí - el chico sonrió. - Yo creo que no lo harás - la dio la vuelta y ambos quedaron a centímetros. Sentían sus respiraciones chocar al igual que sus narices, May miró los ojos de Ladislas al igual que el miró la de la chica. - ¿Como estas tan seguro? - dijo en un susurro.
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