Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Sonríe”
Katerin pasó sus brazos por detrás del cuello de Alejandro, lo miró con dulzura y le dio un pequeño beso en la comisura de los labios. — No te preocupes, cariño. Me verás más seguido aquí, te lo prometo. Respondió con una sonrisa. Su respuesta alegro a Alejandro, quien solo la abrazó más fuerte. Después, se dirigieron al comedor. Donde él no pudo evitar sorprenderse, su esposa se había lúcido con la gran cena que había preparado. De inmediato dedujo que algo muy bueno había pasado. — Siéntate amor, anda. Después de comer, te daré una gran sorpresa, ya verás. — ¿Qué es? ¿No puedes decírmelo ahora? Preguntó completamente curioso. — No, no puedo. Temo que si te lo digo ahora, no vas a poder ni hablar. Respondió Katerin con una sutil sonrisa. La curiosidad invadió aún más a Alejandro, definitivamente lo que ella le diría era algo que lo impactaría. Las ansias por saber lo que ella diría lo abrumaron, no podía pedirle que le dijera lo que ocultaba, no ahora. Ella no le contaría nada, por el momento, no. Por lo que, no vio más remedio que apresurarse a cenar. Impacientemente empezó a dar grandes bocados a su platillo, sin siquiera mirar bien el plato, el mensaje estaba escrito en él. Su desesperación no le permitió darse cuenta de ese pequeño detalle. — Ya he terminado, ¿ahora si me contarás, mi vida? Dijo luego de tomar su vaso de agua. Katerin colocó sus codos sobre la mesa, apoyó su mentón sobre la palma de sus manos y miró directamente a Alejandro, una sonrisa burlona se asomó en su rostro. — Cariño, en realidad la sorpresa está escrita en tu plato. Por favor, antes de que bajes la mirada, prométeme que no te desmayaras o que no gritaras. — ¿Por qué haría yo eso... Yo... Kate... ¿ES VERDAD? tú y yo seremos PADRES. Respondió Alejandro gritando lo último. Entusiasmado se acercó a ella, la levantó, la cargó y dio vueltas con ella. — Amor, soy el hombre más feliz de la tierra. Gracias, cariño. Su felicidad no tardó en propagarse a todos, la familia de Katerin fue la que más hizo escándalo. Denilson y Kate pidieron que tuvieran la dicha de cuidar del nene. Don Ernesto les pidió que se fueran a vivir a su casa, que quería que su nieto o su nieta corriera por esos lindos jardines. Fue tanta su insistencia que Katerin y Alejandro terminaron accediendo, además, que se comprometió a entrenar a Alejandro en este periodo, ya que como lo había prometido, le daría el puesto de CEO. Las demás personas de su entorno los felicitaron por tal magnífica noticia. Tamara y Michael les llamaron en cuanto les avisaron sus padres. Joshua le dio su felicitación a Katerin, él estaba feliz porque su buena amiga era feliz. El amor comenzaba a ceder, ahora podía sostener una linda amistad con ella. Jinna se mantuvo seria ante esto, no le había hecho ninguna gracia, lo que temía había ocurrido, sin embargo, eso no era ningún obstáculo para sus planes. «Querida, ni tú ni tu bastardo me quitaran mi mayor sueño. Yo seré la dueña de esta empresa, ya lo verás. Seré la única señora, esposa de Alejandro Magno. Lo conseguiré a cualquier costo lo haré» Pensó mientras apretaba el diario en el que había salido la noticia. Al finalizar la semana, todas las personas ya estaban enterados. Alejandro se transformó en un hombre sobreprotector, el cual estaba al pendiente de Katerin a cada instante, preguntándole si estaba bien o si ya había comido. Ni que decir de sus padres y de su suegro, quienes la consentían, incluso iban a su empresa a llevarle de comer y ayudarle con el trabajo. Incluso querían sustituirla, lo cual no le pareció a Katerin. — Madre, estoy bien. No es que esté enferma, puedo trabajar, el doctor me lo confirmó, solo hasta que sea el último mes de mi embarazo, dejaré de venir, por ahora déjenme trabajar. Respondió ante la insistencia de su madre. Después de varios intentos, ella desistió. Sabía que tanto como ella, su hija no desistiría, a lo cual no tuvo de otra que aceptar. Solo con la condición que dejara que ella venga a la empresa a verla y cuidar que coma todas sus comidas. Así pues, Katerin se mantenía con el cuidado de sus seres queridos, quienes en ningún momento la dejaban sola. Asimismo, Amery y Henry le llevaban nutritivos alimentos. — Katie, alimentate bien para que mi ahijado nazca sano y fuerte. Dijo Henry. — Gracias, Henry. Agradeció Katerin tomando fruta picada que le habían llevado. — Ay, no puedo creer que mi pequeña ya vaya a ser mamá. Es tan nostálgico recordar cuando te tenía entre mis brazos. Mírate, ya eres toda una mujer hecha y derecha. Exclamó Amery conteniendo sus lágrimas. Se sentía orgullosa que su pequeña ya había crecido. El tiempo había pasado rápido para ella, estaba entusiasmada por enseñarle todo lo que había aprendido cuando la cuidó. Por otra parte, Jinna y Ana Lisa se reunieron de manera discreta en una cafetería. Ellas dos comenzarían con su maquiavélico plan. A las dos las unía el sentimiento de odio hacia Katerin, quien no les había hecho ningún mal en absoluto. Sin embargo, su forma de pensar y de de ver las cosas han hecho que estén de esta manera. — Está decidido, no debe haber más tiempo que perder. Ese bastardo y ella deben morir, a más tardar en la boda de Amery y Henry. Sentenció Jinna a la rubia que la miraba atentamente. — Estoy de acuerdo con eso, ¿qué es lo que tengo que hacer yo? Respondió Ana Lisa con disposición. La pelinegra sonrió con satisfacción, al fin había encontrado una gran aliada. Su sueño se veía cada vez más cercano. — Simple, sólo bastará que coloques este líquido en su bebida y todo estará listo. Ella ya no será ningún obstáculo para las dos. Contestó entregándole un pequeño frasco con un líquido color azul. Ana Lisa lo tomó, le aseguró que se lo daría sin ningún problema. Los problemas hacia Katerin apenas comenzaban, su felicidad podría ser arrebatada por estas mujeres. Con sonrisas en sus rostros se retiraron de aquel lugar, no sin antes repasar su plan. La boda de Amery sería el siguiente día, donde todo se decidiría. ... Cuando Ana Lisa llegó a su puesto de nuevo, Joshua pudo darse cuenta que ella tramaba algo. La rubia que pensaba que él no estaba al pendiente de los demás estaba equivocada. Él la conocía perfectamente bien, sabía que algo traía en manos con la pelinegra misteriosa. Joshua se acercó a ella, lo cual causó un gran desconcierto en la joven, por primera vez le dirigiría la palabra a ella. — No sé qué es lo que traes con esa mujer, pero, sólo quiero decirte que si dañas a mi amiga, no voy a dejarte vivir en paz, ni a ti ni a esa mujer. No sé lo que signifique la amistad para ti, no sé cómo lo entiendas. Lo que estás haciendo no es lo que tú tanto te jactas de buen amiga. Le dijo mirándola con frialdad. Por un momento se sintió atravesada y juzgada por esos lindos ojos azules, se sintió arrastrada en la profundidad de estos. Su mirada denotaba gran molestia, ella lo había sentido. — No sé... No sé de qué hablas. Respondió desviando su mirada. Ese gesto sólo hizo que él se asegurará completamente, ella en verdad quería hacerle daño y él lo presentía. — No sé porque motivo la quieres lastimar, no quiero saberlo, solo te pido de la manera más amable que lo que estés pensando hacerle no lo hagas, sino atente a las consecuencias. Es cierto que desde pequeño me ha gustado, y me sigue gustando, pero eso no significa que me cegara ese sentimiento, no. Yo prefiero seguir el bello sentimiento de la amistad y ser leal. Si tú no sabes que es eso, no sé cómo es que te puedes llamar su amiga. Dijo obligándola a qué lo mirara a los ojos, después se retiró. Las duras palabras de Joshua dejaron trastornada y callada a la rubia, todo lo que él había dicho tenía sentido para Ana Lisa, ella no estaba siendo una verdadera amiga. ¿Qué clase de mujer está dispuesta a lastimar a la otra solo por un hombre? O por la envidia o el rencor de que no es correspondida. — No debería ni estar aquí. Susurró con gran pesar mientras se dejaba caer en la silla.
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