Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Los días felices permanecerán”
Amery se lanzó a los brazos de su amado, las mujeres la miraron con envidia, la mayoría no se explicaba como un joven como él estaba con una mujer mayor. — Por Dios, que le vio. — ¿Acaso lo hechizo? Comentaban y cuchicheaban las mujeres sin dejar de mirar a la feliz pareja. El bullicio y la risa de las mujeres llegó hasta los oídos de Henry, quien no soportó más esa situación. En ese preciso momento, le arrebató el micrófono al encargado del audio y sonido de aquel salón, y agarró la mano de su querida pelirroja. — Quiero que escuchen bien esto, ya me he cansado de sus malos comentarios hacia la mujer que yo amo. En primer lugar, ella no me hechizo, no me paga ni cualquier otra cosa que hayan inventado. Su perspectiva superficial e infantil no les deja ver lo maravillosa que es ella, así que, les pido de la manera más atenta que dejen de molestar a Amery, ya no voy a permitir que nadie más la mire despectivamente ni siquiera a que hablen mal de ella. La diferencia de edad no es nada para que se tenga que avergonzar. Dijo Henry enfrentando a cada una de las fisgonas y curiosas personas que los contemplaban con esmero. Amery estaba llorando, las hermosas palabras de Henry la habían conmovido, él la había defendido de aquellas mujeres. Antes que las cosas se pusieran a color de hormiga, Tamara no dudo en tomar otro micrófono y respaldar las palabras de Henry. — Así es, yo no veo ningún inconveniente. Mientras ellos se amen, todo estará bien, así que, les pido de la manera más atenta que respeten para que sean respetados. Y a quien no le parezca mi comentario, allá esta la puerta, puede irse cuando quiera. Yo no voy a soportar a personas tan despreciables como las que se ponen a juzgar sin antes verse a sí mismos. Nadie es perfecto, y eso todos lo saben. Dijo Tamara apuntando la puerta y mirando fijamente a cada uno de sus invitados. El silencio se apoderó de aquel lugar, las mujeres que habían estado hablando mal de Amery se miraron avergonzadas. Solo unas pocas tuvieron las agallas de salir de aquel salón, las demás se disculparon por la imprudencia y las malas palabras que habían salido de su boca. Paulatinamente la fiesta volvió a retomar el buen camino que tenía, todos se dedicaron de disfrutar el buen ambiente. Amery y Henry disfrutaban de su propia compañía, mientras que, Alejandro y Katerin esperaban el glorioso momento de la culminación, en el que los novios dejarían a los demás y se retirarían a disfrutar de su noche como casados. ... Después de una larga espera, Michael y Tamara se fueron a la casa que habían comprado un día antes, se tuvieron el uno al otro, con la luz de la luna iluminandolos, haciendo de la misma su fiel confidente. Katerin y Alejandro se despidieron también, el deseo de estar en la intimidad de su habitación corría por sus venas. En esa noche, donde el amor floreció una y otra vez, pronto traería buenas noticias a la familia Magno y la de Katerin. Los días pasaron, las cosas para todos iban de maravilla, para Amery y Henry habían acabado las habladurías, ahora los respetaban y hablaban del gran amor que se tenían. Jinna se había mantenido tranquila, ella solo esperaba el momento para atacar. Esta víbora era astuta, sabía que si quería triunfar, debía de ser paciente. «Pronto tu mundo se derrumbara, Katerin, ya verás, muy pronto» Pensó Jinna con autosuficiencia. Por su lado, Katerin se mantenía haciendo las valoraciones en su empresa, ella se mantenía feliz por ver que estaba teniendo perfectos resultados, tanto que aumentó el salario de sus trabajadores. Ella era querida por todos, así como Alejandro seguía aprendiendo a cómo administrar la empresa de su padre. Michael y Tamara se dieron el lujo de viajar alrededor del mundo para disfrutar de sus vacaciones y su luna de miel en conjunto, tomarían este tiempo para amarse tanto como quisieran. Katerin y su amigo Joshua se veían de vez en cuando, ella disfrutaba de su compañía y siempre que podía hablaba bien de su amiga, de la cual desconocía la terrible puñalada de traición que estaba por enterrarle en su espalda. El pasar de las semanas, Katerin se sintió asqueada, mientras estaba en una junta general, unas terribles ganas de vomitar la invadieron, sin decir más se levantó repentinamente causando el desconcierto de los presentes y corrió a toda prisa al baño. Dejó salir todo lo que escasamente había comido en el desayuno, se sintió terrible. Después, se lavó la boca y el rostro, se miró al espejo y contempló su pálida cara. — ¿Qué sucede conmigo? No creo que la comida de hace rato me haya hecho mal, este malestar lo he tenido desde mucho tiempo. ¿Tendré algo grave? Dijo mientras miraba con detenimiento su cara en el espejo. Pensó y pensó, hasta que fue iluminada por una sorprendente revelación, la cual era que su período no había llegado, tenía como una semana de retraso. «Dios, debe de ser eso. Tranquila, tranquila, no te ilusiones sin antes saber si eso es verdad, hay que estar seguras antes de decir algo» Pensó manteniendo su cordura. La idea de ser madre le emocionaba y le aterraba a la vez, pronto un ser se formaría en su vientre, el pequeño era parte de ella y del hombre a quien más amaba en este mundo, su amado Alejandro. Katerin al regresar a la junta decidió que era momento de acabar de una vez por todas su duda, al finalizar la reunión, hizo que se cancelaran sus próximas reuniones y asuntos, así mismo, pidió que se le hiciera una cita a su ginecólogo, el cual accedió a atenderla en ese instante. Sin decirle a nadie, ella se mantuvo en la espera de los resultados, los minutos pasaron como si se tratarán de años, hasta que la enfermera se aproximó a ella y le indicó que pasara al consultorio del doctor. El orden predominaba en aquel lugar, Katerin observó impacientemente al doctor, pronto su futuro se decidiría, ya sabría si en realidad estaba embarazada o si se trataba de una mala broma del destino. — Señora Katerin, de acuerdo a sus resultados, me complace felicitarla, usted pronto será madre, ¡felicidades! Ahora tendrá que seguir al pie de la letra mis instrucciones y vendrá a hacerse chequeos más a menudo. Katerin no pudo ocultar su emoción, una gran alegría invadió su corazón, las lágrimas se desbordaron de sus ojos, agradeció al cielo y al doctor por tan magnífica noticia. Le indicó todo lo que tenía que tomar, las medidas que ahora tomaría y las citas que comenzaría a tener para tener un chequeo de su embarazo. Con felicidad se despidió del doctor, con la promesa que vendría a cada una de sus citas preestablecidas. «Al fin, hemos conseguido la dicha de ser padres, ya me imagino lo feliz que se pondrá Alejandro con la noticia. Nuestros padres y amigos también, nuestro bebé crecerá con el cariño de muchas personas» Pensó Katerin entusiasmada, mientras subía a su coche y regresaba a casa a preparar todo para darle la noticia a su esposo. Se colocó el delantal, preparó los ingredientes que iba a utilizar y se puso manos a la obra, contaba con mínimo dos horas para que su cena estuviera lista. Meticulosamente acomodó los cubiertos en la mesa, cuidó cada detalle en su arreglo floral en la mesa y espero pacientemente hasta que la comida estuvo hecha. Se apresuró a bañarse, arreglarse y maquillarse. Estaba tranquila dando los últimos toques de rubor en su rostro, cuando escuchó que la puerta se abría. Alejandro había llegado. Con cuidado, pero, apresurandose, bajó los escalones y recibió con alegría a su sorprendido esposo. — ¿Katerin? Amor, que gran dicha encontrarte temprano en casa y que me recibas de esta grata manera. Dijo Alejandro dejando sus cosas en una silla y acercándose a Katerin. — Ya ves, puedo darme una escapadita de mi trabajo de vez en cuando. Contestó esbozando una sonrisa. Alejandro envolvió su cadera con sus brazos y la pegó más a su cuerpo. — Hazlo más seguido, cariño. Le indicó Alejandro acomodando un rebelde mechón en su frente.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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