Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Felicidad”
La nerviosa Tamara no paraba de dar vueltas y vueltas en aquella sala de espera, donde su madre le había indicado que esperará pacientemente en compañía de Katerin la llegada de su padre para que dieran comienzo para la ceremonia. Katerin trataba de tranquilizarla, aunque eso parecía ser algo demasiado difícil, ella perfectamente sabía lo que en estos momentos Tamara estaba sufriendo. — Linda, querida Tamara. Ya verás que pronto vendrán por ti. Tranquilízate, no creo que Michael vaya a salir huyendo. Dijo Katerin mientras tomaba las manos de Tamara con las suyas y la miraba con cariño. — Lo sé, solo que ya quiero verlo. Ya quiero que nos casen y que podamos estar juntos sin que nadie más nos separe. Respondió Tamara mirándola a los ojos. — Te entiendo, Tamara. Perfectamente, esperemos que tu padre no tarde en aparecerse. Mencionó Katerin con una pequeña sonrisa. Mientras tanto, Alejandro trataba de tranquilizar a un desesperado Michael, el cual no dejaba de fijar su mirada a la puerta principal, con la esperanza de ver a su futura esposa. — Ah, Alejandro, no sé cómo soportaste está larga espera. Se siente como que no puedes respirar y luego el corazón no deja de latir fuertemente por más que lo quiera tranquilizar. Dijo Michael, recordando lo que había dicho y hecho cuando Alejandro estaba en su posición. Alejandro solo sonrió, la reacción que estaba teniendo Michael era realmente graciosa, ahora entendía lo que él había experimentado en su lugar. — Me alegro que ahora lo sepas. Descuida, pronto se acabará ese tormento y por esa puerta brillará la presencia de tu amada, vendrá a ti mirándote con una radiante sonrisa y posiblemente derrame unas lágrimas. Respondió después de guardar su creciente sonrisa. — ¿Así es? — Sí, ya después me darás la razón. Ahora trata de respirar hondo y permanecer consciente, por favor, no te vayas a desmayar, porque va a resultar peor el asunto. Contestó Alejandro con un tono un tanto burlón. Michael sólo negó con la cabeza. Los invitados eran más que los que habían asistido en la boda de Katerin, puesto que la familia de Tamara era abundante, eso sin contar las grandes amistades que había formado a través de su trabajo como modelo. Su mentora no podía faltar en la fabulosa ceremonia, desde que supo que su pequeña saltamontes se iba a casar, no había duda ni un solo segundo para trasladarse de inmediato. Además, aprovechó para dejarle en claro a Michael de que tratará bien de su pequeña Tamara. — Una cosa te diré y espero que la cumplas. Sentenció con seriedad mientras contemplaba los ojos de Michael. Él estaba asombrado, ni siquiera sabía quien era esta mujer de fuerte carácter que lo estaba amenazando. — Eh, perdón, ¿yo la conozco... — No hay necesidad que me conozcas, solo necesito que no hagas sufrir a mi gran discípula Tamara, ni que la alejes de la moda, lo que ella ama, porque juró que tomaré el primer vuelo de París y me haré cargo de ti. Lo interrumpió sin dejarlo de ver, después de acabar con su amenaza tomó camino a acoplarse a las demás personas que estaban tomando su asiento en aquel gran salón. Alejandro estaba sorprendido igual que Michael, no tenía idea de quien fuera esa elegante pero peligrosa mujer. Michael no sabía ni que decir, no sabía ni lo que había pasado, él se mantenía en shock. Hasta que, la puerta se abrió, dejando ver el esplendoroso vestido de Tamara, quien a su vez venía tomada del brazo de su padre. Las piernas le temblaban, el corazón casi se le salía de la emoción y sus manos sudaban, ella se sentía perdida en ese instante. Su padre notó el nerviosismo de su hija, con su otra mano le dio un pequeño apretón a su mano y le miró con una sonrisa. — Tranquila, corazón. No creo que quieres que mañana en la prensa y en las redes sociales aparezca la noticia de que la famosa modelo Tamara se desmayo en plena ceremonia. — No, padre. No. Respondió sonriéndole. Tomó fuerza y siguió su caminar con seguridad. La música nupcial resonaba por aquel ancho lugar, las personas admiraban felices a la bella novia y los periodistas capturaban cada detalle de la boda de la querida modelo, sabían que eso les daría buenas recompensas. Katerin venía detrás con la madre de Tamara, la cual venía con un inquieto pequeño de cabello castaño y ojos verdes. La señora sonreía y a la vez derramaba lágrimas de emoción, su pequeña, su hija se iba a casar en este preciso momento, ahora se convertiría en la mujer del hombre que la amaba. — Ah, como crecen muy rápido. Susurró conteniendo su llanto. Katerin la dirigió al asiento designado y se reunieron con los demás, que no perdían ningún detalle. Al llegar hasta donde Michael estaba, el padre de Tamara la entregó y le dijo lo típico, que la cuidará y la protegiera. A lo cual, él respondió que contará con eso. Al fin, el ministro comenzó con la lectura del documento que tenía en sus manos, Tamara y Michael así lo habían pedido, ellos dos deseaban que este proceso fuera rápido, que fuera al grano sin rodeos. — Ahora bien, me complace unir a la señorita Tamara Blanc con el joven Michael. Usted joven, ¿promete amarla y respetarla en el bien y en el mal hasta que la muerte los separe? — acepto. Respondió Michael sin pestañear, mirando con cariño a su querida chica. — Y usted señorita... — Acepto, por favor avancemos rápido. Respondió Tamara de manera impaciente. El ministro sólo asintió, jamás se había topado como una pareja como ellos lo eran, sin más preámbulos les entregó el documento y les indico donde firmar. Tamara y Michael firmaron con la mano temblorosa. Una gran satisfacción recorrió por todo su cuerpo. Luego, fue el momento para que sus padres pasarán a firmar como testigos de aquella linda unión. Después, Katerin y Alejandro se acercaron a ellos para entregarles sus anillos. Cada uno se lo colocó al otro, con gran felicidad contemplaron su anillo. — Por el poder que me da el estado, yo los declaro marido y mujer, puede besar a la novia o al novio. Dijo el ministro con una sonrisa. Como Tamara no era mujer de perder oportunidades y de esperar, ella tomó la iniciativa y besó al novio, el cual respondió bastante bien a su repentino beso. Las personas, incluidos Katerin y Alejandro se sorprendieron, a su vez aplaudieron con gran júbilo aquel acto. Más tarde, la mera fiesta comenzó, por todo aquel lugar se comenzó a escuchar la música alegre. En el centro de la pista se encontraban los felices novios junto a las personas bailando sin descanso, mientras que, los meseros comenzaban a servir la comida a los comensales. Katerin y Alejandro no dejaban de mirarse con complicidad, las ganas de huir de ahí e irse a un apartado lugar a amarse con locura, no le faltaban, sin embargo, debían de abstenerse por este momento, ya que conocían bastante bien a sus amigos. Por otra parte, Amery no dejaba de suspirar, ella era la siguiente en casarse, ya solo quedaban pocos meses para la glamorosa boda que tendría con su dulce novio. — Como quisiera que nuestro momento ya llegara. — Lo sé, no veo la hora de perderme contigo en esa apartada playa. Mencionó con cierto tono pícaro. — Henry, por favor. Estamos en una fiesta. Respondió ruborizada. La música se detuvo, Tamara estaba lista para arrojar el ramo, un grupo de mujeres se reunía en aquel lugar. Por supuesto, no podía faltar Amery entre ellas. No permitiría quedarse sin la suerte de la novia. «Va a ser mío, sí o sí» Pensó determinada mientras se preparaba para cacharlo. Desde su asiento, Katerin le echaba porras a su madre Amery. Tamara contó hasta tres y lanzó aquel bello ramo de rosas blancas. Las mujeres se empujaron entre sí, haciendo que una cayera sobre la otra, Amery se disponía a atraparlo, pero la mano de una mujer hizo que frenará y cayera al suelo. Cuando todo parecía parecer sombrío, pudo notar la sonrisa de su amado, el cual con orgullo tenía el ramo en sus manos. Con la mano derecha tomó aquel majestuoso manojo de rosas y con la otra, ayudó a que su prometida se levantará. — Lo he ganado para ti. Mencionó dándose lo. Amery lo abrazó, una vez más sabía que tenía al hombre perfecto.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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