Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Un buen día”
Desde el interior de aquella cálida oficina, se escuchó la voz cantarina de Amery, la cual indicó que pasará. El rubio y Katerin se toparon con la sorpresa de encontrar a Henry en su ordenada oficina. Los dos amantes sonreían mientras miraban fotos de posibles lugares donde pasarían su luna de miel. — Yo pienso que si vamos a esa isla, podremos descansar a gusto sin ninguna interrupción y sabrás todo lo que la naturaleza te puede regalar. Le dijo con un tono algo pícaro. Henry solo mordió su labio inferior, esta mujer lo traía loco. Deseaba con ansias perderse en ese lugar, sólo ellos dos. — Mmm... Creo que entonces ese será nuestro destino. Respondió coqueto. — Sí, ya verás que no te arrepentirás. Katerin y el rubio compartieron miradas, sentía que estaban interrumpiendo un gran momento. — Y si mejor vengo en otro momento. Dijo en voz baja, retrocediendo lentamente. Cómo si los oídos de Amery estuvieran súper desarrollados, volteó a ver en donde provenía la bajita voz de Katerin, quien de puntitas salía de aquella oficina. El corazón de Amery se agitó, no espero ni un momento más y se levantó, se dirigió con gran alegría a la joven que se había quedado en shock al contemplarla venir a su lado. — Mi querida Katie, linda. Ya me tenías olvidada, pensé que ya no vendrías a visitar a tu madre Amery. Mencionó envolviendola en un dulce abrazo maternal. Henry y el rubio apreciaron la bonita escena, madre e hija se reunían una vez más, sus miradas denotaban lo mucho que se habían extrañado. — No, no digas eso, madre. Es que mi trabajo y mi vida de casada retiene la mayor parte de mi tiempo, te juro que en ningún momento de mi día ni de mi vida te he excluido de mi pensamiento, siempre te he tenido presente. Contestó Katerin tomando el mentón de Amery, mirándola con cariño y acariciando el borde de éste con sus suaves dedos. Las dos se observaban con felicidad, parecía que todo se había desvanecido a su alrededor, dejándolas en su propio mundo a ellas. Después de su encuentro, de haberse apapachado lo suficiente, Amery le mostró los avances que tenía con respecto a su boda con Henry, a lo cual, este también se incluyo en su plática. — Ya verás que será inolvidable, ustedes conmemorarán con alegría ese hermoso momento. Madre Amery, estoy tan feliz por ustedes, incluso ya he pensado en mi regalo de bodas. Mencionó Katerin esbozando una sutil sonrisa. — De acuerdo, mi niña. Aunque, lo que más me importa es que tú estés presente ahí, no me importa ningún tipo de regalo, solo tu presencia. Respondió Amery dándole un beso en la mejilla. Después de aquel emotivo momento, hablaron sobre la boda de Tamara. Por lo cual, Katerin se dio cuenta sobre la cercanía que Amery había tenido estos días con su amiga, lo dulce y lo buena que le parecía a su madre, y lo talentosa que era con la moda. Luego de platicar y de ponerse al día, Katerin se dio el tiempo para mencionar el buen desempeño del rubio, el cual se encontraba centrado archivando documentos que Henry le iba pasando. — Se ve que ese chico se esfuerza mucho, su actitud te representa correctamente, cualquiera que lo mire, verá en él a la persona a quien trabaja es una persona comprometida con su trabajo. Así me gustaría tener a un empleado o empleada. Comentó Katerin. — Sí, todos me han dicho eso. Él es un buen chico, desde el primer día que vino a trabajar aquí, me di cuenta de sus habilidades, lo puse a prueba y lo fui poco a poco ascendiendo. Confesó Amery mientras dirigían su mirada al trabajador chico. — De eso me di cuenta, madre. Que bien ahora él está como su mano derecha. — Sí. Luego de hablar sobre otras cosas triviales, Katerin decidió que ya era hora de irse a ver a su amado esposo. Con la promesa de mañana encontrarse en la boda de Tamara, Katerin se fue a encontrar con Alejandro, quien inmediatamente se apresuró a besarla. El amor entre ellos dos permanece intacto, nada parece quebrantar la confianza que existe entre ambos. Sin embargo, desde las sombras, Jinna los observaba con un severo gesto. Sus malas intenciones casi tangibles están por ser puestas en práctica. ... Con una gran disposición, Katerin se levanta desde muy temprano, arregla su ropa y se mete a bañar. Mientras tanto, Alejandro aún sigue durmiendo. Katerin sabe que debe llegar al lado de Tamara antes de que le pueda dar un colapso y no presentarse en su boda. Ella como buena amiga le dará los ánimos y le ayudará a vencer los traicioneros nervios. Al terminar de ducharse, se viste a la velocidad de la luz, se seca el cabello y se maquilla de acuerdo a su hermoso vestido color morado con abertura al costado de su pierna derecha. Termina de darle unos pequeños toques más a su imagen, se mira al espejo y contempla con orgullo a la hermosa mujer que se refleja. Al contemplar su encantador rostro, recuerda el día en que Tamara y ella fueron a renovar su armario y su imagen. Con afecto y con pequeñas lágrimas de emoción sonríe, admira con fascinación su armario y ve aquella diminuta prenda que Alejandro tenía en ese día que fue pillado por Tamara. «Desde un principio, ella sabía que nosotros dos estaríamos juntos. Así como yo lo pensé de ella con Michael, que irónica es la vida, que grandiosos giros hemos tenido. Espero que ellos como Alejandro y yo, logren ser felices y superar todos los obstáculos» Pensó Katerin tomando con cariño aquella linda prenda. — ¿Acaso he muerto? ¿Ya he llegado al cielo? Porque un hermoso ángel está enfrente de mí. Dijo Alejandro con sus ojos medios dormilones aún. Katerin sonrió, dejó aquella prenda en su lugar y se acostó cerca de él, le plantó un pequeño beso en sus labios y le contempló con amor. — Entonces, yo siempre he estado en el cielo porque todos los días el arcángel de lindos ojos verdes está frente a mí. Respondió Katerin con una sonrisa. — ¿Te gustan mis ojos? — A quién no, pero, ¿sabes qué es lo que más amo de ti? Contestó tomándole el mentón con cariño. Alejandro la miró detenidamente, una vez más se quedó embobado ante su majestuosa presencia. Ahora más que nunca volvía a vivir la primera vez que se habían hablado de verdad, cara a cara. El día en que ella había sido asignada para ser su tutora. — No, dime. Respondió sonriendo como un tonto. — Tu gran corazón y la confianza que siempre has tenido en mí. Contestó Katerin sellando sus labios contra los suyos. Alejandro pasó una mano por detrás de su espalda y atrajo su cuerpo más hacia él. El fuego entre ellos dos comenzaba a surgir, parecía que la noche anterior no les había bastado. En realidad, nunca podían cansarse de tenerse el uno al otro. Katerin al notar el deseo de su esposo, tuvo que obligarse a separar de él y huir de sus cálidos brazos. Aunque lo deseara tanto como él, debía de llegar con Tamara, más porqué se lo había prometido y su palabra se cumple sin excepciones. Ella siempre ha sido de esas personas que consideran que su palabra es como si fuera su honor, así que lo que promete debe cumplirlo. — Amor, me encantaría estar contigo de esa manera hasta que nos cansemos, pero, se lo prometí a Tamara. Tú más que nadie la conoce perfectamente, ella sería capaz de venir por mí. Dijo Katerin con un gesto afligido. Alejandro asintió, tal como lo había dicho Katerin, Tamara sería capaz de hacer eso y otras cosas más. — Está bien, pero en la noche no te salvas mi lindo corderito, tú y yo retomaremos lo de esta mañana. Contestó Alejandro soltandola y de paso dándole una nalgada. — Ale, amorcito. Me las va a pagar, vas a ver, te voy a castigar en la noche. Respondió Katerin con un tono pícaro. — Estaré listo para entonces, anda, ve antes de que me arrepienta y no te deje salir de esta habitación. — No, está bien. Nos vemos más tarde, no olvides ir a ver a Michael, él te necesitará. Suerte con eso. Dijo antes de dirigirse a la puerta. Katerin le lanzó un beso con un gesto y se apresuró a salir. Alejandro supo exactamente lo que deparaba este día, lidiar con Michael no sería fácil.
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