La Cuarta Guerra

tres
Las horas pasaban y May no podía conciliar el sueño, daba vueltas sobre la cama y suspiraba, ya rendida por no poder dormir se levantó y miró por la ventana, no había luces todo estaba oscuro. - La noche es bella - May dio un salto del susto y se llevó las manos al pecho. - Joder me asustaste - escuchó como reía y May suspiró. - Creo que en estos días has suspirando más que en toda tu vida - May rió y negó. - Me quiero ir a mi casa - - Yo también - May frunció el ceño. - Pero si estás muerto - se escuchó un gran silencio. - Gracias por recordármelo, no lo sabía - May rió. - ¿Dónde está tu tumba? - - Menuda pregunta, de tantas que tenias haces esa - volvió a reír y May lo siguió. - Enserio te lo pregunto - - En la montaña - May se calzo y salió del castillo. - No se si ahora me escuchas, pero te voy a visitar - dijo con una sonrisa corriendo hacia la montaña. - Te escucho, pero vas a tener que buscar muchísimo por qué no te sabes ni me nombre - May se paró del golpe. - Cierto, pero buscaré igual - la voz rió. Minutos largos después May había llegado, había tres filas de tumbas. - Ya se cual es la tuya - dijo con una sonrisa. Se acercó a una gran “casa” admiró la belleza de esa tumba, era preciosa. Tanto humanos como vampiros habían ido a dejar flores y estatuas, era preciosa. - Se nota que eras querido - se escuchó una risa. - También era muy odiado - May se acercó más y tocó la ventana que podía ver para dentro. - ¿Como eras antes de morir? - - ¿Siempre tiras las preguntas así? No tienes tacto - May rió. - Lo siento - sonrió nerviosa. - Era un chico alegre, luchaba por el reino, mi padre y mi madre siempre contaban conmigo para lo que ellos necesitarán, me pedían consejos para todo - May sonrió. - Huele a limón - dijo cerrando los ojos y aspirando el aroma. - Así olía yo - la puerta se abrió y May miró asustada la puerta - Pasa - May nerviosa pasó y se puso al lado de una tumba. Por alguna razón empezó a llorar, acarició la tumba y el nombre. - Ladislas que bonito nombre - sonrió. - Tu.. Eras tu el de la foto de la televisión - dijo sorprendida viendo la gran foto que había al lado de la tumba. - Si, era yo - May sonrió acariciando la foto. - ¿Por qué hablas conmigo? - dijo sería mirando la foto. - Es una larga historia - May suspiró. - Por alguna razón no me quiero ir de aquí - sintió como alguien acariciaba su mejilla y se dio la vuelta asustada. - He sido yo tranquila - May suspiró. - Avisa por dios, vas a hacer que me muera también - Ladislas rió. - Lo siento - May sonrió. Apoyó su cabeza en la tumba y miró la foto. Se sentía protegida estando allí, sentía algo por dentro que no podía explicar, estiró la mano y acarició el nombre. - Te vas a quedar dormida, es mejor que vayas a Palacio - May negó. Cerró los ojos y los volvió a abrir para admirar la foto, sentía como su corazón poco a poco se iba vaciando, por alguna razón necesitaba ver de verdad a Ladislad, estar con el mirándolo a los ojos. - ¿Por qué puedes hablar y no puedes aparecer? - - ¿En forma de fantasma? - May asintió. - Puedo hacerlo, pero por alguna razón me quedo sin fuerzas y luego ya no puedo ni hablar - May asintió. - ¿Eras vampiro? - - Si - May asintió. - ¿Y si bebes sangre? - se escuchó una risa. - Estoy muerto May - un escalofrío recorrió toda su columna vertebral al escuchar su nombre proveniente de él. - ¿Cómo te mataron? - Ladislas suspiró. - Me clavaron una espada - May rió. - ¿Moríste  por eso? - pensé que los vampiros solo morían clavandole una daga o cosas de esas. - La espada era algo especial - May negó. - No se por que me estoy comiendo tanto la cabeza, te conozco de dos días... Pero algo me dice que... Que no estás cien por cien muerto - hubo un silencio. - ¿A qué te refieres con que no estoy cien por cien muerto? Llevo muerto casi 30 años, ahora vienes tu a decir eso, no May no - May asintió. - Parece una locura pero es lo que siento, no me hagas caso pero no sé - dijo mirándose las manos. El silencio de hizo presente, May se levantó y miró por última vez la foto. Se fue hacia el palacio y entró en su habitación poco tiempo después se hizo de día, no había pegado ojo en toda la noche, Ladislas no había hablado más en toda la noche. Pues el estaba pensando en lo que May había dicho, ¿y si tenía razón? ¿Y si de verdad no está muerto? Igual solo necesitaba sangre. Quitó esos pensamientos de su cabeza, no podía ser, llevaba muchos años muerto, ahora no podían llegar y decirle que igual estaba vivo. - Mi hermano es Adem - dijo Ladislas haciendo que May se atragantara con su propia saliva. - ¿Que? - dijo en un hilo de voz. - Lo siento por soltartelo así, pero tenía que decírtelo - May salió de la habitación y fue a buscar a Adem. Lo encontró en la sala, se acercó a él y se quedó mirándolo. - ¿Tenías un hermano? - Adem la miró. - Si, murió ¿por que? - May se cruzó de brazos. - ¿Se llamaba Ladislas? - Adem frunció el ceño. - ¿Cómo sabes eso? - May negó. - Ayer, cuando mis padres me dieron la noticia de la boda en la televisión apareció una frase “debes hacerlo” después de eso siguió comunicándose conmigo, hasta me habla en voz alta - Adem la frenó. - Con esto no se juega May - se levantó enfurecido. - No te va a creer - dijo la voz de Ladislas. - ¿Sólo te puedo escuchar yo? - Adem la miró como si estuviera loca. - Si, solo tu puedes hacerlo - - Genial - - ¿Con quien hablas? - dijo con los ojos rojos. - Me dijo que no me creerías - Adem frunció el ceño. - No juegues - dijo agarrandola del cuello. - Ayer fui a su tumba, antes de morir el olía a limón ¿cierto? - Adem la soltó. - Callate - la gritó y ella negó. - Tenía el pelo algo rizado, tirando a rubio - Adem la miró más enfurecido. - Dile que la primera batalla que ganamos me pillé una borrachera muy grande - May abrió la boca sorprendida. - Dice que la primera batalla que ganasteis se pilló una borrachera muy grande - Adem sorprendido asintió. - ¿Como está? - - Dile que estoy bien - - Dice que está bien - Adem derramó una lagrima que borró al segundo. - Si el se puede aparecer así, puede que no esté muerto del todo - Adem la miró. - Lleva muchos años muerto - May asintió. - Años en los que no a bebido sangre - Adem la miró. - ¿Que quieres decir con eso? - May sonrió. - ¿Dónde te clavaron la espada? - esperó la respuesta. - Un poco más arriba del abdomen - May sonrió aún más satisfecha con esa respuesta. - Le clavaron la espada más arriba del abdomen, por muy especial que sea la espada un vampiro solo puede morir cuando le clavan la daga en el corazón ¿no? - Adem asintió - puede que al clavarle la espada lo debilitara mucho como para pensar todos que estaba muerto ¿pero y si en realidad no lo está? ¿Y si lo único que necesita es sangre? - Adem la miró atentó. - ¿Por qué te importa tanto si mi hermano está o no muerto? - May apartó su mirada de Adem. - Ni yo lo sé, pero piénsalo - May se volvió a cruzar de brazos. - ¿No estarás pensando en profanar la tumba y darle sangre verdad? - May sonrió. - Dicho así suena muy mal - se mordió el labio. Adem rió y negó. La llagada de May a sus vidas estaba siendo una bomba, estaba poniéndolo todo patas arribas, y no en el mal sentido de la frase, el pensar que su hermano estaba vivo y que ella ayudara, que le importara salvarlo la hacía ver muy diferente a muchas chicas, tanto humanas como vampiras. - ¿Vamos? - preguntó a Adem. - No podéis profanar mi tumba estoy descansando en paz ¿entiendes el sentido de la frase? - May rió. - Ladislas si es cierta mi teoría podrías descansar en tu cama y no comiéndote los gusanos - Adem rió. - Pero al menos podías decírselo a mis padres ¿no? - May frenó. - ¿Deberíamos decírselo a tus padres? - Adem sonrió. - Te está comiendo la cabeza para que no profanemos su tumba, no quiere que le veas mal - May rió. Llegaron a la tumba de Ladislad, Adem y May se miraron y suspiraron. - Creo que esto está yendo muy lejos - dijo Adem mirando a May. - Debemos abrirla - Adem asintió. - Dejarme que me colocó un poco - May rió llevándose una mirada de Adem. Al abrirla pudieron ver el cuerpo de Ladislas, estaba intacto, como si solo hubieran pasado horas, tan sólo estaba pálido, pero pareciera que estaba vivo y solo estuviera durmiendo. - ¿Y que sangre le damos? - May se hizo un corte haciendo que Adem sacará los colmillos. Salió fuera y May hizo que la sangre cayera en la boca de Ladislas. - No siento nada - May suspiró. Hizo que cayera más sangre pero nada pasaba. Apartó la mano y suspiró, no había funcionado, se había equivocado.
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