Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Momento feliz”
Katerin volteó a ver a Ana Lisa, quien sin remordimiento alguno le respondió que todo había sido accidente, no le menciono nada sobre las fotos que Jinna le había tomado. — ¿Estás bien? — Sí, no te preocupes. Estoy perfectamente bien. Respondió sonriendo, luego volvió a su puesto de trabajo a seguir con sus actividades. Ella ya no era la amiga que alguna vez había sido devota y amigable con Katerin, ahora su interés y su relación había acabado, sólo por el simple hecho de que el hombre que ella quería no la miraba, por culpa de Katerin. Cuando, la realidad era otra. Su buena amiga Katerin estaba intentando arreglarle una cita a ciegas con Joshua. Pasaron los días, Jinna se mantuvo callada por un buen tiempo, planeó a detalle el paso que ahora daría, todo lo cálculo de manera fría. Alejandro sería su esposo a como de lugar, ya no lo hacía solo por el poder y la riqueza de la familia Magno, sino que le había agarrado un poco de rencor a Katerin, una gran rivalidad existía entre ellas. Por su parte, Katerin siguió emocionada con su vida, ayudó con los preparativos de la boda de Tamara y Michael, sus dos buenos amigos al fin unirían sus lazos. — Mira, creo que este color estaría precioso para las rosas que van a colocar en los arreglos de mesa. Indicó Katerin mirando por última vez la prueba de rosas blancas que colocaron frente a ellas. La boda sería el día siguiente, ahora sólo estaban afinando los últimos detalles. Tamara había dejado por un pequeño lapso sus trabajos de modelaje, y había centrado su atención a los preparativos de su boda, a su luna de miel y su vida de recién casada, aún seguía en discusión el lugar en donde ellos vivirán. — Michael quiere que vayamos a vivir con sus padres, ya le dije que eso no puede ser una buena opción, aunque me llevo bien con su madre, creo que a la larga surgirán los desacuerdos entre ella y yo, mi ritmo y su manera de ver las cosas no son las mismas. Comentó Tamara mientras supervisaba las sillas de los invitados y los manteles que habían colocado en el salón. Katerin analizó un momento la situación, lo que Tamara tenía su grado de certeza, ella tenía razón. — Y, ¿qué dijo Michael? Preguntó Katerin con curiosidad. Conocía perfectamente a su amigo, quien desde pequeño había sido apegado y obediente a lo que sus padres le decían. Separar a él de la vida hogareña de sus padres sería algo no tan fácil. — Dijo que lo pensaría. Respondió Tamara dejando salir un largo suspiro. Katerin asintió, sabía que eso era lo que él diría. Las diferencias comenzaban a surgir, sabía que tenía que hacer algo por ellos dos, después de todo le había ayudado bastante en todo este tiempo. — Yo no me casaré, si él dice que quiere vivir en casa de sus padres, es que ni yo le estoy diciendo que se vaya a mi casa. Me estoy apartando de mi mamá y mi padre, no se porque él no puede hacer lo mismo. Dijo Tamara perdiendo la paciencia y tirando su apariencia fuerte. Ella había aguantado todo este tiempo, se había callado lo que le molestaba. Katerin era su confidente, a quien podía hablarle sin miedo a que la juzgue o que la delate con Michael. — Tamara, yo... Te prometo que hablaré con Michael, lo convenceré en que vivir con sus padres no es una buena opción. Intervino Katerin tomando las manos de Tamara y asegurándole con confianza. Tamara sonrió, sabía que Katerin entendería, ella sabría que decirle a Michael, era más probable que ella supiera como persuadirlo a desistir de aquella idea. — Gracias, Katerin. — ¿Michael está en el despacho de su padre? Preguntó curiosa. — Sí, ¿irás a verlo ahora? — Claro, es ahora o nunca. Además, creo que ya has terminado de revisar el salón. ¿Verdad? Tamara asintió animadamente. Katerin se tomaba en serio las cosas. Después de despedirse y acordar verse en la mañana del día siguiente, Katerin se encaminó a la oficina de Michael. Michael al verla llegar se apresuró a recibirla, se alegraba tener de visita a su amiga, más que necesitaba decirle todo lo que estaba conteniendo, los nervios y el deseo porque ya fuera su boda. — Katerin, justamente iba a ir a tu empresa. Ya no aguanto este tormento, quisiera que ya fuera mañana, no puedo creer que ya pronto Tamara y yo seremos marido y mujer. Mencionó Michael emocionado. Katerin sonrió, le daba gusto verlo así. Ahora que había tocado ese tema, le sería más fácil a ella hablar lo que le preocupaba a Tamara. — Tranquilo, ya solo faltan unas pocas horas. Mejor platícame que planes tienes a largo plazo con Tamara, ¿dónde vivirán? Dijo Katerin de manera astuta, sin darle oportunidad de que él le dijera otra cosa más. — Tengo planeado que vivamos con mis padres, ellos consideran que es bueno para nosotros vivir en la casa y así pueda ayudar con el trabajo también en el hogar. Katerin cruzó de inmediato los brazos y lo miró con desaprobación. Michael se sorprendió al ver su repentina expresión. — No, Michael. Eso no, perdón que te lo diga, pero, no puedes vivir toda la vida con tus padres. Debes de formar tu propio hogar, su vida y la tuya debe de ser muy aparte, ellos ya cumplieron con educarte y cuidarte. Ahora, es momento que tú formes tu propio hogar. Michael examinó con detenimiento sus palabras, internamente sabía que su amiga decía la verdad. Él no podía estar en la misma casa con sus padres, era momento de independizarse y vivir su propia vida con Tamara. — Tienes razón, Katerin. Gracias por darme el empujón para tomar mi decisión. Buscaré una casa con Tamara, ahora mismo. Mencionó Michael tomando su celular y buscando el número de su futura esposa. — Bien, me da gusto que hayas recapacitado, nos vemos mañana. Respondió Katerin con satisfacción. Con una gran sonrisa le mandó un mensaje a Tamara, indicándole que la misión estaba cumplida. A lo cual, la castaña le agradeció. Ahora que había solucionado el problema de sus amigos, se disponía a ir a la empresa de Henry, quería saber como le estaba yendo con su mamá Amery. Desde que ellos dos se habían comprometido, Amery se había asociado a la empresa de su prometido y ahora mantenía el cargo como vicepresidenta. Katerin al llegar a aquella empresa, donde los trabajadores daban vueltas con documentos y atendiendo a clientes, un joven de cabello rubio se acercó a ella. Al reconocerla se emocionó. — Señora Katerin, es un placer tenerla de visita, a mi jefa le dará gusto verla. Mencionó el joven caminando a la par con Katerin. — A mí también, ¿ella está en su oficina? — Sí, ella está. Yo mismo la encaminó a su oficina, por favor, permítame indicarle el camino. Respondió tocando el ascensor. En ese preciso momento, las puertas se abrieron y le cedió el paso con amabilidad. Katerin entró, le daba gusto que la atención de sus trabajadores fuera eficiente. — ¿Cómo te llamas? Preguntó con curiosidad mirando a aquel chico. — Me llamó Dann, a sus órdenes. Soy el asistente personal de la vicepresidenta Amery. Respondió con orgullo. A Katerin le encantó su respuesta, él cumplía con todo el perfil de un trabajador como a su madre Amery le gustan, estaba claro que su buena disposición y atención se debía a que ella así se lo había indicado. Por eso, él se mantenía en ese importante cargo. — Es un gusto conocer a la mano derecha de mi madre Amery. Gracias por estar a su lado y servir de su representante, en ti puedo ver reflejado a tu jefa. Mencionó Katerin con una sonrisa. El chico se sintió halagado por las palabras de Katerin. Al llegar al último piso, al abrirse las puertas del elevador, él volvió a cederle el paso. Después, se apresuró a indicarle a donde debía ir, atravesaron los pasillos de aquel grande lugar, hasta que pararon frente a una puerta de color blanco, en ella había una placa de color dorado en la que indicaba con letras talladas “Vicepresidenta Florence”. «¡Qué grato ver que mi madre Amery al fin esté ejerciendo lo que por años estudió!» pensó Katerin con felicidad en su corazón. — Vicepresidenta, ¿se puede pasar? Le tengo una agradable sorpresa. Dijo el rubio después de haber tocado su puerta.
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