Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Una magnífica oportunidad”
Joshua le sonreía a su amiga, por su mirada se daba cuenta que ella tenía demasiada curiosidad por saber que es lo que le respondería. Él claramente no podía decirle que todo esté tiempo había soñado con volverla a ver y estar de nuevo a su lado, ser quien compartiera su vida con ella. Sin embargo, eso ya no podía ser, ella estaba felizmente casada y eso lo debía entender, aunque doliera. Había llegado tarde a su vida, el destino no lo había querido. — En realidad no, he estado esperando a la mujer ideal. Además, creo que siempre es bueno un tiempo para uno mismo. Respondió excusándose y desviando la mirada de su rostro. La rubia que lo había observado desde tanto tiempo, sabía que él lo decía por ella, se había dado cuenta que a quien amaba era a su amiga Katerin. Sentía que la vida era injusta con ella, que lo único que anhelaba era ser vista por él. Ahora, saber que la mujer que lo atraía era Katerin, eso le era difícil. «¿Por qué tenía que ser ella su tipo ideal? ¿Por qué no lo conocí como ella lo hizo? ¿Por qué siempre los hombres miran a las chicas que son lindas y a mí no me miran?» se molestó internamente con ella misma. Sin querer escuchar aquella conversación, se encaminó a regresar a su puesto y se sentó concentrada de nuevo a su trabajo. No tenía más remedio que perderse en su labor, para no sentir la rabia y el dolor que atormentaban su delicado corazón. Katerin sabía que ella se había puesto mal, por lo que se acercó aún más a Joshua y le susurró en modo de secreto. — Oyes, no te gustaría conocer una linda chica. Digo... Solo si tú quieres, ella está más que dispuesta por tener aunque sea una cita contigo. Mencionó Katerin. Joshua sabía más o menos para dónde quería llegar Katerin con aquella propuesta, para él aún no podía salir de la dura situación que estaba atravesando por el desamor y desengaño. Su corazón aún se negaba aceptar que su amor de la infancia sólo se había quedado ahí. — Lo pensaré, Katie. Te prometo que lo haré más tarde, por ahora quiero ayudar lo más que pueda a tu padre. Respondió tratando de huir de lo que ella quería hacer. — Bien, pero, no pienses que se me olvidará. Sabes que cuentas conmigo. Dijo Katerin dándole un pequeño abrazo a su amigo. Joshua aprovechó una vez más para aspirar la deliciosa fragancia a rosas de Katerin, sonrió y una pequeña lágrima rodó por su mejilla. Él dejaba ir aquel amor que había estado guardando por años con ese abrazo. A la distancia, una mujer tomaba las fotos que podía de ellos dos y sonreía mientras lo hacía. Esa mujer era nada más ni menos que Jinna, la cual había recurrido a ir a la empresa del padre de Katerin, por un encargo que Don Ernesto le había encomendado. «He llegado al momento perfecto, al fin tengo lo que había estado esperando. Que afortunada eres, Jinna» Pensó con alegría. Katerin y Joshua no se habían percatado de aquella mujer, ellos se mantenían en su animada conversación. Los años parecían no haber causado que se olvidarán de sus aventuras cuando estaban pequeños. Jinna obtenía mucho material, sus cartas comenzaban a cambiar, la suerte para ella estaba llegando a sus manos. «Sabía que la suerte estaría de mi lado, he sido paciente. Bien hecho, Jinna» se alabó ella misma mentalmente. La rubia se percató de aquella sospechosa mujer, se levantó de inmediato y se acercó a ella. — ¿Puedo ayudarle en algo? Preguntó de manera educada mientras miraba con atención su celular y su rostro, sabía que está mujer planeaba algo. — Eh, bueno... He venido a que el señor Denilson me firme estos documentos, vengo de la corporación Magno. Respondió haciéndose la tonta. Ana Lisa le dio una última mirada, esta mujer no la terminaba de convencer. No sabía porqué, pero, le daba la sensación que era alguien en quien no se podía confiar. — El señor Denilson ha salido precisamente a firmar los documentos con el señor Magno, ¿no estaba enterada de eso? Dijo la rubia con recelo. — Creo que el señor Magno se habrá equivocado, es momento que me vaya, perdón por hacer que pierda su valioso tiempo. Mencionó dando media vuelta y dispuesta a desaparecer con las evidencias. La rubia no era ninguna tonta, ella sabía que esta mujer tenía algo en contra de su amiga. Sin embargo, no sabía que era lo que ella quería hacer con esas fotos. — Deme ese celular, estoy segura que has tomado fotos de manera malintencionada, tú definitivamente quieres afectar a Katerin. Dijo tratando de arrebatarle su móvil. Jinna fue más astuta con un certero movimiento la dejó en el suelo, el ruido hizo que la animada plática entre Katerin y Joshua se viera interrumpida. Ellos se aproximaron a las dos mujeres que se encontraban forcejeando. La rubia quería de una vez por todas saber que era lo que esta morena tenía en su celular, que planeaba hacer con aquellas fotos que había tomado. La morena examinó inteligentemente la expresión de Ana Lisa cuando vio que Joshua ni siquiera se preocupaba por ella, él no la miraba como mujer, la única a quien él quería era Katerin, y eso en el fondo de su corazón le dolía, hasta la envidia comenzaba a apoderarse de su racionalidad. Jinna se apresuró a tomar de la mano a Ana Lisa, sin darle tiempo a Katerin ni a Joshua, ella la levantó y se acercó a su oreja. — Es duro que no te quieran por la sola presencia de esa mujer, ¿verdad? Dirás que es tu amiga, pero, quién sabe si ella lo sienta de verdad es posible que todo este tiempo lo haya fingido. Nunca sabrás si es verdad o no, te propongo un jugoso trato, si estás dispuesta a obtener lo que quieres, llámame, si no puedes delatar me. Pero, te aseguro que no podrás ganar nada, siempre serás su sombra. Le susurró Jinna con tanta astucia a Ana Lisa, la cual solo silenció, se quedó callada y pensó mejor las cosas. Ella quería ser alguien importante en la vida de ese hombre, y si él no se lo permitía, ella tampoco le daría la oportunidad de ser feliz con Katerin. Su corazón se teñía lentamente por la ambición y el deseo, ya no se podía distinguir la amistad que tanto presumía. Al llegar Katerin cerca de ellas, inmediatamente frunció el ceño al ver a Jinna, quien sonreía con disimulo. Sacudió la ropa de la callada Ana Lisa, y le miró con preocupación, como si de una madre sobre protectora se tratará. — ¿Segura que estás bien? Esa caída que sufriste en realidad me espantó, insisto, te puedo acompañar al doctor. Dijo Jinna ignorando la mirada de Katerin. Ana Lisa solo negó con la cabeza, se tomó unos cuantos segundos antes de contestar y al fin se permitió hablar. — Sí, estoy bien. No te preocupes, este piso de por sí es resbaloso. Respondió sonriéndole a la astuta mujer. Jinna estaba más que contenta, ahora había ganado una poderosa aliada, sus artimañas habían servido para conseguir la traición de esta rubia. — ¿Estás completamente segura? Preguntó una vez más. Pero, no era por la caída sino para confirmar su respuesta ante la propuesta. — Completamente, no te preocupes. Respondió sonriéndole y guardando cuidadosamente su tarjeta de presentación. Lo que más deseaba ahora era obtener justicia para su afligido corazón, la amistad y la buena voluntad habían quedado atrás. A pesar de ser buena e inteligente en los negocios, Katerin no se imaginaba lo que estas dos mujeres tramaban en contra de ella. — Tú, ¿qué haces aquí? Preguntó Katerin observando con detenimiento a la morena. — Tranquilízate, solo he venido a que el presidente Denilson me firme estos documentos, pero, ya esta amable señorita me dijo que él mismo fue a ver a mi jefe, por lo que no veo más razón para estar aquí, ¿verdad? Respondió de manera desinteresada. — Exactamente. Contestó Katerin sin darle tregua. Jinna se giró, se subió al elevador y sonrió con descaro. Al fin la vida le estaba sonriendo, sus planes podrían cumplirse antes de lo planeado. — Ya verás lo que te espera, sé feliz mientras puedas. Dijo con un tono típico en las villanas de las telenovelas.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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