Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Uno más”
Después de aquel maravilloso día que tuvieron, Katerin y Alejandro solían darse un pequeño tiempo para comer juntos, ya fuera que él fuera a su empresa o que ella fuera a la suya, ahora más que nunca se dedicaba a prestarle su atención. No podía permitir dejarle opción a esa mujer. Jinna estaba qué ardía, no podía contra la inteligente esposa de Alejandro. Se negaba a perder todo lo que deseaba, ella quería algo, una cosa necesitaba, y eso era tener una oportunidad de hacer discordia entre la pareja. Pero, eso no era cosa fácil, Katerin y Alejandro era una pareja que había pasado por muchas cosas, tantos obstáculos habían superado, su amor era incondicional, incluso la distancia no había podido contra ellos. Ella sabía que no podía hacer nada por ahora, debía de mover sus piezas de manera inteligente, si lo hacía descuidadamente sabría que podía perderlo todo en un abrir y cerrar de ojos. Por lo que, permaneció con un perfil bajo. Katerin se mantenía aún alerta, sabía que el tipo de mujer que Jinna era, por lo cual, no era de fiarse. Ella no estaba dispuesta a perder al hombre que tanto amaba. Por eso, cuando tenía un espacio libre, aprovechaba para llamarle y preguntarle por su día, o le mandaba dulces mensajes cargados de lindas palabras. A veces solía mandarles fotos de su rostro con una linda sonrisa, lo cual alegraba a Alejandro. Solo con contemplarla, le alegraba el día. Jinna había tratado de muchas maneras hacerse más íntima de Alejandro, le sacaba plática, hablaba sobre temas que le interesaban, asimismo, sacaba información de Katerin. Ella iba ideando un plan para ganarle a su rival. — Ya verás, Katerin. Encontraré una manera para quitarte a Alejandro. Yo seré la única mujer en su vida, no quedará ninguna huella de que alguna vez hayas existido en su vida. Dijo con confianza mientras miraba su reflejo en el espejo de los baños de mujeres. Mientras tanto, Katerin estaba trabajando con gran esmero, iba a reuniones y firmaba lo necesario. El día de ahora, ella había terminado más pronto sus deberes, había seguido el sabio consejo de su madre. Ella distribuyó el trabajo a sus trabajadores de confianza, así tenía más tiempo para estar con su esposo y disfrutar un espacio para ella misma, en donde solía irse a consentir. Este día, había decidido visitar la empresa de su padre antes de ver a su amado esposo. Al llegar, fue recibida por la asistente, la cual también era su amiga, ya que durante su cargo, ellas dos se habían entendido a la perfección. — Katerin, no sabés que mangazo, que bombón vino a trabajar en tu lugar, por Dios, su cara parece haber sido tallada por los mismísimos ángeles. Es la personificación de un verdadero Dios griego. Comenzó a decir la rubia. — Ana Lisa, no te conocía de esa manera. Respondió Katerin con una sonrisa. Le daba cierta gracia escuchar a su amiga expresarse de esa manera, más porque solía ser callada y no decía ese tipo de cosas. Se veía que este tipo de verdad la había enloquecido. Ella estaba feliz por ella. — Es que ese hombre me tiene vagando por la calle de la amargura, ni siquiera una miradita me da, no creo que me haya notado, jamás me mira a los ojos. Siempre cuando voy a llevarle documentos no me mira, solo los recibe, los lee, firma y me los devuelve. Confesó lamentándose, ella realmente deseaba que aquel misterioso hombre la mirará. — Ay, Ana Lisa, que te puedo decir. A lo mejor le has de gustar y es muy tímido para verte. Respondió Katerin dándole ánimos a su acomplejada amiga. Las palabras de Katerin lograron ponerla de buenas, se emocionó, incluso la abrazó. — Sabía que tú sabrías que decirme, gracias, Katerin. — De nada, amiga. — ¿Está mi padre en su oficina? Preguntó Katerin mientras subían el ascensor. Ana Lisa sonrió, parecía como que había recordado algo realmente bueno. Katerin solo se dedicó a esperarla pacientemente, hasta que su amiga salió de su trance y asintió. — Sí, y está con él. Ya verás que me darás la razón cuando lo veas, te vas a ir para atrás cuando lo veas. Mencionó con un tono burlón, mientras veía con emoción como las puertas se abrían. La rubia fue la primera en bajar, después le siguió Katerin, aún pensando en lo que haría de cenar en compañía de Alejandro, los dos, añoraban pasar más tiempo juntos y realizar la cena era una perfecta oportunidad. «Ayer comimos un delicioso platillo con el pollo que compramos en la semana, hoy toca cocinar esa carne, creo que quedará perfecto con el espagueti que compré en la mañana» Pensó Katerin mientras iba caminando. Se había desconectado del espacio exterior y sólo estaba ensimismada, hasta que se topó con un riguroso y voluptuoso cuerpo, sin querer tocó el duro pecho del hombre con el que había chocado. Estaba a punto de caerse cuando sintió que unos fuertes brazos la rodearon. Todo pasó lentamente, su amiga se había quedado atónita, no gesticulaba ninguna expresión. Katerin aspiró el fuerte aroma a hierbas silvestres y sorprendida se encontró con un hombre de su misma edad, el cual la miraba consternado. Sus hermosos ojos azules la miraban con detenimiento, escaneaba cada parte de su rostro y no dejaba de parpadear, no podía creer que una mujer tan hermosa estuviera entre sus brazos. Katerin aún no salía de su desconcierto, no sabía porque este hombre le causaba una extraña sensación de confianza y comodidad. No cualquiera obtenía eso a la primera vez, definitivamente él y ella se habían conocido, pero, no podía recordar de dónde. Hasta que su padre salió. — Joshua, no olvides entregarme los balances antes de que te vayas. Le dijo con firmeza. El chico de cabello negro, ojos azules, cuerpo tonificado y de lindas facciones, soltó delicadamente a Katerin y regresó a ver a su jefe. — De acuerdo, jefe. Cuente con ello. Respondió ocultando su repentino sonrojo. Denilson asintió con felicidad, luego, al ver a Katerin se aproximó a ellos y enlazo entre sus brazos a su hija, le daba gusto tenerla ahí. — Mi vida, ¡que milagro! Al fin el cielo me ha bendecido con tu visita, me da gusto verte, querida. ¿Cómo has estado? ¿Y tu esposo? — Padre, he estado bien. Mi esposo también se ha mantenido saludable. Hoy salí un poco más temprano, por eso decidí venir a verte. Mencionó Katerin mirándolo con emoción. Denilson le sonrió, luego se apresuró a tomar al hombre que estaba a su lado y le indicó a Katerin que lo mirará con atención. — Él es Joshua, es mi aprendiz y ayudante, él es mi mano izquierda, es hijo de un amigo de Amery. Creo que en algún tiempo de tu infancia lo habrás conocido. Al fin, Katerin cayó en la cuenta, supo quien era. En su tiempo de niños, había conocido a un niño regordete con quien solía jugar, él la defendía de las niñas abusivas que las amigas de Amery llevaba a casa. — ¿Eres Shua? Preguntó Katerin con fascinación. Por alguna extraña razón dio un pequeño saltito y lo abrazó emocionada, le daba gusto tener en frente a su amigo que tantas veces le ayudó librarla en contra de esas niñas que la molestaban. — Shua, no te reconocí. Perdona a esta tonta amiga, te prometí que nunca olvidaría tu rostro y mira, lo primero que hago. Dijo Katerin avergonzada. El hombre sólo sonrió, ella seguía siendo la carismática chica que tantas risas le había robado con sus ocurrencias. — Ay, Katie. Sigues siendo tan despistada. ¿Cómo puedes olvidar a tu fiel caballero? — Lo siento, es que, cambiaste bastante. Mencionó mirándolo detenidamente. Él sólo sonrió aún más, lo que ella decía era cierto. — Veo que se conocen, me da gusto por ustedes. Linda, entregaré estos documentos cerca de aquí y en un momento vuelvo, por ahora ponte al día con tu amigo. Mencionó Denilson dedicándoles una sonrisa. Ellos dos asintieron, la rubia sólo escuchaba con atención su conversación, aún no podía creer que ellos dos fueran amigos de infancia. — Pero, cuéntame de ti. ¿Qué has hecho de tu vida? Por lo visto, ya estás casada. — Sí, encontré al hombre de mi vida, a quien amo con todo mi corazón. Respondió Katerin esbozando una gran sonrisa, sus ojos destellaban de emoción solo hablar de él causaba que su corazón se agitara y de eso se pudo dar cuenta su amigo. — Estoy feliz por ti. — Sí, dime que ha sido de ti. ¿Te casaste o sales con una chica? Preguntó Katerin con curiosidad. Ana Lisa espero con ansias su respuesta, ella quería saber lo que él diría, todas sus esperanzas estaban apostadas en que dijera que no.
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