Y, ¿si tan solo nos amamos?

“El amor solo lo superará”
Ahora, Jinna tenía en mente un buen plan para separar a Katerin de Alejandro, ella deseaba con fervor ser quien ocupará el lugar de Katerin. No sólo por el dinero de la familia Magno, sino por la linda apariencia de Alejandro. «De alguna u otra manera voy a quitárselo, él será mío. Disfruta todo lo que puedas, Katerin. Porque después solo estarás llorando» Pensó Jinna mirando con una disimulada sonrisa. Alejandro estaba feliz por lo cariñosa que su esposa se había vuelto, le emocionaba la idea que demostrará su afecto abiertamente sin importar las demás personas que los rodeaban. Ernesto había estado al tanto de su relación por lo que decidió que era prudente dejar salir a su hijo temprano, para que él pudiera convivir más tiempo con su esposa. Y también, con la esperanza de que procrearan a su futuro nieto o nieta, él añoraba con fervor la idea de tener a un mini Alejandro o una mini Katerin corriendo por los largos pasillos que tiene el jardín de su casa. Aquel lugar que se ha vuelto más solitario con la partida de Alejandro. — Hijo, ya puedes irte a casa con tu esposa. Yo me haré cargo de lo que te falta. Alejandro se emocionó internamente, puesto que él añora volver a sentir la calidez del cuerpo y la suavidad de la piel de Katerin sobre él. Pero, no podía dejar a su padre solo con tanto trabajo. — ¿Estás seguro, padre? Preguntó Alejandro con preocupación en su rostro. Ernesto asintió. Él no quería entrometerse en su relación, la cual necesitaba urgentemente ser atendida con cariños y mimos por parte de los dos. — Estaré bien. Además, tengo a Jinna, ella es una trabajadora eficiente. Ya verás que con su ayuda pronto acabaré, ahora, ve a casa con tu esposa y pasen lindos momentos juntos. Indicó su padre dándole una delicada palmada en su hombro izquierdo y dedicándole una sonrisa. — Sí, Ale. No te preocupes, yo ayudaré a tu padre y le mostraré a detalle tus avances. Dijo Jinna, sin perder la oportunidad para parecer amable frente a los ojos de Alejandro. Katerin estaba segura de lo que esta mujer estaba intentando hacer, lo cual no le daba gracia. Se daba cuenta que a esa mujercita poco le habían servido sus palabras. «Debo actuar inteligentemente, debo cuidarme de ella. Su determinación está más que clara, ella no parará hasta que consiga lo que quiere. Y eso es separarme de Alejandro.» Pensó Katerin mientras tomaba cariñosamente el brazo de su esposo, quien no paraba de sonreír. — Está bien, confío en ti, Jinna. Pero, si necesitan algo no duden en hablarme. — Ya hijo, sé manejar bien de esta empresa, anda, tú ve. Salgan a pasear, tengan su tiempo juntos, anden. Dijo Ernesto con una sonrisa. Katerin sonrió abiertamente a su suegro, estaba contenta que él permitiera que pasarán tiempo juntos. — Nos vemos, luego, suegro. Quien sabe si tal vez en poco tiempo le demos la noticia que ha esperado desde el día que nos casamos. Mencionó Katerin con astucia. A lo que Ernesto se emocionó más, el deseo de ser abuelo estaba presente, anhelaba con muchas ganas tener un niño corriendo y llenando de alegría aquella gran mansión. — Espero que sea pronto, hija. Respondió Ernesto con emoción. Jinna solo apretó sus manos contra su falda, aquel comentario de Katerin la había irritado, lo último que quería era que tuviera otro obstáculo en su camino por la fortuna de los Magno. Alejandro por su parte, estaba feliz de escuchar de los labios de su esposa el deseo de ser madre y darle un precioso hijo. Desde su interior él también lo deseaba. — Creo que hay algo que no debemos atrasar, hay que poner manos a la obra, démosle una ayudadita a la cigüeña, ¿no te parece? Le susurró Katerin a Alejandro de una manera que hizo que se acalorara. — Tienes razón, linda. Contestó Alejandro, embobado por su hermosa sonrisa. Ellos dos se despidieron de su padre y se pusieron en marcha a la intimidad de su casa. Mientras que, Ernesto sólo dejó salir un suspiro de ensueño. Definitivamente un bebé quería cargar, deseaba dedicarse al cuidado de su futuro nieto o nieta. — Cuando Katerin y Alejandro me den un nieto, creo que ese día será el último día en que sea yo el Ceo de esta empresa y me dedicaré a ver su crecimiento, como no tuve oportunidad con mi pequeño Alejandro, lo tendré con su hijo. Comentó Ernesto con una sonrisa reluciente a Jinna, que solo le devolvía una sonrisa. En su mente, solo añoraba ser la señora Magno, poderosa y rica, sin preocuparse por el dinero. Ella sólo perseguía la gloria, la belleza y el dinero de Alejandro, no estaba enamorada de él. — Sí, señor. Espero que pronto le den esa asombrosa noticia, aunque lo extrañaré cuando no esté. Respondió fingiendo tristeza. — No te preocupes, ya verás que Alejandro te tratara bien, además, tú y él se llevan bien. Por cierto, ¿y tu madre, como ha estado? Dijo Ernesto mirándola con atención. La morena calló, su familia era una de las cosas que más odiaba hablar, no le agradaba la idea de confesarle a todo el mundo lo fragmentada que siempre había estado. — Está bien, gracias por preguntar. Respondió forzando una sonrisa y rezando porque Don Ernesto no preguntara más. Antes de que él pudiera preguntarle otra cosa, tomó unos papeles y le indicó que iría a recolectar firmas por parte de los demás administrativos. Ernesto asintió, sonrió por tener a una chica trabajadora como su asistente. — Mi familia jamás fue feliz por su culpa, ahora yo acabaré la felicidad de su hijo, tendré todo lo que usted posee, ya verá. Sufrirá lo que yo sufrí todo este tiempo. Murmuró mientras iba en el ascensor. «Se arrepentirá de haber enamorado a mi madre y hacer que nos abandonará» Pensó mientras se miraba con determinación por el espejo de aquel lujoso elevador. Por otro lado, Katerin y Alejandro habían llegado con emoción a su hogar. Donde Alejandro la tomó como si fueran recién casados, la cargó entre sus brazos y se dirigió a su recámara. Los dos estaban determinados por concebir a un heredero, hasta Katerin había comenzado a pensar en distribuir tareas y cargos a sus empleados que más confianza tenía. — Te amo, Ale. Siempre serás mi mejor compañero, gracias por fijarte en alguien como yo. Dijo Katerin entre besos. El corazón de Alejandro palpitó con emoción, aquellas dulces palabras le habían gustado. Su esposa, la chica que una vez le había parecido inalcanzable ahora le daba las gracias por estar a su lado. — No, gracias a ti por estar a mi lado. Te amo y siempre te amaré a ti, mi querida esposa, mi linda inteligente Katerin. Respondió Alejandro, luego asaltó con cariño sus carnosos labios. La disposición de ellos por disfrutar de la soledad y la intimidad de aquella cálida habitación, donde sólo se escuchaban sus besos y sus gemidos. La entrega de ellos dos era completa, por largos días no habían tenido la oportunidad que ahora estaban teniendo. Alejandro y Katerin disfrutaron de la suavidad de sus delicadas pieles, el aroma de las rosas del perfume de Katerin se impregnó en el cuerpo de Alejandro. Sus labios y sus cuerpos se encontraron nuevamente de manera íntima. Pasaron largas horas en las que se apreciaron por completo, cada uno memorizo cada rincón de su cuerpo y se sintieron reconfortados, el tiempo que habían estado distantes y estresados ya había quedado en el pasado. Ahora, los dos se encontraban abrazados, piel contra piel, sintiendo la calidez de sus cuerpos y dándose caricias. — Podría estar contigo por toda la eternidad de esta manera. Dijo Katerin mientras se observaba en el reflejo de los ojos de Alejandro, quien sólo la miraba. — No te imaginas lo mucho que necesitaba estar de esta manera contigo, los largos días que padecí por reflejarme en tus hermosos ojos, mi vida. Respondió Alejandro acercando sus labios a los de ella. Katerin solo sonrió, él la había dejado sin palabras, tenía tanto conocimiento de poemas y bellas frases que podía decirle, pero sólo su presencia hacía que él la dejará en este estado en el que no podía pensar claramente. — Me encanta la manera en la que me miras, amo esos lindos ojos y me encanta tu sonrisa. Mencionó Alejandro acercándola más a su cuerpo. Katerin se relajó y se acostó sobre su pecho, escuchó su suave respiración, se contentó al mirar sus ojos y contempló con fascinación al hombre que tenía por esposo. — A mí me encanta todo tu ser, amor. Respondió Katerin acariciando sus brazos. El tiempo para estos dos amantes se había detenido, el mundo para ellos parecía muy ajeno.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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