Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Solo hay un lugar”
Katerin la miró con recelo, su falsa actitud le molestaba, desde que había llegado a ellos y los había interrumpido, esta mujer le daba mala espina. — Sí, soy yo. Mucho gusto, ¿usted es? Respondió Katerin tratando de conservar su compostura y seguirle aquella farsa que estaba desempeñando esa mujer. — Soy Jinna, la asistente del presidente Don Ernesto y amiga lejana de Alejandro. Mencionó la morena con una gran sonrisa, mientras tomaba a Alejandro del brazo. Por más que se retenía, Katerin no podía tolerar que esta mujer fuera tan cínica frente a ella. Alejandro no podía darse cuenta del porqué ella parecía molesta, ya que ese gesto lo veía tan normal. — Oh, mucho gusto, Jinna. Respondió Katerin con una forzada sonrisa. — Entonces, Ale. ¿Nos vamos? Dijo con completa confianza e ignorando la presencia de Katerin y sólo centrándose en Alejandro. Él con indecisión y la firma de ese importante acuerdo que cerraría con los inversionistas, no quería dejar sola a su esposa. Pero, el trabajo era algo que debía cumplir. Katerin entendió cuánto estaba sufriendo por tomar una decisión. En ese momento, supo que debía hacer algo para solucionar su problema. — Amor, ve a donde tengas que ir, no te preocupes por mí, yo te esperaré en la oficina de tu padre. Ya hace bastante tiempo que no lo veo y que no hablamos. Respondió Katerin sin esperar la respuesta de Alejandro. Él, aliviado y tranquilo asintió con una sonrisa, se quitó con delicadeza el brazo de la morena que lo envolvía y fue directamente abrazar a su querida esposa. Katerin correspondió rápidamente, los dos le demostraban a la mujer que su amor no era tan frágil para que ella viniera y fácilmente quisiera perturbarlo. «Así que, ella es la esposa. De una u otra manera debo de deshacerme de ella, Alejandro será mío quiera o no, en algún momento tendrá que caer bajo mis encantos. Pondré práctica todo lo que he aprendido estos años, yo seré la única y absoluta señora Magno, ya lo verá. A ver si todavía le quedará esa estúpida sonrisa» Pensó la morena mientras esperaba a que la feliz pareja terminará de decirse bonitas palabras. — Ya vete, cariño. No quiero que por mi culpa no cierres ese acuerdo. Anda, querido. Dijo Katerin acariciando sus mejillas y dándoles pequeños besos. La secretaria miraba con alegría a la feliz pareja, mientras que la asistente esperaba y comenzaba a idear planes para separarlos. Definitivamente no iba a ser una cosa imposible, podría ser difícil pero nunca imposible. Alejandro y Katerin se miraron una última vez con tanto amor, los dos finalizaron su encuentro con un pequeño beso. En ese instante, la morena aprovechó para meter su cuchara. Se acercó a Alejandro y le recordó una vez más que ya era momento. A lo cual, él asintió y se encaminó a irse al elevador, no sin antes dedicarle una última sonrisa a su esposa que lo contemplaba con mucho cariño. La morena ya iba a unirse a él en el elevador, cuando Katerin la tomó del brazo y la jaló. Podía comportarse frente a Alejandro, pero no podía permitir que esta resbalosa anduviera restregandose ni que lo siguiera. — Sé hacia donde va tu jueguito, así que basta o me conocerás, pequeña. Mencionó Katerin mirándola atentamente. Jinna frunció el ceño, le molestaba que Katerin no fuera lo que esperaba, la chica que estaba frente a ella se veía que no dejaría fácilmente a su hombre. — No me das miedo, por años estuve apartada del hombre a quien amo, ahora tú, su supuesta esposa no logrará impedir que yo lo recupere, tenlo en mente. Respondió con gran altanería. La actitud comenzó a molestar a Katerin, lo cual resultaba ser algo diferente, ella no solía enojarse a la ligera, solía ser más racional y pensar con detenimiento las cosas, pero esta chica la comenzaba a sacar de sus casillas. — Ya veremos quien gana, no dejaré que pases por mí tan fácil, no me subestimes. Dijo Katerin dedicándole una seria mirada. La mujer tomó su gesto como algo gracioso, sin decir nada más se zafó de su agarre y caminó hacia la oficina que estaba frente a la de Don Ernesto. La secretaria que había visto todo, solo meneo la cabeza de izquierda a derecha, como señal de desaprobación. Ella mejor que nadie conocía a la susodicha, la conocía a la perfección. Su padre había dejado en la banca rota su empresa, dejándola sin los lujos que antes poseía. Sus intenciones con Alejandro estaban claras, ella buscaba de poseer una gran fortuna. — Tenga cuidado con esa mujercita, ella no es de fiar. Le aconsejó la secretaria al pasar cerca de ella. Katerin se asombró, ya que era la primera vez que ella le hablaba con confianza. Ahora sabía que se podía confiar en ella. — Gracias, tendré presente tu consejo. Respondió Katerin tocando y entrando a la oficina de Don Ernesto, quien la recibió con tanta alegría. Él y Katerin sostuvieron una gran conversación por mucho tiempo, hablaron sobre cosas de la empresa, los negocios que estaban presentes en este tiempo y lo que tenía por delante. Además, Ernesto le contó sobre experiencias y sucesos que le habían ocurrido a Alejandro. Ernesto veía en Katerin a una hija a quien amaba tanto como Alejandro. En ellos dos esperaba pronto la bendición de tener un nieto. Pero, sabía que no debía de presionarlos, ya habría un momento para todo. Por ahora, veía comprometida a Katerin con la empresa de su madre Kate. —Por cierto, ¿cuándo se casa tu madre Amery? Preguntó Ernesto aligerando la conversación. Katerin sonrió, cada vez faltaban pocos días, el día de hoy oficialmente faltaban 30 días para la boda tan esperada, donde su madre Amery al fin se casaría con el hombre que la amaba de verdad. — Ya en este mes que viene, espero que asista a la boda, le va dar gusto su presencia a mi madre Amery y a mi mamá. Respondió Katerin entusiasmada. — Claro que iré, por nada del mundo me perderé la boda de Amery, después de todo la juzgue mal por todo este tiempo, quiero recompensar las malas palabras que le dije. Aunque ya me haya disculpado con ella, quiero demostrarle mi apoyo y mi disposición como buen amigo. Contestó Ernesto con una pequeña sonrisa. Katerin sabía que él estaba siendo sincero, lo cual le daba gusto. La gran brecha que se había hecho por aquel mal hombre al fin se estaba cerrando, cada uno iba recuperando la normalidad en sus vidas. Así como, Amery uniría su vida con alguien a quien amaba. Su madre y su padre al fin eran felices viviendo juntos el tiempo que habían perdido. Y ella disfrutando de su compañía. — Me alegra, padre Ernesto. Dijo Katerin esbozando una sonrisa. En ese momento, Alejandro entró con una gran energía, su rostro denotaba gran felicidad. Algo decía que había logrado cerrar aquel trato con los inversionistas. Sin pensarlo, Katerin se levantó del asiento se giró e ignoró a la morena que estaba de nuevo al lado de Alejandro. Estrechó en sus brazos a su esposo, esta acción sorprendió a Alejandro, ya que Katerin no solía hacer este tipo de demostraciones en público. Pero, sabía que debía ponerse las pilas con esta mujer y otras que se aparecieran. No podía dejarle libre el paso. — Mi amor, cariño. Estoy tan contenta por tu buen resultado. Yo sabía que lo lograrías, siempre he pensado que eres bueno en todo lo que te propongas. Dijo Katerin ahora mirando a los ojos a Alejandro, quien aún no salía del encanto de sus lindas palabras. La mujer a su lado apretaba con fuerza sus puños, ahora se daba cuenta que Katerin no era un rival que se pudiera tomar a la ligera. Los rumores de su tranquila y sumisa actitud eran mentira, una fiera dispuesta a sacar sus garras para proteger lo suyo era Katerin. — Gracias, cariño. Respondió Alejandro rodeándola con sus brazos. Ernesto estaba feliz por ellos y la morena permanecía callada, tramando y diseñando su plan. «Esto apenas comienza, Katerin» pensó con determinación.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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