Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Pequeños detalles”
Por las mañanas, Katerin solía esperar a que despertará Alejandro, admiraba con una sonrisa la linda fisonomía que tenía su delicado rostro. Sus gruesas y rizadas pestañas le enloquecían, pero, lo que más le fascinaba, era llegar al momento de ver sus lindos ojos contemplarla con emoción. — Buenos días, mi querido y lindo esposo. Lo saluda con una linda sonrisa. Alejandro con una sonrisa le devuelve su tierno saludo y le besa sus suaves labios. — Buenos días, cariño. Responde acariciándole su mejilla y mirando con amor sus ojos. Aquella rutina hace que su día comience con una buena vibra, por más difícil que parezca su pesada agenda, su sola presencia y ayuda hace que su amor, comprensión y cariño les haga más ameno su día. El resto del día están atareados por las constantes y largas juntas, documentos y recorridos que deben realizar en sus respectivas empresas. Katerin tiene más trabajo que Alejandro, ya que su padre y su madre cuentan con dos empresas completamente distintas. Ella de muy buena fe y con amabilidad aceptó ayudarles a los dos, en la de su padre como vicepresidenta y en la de su madre como la CEO de aquel gigantesco aglomerado. — Querida, ¿no es mucho trabajo el que está sobre tus hombros? Dijo su madre con preocupación. — No, todo bien, mamá. Yo puedo ayudarles. Respondió Katerin con una sonrisa. Su ilusión siempre había sido ser de utilidad para sus seres queridos y dejar en alto el prestigio de su familia, desde pequeña se le inculcó que debía ser la mejor. Por lo que, ella daba lo mejor de sí misma en cada uno de sus trabajos. Kate en el fondo sabía que su hija se estaba esforzando de más, por lo que le comentó a Denilson. Los dos mantuvieron una conversación larga, en la cual, concluyeron en qué Denilson contrataría a alguien más. Después se lo comentaron a Katerin, quien no se lo tomó tan bien, ya que su ideología siempre había sido ser la mejor sin importar lo que sucediera. Sin embargo, aceptó su decisión y no se opuso, pero, algo dentro de ella se sentía un poco incómoda. Su reacción sólo hizo que sus padres se dieran cuenta de lo que estaba sintiendo por dentro. Por lo que, Denilson se apresuró a decirle que de vez en cuando le pediría ayuda cuando lo requiriera y que no dudaría ni un instante para hablarle. — Te lo prometo, querida. Te llamaré si necesito algo más. — ¿Seguro, Padre? Preguntó Katerin nuevamente mirándolo con recelo. — Sí, te lo juro. Ya verás que te llamaré, es más, a ti te daré los trabajos más importantes. No te preocupes, esfuérzate en la empresa de tu madre y date un tiempo con tu amado esposo. Y si les parece apropiado den nos pronto un nieto. Respondió Denilson, tratando de convencer a Katerin que aún lo miraba con detenimiento. Después de analizar todo con cuidado, supo reconocer que sus padres lo hacían por su bienestar y la de su esposo, que en estos últimos días no lo había visto con frecuencia, ni se había detenido a hablar con él. — Tienen razón, gracias por hacerme dar cuenta que debo de poner más cuidado a mi salud y a mi esposo. Agradeció finalmente Katerin con una sonrisa. Luego de eso los abrazó y se despidió de ellos. Su carga ahora era mínima. Ya no tenía que estar trabajando horas extras en la oficina o llevarse trabajo extra a casa, estar analizando y planeando sin descanso. Se sentía reconfortada, feliz y lo mejor de todo emocionada porque al fin podría tener más tiempo con Alejandro. Era la primera vez en esta semana y desde que habían comenzado su vida de casados juntos, que, ella podía volver a ir por él al trabajo. Al llegar a la empresa, los empleados la saludaron con amabilidad. Los cuchicheos y las miradas curiosas no faltaron, la llegada de Katerin sorprendía a todos. Nadie se esperaba que la tan hermosa y exitosa esposa de Alejandro vendría a verlo. — Se ve más linda en persona. Dijo una chica de cabello negro, que se veía de unos 18 años de edad. Junto a ella se encontraba una chica de cabello castaño. Las dos eran trabajadoras recién contratadas, estaban en la zona de recepción. — Oh, por Dios. Viene para acá, si sabés que ella es mi modelo a seguir. Mencionó la castaña con tanta emoción. Katerin las miró con una sonrisa, se quitó los lentes oscuros que traía puesto y contempló sus rostros emocionados. Ella no se imaginaba que aquellas jovencitas estaban extasiadas por su repentina visita. — Bienvenida a la Corporación Magno, ¿en qué podemos ayudarle, señorita Katerin? Dijo la de cabello oscuro a duras penas. — Gracias, mmm... ¿Cuál es tu nombre? — Me llamo Dayan. Respondió la chica sin vacilar. — Y yo Fernanda Reyes. Dijo la castaña entusiasmada. Katerin sorprendida ante su emoción, sonrió y se acercó más a ellas. — Bien, Dayan y Fernanda. Por ahora no necesito ayuda, pero, cuando lo necesite se los haré saber. Por ahora, solo les pido que no divulguen mi venida, ¿de acuerdo? Respondió Katerin. Las chicas asintieron sin pensarlo dos veces, les daba gusto ver que su ídola, su modelo de mujer era realmente la persona amable y confiable que esperaban. Sus expectativas eran lo que habían pensado, por lo que no estaban decepcionadas. Katerin se encaminó confiada y con felicidad hasta el elevador, por sorpresa no habían más personas, solo estaba ella. Dentro del ascensor, ella se pudo observar a través de las paredes brillantes. Gracias a que podía mirar su reflejo se apoyo para ajustar algunos detalles de su maquillaje y su cabello. Al final, cuando estuvo lista, las puertas se abrieron, estaban a punto de salir cuando de pronto se vio detenida por el bello rostro de su esposo. Alejandro la miraba con fascinación, él mismo no podía creer que su adorada esposa se encontraba frente a él. — Cariño, estás aquí. Es grato verte por estos rumbos, le das un toque de elegancia al entorno, mi querida esposa. Mencionó Alejandro con un tono romántico. — Gracias, cariño. Mis padres me han quitado responsabilidades, porque se dieron cuenta que estaba descuidando a mi amado esposo. Respondió Katerin saliendo del elevador, se acercó a Alejandro, lo tomó de los brazos y luego dirigió su mano derecha para recorrer todo su rostro. Alejandro inmediatamente reaccionó ante su delicada caricia, el roce de sus dedos le deleitaba el alma y deseaba recorrer lo más recóndito de su ser. Ellos dos se necesitaban, sus cuerpos y sus almas tenían tiempo que no se encontraban en la intimidad. Katerin acarició con sus manos las mejillas de Alejandro, lentamente fue acercando sus labios y rozó levemente la comisura de sus labios. Alejandro quería estar a solas con ella, el tiempo alejado a sus muestras de cariño habían sido una larga espera y ahora ella estaba dispuesta para él. La tensión entre ellos era notable, la secretaria de presidencia se dio cuenta de su amor, los miraba con una sonrisa. — Que tiernos se ven frente al ascensor. Susurró simulando ver el monitor que estaba frente a ella. Su deseo los cegó por un instante, sus miradas decían todo y a la vez nada. Alejandro quería escapar en ese instante con Katerin, pero, no podía. Sus responsabilidades lo ataban, le faltaba poco para acabar su horario, él debía cumplir con este. — Amor, vamos a casa. Le susurró Katerin al oído. Los vellos de Alejandro se erizaron al escuchar esa petición cargada de deseo y coqueteo. Alejandro sabía que Katerin quería estar a solas con él. — Yo... Comenzó a decir con la garganta seca. — Alejandro, su padre me ha enviado para saber si lleva consigo el acuerdo que firmará con los inversionistas americanos. Lo interrumpió una morena, alta, de cabello ondulado y largo. Su cuerpo estaba entallado con una camisa blanca y una falda entubada, esta vestimenta resaltaba sus curvas. Katerin miró con desconcierto a aquella mujer, era la primera vez que la veía en esa empresa. Además, le sorprendía que le llamará con tanta confianza. — Oh, Jinna, está bien. Ya llevo todo, dile a mi padre que no se preocupe. Respondió Alejandro recuperando la compostura. La morena miró con atención a Katerin, ella sabía perfectamente bien quien era y que significaba para Alejandro, por lo cual, sabía quién era su rival amoroso. — ¿Usted debe ser la empresaria Katerin, verdad? Preguntó fingiendo emoción.
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