Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Maravillosa pareja”
Alejandro y Katerin se dieron tres días solo para ellos en donde se amaron tanto como quisieron, tuvieron sus momentos íntimos en los que se admiraron y apreciaron cada rincón de sus cuerpos, asimismo, vivieron momentos divertidos cocinando su comida. Pasaron con tranquilidad y lejos de los demás su luna de miel. Ahora, ellos volvían a sus vidas. Katerin ahora era la presidenta de la empresa, lo cual le daba más responsabilidades y tiempo en aquel lugar. Mientras, Alejandro seguía siendo el vicepresidente de la empresa de su padre. Los dos como pudieron se acoplaron a su nueva forma de vida. Aunque tenían días pesados, salían adelante y se apoyaban mutuamente. A veces solían turnarse para que uno llevará y traerá del trabajo al otro. Esa actividad hacía que los demás los miraran con ternura. Su matrimonio iba bien, y eso le daba gusto a Ernesto, Amery, Kate y Denison. Estaban orgullosos de sus hijos y esperaban que se mantuvieran así. Por otra parte, Michael y Tamara salían a citas más seguido, ya que habían anunciado su boda, así que, era necesario que plantearán todo con detalle y dedicación. — Cariño, ¿qué te parecen este tipo de flores para que adornen la entrada del salón? Preguntó Michael mostrándole unas orquídeas en el catálogo que sostenía. — Mmm... Me parecen perfectas, Miky. Respondió acariciándole su mentón. ... Y ustedes se preguntaran por la bella pareja Henry-Amery, bueno, ellos también se mantienen ocupados con su matrimonio. Desde que dieron la noticia, los medios de comunicación no han parado de hablar de ellos, exclusivamente de Amery, la cual todos sabían que ella era la ex esposa de Nicolás, y, por si no fuera poco, siempre mencionaban la diferencia de edad entre ellos. Lo cual, les tiene sin cuidado a Henry y Amery, ya que ellos consideran que lo más importante es que se aman y que quieren vivir el resto de su vida juntos, felices y amándose sin los prejuicios. — Es que no se como él tan joven se fijo en esa mujer, ya hasta fue la esposa de ese hombre. Ay, de verás que ahora los hombres agarran mujeres que ya tienen hijos o que están más usadas que nada. Mencionó una mujer mayor con una expresión maliciosa mientras hablaba con otra mujer de cabello oscuro, las dos habían visto pasar a Henry y Amery por el pasillo de vestidos de novia. — Sí, y todavía tiene el descaro de casarse de blanco. Que se quiera un tantito y no haga ese ridículo. Dijo la de cabello oscuro con una sonrisa socarrona. Tamara, quien iba pasando por aquel lugar alcanzó a escuchar lo que esas mujeres hablaban con tanta emoción. Esta claro que sus comentarios no le cayeron para nada bien, ya que en estos últimos días se había encariñado y hecho amiga de Amery, con los preparativos de sus bodas hablaban más de lo normal. Podía jurar que casi la consideraba como una segunda hermana, por lo que, escuchar a esas mujeres chismosas le causó molestia. — Creo que no tienen nada mejor que hacer, ¿No es así? Se ve que la envidia las está tragando o ahogando. Mencionó Tamara detrás de ellas. Las mujeres espantadas voltearon a ver de quien se trataba, se asombraron a ver a la joven modelo más exitosa del momento, quien las miraba con una expresión despectiva. — Eh, perdona. ¿De qué habla señorita? Dijo la primera mujer con desconcierto. — Oh, nada. Solo venía pasando como cualquier persona que tiene derecho a vivir su vida en paz sin que nadie le esté juzgando por lo que fue o por lo que es, su manera de ser, de vestirse, de pensar o de vivir. Respondió Tamara dedicándole una sonrisa que ocultaba todo la rabia que estaba conteniendo para que no hiciera ningún tipo de locura. Por sus palabras, las mujeres sospechaban que ella había oído su conversación, así que, ya no fingieron más y decidieron que debían de hablar con franqueza. — Mira, jovencita. Es de mala educación andar escuchando conversaciones ajenas. Habló la de cabello oscuro. — Y es de mala educación hablar mal de los demás. Contraatacó Tamara cruzando los brazos y mirándolas de una manera poco amigable. Cualquiera que la conociera sabría que Tamara estaba cabriada, no había nada que pudiera disipar su furia. — Bueno, y ¿quién eres tú para venir a darnos clases de civismo y ética, eh? Dijo molesta la primera mujer. — Además, que quieres que digamos cuando vemos a esa mujer aprovechada saliendo con un jovencito que podría ser su hijo. Como no le da vergüenza. Respondió la de cabello oscuro. La paciencia de Tamara ya había rebasado su límite, ya no podía tolerar más a esas mujeres. — Ese no es su asunto. Es su vida y pueden hacer lo que se les antoje sin que nadie los esté criticando. No sé porqué hay personas como ustedes que se las dan de moralistas y se creen lo suficientemente superiores a los demás para estar criticando a los demás, no sé si es porque sus vidas son aburridas o porque no encuentran otra cosa más interesante que hacer. Respondió Tamara explotando y dejando salir todo el enfado que estaba guardando. Las dos señoras miraron a Tamara, se daban cuenta que ella en parte tenía razón. Sin embargo, no querían dar su brazo a torcer, ni tampoco querían darle la razón. — Mira que tú no vas a venir a insultarnos modelito de tercera, nosotras estábamos hablando en paz hasta que te entrometiste. Mencionó la de cabello oscuro mientras ponía sus manos sobre sus caderas y la miraba con el ceño fruncido. Esto solo hizo que Tamara enfureciera aún más, no podía permitir que estas mujeres se salieran con la suya. Primero por hablar pestes de su amiga y ahora porque le decían modelo de tercera. Tamara apretó sus puños y estaba a punto de lanzarse a esas arpías, cuando Amery llegó por detrás y la abrazó con cariño. — Tamy, linda. ¡Que emoción encontrarte aquí! ¿Has venido con Mike? — Amery, que gusto verte, amiga. No, he venido sola, no quiero que él vea mi vestido, ya sabes que dicen que es de mala suerte que el novio vea a la novia con su vestido antes del matrimonio, bueno, eso dice mi madre y mi suegra, así que, para no llevarles la contraria Mike y yo, decidimos hacerles caso. Respondió Tamara girandose y dándole su atención a ella. Su ira se desvaneció y la armonía regresó a su corazón, después de todo, no valía la pena perder su tiempo con aquellas desagradables mujeres. Amery al ver a las mujeres detrás de ellas, inmediatamente no dudó en saludarlas amablemente, aquellas mujeres le respondieron el saludo. En el fondo con un poco de hipocresía, y eso lo sabía perfectamente Tamara. — Esas víboras... — Ya, tranquila, Tamy. Esas mujeres no valen la pena, olvida sus palabras y mejor céntrate en lo importante. La interrumpió Amery dándole una pequeña palmada en su espalda. — Pero... ¿Es que tú ya sabías lo que decían de ti? Preguntó Tamara con gran asombro. Aquella pregunta para Amery era fácil de responder, con sólo mirar la molestia de Tamara y las caras de esas mujeres había descubierto de quien estaban hablando. — Desafortunadamente sí, sé que estaban hablando de mí. Últimamente todos lo hacen y más porque me voy a casar con alguien menor que yo. Sin embargo, no hago caso a sus malos comentarios. Yo no vivo de lo que digan o dejen de decir de mí, a mí lo que me importa es ser feliz. Respondió Amery de manera pacífica. Tamara la miró con admiración, sin dudas le había probado que era una mujer sensata. Su manera serena de reaccionar ante esta situación le causó que se sintiera levemente avergonzada. — Yo... Bueno, no pude dejar de sentirme molesta cuando esas tipas hablaban y se burlaban de ustedes dos. — Déjalas pasar, no creo que todo el tiempo te lo vas a estar llevando por andar discutiendo con las personas. No, sólo dejen que hablen y ya. Le aconsejó Amery mientras rodeaba sus hombros con su brazo y la dirigía al departamento de vestidos de novia. Tamara aún anonada por su buena disposición, aceptó y la siguió. El resto de su día se la pasaron felices. Henry las apoyó y les proporcionó su respectivo punto de vista.
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