La Cuarta Guerra

Dos
Esa misma noche se había organizado una fiesta donde humanos y vampiro asistirán, pues esa noche May y Adem harán pública su “relación”. Todo tenía que salir bien, pero las caras de esos dos adolescentes no eran de muy buenos amigos. - Por dios cambiad esa cara - dijo Martah la madre de May. - Claro mamá como tu no tienes que hacer este paripé - dijo fastidiada mirando su vestido y suspirando. - Serán unas horas, incluso menos - dijo Clarisse la madre de Adem. - Espero fuera - dijo sin ganas Adem. A los pocos segundos la madre de la chica y del chico salieron dejando a May nerviosa y sin ganas de querer hacer eso. Miró hacia el espejo y escuchó una voz. - Estas preciosa - May se giró pero no encontró a nadie. - ¿Ahora hablas en alto? - se escuchó una risa. - Me cuesta, pero aquí no tengo una televisión - May suspiró. - No quiero hacer esto - dijo sentándose. - Debes hacerlo, salvareis muchas vidas - dijo esa voz sería. - ¿Por qué no me cuentas algo de ti? - la voz no se volvió a escuchar. - Después de la fiesta, ahora ve y haz el paripé como tu dices - May rió y salió. Estaban encima de una tarima, Adem y ella se agarraron las manos, Adem la besó la mano y esta sonrió incómoda y nerviosa. - Espero que lo estéis pasando bien - habló primero May. - Yo también lo espero, hemos realizado esta fiesta para dar un comunicado - habló Adem - esta señorita de aquí y yo estamos juntos - se empezaron a escuchar murmullos - y dentro de muy poco la convertiré en mi esposa - sonrió y luego le dio un beso a su “novia” - Que empiece el baile - los dos sonrieron a la gente. Bailaron un poco y May se fue a la misma habitación en la que estaba antes de salir, se sentó en la silla y suspiró mirándose en el espejo. - Estuviste espectacular, hasta yo me lo creí, eso sí es besó debía ser un poco más duradero - May suspiró. - No tiene gracia, esto es una mierda - la risa del chico resonó en la habitación. - Hay que luchar por el reino - May suspiró. - Soy una humana, yo no vivo en el reino, vivo en el pueblo - esperó respuesta. - Ahora vivirás en el reino - May negó. - No puedo - dijo suspirando. - Podrás con ello. Hace años yo viví una injusticia muy grande, me costó la vida - May miró hacia todos los lados intentando encontrar algo en vano. - ¿Que fue esa injusticia? - escuchó un suspiró. - Los vampiros de sangre negra, atacaron el reino y la aldea, quitando muchas vidas - May escuchó atentamente - yo morí en esa guerra, entre tantos otros vampiros y humanos, fue la primera guerra en la que las dos razas luchaban juntas, en la que dejaban a un lado el odio, y lucharon por lo que todos querían. La paz total - May suspiró. - ¿Pero de que sirvió si sigue habiendo guerras? Está a punto de suceder la cuarta - - Pero tu y Adem la vais a detener - - Es que tampoco se por lo que tengo que luchar, me han dicho que me case y yo me caso, pero no sé el por qué - dijo frustrada. - El Reino no está repartiendo bien las riquezas, a los más lejanos  del Reino están sin recursos para vivir. Vosotros sois la salvación, tras vuestra boda el príncipe y la princesa tendrán el deber de repartir bien esa riqueza, ni los humanos ni los vampiros podrán quedarse más de lo que se debe - May asintió. - Tras hacer eso, cuando la revolución cese me podré divorciar ¿no? - escuchó un “ajam” - Pero no será fácil, vendrán muchas cosas, tanto malas como buenas, tendréis que superarlas los dos - May frunció el ceño. - ¿Que tipo de cosas? - - Eso es algo que no te puedo decir yo, y debes salir el novio te busca - dijo burlándose de ella. - Si te tuviera enfrente te mataría - el chico rió. - Ya estoy muerto - May negó sonriendo y salió. - Te estaba buscando, debo hablar contigo - habló Adem mirando a la chica. - Yo también - volvieron a entrar a la habitación. - Escuché a un grupo hablar, muchos de ellos no están contentos con el pacto que hicieron nuestras familias - May asintió - esto todo se debo a... - May lo paró. - A la mala distribución de riqueza - el chico asintió. - ¿Como lo sabes? - May negó. - Eso no importa, debemos hacer que todo esto pase, debemos unirnos aunque no queramos, es necesario hacerlo - el chico asintió. - El día después de nuestra boda, cuando todos piensen que  estamos en el viaje de novios debemos comenzar - May asintió. - ¿Como lo haremos? - Adem suspiró. - Eso es un plan en el que debemos pensar, no sé exactamente cómo lo haremos - May suspiró frustrada. - Eres el príncipe de Reino, algo puedes hacer para distribuir bien esa riqueza - Adem negó. - No es tan sencillo como parece May, debemos pensarlo muy bien, se que mi padre está haciendo las cosas mal, pero el no tiene la culpa del todo - May lo miró sin entender. - ¿A qué te refieres? - Adem la miró a los ojos. - A qué no sólo mi padre es el que lleva la riqueza, el teniente Juseff también lleva las riquezas del reino, es el que las distribuye por así decirlo - May lo miró. - Ese hombre se puede estar quedando con más de la mitad de todo el oro - Adem asintió. - Si eso es cierto se le puede acusar de estafa y robo, pueden condenarlo a muerte - May cerró los ojos. - Debemos averiguarlo cuanto antes, la guerra se acerca y debemos pararlo - Adem asintió. - Bien, esto lo empezaremos el día después de todo, cuando todo acabe podemos separarnos y cada uno hacer nuestra vida - May asintió. Los dos sonrieron y salieron de esa habitación, todos miraron a los novios con una sonrisa, Adem y May se pusieron a bailar al ritmo de la música. ********************************* Horas después toda la fiesta había acabado, solo quedaban las familias de los dos “novios”. Estaban sentados en sofás alrededor de una mesa circular mientras algunos bebían, vino, té o café. - May debés quedarte aquí, nadie puede sospechar que esto es una farsa - May asintió. - Lo sé padre - tranquilizó a sus padres tras dar esa respuesta. Minutos después las familias se despidieron, al igual que la familia humana se despidió de su hija, se fueron del palacio dejando a la chica con gente desconocida para ella. - Ven hija te enseñaré tu cuarto - dijo Clarisse. May la acompañó hasta la habitación y allí la dejó sola para que se acomodara. Suspiró al sentirse sola y miró por la gran ventana, desde ahí se podía ver casi todo el reino, era una maravillosa visita, sonrió al ver niños jugar. Le encantaría poder viajar en el tiempo y volver a ser pequeña, preocuparse solo de cuando sus padres le compraban o no chuches, ahora todo se complicaba muchísimo, la vida era tan difícil que las personas la complicaban aún más. Se sentó en la cama y deseo estar en ese momento en su habitación con su familia. Siempre habían sido una familia feliz, nunca tuvo una bronca con sus padres, la única vez que no estuvieron de acuerdo en algo fue cuando la hablaron de la boda, pero siempre habían estado juntos, ayudándose en todo. A sus 18 años de edad veía la vida tan jodida, cuando iba al instituto muchas veces las profesoras le decían “¿que problemas tendrá un adolescente?” ella muchas veces se preguntaba si en realidad ellos habían sido adolescentes. Pues los adolescentes y hablando de ella en este momento... Los problemas que ella tenía no sólo era los dolores de ovarios cuando le baja la menstruación, no a sufrido por amor algo que de verdad agradece pero si a sufrido mucho. Dinero, su familia nunca fue de tener una riqueza muy grande como la que tenía la familia Nemeth, las discusiones sin sentido de sus padres o incluso la que más le dolió fue la pérdida de su abuelo, esa persona en la que tanto confiaba y tanto amaba. Limpió una lagrima tras recordar a su abuelo, se tumbó en la cama y lloró, siempre le pasaba cuando no dormía en su casa, en su cama, con su familia. Siempre recordaba cosas que no quisiera recordar en esos momentos, pero era necesario hacer eso. No querían que la guerra acabará con todo el reino, se tendrían que sacrificar. Lo que May no sabía es que tras ese sacrificio venía una recompensa muy grande, algo que le haría no arrepentirse nunca.
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