Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 20
¿Cuántas veces he querido que esto pase? Pero simplemente con el pasar de los días me hice a la idea de que jamás volveríamos a llevarnos bien. La extraño. Extraño sus sonrisas, sus gestos, sus risas, sus voz, la extraño a ella, pero las sorpresas... esas vaya que existen. Los giros de la vida. –¿Podemos hablar? –escucho que dicen a mis espaldas. No son figuraciones mías, ¿verdad? ¿O es que si lo son? Conozco la voz, se ha dirigido a mí tantas veces que ya la memoricé, es una voz que me gusta aunque no se lo he dicho aún. Escucharla es como una dulce melodía pero tecnicamente es alguna especie de cuñada, ¿no? No debo de pensarla de ese modo, ni de expresarme de esa manera. Al oírla mi cuerpo entero se tensa. Me siento nervioso por no saber que es lo que quiere hablar conmigo. ¿Acaso viene a seguir armando una pelea? Me giro y la miro, estoy seguro que mi rostro es un poema, pero en este momento eso importa poco. Cuando logro recomponerme, la miro curioso e intrigado. Ve la interrogante en mi mirada pero no dice nada. –Claro Camille –le respondo con dificultad. Ella suspira, parece aliviada por obtener esa respuesta, aunque tal vez se esperaba un rechazo de mi parte. Pero tengo que convencerme que yo también quiero hablar con ella, extraño demasiado hacerlo. Estoy ansioso por saber que es lo que piensa decir. –Verás –comienza –no sé ni siquiera como comenzar. Pero quizá por el principio, eso sería lo mejor. Es complicado, ¿sabes? –me dijo. Suelta una risita nerviosa, en tanto sigo esperando, no sé como sentirme. Desde que conocí a esta chica, no he visto más que seguridad en sus facciones, en su voz y en todo su cuerpo, aunque justo ahora parece que ésta se está cayendo a pedazos y eso me sorprende. Tal parece que su seguridad la abandona. ¿Será eso posible? –Soy una chica muy orgullosa –retoma –prefiero mil veces tragarme la vergüenza a aceptar que otros tiene razón cuando no la tengo, me gusta ser orgullosa y lo digo en serio –dice y de nuevo suelta una risa nerviosa –quizá es por eso que ésto me está costando demasiado. Desde que te conocí me pareciste un chico muy lindo y no te voy a negar que a primera vista quedé enganchada de tí, mentiría si dijera que no me gustaste en ese momento, pero es cierto –su sinceridad me deja mudo y sumado a eso está el hecho que jamás alguien ha tenido el valor que tuvo ella en decirme lo que ella está diciéndome justo ahora –me acerqué a tí con mis intenciones más que claras y confundí, el amor con la amistad que me ofrecías. Creí que me correspondías cuando no lo hacías, pensé que sentías algo por mí al ver que te acercabas mucho pero no, ahora comprendo que era por ella. Por mi hermana, y no te culpo, es hermosa, inteligente y muy dulce. ¿La candidata perfecta, no? Todos quieren a alguien como ella y lo entiendo. Parece que suena a reclamo y muchos lo verán de ese modo, pero yo sé que no es un reclamo, solo es que me estaba hablando de lo que sentía, no tenía ni la menor idea de a donde quería llegar diciéndome esto pero no quiero dejar de escucharla, además que me agrada que me sea totalmente sincera. Estoy descubriendo un lado muy diferente de ella que me gusta mucho, luego ella prosigue. –Fue porque en ese momento no lo entendía por lo que reaccioné así, quise culparte a tí y a ella, pero tal vez yo también tengo culpa en esto –levanta la mirada, la clava en la mía, hay una llama hermosa en su mirada y sobretodo su rostro tiene una luz muy diferente a la de días anteriores, ¿será que ya no me quiere? –pero ya lo entendí, comprendí que no eres para mí, que por más que tratemos de aferrarnos a algo si simplemente no es para tí, jamás lo será por mucho que lo desees, porque nunca obtendrás lo que deseas, solo lo que necesitas para ser feliz, y estoy segura que eso aplica en nosotros. Me quedo sin palabras al oírle, sus palabras flotan en el aire. No sabría describir que siento al oírla, tal vez alivio o dolor, quizá tristeza o alegría, o a lo mejor satisfacción o agobio. ¿Dolor? ¿Tristeza? ¿Agobio? ¿Pero por qué habría de sentir todo eso? –Quiero pedirte una disculpa por haber actuado así, por haber sido la mala, pero sobretodo por querer destruir lo suyo. Mi boca se seca, sus palabras me dejan perplejo. Con ese hecho me demuestra que no tiene ni una pizca de mala como ella dice, tal vez no ha sido la mejor forma de reaccionar pero lo aceptó y se disculpa por ello, admite su error y deja de lado su orgullo. ¿Quién en el mundo hace eso, sobretodo sabiendo que ella es quien ha sido la víctima hasta cierto punto? Es una chica dulce, con esto lo deja claro, por debajo de su carácter y su orgullo hay una buena persona, me gusta que ella sea noble y que se doblegue pero aunque aún sigo sin palabras ya tengo una respuesta para ella. –Siempre he pensado que yo soy la persona más orgullosa que puede haber existido, pero cuando te conocí y vi tu carácter supe que quizá eso no era cierto –le digo –y me lo confirmaste cuando a pesar de tu decepción o lo que hayas sentido por nuestra causa, tú continuaste como si nada hubiese sucedido. Seguiste mostrando lo mejor de tí y no te derrumbaste, sin embargo haz tenido el valor de aceptar que te equivocaste y sobretodo estas pidiendo disculpas por ello. Y sería estúpido no disculparte, después de todo hemos pasado buenos momentos y somos amigos, al menos eso te consideraba antes de que todo sucediese. Porque si, la quiero de muchas formas pero de algo estoy seguro. La quiero como mi amiga y la quiero a mi lado, por muy egoísta que suene quiero que se quede y no se vaya. Sonríe dulcemente, traga saliva con dificultad. –¿A qué se traduce eso? –dice llenando el vacío que probablemente yo no hubiese sido capaz de llenar. –A que acepto tus disculpas, Camille. Sigue sin reaccionar, sigue paralizada por mi culpa. ¿Se está arrepintiendo? No lo creo. Su sonrisa se hace amplia y como si de polos opuestos se tratase, nos acercamos para luego fundirnos en un fuerte abrazo. ¿Cuánto tiempo llevaba soñando y anhelando este momento? ¿Cuánto he esperado por ello? Su cuerpo es cálido, pero a la vez fresco, es una sensación que me agrada más de lo que debo admitir, sin querer descanso mi barbilla en su pelo y por puro instinto huelo su melena castaña. El olor de la menta y el durazno me golpea, la estrecho más y después ella se separa, al instante extraño su calidez. La veo a los ojos, con eso compruebo lo que me dijo hace un momento, ella ya no siente nada por mí. ¿Me dolió? Tal vez, pero en ese instante ya no importa, estoy con su hermana y nada debe pesar sobre de ello. Después de nuestra plática se aleja y se va con sus compañeras para empezar sus prácticas, en la lejanía veo a Cassandra sonreírme, deduzco que ha visto lo que sucedió. Al finalizar mi entrenamiento voy a los vestidores, las animadoras ya han terminado. Me ducho y me visto lo más rápido que puedo, voy hasta los vestidores de las chicas, espero a que salga Cass pues aunque estoy seguro que lo vió todo aún así le quiero contar lo que sucedió. Luego de un rato de espera la puerta se abre, pero en vez de revelar a Cassie, por ella sale Camille, su pelo está mojado y se forman unas finas ondulaciones en él, su piel suave está más blanca. Lleva la vista en el móvil, sonríe al leer algo y por estúpido que parezca sienty celos del móvil, porque me hubiese gustado que esa sonrisa fuese dirigida a mí. ¿Por qué diablos me siento así? Me dan ganas de golpearme. Levanta la cabeza y me mira serena, una sonrisa se dibuja en sus carnosos labios, le devuelvo el gesto. –Leonel –dice melodiosamente. –Yo... –comienzo a hablar –¿Cassandra aún está ahí? –Si, seguro no tarda –me dice con el mismo tono de voz –nos vemos mañana –se despide y se va. Camina por el campo de entrenamiento hasta llegar dentro de la escuela, pero la visión de ella me es negada cuando el idiota de Owen se coloca detrás de ella para taparle los ojos. ¿Qué harán cuando deje de verlos? ¿La besará? Ella se lleva una mano al pecho y cuando ambos están frente a frente, ella suelta una de sus melodiosas risas, en ese momento no puedo odiar más a Owen, por hacerla sonreir. Ella lo abraza y él la recibe como si fuera lo único que en la vida le importa, la abraza a volandas, de nuevo ella ríe. La devuelve al piso y le acaricia la mejilla, ella solo se sonroja. Después de eso, él le toma la mano y se la lleva consigo por los pasillos del instituto. Siento la presencia de alguien a mis espaldas, el olor a peonías y fresa me dice que es Cass quien está a mi espalda, me vuelvo y le doy la mejor sonrisa que puedo. –Hola –saludo. –Hola –dice y se lanza a mis brazos. Su calidez me envuelve al instante, me gusta tenerla pegada a mi cuerpo, me encantaba la sensación de ella en mi pecho y de mi barbilla en su cabeza, sin querer huelo su cabello con olor a fresa. Todo eso me gusta pero de algún modo, la sensación de su hermana en mis brazos me sigue viniendo a la mente, está mal que eso me sucediera pero no puedo evitarlo, simplemente no se va su imagen de mi mente y mucho menos sus palabras, lo que me dijo sobre ya entender todo y lo peor fue confirmarlo cuando me miró a los ojos. Y para rematar se portaba de esa forma con Owen. –Tengo algo que decirte –anuncio soltándome de su agarre, también lo digo de algún modo para poder olvidarme de lo que estoy sintiendo en ese momento. El olor a menta no se va de mi nariz. –Claro –me dice sonriente. Estoy seguro que ella ya sabe lo que le diré pero aún así lo quiero hacer y ella me deja hacerlo. –Camille habló conmigo –comento –me pidió disculpas. Ella sonríe ampliamente. –Sabía que lo haría –dice feliz. –¿Lo sabías? –la interrogo –¿y por qué no me lo dijiste? Para así no parecer un imbécil. Su sonrisa se vuelve inocente. –Si lo sabía –dice –bueno no lo sabía. La miro con las cejas juntas. –Digamos que a mí también me pidió disculpas, y supuse que tal vez lo haría contigo –me explica –no te conté nada –continuó –porque no era una certeza y quería dejar que lo hiciese por si sola. Asiento satisfecho por su explicación. –Te creo –le contesto. Se acerca más a mí, por instinto sé que busca besarme, yo también quiero besarla, de algún estúpido modo creo que así podría borrar la sensación de su hermana en mis brazos. No me gusta la idea de ella en los brazos de otro, por no decir que en los de Owen pero, entonces lo único que me queda es Cassandra y así olvidar su sensación cálida. La beso sin esperar más y lo que quería que sucediera no sucede, pues en vez de ello me siento de un modo distinto. Me gusta atrapar sus labios con los míos y tener sus brazos en mi cuello, pero ya no se sentía igual, eso es abrumador. Busco mientras la beso, aunque sea la escusa más idiota del porque me siento así. Y la idea fluye por si sola. Tal vez estoy con la hermana equivocada, pero mis pensamientos se detienen y el beso igual cuando oímos su voz. –Lo sabía –dice molesta –sabía que ustedes ya eran novios.
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