Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 19
¿Cuántas veces oí "Lo que no es para ti, no será jamás"? O que tal esta. "Si no fue al inicio, no lo será al final". Lo he escuchado muchas veces. Digo, mi mamá se ha encargado de que sea algo que olvide jamás y tiene razón. Ah. Cuánta razón hay en esa bella y sabia mujer. Owen es un chico muy divertido, muy inteligente y muy simpático. ¿Cómo es posible que una persona cambie todas tus perspectivas? Lo pienso porque lo he comprobado en estos días. Gracias a que le conocí dejé de huir, gracias a que él me hacia reír dejé de sentir dolor, tristeza y enojo por lo sucedido, es como si Owen hubiera llegado a aliviar mis sentimientos y me encanta su sola presencia. ¿Cómo es que en tan poco tiempo ha ocasionado mucho en mí? Debo admitir que me alegra los días, incluso se ha empezado a convertir en alguien muy importante para mí. Desde aquel día en que le conocí él no ha dejado de buscarme, pasar los descansos con él se ha vuelto muy divertido. Lo mejor de todo es que me comprende y hasta cierto punto me dió la razón respecto a lo de Leonel y Cassandra. Las siguientes tres semanas se pasan volando, ya no hay necesidad de que siga huyendo, tampoco hay necesidad de seguir sentándome con ellos pues Owen se encarga de llevarme con él, siempre pasa a buscarme y me lleva con él, me gusta la sensación de que hay alguien más para ser mi amigo además de Cassandra, Charlotte, Leonel y George. En esos días muchas cosas se fueron acomodando, me doy cuenta que no puedo seguir sufriendo por cosas que están fuera de mi alcance. No es que el chico, me refiero a Leonel, lo esté sino que... porque vamos, tampoco es algo así como la reina de Inglaterra. Es guapo si, me gusta también, pero solamente es algo que él siente y yo no puedo cambiar. Él quiere a Cassandra, eso al principio no lo acepté totalmente, porque aún hay tantos pros y tantas contras que no dejan de presentarse, como el hecho de que es primo de Landon, o que sigo pensando que mi padre jamás estará de acuerdo y mucho menos que no podrá estar con él porque no debo perder la confianza de mi padre. Aunque lo único bueno de esto, una ventaja mejor dicho, es que ambos se quieren y mucho, por lo que veo. ¿O me equivoco? Poco a poco fui comprendiendo que hay cosas que simplemente no son para nosotros pero a pesar de eso, también está la traición y como me sentí porque Cassandra me ocultó sus sentimientos, aún siento enojo porque me mintió y porque no confío en mí, me dolía todo lo que había pasado. Más por mí. Sin embargo comencé a comprender que somos humanos y que tenemos derecho a equivocarnos y sobretodo que lo hacemos con demasiada frecuencia. Hasta yo me he equivocado. Pero, ¿no merecemos segundas oportunidades? Y por muy idiota que suene, llegué a la conclusión de que sí. Que no puedo seguir enojada y mucho menos peleada con ella. Es mi hermana y sobretodo siempre he sido muy unida a ella, esto no debe de seguir así. Aunque hay ocasiones en que el orgullo es más que fuerte, es fácil decirlo pero nunca hacerlo y por más simple que resulte decir que le pediré disculpas por mi reacción, no es tan simple. Le quiero, eso he de admitirlo pero a pesar de eso es más grande mi orgullo, soy demasiado orgullosa para que me resulte fácil. Lo haré, de ello estoy segura aunque todavía no tenga el valor para ello. Aunque aún me queda tiempo para lograr agarrar valor y pedirle disculpas por lo sucedido. El miércoles después de que se cumplen cuatro semanas de estar enojada con ella tengo el valor de hacerlo, decido que es hora de disculparme, que debo y tengo que dejar de estar enojada con ella. Porque mi padre eso nos ha enseñado, que las hermanas son las mejores amigas. Y aunque ahora estamos disgustadas, es nuestro deber arreglarlo, pues al final son las que siempre te acompañan pase lo que pase. Salgo del vestidor, voy hasta el campo de entrenamiento, comienzo mis calentamientos y estiramientos, primero los brazos, luego las piernas. Lanzo una patada al aire frente a mí, lanzo de nuevo la patada con la pierna opuesta, de nuevo tomo impulso, lanzo otra vez una patada al aire pero está vez a mi lateral. –Wow, que buen recibimiento –me dice la voz de Owen a un lado. Suspendo mi pierna en el aire, por quedarme en esa posición y verlo a él termino en el suelo. Mi trasero da en el pasto y yo hago una mueca por la ligera molestia. –Lo siento –dice arrepentido –en verdad Cami. Me río aún en el suelo, es una situación graciosa, él también ríe. Lejos de enojarme con él, quiero divertirme. Me tiende la mano y me ayuda a ponerme de pie, no suelta mi mano lo cual me perturba. Siento como me jala ligeramente hacía él, nuestros cuerpos quedan casi rozándose. Me agrada su cercanía, cuando lo hace siento raro y al verlo a los ojos me sonrojo. Él me sonríe, lo cual solo hace más intenso el rubor de mis mejillas. –Disculpas aceptadas –respondo saliendo de mi trance –¿a que te referías cuando dijiste que es un buen recibimiento? La parte cruel de mi cerebro piensa que me está mirando de una forma perversa pero tal vez no es así. –A que casi me pateas en la cara –dice horrorizado. Me río. Su cara es un poema. –Oh, ahora la que se disculpa soy yo. –Disculpas aceptadas –me imita. Ruedo los ojos con cierto fastidio. –Idiota –murmuro. Me está imitando. –Yo no hablo así –le ataco. –Claro –dice burlón. Me imita de nuevo pero con una voz más chillona, me indigna porque yo no hablo así. Voy a rebatirselo. Él sonrió ampliamente, pero llegan a interrumpir nuestro momento. –Owen –le llama Leonel llegando a nuestro lado –vamos, tenemos que entrenar. Leonel dirige su vista a donde yo estoy, ya no le miro con odio, ni con enojo, de hecho le miro sin emoción alguna plasmado en el rostro. Parece sorprendido pero no reparo en ello. –Nos vemos después –dice mirándome. Sonrío para él. –Claro Ow –hablo con cariño. Le doy un abrazo y un beso en la mejilla, después me vuelvo para dejarlos solos. Una vez en el auto, estoy esperando a que Cass vuelva. Sé que no lo hará pronto, así que tendré que matar el tiempo. Me recuesto en el asiento y cierro los ojos. Quizá si tomo una pequeña siesta no me vendría nada mal, Morfeo empieza a querer dominarme. –Cami –me habla Tono. –Mmm –respondo. –Cami... –vuelve a decir. –Mmm –contesto otra vez. No obtengo respuesta, abro un ojo y lo encuentro observándome, nos sonreímos mutuamente. –¿Qué sucede? –inquiero incorporándome. –¿De verdad lo harás? –¿El qué? –Pedirle disculpas al imbécil ese –habla enojado. Lo miro dubitativa. –¿Por qué no habría de hacerlo? –Porque no te corresponde, es él quien debería hacerlo. No debía tratar a ambas de ese modo, no son dulces o premios. No puede tratarlas como si de juguetes se trataran. –No debí reaccionar así, él no tiene culpa de ello, yo si. Yo malinterpreté las cosas. –Pero no debió darte alas, no debió de darte a entender algo que no era. –El error fue mío. –Tú no tienes la culpa de enamorarte de un idiota –me dice. –Por supuesto que no la tengo –respondo y parece triunfal –pero si la tengo de malentender todo. Suspira frustrado. –Lo que digas –murmura. Aunque deseo seguir hablando, ya sé que él no continuará porque él no quiere decirme cosas demasiado hirientes. Así es él, cuando sentía que algo rebasa sus límites prefiere darme la razón a decirme algo que sea un golpe bajo y justo eso sucede ahora. Cass llega, como ya esperaba tardó mucho en hacerlo, sé que ha estado con él. Tono arranca el auto y en silencio viajamos hasta casa. El silencio no es tan incómodo, pues ésta vez trato de que se aligere. Ya no me siento enojada, eso se palpa por lo que el viaje fue mejor de lo que había sido en las últimas semanas. El auto se detiene avisando que llegamos a nuestro destino, Cassandra se baja luego y me deja con Tono en un incómodo silencio. Aún no me atrevo a bajar, no quiero irme sin arreglar algo. –Yo... –no sé que más decir –siento haber dicho lo que salió de mi boca, yo... no debí ser grosera. Se queda un momento en silencio, estoy empezando a creer que no me responderá, voy a bajarme cuando su voz me detiene. –No debo meterme en tus asuntos –dice y veo como aprieta el volante. Un nudo se forma en mi pecho, no puede hablar en serio. –No es eso –le digo. Se vuelve a callar y luego dice. –¿Entonces que es Camille? Porque aunque lo niegues tal pareciera que le sigues queriendo. –Y en cierto modo aún lo hago –digo. Sus facciones se deforman. –Pero eso no tiene nada que ver con disculparme o no, simplemente es algo que quiero hacer. Porque no debí comportarme así. Empiezo a entender que no es para mí. –Ya, dejémoslo así, yo no soy nadie para decirte que hacer o que no hacer. Solo no te arrepientas luego. Baja del auto y me deja sola. Algún rato después yo también me bajo, saludo a mamá y a mi nana en mi trayecto a mi habitación. Una vez ahí, me cambio el uniforme y me pongo a hacer los deberes, todo es rápido, solo dejo libre la tarea de Química a la cual no le entiendo, ya buscaría después como hacerla con ayuda del internet. Al termino de mis deberes tomo valor y decido que ya es hora de ir a hablar con ella. Llamo a la puerta, luego de un rato abre y luce muy sorprendida al verme, la entiendo, si estuviera en su lugar estaría igual. Con una seña me hace pasar, me siento en la orilla de su cama. Al principio parece desconcertada, pero cuando entiende que no me iré sin hablar entonces le dejo caer mi discurso. -Estuve pensando los últimos días, desde que sucedió eso con Leonel. Tú y yo nos distanciamos, siento que hay algo que esta mal. Pero a la vez eso me ayudó a ponerme en orden. Me dolió mucho lo que sucedió pero ya entendí que no soy yo la que debería estar con él, sino tú, sé que estuvo mal enojarme pero es que no supe que hacer. Quiero pedirte disculpas por lo que pasó. No debí reaccionar así, pero espero y me comprendas –digo finalizando. Cassandra está paralizada, en parte me satisface dejarla sin palabras, aunque mi parte humilde quiere que no me rechazase y ruego por ello. –Cami –dice encontrando tu voz –no tienes que disculparte. –Claro que tengo que hacerlo, eres mi hermana y te amo a pesar de todo. No concilio la idea de estar enojadas. Sonríe feliz, tiene los ojos un poco aguados y eso me conmueve. –No tengo nada que disculparte Camille –me dijo –yo también te amo. Se acerca y me da un abrazo que le respondo. Al día siguiente llego temprano a las prácticas, busco a Leonel con la mirada pero no le hallo, en vez de eso veo a Owen viniendo hacia mí. –Hola –me dice. –Hola –saludo de vuelta dándole un gran abrazo –¿y Leonel? Me mira extraño sabe que no nos llevábamos muy bien así que le sorprende mi pregunta. Por detrás de él lo veo caminar. –Nos vemos luego –le digo y le doy un beso en la mejilla. Sonríe a modo de respuesta. Me acerco hasta Leonel, me da la espalda por lo que no me ve llegar. –¿Podemos hablar? –pregunto a sus espaldas. Al oír mi voz se tensa y después se gira para mirarme. Su rostro es un total poema.
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