Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Especial”
Katerin no paraba de dar vueltas sobre sí, las manos le sudaban, sentía las piernas débiles, su vista se borraba de un momento para otro, la emoción estaba en su límite. Ni que decir de Alejandro. Un hombre que siempre se mantenía seguro de sí mismo, sereno y sensato, ahora era más que un manojo de nervios. — No puedo, no puedo. Ya no puedo esperar más, quiero verla ahora. Dijo Alejandro a Michael, quien lo desconocía, ya que su forma de comportarse no era la usual. — Tranquilízate, Ale. Ya falta poco, no comas ansias. Ya verás a tu hermosa novia apareciendo por esa puerta. Respondió Michael, tratando de tranquilizar al alterado novio. Por otro lado, Tamara contenía a la nerviosa novia, la cual no paraba de caminar de un lado para otro. — ¿A qué horas me dejaran entrar por esa puerta? No sé porqué mi madre hace que tenga que esperar bastante. Dijo Katerin mirando a Tamara, la cual ya se había mareado por sus constantes vueltas. — Eh, excelente pregunta. Creo que es momento de que intervenga antes de que me dejes en el suelo o que hagas un hueco en el piso. Respondió Tamara aliviada de encontrar una salida ante esta situación. El rostro de Katerin se iluminó, como si le hubieran dado la noticia de que se hubiera ganado la lotería. — Por favor, hazme ese gran favor. Dijo inmediatamente. Tamara asintió y se apresuró a salir. Entre los largos y anchos pasillos se encaminó a buscar a la madre de Katerin, quien junto a Amery concluían los últimos detalles. — Señora Kate, Amery. Díganme que ya será el momento en que Katerin entre en escena. Ella ya está impaciente, quiere ver a su novio, por favor díganle que ya. Rogó Tamara a las despampanantes damas. Kate y Amery compartieron sonrisas y miradas de complicidad, intercambiaron por un largo tiempo su contacto visual, era como si las dos se estuvieran comunicando. Después, voltearon a ver con una sonrisa a Tamara, la cual esperaba su respuesta. — Justamente ahora la íbamos a buscar, dile que ya no se impaciente. En un momento su padre irá para que la conduzca al salón. Respondió Kate. Tamara se sintió aliviada, al fin Katerin se reuniría con Alejandro. La boda por fin comenzaría. — Bien, con gusto le iré a avisar. Respondió Tamara antes de encaminarse nuevamente a donde Katerin se encontraba. Amery y Kate sonrieron, con la presencia de Tamara y la actitud de Katerin, entendieron que ya era el momento para comenzar la ceremonia. — Bueno, no se si estaré así o peor cuando me llegue la hora a mí. Dijo Amery con una sonrisa. — No te preocupes amiga. Estaré ahí para ti, así como tú lo estuviste para mi hija y para mí. Respondió Kate tomando con cariño su mano. Amery sonrió, sus ojos brillantes la contemplaron con aprecio, estaba agradecida de que estuviera a su lado. — Gracias, amiga. Ahora, vayamos al salón y comencemos lo que más añora nuestra pequeña. Respondió Amery. Así pues, las dos damas se dirigieron con felicidad a la habitación donde todas las personas esperaban pacientemente a la novia. Alejandro al verlas entrar tuvo la esperanza de que Katerin entraría con ellas, pero, su ilusión se desvaneció una vez que la puerta se volvió a cerrar. Michael miró su reacción. De un momento a otro le invadió la preocupación, él sabía que tarde o temprano estaría en el mismo lugar que su buen amigo. — Ánimo Ale, que ellas dos hayan llegado quiere decir que ya estará pronto con nosotros tu bella esposa. Le dijo Michael tratando de aminorar su ansiedad. — Eso espero, Mike, eso espero. Respondió Alejandro asimilando sus nervios. Los invitados miraban sorprendidos la cuidadosa decoración que había tenido Kate en compañía de Amery, las dos estaban listas para planear bodas. El momento esperado y anhelado por los dos novios había llegado, al fin las puertas se abrieron, la orquesta comenzó a tocar la música nupcial. La atención recayó en la feliz novia que se encontraba en el marco de la puerta junto a su padre, quien la sostenía del brazo. Con pasos pequeños y serenos comenzaron a avanzar. — Ay, no puedo creer que ya haya llegado el día. Murmuró Katerin para sí misma mientras avanzaba más y más cerca a Alejandro. Alejandro sonreía, solo ver lo linda que se veía en ese vestido blanco que en tallaba su hermoso cuerpo, su ramo de rosas de color rosa, su cabello oscuro recogido y un lindo tocado junto a su respectivo velo. A pesar de la delicada tela, pudo ver la expresión de emoción que su amada tenía. Sus ojos con los suyos conectaron, por un momento se desconectaron de todos los demás y se centraron en contemplarse. Al fin, Katerin llegó hasta donde estaba Alejandro. Su padre le entregó a Alejandro a su hermosa hija. — Cuida de mi hija, ella es nuestro mayor tesoro. Les deseo mucha felicidad y suerte en su matrimonio, mis queridos hijos. Dijo Denilson cediendo el brazo de Katerin para que Alejandro la tomará. — Gracias señor, prometo cuidarla y hacerla feliz. Contestó Alejandro de manera segura, tomó su brazo y lo entrelazó con el suyo. Con pasos armoniosos terminaron de caminar el tramo que les faltaba, al fin estuvieron frente al ministro que tenía lista su acta de matrimonio. La orquesta dejó de tocar y ahora dejaron que el ministro comenzará a decirles lo que por protocolo debía de hacer. Katerin y Alejandro se tenían frente a frente, sus ojos se volvieron a conectar. Sus mentes y almas vagaron juntos, se perdieron de todo lo que los demás decían y se adentraron a su propio mundo. El ministro terminó su discurso, fue en ese instante en que procedió a que se empezará con lo que seguía en el procedimiento. Amery en compañía de su despampanante y lindo prometido se aproximaron en la pareja que no paraba de mirarse el uno al otro. — Alejandro, Katerin, es momento de que tomen los anillos y los coloquen sobre sus dedos, vamos. Les indicó con una voz baja. Estos tortolitos no reaccionaban, se mantenían hundidos en su propio mundo. Henry ignorado le dio una pequeña palmada a Alejandro para que reaccionará. Katerin al igual que Alejandro volvieron al instante, con una sonrisa apreciaron que el momento crucial había llegado. — Repito una vez más. Usted, Alejandro Magno promete cuidar, respetar y amar a la señorita Gyuri Katerin, en las buenas y en las malas. Alejandro no pensó ni dos veces y aceptó aquello, después, pasó el turno de Katerin, el ministro apenas comenzaba a decir unas palabras cuando Katerin lo corta y le dice que acepta. El ministro sonrió, se sintió contento de ver una entusiasmada pareja que ya deseaba concretar su bello lazo. — Bien, ahora los anillos y después pueden regalarme sus firmas, también requiero a los testigos. Mencionó el ministro con una sonrisa. Alejandro tomó el anillo que Amery traía en su cojín, mientras que, Katerin tomó el qué Henry tenía. Los dos no lo pensaron dos veces y se colocaron sus respectivos anillos. Luego, firmaron donde les correspondía. Michael y Tamara pasaron con alegría a firmar su acta, con felicidad los miraron y le desearon lo mejor. Cuando todo estuvo listo, el ministro dio por finalizado el proceso. — Bien, por el poder que me otorga la ley, yo los declaró marido y mujer, puede besar a la novia. Dijo contento. Alejandro ni siquiera espero a que el hombre terminará de decir aquellas palabras cuando quitó el velo y lo echó hacia atrás, dejando al descubierto el radiante rostro de su ahora amada esposa, con delicadeza tomó sus mejillas y se permitió unos segundos para contemplarla. Lentamente se acercó a ella, hasta que sus labios rozaron y sus bocas finalmente se unieron. El danzar de sus lenguas y sus labios fue el punto culminante de aquella hermosa ceremonia. Los invitados comenzaron aplaudir con alegría, deseándole lo mejor a la feliz pareja. Katerin y Alejandro finalmente estaban contentos de que fueran marido y mujer.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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