Y, ¿si tan solo nos amamos?

“¿Es un sí?”
Poco le duró el desconcierto, maldijo por dentro, volteó a ver el rastro de la huida que había emprendido Alejandro e imaginó todo lo que le haría después de volverlo a ver. Alejandro comenzaba a hacer de las suyas, y eso lo sabía perfectamente. — Tamara, yo... Comenzó a decir Michael. Las manos le temblaban, el corazón le palpitaba desenfrenadamente, la chica que quería estaba frente a él. Tenía tantas ganas de decirle lo que estaba sintiendo por ella. Tamara lo miró con desdén, ella se negaba a volver a sentir lo que en su momento había vivido, por mucho tiempo se había resignado a no amarlo y olvidar toda esperanza de vivir una vida a su lado. — Michael, gusto en verte. ¿Cómo has estado? Dijo Tamara de manera educada. Después de todo, él había sido claro con ella en su momento, además, por si fuera poco, él le había impartido clases, las cuales habían ayudado bastante en su formación académica. Michael se emocionó, ella le hablaba con naturalidad. «Vamos, Michael. No te quedes callado, habla con ella, hazlo, vamos. Tu oportunidad es ahora, no la pierdas» se ánimo a sí mismo. — Eh... He estado bien, gracias. También me da gusto verte, ¿cómo has estado tú? Contestó Michael a duras penas. El chico seguro de sí mismo, que aparentaba en el pasado se había perdido. Tamara notó el gran cambio que tenía con ella, su actitud no era la misma a cuando se habían visto la última vez, algo había cambiado en él. — Estoy bien, gracias. Respondió esbozando una sonrisa pequeña. El ambiente entre ellos dos fue invadido por un momento de silencio incómodo. El ir y venir de los carros, el pasar de las personas y los demás ruidos externos solo eran un simple sonido de fondo en el escenario que ellos dos estaban protagonizando. Sumergidos en sus miradas, Michael sintió la necesidad de preguntar más, tenía curiosidad de la chica que una vez lo amo. — Y, ¿cómo te ha ido? Solo un día te fuiste y ya no supe nada más de ti. Dijo Michael, al fin rompiendo el muro que se había formado entre ellos dos. Tamara asintió. Había pasado tanto tiempo que se había alejado de todos ellos, en donde sólo esperaba olvidarlo y no saber nada más de lo que había sido de su relación con Katerin. — Bien, como puedes ver y creo que ya te han contado. Me convertí en una reconocida modelo. Ahora he venido por la boda de mis dos mejores amigos, pero... — silenció lo último, ella no estaba para contarle todo, a penas se veían, no eran tan cercanos y no podía darle información que no le había pedido. Michael se dio cuenta de lo último, sin embargo, prefirió no insistirle. — Que bien, me da gusto que los acompañes en su felicidad. Eso quiere decir que después, ¿te irás? — Posiblemente sea así. Respondió mirando su reloj, como si tuviera algún compromiso. Al escuchar su respuesta, Michael sintió la necesidad de pedirle que se quedará con él, pero, sabía que eso sería egoísta de su parte. Tamara continuamente miraba a sus lados, buscando una excusa perfecta para escapar del hombre que aún ocasionaba que su corazón se estremeciera con locura. «Cálmate corazón, no puedes amarlo, él no puede seguir siendo tu dueño, debes borrarlo de tu memoria» se decía a sí misma dentro de sus pensamientos. Una batalla interna permanecía en su interior, luchando por obtener la victoria en los sentimientos de Tamara. Por una parte, los que gritaban que dejara atrás a Michael y por otro, el que gritaba con fuerza que lo besara y que jamás lo dejara ir. — Bien, me dio gusto saludarte. Si no sucede nada y todo sale bien, nos estaremos viendo en la boda de nuestros amigos. Nos vemos, luego. Dijo Tamara comenzando a alejarse de Michael. Lejos de ellos dos, Katerin y Alejandro se encontraban observando aquella escena. Katerin comenzaba a desesperarse por lo lento que los dos estaban siendo. — ¿No puedo intervenir entre ellos dos, aunque sea un poquito? Preguntó con ternura a Alejandro, quien negó con la cabeza. — No, no puedes. Ellos deben de darse cuenta por sí mismos. Respondió acariciando con cariño su sedoso cabello oscuro. Katerin sabía que él tenía razón, por lo que se dedicó a estar entre sus brazos y observar a la bella pareja. Tamara comenzaba a alejarse de Michael, él quien sabía que hacer en ese momento, tenía la intención de decirle que la amaba, quería gritar que todo esté tiempo la había encontrado bonita e interesante, pero su obsesión por estar al lado de Katerin lo había cegado. — Tamara, yo... Dijo Michael tomando de su brazo y volteando la hacia él. — ¿Qué... Pronunció aquellas palabras, aunque fueron silenciadas por los suaves labios de Michael. Tamara se asombró, no podía creer que realmente él la estuviera besando. Por todo este tiempo, había tratado dejar atrás sus sentimientos y él ahora venía como si nada a hacerlos resurgir desde el fondo de su corazón. Ella no disfrutó de su beso, se alejó bruscamente de él, lo miró despectivamente y le propició una cachetada. — No vuelvas a hacer esto, por favor. No estoy para este tipo de bromas ni cosas, es cierto que en algún tiempo te ame, pero ahora, las cosas han cambiado. Yo... Yo ya te olvide. Respondió con dureza, se giró y comenzó a caminar nuevamente. Michael se quedó pasmado, se sobó la mejilla y miró como se iba lentamente de él. Sabía que lo que había hecho estaba mal. Katerin y Alejandro como espectadores de aquel percance que Michael había tenido con Tamara, supieron que no podían dejarle las cosas así a él, por lo que, se propusieron echarle una mano. Una ayudadita no le caería mal a Michael. — Hey, Mike. No te quedes ahí, ve y pídele perdón. Apúrate, sino no podrás hacer nada. Gritó Katerin. Michael se giró con desconcierto, miró a la feliz pareja en un extremo de la esquina con los brazos cruzados y la mirada fija hacia él. — Deja de mirarme y corre hacia ella, hazlo ahora. Le bramo con su ceño fruncido. Michael lo último que quería era enfadar a Katerin nuevamente, por lo que, decidió hacer uso de la razón y siguió a Tamara. Quien, con los ojos empañados y con las lágrimas rodeando sus mejillas se apresuraba a salir de ahí. Michael se armó de valor y la tomó de la mano, la trajo hacia él y la abrazó. Tamara no supo ni que hacer, él la retenía con sus brazos. — Lo siento, Tamara. Se que no debí haber hecho eso. Te pido que me perdones, prometo no volver a hacerlo. Por mucho tiempo no supe lo que sentía, siempre pensé que amaba a Katerin, pero, eso no era cierto. Muy en el fondo sabía que no era así. Dijo Michael sin soltar a Tamara. Ella lo escuchó claramente, aquel hombre le comenzaba a abrir su corazón y le estaba contando un secreto que jamás se hubiera imaginado. — Antes de que digas algo más, necesito decirte todo lo que ocurrió. Cuando estuve contigo dándote clases y te trataba fríamente, cuando te avergonzaba o cuando te molestaba, realmente era algo que disfrutaba hacer, por alguna extraña razón dentro de mi ser sentía que tú eras alguien especial. - Michael paró, recordó el momento en que la había hecho triste, cuando ella no quería seguir con sus clases- Cuando ese día te vi callada, triste y estresada, mi corazón se estrujo, me dolió. No quería verte así, yo... En ese momento no entendí. Terminó de decir Michael. Tamara al estar tan cerca de él, fue capaz de escuchar el ritmo agitado de su corazón, sus palabras y sus sentimientos eran sinceros. Michael estaba confesando su amor por ella, la cual no se había dado cuenta de eso. — Yo te amo, Tamara. Si me lo permites, procuraré hacerte feliz, yo te quiero demostrar todo lo lindo que puedo hacer por ti. Si solo tú me das la oportunidad, prometo... Tamara no espero ni un segundo más, las palabras que siempre había querido escuchar al fin estaba escuchandolas. Él la amaba, y ella también lo quería. Lo calló con un beso. Alejandro y Katerin saltaron de felicidad, se sentían tan alegres de haber logrado que sus amigos estuvieran juntos como en alguna ocasión lo habían deseado. — Eso quiere decir que es un sí, ¿No? Contestó Michael después de aquel beso que ella le había dado. — Claro que sí, promete que me harás feliz. — Lo prometo. Respondió para luego volver a besarla.
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