Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Proceso de conquista”
Michael se quedó en shock, sus dos amigos habían dicho lo mismo, él definitivamente estaba perdidamente enamorado de Tamara. La bella joven que encantaba las pasarelas en las que se presentaba. — No puede ser... Digo, es que... Comenzó a decir con desconcierto. Alejandro sonrió, sabía que Michael reaccionaria de esa manera. No podía evitar sentir felicidad y pena por él. Por una parte, porque su amiga es una maravillosa persona y a la vez, porque cuando ella se enfada es como si estuviera presencia de un demonio. — Es verdad lo que Katerin te mencionó. Estás enamorado de Tamara, pero... - silenció un momento, lo miró con una sonrisa y lo abrazó - No te preocupes tanto, aquí tienes un amigo que te ayudará a conquistarla. Dijo Alejandro, brindándole su apoyo. Michael sentía que no merecía a un amigo tan bueno cómo lo era Alejandro, aún seguía lamentando lo que había hecho en el pasado. — Alejandro... No sé cómo es que aún después de todo lo que te hice a ti y a Katerin, no sé porqué ustedes se portan bien conmigo. Yo... No los merezco. Yo… Alejandro negó con la cabeza, se acercó nuevamente a él y lo abrazó. Le dio palmaditas en su espalda. Michael no comprendía lo que él hacía. — No digas eso, no debes de sentirte de esa manera. Es normal que cometas errores, todos los cometemos, nadie se salva. Aunque, bueno, hay unos que no pueden perdonarse por algunas personas y eso es respetable. - Alejandro se apartó de él, lo tomó de los hombros y lo miró a los ojos- Pero, no por eso te vas a sentir miserable, debes continuar tu vida, lo que pasó ya fue, no es necesario que te reproches o que te sientas mal, si sabes que lo que hiciste mal hirió a alguien, simplemente pídele una disculpa sincera, si te perdona bien y si no, pues también. Michael miraba con admiración a Alejandro, sus palabras podían darle alivio a su corazón, lo que él decía era totalmente cierto. Sin dudas, Alejandro era un hombre sensato y sabio. — Alejandro... Gracias. — Espera, no he acabado. Dijo Alejandro aún mirándolo con serenidad. — Está bien, te escucho. Respondió Michael prestándole toda su atención. Alejandro tenía tantas cosas que decirle. A través de sus ojos había visto diferentes emociones y experiencias que había vivido. Si bien, Michael no era un mal hombre, sólo que por años no se había tenido confianza a él mismo, todo el daño que había recibido lo había formado. Asimismo, su personalidad. — Deja atrás todo, deja esa idea, no te sientas inferior, tú como todos eres una persona valiosa, nunca más me digas esas palabras. Por favor, jamás las vuelvas a pronunciar en mi presencia. No considero que seas alguien menos, ni que yo sea lo suficientemente perfecto para no ser alguien que pueda ser tu amigo o estar junto a ti. Terminó de decir Alejandro esbozando una sonrisa. Las lágrimas brotaron de los ojos de Michael. Alejandro había logrado tocar su herido corazón, en ese momento, ni siquiera le importó que él lo viera llorar. Además, eso no era nada malo. Alejandro le dio unas palmaditas en su espalda y le permitió ese momento para que se desahogara. Más tarde, cuando finalmente se tranquilizó, Alejandro le extendió su pañuelo. Michael sin dudar lo tomó y le agradeció. — Gracias, Ale. En ti he encontrado un confiable amigo, gracias por tu amistad y perdona por mis lágrimas. Dijo limpiando el rastro de su llanto. — No te preocupes, eres libre de expresarte. Llorar no te hace poco hombre, al contrario, demuestra lo valiente que eres por demostrar tus sentimientos. Respondió Alejandro mostrándole una sonrisa. Michael por primera vez se sintió cómodo, ahora más que nunca veía que había sido una gran elección haber hecho las pases con Alejandro. — Muchas gracias, amigo. — Bueno, creo que tenemos mucho trabajo por delante. Moveré algunos trabajos para ayudarte. Ya verás que lograrás aprender más sobre Tamara y sus gustos. Mencionó Alejandro tomando el teléfono y marcandole a su secretaria. Después de informarle, Alejandro y Michael salieron de la oficina, el momento de poner en marcha el plan para conquistar a Tamara comenzaba ahora. ... Por mucho tiempo hablaron sobre los gustos, habilidades, defectos, pasatiempos y otros datos sobre Tamara. Lo que Alejandro le estaba compartiendo le resultaba útil, a través de sus relatos y palabras estaba conociendo una nueva faceta de la adorable chica que se ocultaba en la ahora misteriosa y glamorosa mujer que era Tamara. — Le encantan los chocolates, si alguna vez se enfada contigo por algo que hiciste accidentalmente o que hayas olvidado algo, no dudes en regalarle un paquete de estos. Mencionó Alejandro señalando un paquete de chocolates en barra. — De acuerdo, gracias por el consejo. Alejandro tomó uno de los paquetes y lo llevó consigo a pagar en caja. Michael lo miró extrañado, no podía entender porque lo hacía en ese momento. Cuando salieron de aquella tienda, Michael no se aguantó más, su curiosidad no paraba de insistir le. — ¿Has molestado a Tamara? Alejandro sonrió ante su pregunta, la respuesta se respondería en la brevedad posible, Michael se daría cuenta de lo que había preguntado en unos pocos segundos. — Aún no, pero, creo que en unos momentos lo haré. Respondió disminuyendo su tono de voz y diciendo lo último en un susurro. Michael no comprendió del todo su respuesta, estaba a punto de preguntarle una vez más, sin embargo, se quedó estático al ver a la hermosa castaña que esperaba con ánimo a Alejandro afuera de su automóvil. — Aleito, Ale, Alejandrito querido, que gusto volver a verte. Exclamó Tamara con una gran sonrisa. Ella corrió a abrazar con cariño a su amigo, quien era como su hermano pequeño. Como si se tratará de una madre sobreprotectora tomó con delicadeza su rostro y comenzó a examinarlo con detenimiento. — Creciste bastante, ya eres todo un hombre hecho y derecho. Ya hasta te me vas a casar. Estoy orgullosa de ti. Dijo con emoción. — Eh... Bueno, solo fueron como 3 años que no nos hemos visto, no es para tanto. Respondió Alejandro dedicándole una sonrisa. — ¿Cómo no va a ser mucho tiempo? Estuve sola por mucho tiempo, no sabes las ganas que tenía de venir y estar contigo perdiendo el tiempo como solíamos hacerlo. Extrañe esos buenos momentos. Contraatacó Tamara dándole un pequeño golpe en el hombro a Alejandro, quien solo se limitó a sonreír con diversión. Él también la había extrañado bastante, ella era su hermana de crianza, por tanto tiempo se había acostumbrado a su peculiar manera de ser. — Estaba bromeando, claro que te extrañe. Tanto tiempo desee tener a mi compañera de locuras. Gracias a tu ausencia me mantuve alejado de todos los lugares a los que íbamos, siempre que intentaba pasar un buen rato no lo conseguía. Me da gusto volver a verte, Tata. Dijo Alejandro abrazándola. Tamara sonrió, aunque, se molestó por haberla llamado de esa manera, bastante tiempo tenía que no la llamaba así. Michael los observaba sorprendido, jamás se hubiera imaginado que ellos dos tuvieran esa cálida relación, podía ver lo cercano que eran. Cualquiera que los mirará podía decir que ellos son hermanos. — Acabo de estar con Katerin, está emocionada con lo de su boda. Realmente te admiró, amigo. Perseveraste, te esforzaste y te mantuviste a su lado hasta que su corazón se inclinó hacia ti. En serio que... — me hubiera gustado ser como tú— quiso decir Tamara, sin embargo, se obligó a callar, nada ganaba con lamentarse, además, se había jurado que no volvería a sufrir por eso. Alejandro comprendió lo que significaba ese repentino silencio, sabía que, ella aún sentía algo por Michael. Lo cual, por supuesto ayudó que Alejandro se sintiera más aliviado por lo que estaba a punto de hacer. — Toma, Tamara. Espero que después de esto no vayas a venir a mi boda, pero, hazlo por Katerin, ¿de acuerdo? Dijo Alejandro entregándole los chocolates. — ¿De qué hablas? ¿Por qué me das esto? Preguntó confundida. — Espero que se puedan entender bien, nos vemos después, se cuidan. Respondió Alejandro mientras corría a su auto. Tamara sólo vio como su amigo partía, dentro de ella la duda surgía, no entendía sus palabras. — ¿Qué habrá querido decir Alejandro? No entiendo... Se dijo a sí misma mientras se giraba. Se paralizó al ver frente a ella a la persona que más amaba, su amor no correspondido, Michael la contemplaba.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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