Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Un alivio para tu corazón”
La agitación que se desencadenó después de aquel forcejeo, permitió que los policías retomarán sus posiciones y se acercaran más al criminal. Amery se encontraba aún en el suelo, estaba estática, Henry había intercedido y la había librado de aquel loco. Solo que no salió del todo ileso, si bien había podido desarmarlo pero no escapar de aquella bala. Con suerte, la bala apenas había rosado su hombro izquierdo. Su camisa blanca comenzaba a teñirse de rojo. La caliente sangre brotaba de aquella superficial herida. Nicolás fue apresado por los policías, lo esposaron y lo levantaron del suelo. Ese loco pagaría por sus fechorías. — Me las pagaran, juro que un día volveré por ustedes, jamás permitiré que sean felices. Retomaré lo que es mío. Gritó mientras los oficiales lo conducían a la patrulla. Katerin se apresuró junto a Alejandro y Kate a ver como estaba su madre Amery. Al estar cerca de ella, la examinó cada milímetro de su cuerpo y verificó más de una vez que ella estaba bien, salvo que unas raspaduras que tenía por la caída que anteriormente había sufrido. — Henry, Henry. - comenzó a decir Amery con preocupación - ¿estás bien? ¿Duele mucho? Por favor, llamen una ambulancia. Comenzó a decir preocupada. — Tranquila, madre Amery. Alejandro ya llamó, ya viene en camino. Respondió Katerin. Amery se tranquilizó un poco, se acercó más a Henry y lo tomó entre sus brazos. Lo contempló con una expresión serena. Él no quería preocuparla más de lo que ya estaba, por lo tanto, se obligó a mostrarle una sonrisa. — Estoy bien, Amery. No te preocupes. Respondió contemplando aquel bello rostro, esos lindos ojos estaban cristalinos. Las lágrimas amenazaban por salir. Ya no podía negar que lo amaba, ni mucho menos, podía estar ocultando más lo que sentía por él a las demás personas. — Henry, ¿por qué te arriesgaste por mí? Solo soy una mujer vieja, yo... — No digas eso, tú no estás vieja. Eres hermosa y aún estás joven. Además, hice aquello para no perder a la mujer de mi vida. Tú eres la única que ha hecho que mi corazón se acelere de una manera tan fenomenal. Eres la luz que brilló en la oscuridad que estaba atravesando. Llegaste a mi vida en el momento adecuado, por lo que... No me importa arriesgar nada, tú eres lo más importante para mí. Dijo Henry interrumpiendola. Los ojos de Amery fueron invadidos por las lágrimas, aquel joven la había hecho sentir como nunca nadie más lo había hecho después de tantos años. Podía darse cuenta de lo mucho que la quería. — Henry, te amo. Ahora no puedo ocultarlo, me has hecho sentir como ningún hombre lo ha hecho hasta ahora. Gracias por ver lo que ni yo misma veía en mí, y por salvarme. Respondió Amery acunando su mentón con sus manos y mirándolo detenidamente a los ojos. — Te amo, Amery. Katerin y Kate suspiraron, la emoción invadió en sus corazones, estaban felices de que Amery se encontrará bien. Además, de que había encontrado el verdadero amor. Los paramédicos arribaron al salón y trasladaron a Henry a la ambulancia, Amery fue junto a ellos. Katerin y Kate la siguieron en el coche de Alejandro. Esa tarde fue la más ajetreada para todos. Amery permaneció al lado de Henry, asimismo, los oficiales tomaron sus declaraciones de ambos, y, de Katerin y la señora Kate. Por casualidad de la vida, su padre, Denilson estaba internado en aquel hospital. Por lo que, Kate y Katerin se apresuraron a verlo. Al llegar a su habitación, se le indicó que sólo se podía entrar una persona a la vez. Katerin le cedió el turno a su madre, Kate aceptó, habían tantas cosas que los dos tenían que hablar. Mientras tanto, Katerin se quedó afuera con Alejandro. — Cariño, me preocupe bastante cuando supe que Nicolás las tenía atrapadas. Comenzó Alejandro tomándola de las manos y mirándola con ternura. — Lo sé, si te soy sincera, yo misma estaba preocupada, me invadía el temor de no volverte a ver. Confesó Katerin mirándolo con sinceridad. — La verdad, no se que haría sin ti. No me imagino una vida si no estás conmigo. Dijo abrazándola con cariño. Las enfermeras que estaban de guardia los miraron con ternura. El amor entre ellos se notaba desde lejos. Dentro de la habitación, Kate contempló con una sonrisa a aquel hombre que tanto había amado. Al fin, los dos tenían la oportunidad de hablarse, después de tantos años lejos uno del otro. Unas lágrimas de felicidad salieron de sus ojos, el corazón le palpito como si fuera la primera vez que lo veía, sus cuerpos habían cambiando bastante, pero el sentimiento en su corazón aún prevalecía. — Denilson, amor, cariño. Comenzó a decir mientras se acercaba a la cama donde se encontraba postrado. Él extrañado volteó a ver a donde provenía aquella dulce voz que tanto tiempo había soñado y escuchado en sus alucinaciones, donde la tristeza y la amargura de las noches le invadía, solo su recuerdo lo había mantenido con vida. — Kate, ¿eres tú? ¿Realmente eres tú? Preguntó con sus ojos llenos de felicidad. El reencuentro de estos dos amantes que habían sufrido tantas injusticias y tanto dolor, ahora finalmente podían ser felices juntos. — Soy yo, soy tu Kate, tu querida Kate. — Dime que no eres una ilusión, dime que no te desvaneceras en el momento que te toque. Imploró Denilson contemplándola con cariño. — No, no lo haré. Estoy aquí contigo, soy real, estoy viva. Respondió acercándose más a él, estaba a punto de tomar su mano, pero él la alejó bruscamente. Ella con gran desconcierto lo miró. No entendía porqué la rechazaba, tan solo quería sentir el tacto de sus manos, la calidez de su cuerpo y la sensación de que volvía a estar viva. — No temas, no desapareceré, te lo aseguro. No lo haré. Le dijo acercando nuevamente su mano. Denilson la observó con recelo, él comenzaba a creer que su mente le estaba jugando una mala broma, ella no podía estar ahí, esta mañana antes de enfrentar a Nicolás, él mismo había ido a su lápida. — Tómame, te prometo que no me iré, jamás lo volveré hacer hasta que la muerte nos separé, incluso si muero te esperaré si hay otro mundo y si reencarno volveré a amarte, porque tú eres y seguirás siendo el único hombre que he amado en mi vida. Confesó finalmente tomando sus manos. Denilson se estremeció, ella estaba con él, ella estaba viva. No era ningún producto de su atormentada mente. — Kate, ¿Cómo es posible... Habló con lágrimas en sus ojos. La emoción y la felicidad lo invadieron, años de esperar la muerte sólo para reencontrarla ya no eran necesarios, ahora por alguna dicha de la vida ella estaba a su lado. La espera había valido la pena, no le importaba lo que sucediera en el futuro solo permanecer a su lado como lo habían planeado cuando eran jóvenes. — Te lo contaré, pero en otra ocasión, lo importante es que nos volvemos a ver y tener, estoy tan contenta de que aún me ames. Yo te sigo queriendo. Yo supe todo lo que pasaste, inclusive estaba por buscarte cuando ese desgraciado me hizo creer que estaba por morir y me capturó. Dijo con coraje recordando aquel terrible momento. Nicolás había arruinado su felicidad. Sin embargo, ahora él lejos de ellos podían comenzar de nuevo. Denilson se ahorró las palabras y la jaló a su lado, con cuidado Kate lo abrazó. Para ellos su amor seguía intacto como lo habían dejado. Katerin y Alejandro los miraban por la puerta entre abierta. — Katerin, me gustaría que nuestro amor sea como el de tus padres. Confesó Alejandro con una sonrisa. — Ya verás que así lo será, prometo amarte hasta el último de mis días, mi amado. De mí no te escaparás. Permaneceré junto a ti. Respondió dándole un tierno beso en la mejilla. — Katerin, solo tú serás la única en esta vida y en las que sigan, te amaré por siempre. Contestó Alejandro devolviéndole aquel beso tímido que ella le había dado.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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