Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 16
Viéndome desde un punto de vista objetivo... ¿Cómo me veo? No tengo ni la más remota idea. En todo lo que resta del día no hablamos, siempre quiere acercarse, pero mis miradas intimidantes son suficientes para que no lo haga, sé que tengo que hablar con ella pero aun no estoy lista. Probablemente estoy siendo la chica más inmadura que el mundo haya visto pero era necesario para mí bienestar mental, debo tranquilizarme antes que nada, no puedo ser impulsiva. Cabeza fría Camille. Las cosas que uno hace por si mismo, aun no quiero oírla, porque en cierto modo ya no le creo. Tono me dijo que tarde o temprano tendremos que hablar, y estoy de acuerdo con él. Pero como ya dije, no ahora. El auto se detiene frente a la puerta del instituto, Cassandra baja de inmediato, supongo que no soporta el silencio por eso se va, pero poco me importa. Deja la puerta abierta, me acomodo para salir y veo la mano que Tono me tiende, la acepto. Al salir me sonríe y le devuelvo el gesto. En momentos como éste es cuando en verdad agradezco que él exista en mi vida. ¿Que haría sin él? Seguramente ya estaría llorando y cosas estúpidas que al orgullo le hacen mal. Desde el viernes que descubrí la traición de Cassandra, confirmé la de mi padre y que me encontró destrozada en mi habitación estuvo conmigo. Si estoy exagerando, no debo fijarme en ello. Había estado distante desde que le confesé que estoy colada por Leonel, pero aquel día derribó sus muros solo por mí y desde entonces a estado en todo momento conmigo, no como él quiere pero si como un verdadero amigo, me ha dado mi espacio y eso lo agradezco. Me pregunta como estoy y no deja que me hunda en la miseria, en verdad aprecio lo que hace. Estoy de pie frente a él, su fascinante mirada me atraviesa. ¿Qué es eso que te hace sentir una persona y no sabes describir? Es raro pero lo siento, al menos cuando estoy así con él. Niego sacando esas ideas de mí. –¿Segura que estarás bien? –me pregunta. Es la tercera vez que me lo pregunta, me lo preguntó antes de salir de casa y mi respuesta fue la misma que ahora. –Claro que si Tono –digo tranquila tratando de contagiarlo con mi tranquilidad. –Cami, sabes que podemos ir a cualquier lugar, después aparentamos como si hubieses venido a clases y nada pasó. Las cosas que podía hacer por mí. Está loco definitivamente. –¿Me estás proponiendo faltar? –le pregunto asombrada. Estamos cerca,  los ojos de ambos están en los del otro. –Cuando se trata de tu bienestar hago locuras –me dice. Niego. –Ya lo sé –digo agradecida –pero voy a estar bien –le aseguro y sé que me cree. –Está bien –dice sonriendo para darme ánimos –demuéstrales de que estás hecha mi chica de acero. Sonrío por su sobrenombre. –Seguro que si –le contesto y sonríe satisfecho. Me toma de las mejillas y pareciera que me va a besar pero no lo hace, en lugar de eso me lo da en la frente. –Nos vemos luego –le digo. –Llámame si me necesitas. Asiento y lo veo irse. El corazón me palpita como lo loco, pero no sé por qué. Son nervios. ¿Por la acción de Tono? ¿O por la reacción de Leonel por mi nueva actitud? Avanzo hasta la entrada donde veo que Leonel y Cassandra están, ¿acaso me esperan? No es algo que me interese, sigo el consejo de Tono. Con todo de mi parte dejo al descubierto mi parte altanera y soberbia, ese lado de mi no me es tan grato pero suelo usarlo cuando me lastiman o cuando creo que lo harán y en este caso ya lo hicieron. Paso a su lado, no pienso hablarles, pero él no está dispuesto a lo mismo. –Cami –me dice con suavidad. Vuelvo la mirada y me detengo. Sé que en algún momento lo enfrentaré y mejor de una vez por todas. Lo miro como si fuera inferior, trato de intimidarlo, de hacer que solo vea témpanos de hielo en mi mirada. –¿Si? –digo soberbia. Aunque Leonel no lo nota, yo sé que Cassandra ve como me estoy burlando de él y sé que eso le molesta. –Pensé que no me hablarías –dice. Parece apenado e incluso diría que nervioso, pero eso tampoco me importa. Al menos eso me repito. –Y no pienso hacerlo –le respondo burlona –solo te doy el placer de saberlo. Sin decir más me largo de ese sitio. Me siento alejada de los traidores, así es como los considero ahora. No es que sea caprichosa y me haya encaprichado con el chico sino que él me dio una puñalada por la espalda, sabía que siento cosas por él y le importó un rábano lo que sintiese. No digo que está mal lo qu siente, sino que es el hecho de que está con mi hermana. Con respecto a ella lo digo por el hecho de que le pregunté si estaba bien con lo que siento, o si no sentía algo por él y lo negó, lo negó totalmente y me siento traicionada, en gran medida para ser sinceros. Charlie llega y se ubica a mi lado. –Hola –me dice con una sonrisa tímida. –Hola –le digo con una enorme sonrisa. –Siento mucho lo que sucedió. –Yo no –respondo frívola, ella abre mucho los ojos. Le sorprende mi actitud, eso me hace sentir satisfecha. –La verdad es que odio a los traidores y sobretodo que me mientan. –Cami –me dice. –No Charlotte –hablo –estoy bien, descuida. –Sabes que estoy contigo –me dijo y asiento agradecida. Le regalo una mirada dulce. Al sonar la campana salgo de clase, Charlotte vino conmigo, seguida de George. Me siento y ellos me siguieron, voy por mi comida luego volví a sentarme, me como el sándwich y bebo mi jugo, dejo la manzana para el final. Esa me la comería después. –¿Hiciste la tarea de Literatura? –me pregunta George. –Si –respondo. –Estaba un poco complicada. –Solo un poco –confirmo. Él piensa continuar con la conversación pero de pronto se queda mudo, a lado de él se sienta Cassandra y Leonel, aprieto la mandíbula con furia. ¿Piensan seguirme siempre? Me levanto bruscamente llamando su atención, tomo la charola para llevarla a su sitio. –Nos vemos en clase –anuncio pero solo miro a George y a Charlie. Vuelvo a pasar frente a su mesa, ésta vez no les dedico ni una mirada. No la merecen. Estoy siendo inmadura yo misma lo sé pero en ese momento me puede más el dolor y la traición que cualquier otro sentimiento. Me refugip en la biblioteca, en este momento es el único sitio que siento seguro. A la hora de la práctica trato de sacar mis frustraciones en la rutina y milagrosamente lo consigo pues cuando ésta termina me siento más relajada. Solo voy a los vestidores por mis cosas y después avanzo hasta el auto de Tono que me espera. Los demás días los paso lo más fuerte que puedo, no es como que de la noche a la mañana todo lo que siento se va a borrar, mucho menos el enojo y la traición que siento por parte de ambos, pero en todos esos días Tono está conmigo. Hay instantes donde me siento débil, no solo por su traición, porque no es la única sino también por la de mi padre pero trato de sobrellevarlo. Porque eso he aprendido en los libros, para ser mas específicos en el de Og Mandino, El vendedor mas grande del mundo. 'Esto también pasará.' Y tiene razón, porque lo que siento en este instante probablemente no lo sentiré al siguiente o no lo sé pero sé que lo que siento se irá y cambiará, porque de eso se trata todo. Quizá esto está pasando solo para que al fin Tono y yo estemos juntos, pero sobretodo para que yo me de cuenta de que tal vez en verdad si siento algo más que amor de amigos por él. La verdad es que no lo sé. Esos días se escurren como agua, empiezo a pasar más tiempo con Tono, lo hacemos en el plan de amigos. Él lo tiene más que claro pues en éste momento no quiero sentir más que su amistad. Empezamos a recuperar los tiempos que fuimos perdiendo por culpa de la escuela y los sentimientos que se empezaron a interponer. Me gusta estar a su lado y al parecer él también disfruta de eso. En clases trato de ignorarlos, sigo sin hablarle a Cassandra y cuando me pregunta algo frente a mis padres finjo a la perfección como si nada sucediera. Con Leonel no tengo ningún trato, solo en ocasiones nuestras miradas se cruzan pero aún así le muestro lo mucho que estoy resentida con él y parece entenderlo porque desvía la mirada. Ha pasado ya una semana desde que supe lo que están comenzando y al parecer siguen juntos. Es lunes. Me sorprende como he soportado estos días. El martes por la mañana entro a mi clase habitual, no tengo muchos ánimos de entrar a clase pero aún así lo hago. Me siento a lado de Charlotte que ya está sentada. –Hola –saludo pero no me responde. Parece ida. Frunzo el ceño. –Charlotte –digo otra vez. No hay ninguna respuesta. –Charlie –casi grito y salta en su asiento, casi se cae. Me voltea a ver y me fulmina. –Perdón por interrumpir tu viaje –hablo sarcástica. Me mira mal de nuevo. –¿Puedo saber que te ocurre? –pido saber. –George –murmura como tonta. –¿Qué hay de él? –Estuvimos hablando por mensajes toda la tarde. –¿Y te confesó amor...? –Muy graciosa Camille –dice. –Vale, me callo. –Solo que me empieza a prestar atención. –Me alegra –digo sincera –espero que lleguen a algo. –Yo también lo espero –contesto ilusionada. El descanso llega, me voy a la cafetería junto a Charlie y George. Como es de esperarse Cassandra y Leonel llegan a quitarme la tranquilidad. ¿Es qué no me piensan dejar en paz? Termino mi comida sin decir una palabra más, me marcho de ahí. Creo que en éste punto ya no es tanto el enojo que siento, sino más bien dolor, y tal vez no dolor como tal sino más inclinado a tristeza. O la decepción. Salfo sin rumbo fijo, pero mis pies me llevan hasta el campo de fútbol donde veo que hay chicos jugando, me siento bajo la sombra de un árbol cercano al sitio, el aire corre fresco y eso me ayuda a relajarme. Pongo la mochila a mis pies, me inclino para tomar el libro que tengo guardado en el interior, cuando siento como me golpean la cabeza. Rebota y se va, miro en la dirección en que sé que se fue y veo un balón de fútbol. Sea quien sea es un idiota. El golpe es fuerte pues me duele la cabeza, pero se me está pasando ya. Lo mejor es ignorar. –Siento el golpe –oigo decir a la voz de un chico. Levanto la mirada y me encuentro con unos ojos cafés detrás de unas gafas que se oscurecen por el sol. El cabello lacio, peinado detalladamente, corte moderno, piel clara como la mía, con pecas y unos lunares, una nariz adecuada y firme, labios termino medio, alto, delgado, no tiene músculos pero no parece débil, es atractivo debo decir. Me parece haberlo visto antes pero no sé donde. No digo nada. –Eh... –comienzo y él sonríe –vaya pensé que no habría un responsable. Me alegra saber que aún hay educación. Me pongo de pie mientras le digo. Su sonrisa se hace más amplia. –A mi me alegra que aún haya gente graciosa –dice. Alzo una ceja. –En serio –dice –disculpa. No le apunté bien. –Vale –digo. Lo miro esperando a que diga más o que se vaya, sé qué hará lo segundo. Pero me sorprende más que haga lo primero. –Soy Owen –dice. Le doy una ligera sonrisa. –Camille –respondo. –Vaya Camille –dice –eres más agradable de lo que me contaron. Lo miro sorprendida y él solo me guiña el ojo. Luego se va.
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