Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Un secreto sale a la luz” Pt1.
Amery no paraba de sonreír, la felicidad en ella se desbordaba. Estaba tan contenta por la gran noticia que su hija le había dado. — Mi cielo, mi pequeña Katerin. Estoy tan feliz por tu compromiso. Mira que cuando tu padre me contó esa idea descabellada quise en ese mismo instante estrellar lo contra la pared. No podía creer que ese era el Nicolás que alguna vez había amado. Dijo su madre mientras iban en el taxi. — Ay, madre. Bueno, lo importante es que todo salió bien, me dio gusto que Henry fuera más sensato que yo. Contestó Katerin con una sonrisa. — Sí, ese joven ha demostrado que es un hombre inteligente. — Y guapo, ¿No es así, madre? No niegues que te gustó. Comentó Katerin riendo. Las mejillas de Amery se ruborizaron. Su hija se había dado cuenta de lo mucho que le había gustado aquel joven. — Ay, hija. ¿Qué cosas dices? Él casi tiene tu edad. No podría salir con alguien que tiene la misma edad que mi hija. — Mamá, no digas eso. Él es mayor que yo, además, aun puedes ser feliz, no hay nada que te impida. Tu relación con mi padre no es problema, eso sólo era un acuerdo para llevar a cabo la promesa que hicieron con mi madre, la cual creo que ya llevaron a cabo. Respondió Katerin tomando sus manos y entrelazando la con las suyas. — Bueno, aunque eso sea cierto. Nada me garantiza que ese joven me quiera. Él ha de querer una jovencita de su edad no una señora como yo. Dijo Amery desanimada. Era la primera vez que miraba a su madre de esa manera, Katerin comenzaba a hacer un plan en su cabeza. Su nuevo objetivo era juntar a su madre con Henry, los dos se amaban. Eso estaba más claro que el agua. — Ay, madre te aseguro que él no piensa eso. A lo mejor es posible que él te ame a ti. Solo espera y verás. Respondió Katerin con una sonrisa segura. ... Cuando estuvieron en casa, Katerin y Amery le explicaron paso por paso lo que había ocurrido con el asunto con Henry, luego del compromiso que había pactado con Alejandro. Nicolás primero se negaba a aceptarlo, sin embargo, gracias a las sabias palabras de Amery, él finalmente estuvo de acuerdo con la unión con la familia Magno. — Está bien, hija. Perdóname por no haberte preguntado antes. Te prometo que esto jamás volverá a suceder. Dijo arrepentido y la abrazó con cariño. — No te preocupes, padre. Lo importante es que aceptes mi decisión. Respondió Katerin abrazándolo con cariño. La noticia del compromiso y la futura boda entre Katerin y Alejandro se propagó por todo los lugares, primero en la empresa Magno, luego en la empresa de su padre y por último en sus conocidos. Cuando esto llegó a los oídos de Michael no dudo en ir a felicitar a Alejandro. Puesto que, los dos habían forjado una bonita amistad en todo este tiempo. Sus diferencias y conflictos ahora formaban parte del pasado. — Deberías de ir a hablar con Katerin, no creo que siga enojada contigo. Le aconsejó Alejandro a Michael. Él sabía que su amigo tenía la razón, por mucho que intentará huir, dentro de él una fuerza lo empujaba a hablar con ella. Extrañaba los momentos que habían pasado como amigos. Finalmente, había comprendido que no era amor lo que había sentido, sino que había tenido una dependencia hacia ella. — Tienes razón amigo, iré a verla. Deséame suerte. Respondió con seguridad. — Mucha suerte, le dices que la amo y que espero ir a verla en cuanto salga de trabajar. Dijo Alejandro esbozando una encantadora sonrisa. — Bien, nos vemos después. Respondió Michael despidiéndose de Alejandro para ir a hablar con su amiga Katerin. Por su parte, Katerin había planeado con anticipación una cita para Henry y Amery, estos dos eran más lentos que una tortuga. Ella sabía el amor que había surgido en ellos ese día, no se quedaría de brazos cruzados y esperar que las cosas se dieran. No, ella misma estaba dispuesta a unirlos. Los había citado en un lindo e íntimo restaurante, a los dos les había dado excusas diferentes para que se presentarán ahí. Con anterioridad había hablado con Henry, le había confesado lo que su madre sentía por él, y todo lo que había hecho por ella. La verdad sobre el matrimonio de su madre con su padre, y que en realidad sólo estaban juntos por ella. Henry a su vez le confesó lo que sentía por su madre, y le pidió que les ayudará para que se conocieran aún más. Katerin aceptó. Ahora ellos dos estaban a punto de encontrarse en aquel lugar. Mientras tanto, Michael se dirigía a la empresa del padre de Katerin, ella ahora era la vicepresidenta. Sin embargo, Michael no contaba con que se llevaría con una gran sorpresa. Al llegar a recepción, se topo con una hermosa mujer de cabellera castaña, vestida con un pantalón negro y una blusa blanca, botines negros. Sus ojos estaban cubiertos por unas gafas oscuras. Algo en esta mujer atrajo su vista, su perfil le recordaba a alguien. Tenía la sensación en que en algún lugar la había visto. — Tú eres... Comenzó a decir, pero fue interrumpido por la presencia de Katerin. — Tamara, que alegría volver a verte. Pensé que vendrías más tarde. Exclamó contenta y fue abrazar a la antes mencionada. Michael miró detenidamente a la mujer que estaba a su lado, la cual se había quitado las gafas y correspondió al cálido abrazo de Katerin. — ¿Crees que me perdería la oportunidad de felicitarte por tu compromiso con Alejandro? Desde que te ayude con la elección del anillo, supe que mi buen amigo iba a aceptar. Respondió la castaña. — ¿Tú eres Tamara? Preguntó Michael sorprendido. Las dos jóvenes lo voltearon a ver, se asombraron de que él estuviera aquí. El corazón de Tamara se agitó levemente, él aún causaba estragos en este. Tamara se recompuso, se tranquilizó y miró a Michael con indiferencia. — Michael... Estaba diciendo Katerin cuando él se acercó aún más a ellas. — Lo siento por todo el mal que te hice, estuve mal, lo sé. Entiendo que me comporte como un estúpido, espero algún día me puedas perdonar. La interrumpió Michael. En su rostro se veía su sinceridad, Katerin no lo dudó y lo abrazó. Antes que fuera su novio, él había sido su amigo. Un amigo en el cual había encontrado alivio su dolor y su soledad por todo ese tiempo. — Te perdono, amigo. Estoy tan feliz que te hayas dado cuenta de tu error y hayas vuelto junto a mí. Respondió con entusiasmo. — Me da gusto que me permitas ser parte de tu vida. Alejandro tenía razón, él me dijo que me perdonarías y así fue. Contestó Michael abrazando a Katerin. Al fin sus corazones y almas podían estar en paz, los dos habían hecho las paces. Ya nada podía irrumpir en su linda amistad. — ¿Amigos? Preguntó Michael mirando fijamente a Katerin. — Amigos por siempre. Afirmó con una sonrisa. Tamara los contemplaba conmovida, le daba gusto verlos nuevamente reunidos como la pareja de amigos que siempre habían sido en la universidad. Michael abrazó una vez más a Katerin, esta vez en felicitación por su boda. — ¡Enhorabuena, Katerin! Felicidades por su compromiso. Deseo de todo corazón que ustedes dos sean felices. — Gracias, Mike. Después de felicitaciones y palabras de aliento, vino el silencio, Michael no sabía que decirle a Tamara, la tensión entre ellos dos se sentía en el aire. Katerin se dio cuenta del gran cambio que se había hecho, por lo que tomó la iniciativa. — Michael, ¿no vas a saludar a Tamara? Ella solía ser tu alumna. Indicó Katerin esbozando una sonrisa socarrona. — Hola, Tamara. Que bonita te ves, digo... Siempre lo has estado, pero ahora te ves más. Dijo Michael con nerviosismo. — Hola, Michael. Me da gusto que esté con bien. Respondió Tamara ocultando su emoción. Por mucho que había tratado, no había podido olvidar lo mucho que lo amaba. Ahora volver a verlo hacia que su corazón se emocionara como no tenía idea. Sin embargo, por su frialdad en el pasado se había obligado a mantener ocultos sus sentimientos. Katerin los contempló, sabía que debía dar un pequeño empujoncito en ellos. Por lo que, se le ocurrió algo. — Oh, chicos. Perdone que los deje, pero, debo de atender unos asuntos. Más al rato los veo. Dijo Katerin dirigiéndose a la salida, dejando solos a sus dos amigos. Estaba a punto de tomar vuelo cuando miró a su padre Nicolás con un señor de la misma edad que su padre con una apariencia similar a la de ella. — Tú no puedes negarmela, sabes por lo que pase. Por favor, deja que vea a mi hija. Dijo aquel extraño.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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