Toda Tuya

Hombre lobo
Sebastián pasó a recogerla en el curso de la mañana, no estaba entusiasmada obviamente, así que solo se vistió de forma casual, unos jeans negros, una camisa negra y una chamarra de mezclilla por encima y tenis. -Hola Alhelí- Ella se limitó a suspirar. -¿Adónde vamos?- Dijo fríamente. -A un lugar especial- Le hizo un guiño, él nunca se rendía. Se subió a su auto y emprendieron el viaje, bajaron la montaña, cruzando el pueblo y adentrándose por otro lado del bosque, tuvo un punto de vista diferente al paisaje que podía ver antes desde la casa de los Bartholly. En todo el camino su humor fue apagado, como siempre no tenía ganas de dirigir ni una palabra a su profesor, ya que para ella era la única relación que podían llegar a tener. Solo que ese día era un poco diferente, a pesar de tener que lidiar con la situación de ir a una "cita" con Sebastián, sus pensamientos iban en la noche que acababa de pasar, aún deseaba que no hubiese terminado, necesitaba desesperadamente las caricias de la única persona que amaba, extrañaba sus besos y todo lo relacionado a él, pero su triste realidad era otra. -¿Esta todo bien?- La voz de su acompañante la hizo salir de sus pensamientos. -Si- Dijo cortante. -Te siento... diferente- Ella no dejó de ver el paisaje y no respondió. El camino de asfalto fue reemplazado por uno de tierra con piedras, se miraban a distancia las casas de madera, muy diferentes a las del pueblo, mucha gente iba y venía por las aceras, parecían ser locales antiguos, casi todos vestidos de forma anticuada aunque un poco moderno, se fijo que las persona se le quedaban viendo a través de la ventanilla del auto, algunos con una sonrisa pintada en el rostro y otros con confusión. -Ya llegamos- Sebastián saludaba a una que otra persona con la mano. -¿Qué es este lugar?- Lo miró por primera vez en todo el camino. -Es mi hogar- Alhelí se sorprendió. Llegaron a una casa mucho más grande que las otras aunque con el mismo diseño, en la puerta de enfrente estaban esperando 3 hombres robustos, aunque 2 de ellos parecían ser muy jóvenes, casi de la misma edad que Sebastián, el tercero era un poco más viejo aunque con un físico considerable, Sebastián le abrió la puerta y la tomó de la cintura, ella se opuso a su contacto pero él la sostuvo con más fuerza. -Por favor, compórtate. Es mi familia, por lo menos delante de ellos no me dejes mal...- Le susurró. No quería hacerle caso, pero su maldita conciencia la hacía reconsiderar las cosas y desgraciadamente tenía razón, no era momento para pelear. -Hola, hijo. Si me hubieras dicho de qué traías visitas, me hubiera arreglado mejor- Se acercó el hombre más viejo hacia Sebastián. Un hombre alto fornido, su voz era ronca y fuerte. -Fue de imprevisto, papá. Te presento a Alhelí- La acercó un poco más a él, ella se dejó y sonrió sinceramente al hombre. -Mucho gusto Alhelí, puedes llamarme Pat- -Mucho gusto, Pat- Le estrechó la mano. Los otros dos se acercaron, Alhelí los reconoció. Antes pensaba que eran alguna especie de alumnos favoritos de Sebastián, pero al parecer eran más bien sus amigos más cercanos. -Ustedes ya la conocen- Les sacudió el pelo haciéndoles una mueca de satisfacción. -Claro que sí. Hola chica Bar..- Sebastián le cerró la boca. -Jajaja, perdón, perdón. Alhelí, si, Alhelí- Ella sonrió con satisfacción. -Jeje, Hola Chip, también es un gusto verte- Ella sonrió victoriosa a Sebastián. -Jajajaja, Hola Alhelí, ¿Te acuerdas de mi?- -Por supuesto, ¿Qué tal Bob?- -Perfectamente, por fin vienes a conocer nuestro hogar...- Ella asintió un poco más seria. Entraron a la casa, le ofrecieron comida y se sintió un poco más relajada, ver a esos chicos que en múltiples ocasiones encontraba en la Universidad la hacía sentir un poco más familiarizada con el lugar, aunque claro, el ver a Sebastián también ahí, lo arruinaba todo para ella. - ¿Quieres ir a ver más del lugar?- Sebastián se acercó acariciándole la mejilla. Ella se separó un poco, pero por amabilidad le dijo que si. -No olvides de enseñarle el lugar favorito de tú madre, hijo- Le gritó Pat. Salieron de ahí, y caminaron por las aceras, muchas personas saludaban a Sebastián, y la miraban a ella con admiración, probablemente por la belleza que ella tenía o por qué sabían quién era ella. Él la llevó a un prado lleno de árboles frondosos, el ambiente era frío, pero muy iluminado, se detuvieron cerca de un arroyo y se sentaron sobre unas rocas, Alhelí cerró sus ojos para respirar el agradable aire helado, y escuchar mejor el sonido del agua golpear las rocas. -¿Te gusta?- Preguntó él acercándose. -Es muy bonito...- Abrió los ojos mirando el arroyo. -Me alegra entonces, muy pronto este será tu hogar también- Ella suspiró. -Ya veremos- Se levantó y caminó encima de las piedras mojadas. -¿Tan difícil es aceptarme? - Su voz sonó triste. -Si- Lo miro fijamente. -Es muy difícil cuando ya se ha entregado el corazón- Suspiró. -Aún puedes cambiar de parecer, aún puedes hacerlo- -Jeje, ¿Quién dice que no puedo?- Dijo irónica. -¿Entonces? - Frunció el ceño. -Es que no quiero- Sonrío con burla. -Asi de fácil- Siguio caminando sobre las piedras. -¿Porqué me miraban tanto las personas de la calle?- Se giró una vez más para preguntar. Sebastián tenía cubierto su rostro con sus manos, y se agachó cerca del arroyo, cruzó sus brazos para responderle. -Ellos saben que eres mi prometida, pero no entienden por qué no te he marcado- La miró con decepción. -Ah- Ella enarcó una ceja, y siguió caminando. Las piedras estaban resbaladizas, y sus pasos empezaron a ser un poco torpes, en una de ellas se resbaló, puso sus manos para detener la caída pero sintió que la agarraron del brazo evitándole el golpe. -Ten cuidado- La halo con fuerza y la abrazo para sostenerla. La llevo de ambas manos hasta regresar a lo más estable, una vez ahí quedaron muy cerca, ella rápidamente se separó pero él la volvió a halar con fuerza y la besó. Alhelí reaccionó rápidamente e intentó separarse pero no pudo, lo empujó con ambas manos pero era duro como una roca, trató de cerrar su boca pero él no la dejaba, entonces la abrió más y lo mordió, solo así la soltó. -Ah.. ah.. Jeje, eso fue mejor de lo que pensé- Se limpió con la mano la sangre que le salía del labio inferior. -Imbecil...- Lo miró con desprecio. Estaba decidida a salir corriendo de ahí, pero la detuvo nuevamente, ella lo volvió a ver y le escupió en el rostro, él sonrió y la tomó de ambas manos adentrandola más al bosque, la apoyó encima de un árbol inclinado y se puso sobre ella. - No he querido marcarte por qué he tenido la esperanza de que me aceptaras antes de que nos casáramos, pero ahora comprendo que eso no va a pasar, ¿cierto?- Ella no respondió y seguía luchando por soltarse pero Sebastián era demasiado fuerte. -¿Sabes? Víctor y yo hicimos un acuerdo, nadie iría a saber tú identidad hasta la fiesta de compromiso, por eso nadie sabe, nisiquiera mi padre, que estoy aliándome con el enemigo... por ti- Empezó a inhalar el aroma de ella en su cuello. -Tal vez estoy jugando con fuego, pero la verdad es que tú me has tenido a tus pies desde el momento que te vi, tú piel, tú aroma, tú cuerpo, te quiero solo para mí, pero tú tenías que irte con ese vampiro, ¿Porqué Alhelí? ¿Acaso no soy mejor que él? Dímelo. Conmigo serías una reina, construiriamos un mejor lugar para la manada, viviríamos juntos para toda la vida, ¿No quieres eso? ¿No quieres compartir esa vida sin fin, conmigo?- -Tú.. no eres mejor que Drogo- Logró decir con dificultad. -Juh... Eso ya lo veremos...- Le empezó a besar el cuello, con una mano sujetaba las muñecas de ella y con la otra empezo a desabrocharle el pantalón, él también se desabrochó el de él, ella apretó con fuerza sus piernas pero fue inútil, él logró penetrarla, ella empezó a llorar, movía su cuerpo intentando soltarse pero no servía de nada. Cuándo por fin terminó, ella se acomodó la ropa y empezó a alejarse de él, llegó hasta la casa de Pat y se metió al auto, Sebastián la siguió y solo fue a decirle unas cuantas explicaciones o más bien mentiras a su padre y se fue a dejarla a la casa de Víctor. En todo el camino no hablaron, la furia que ella sentía era inexplicable, y más aún la impotencia y el asco que sentía solo de ir sentada a la par del que la había violado, no quiso llorar más así que se esforzó por que su cuerpo le obedeciera para no estremecerse. Sebastián por su parte no sentía ningún remordimiento, iba también enojado al haber descubierto que ella no era virgen, y su enojo aumentaba cuando pensaba en la posibilidad de que Drogo fuera el causante de que ella ya no lo fuera, ya que como lobo podía sentir la pureza de los que nunca habían estado con alguien, pero en esta ocasión pasó por alto eso, creyendo que ella aún conservaba su virginidad. Llegaron a la casa, ella miró el auto de Víctor en la entrada, salió y se fue directo a su habitación, fue hasta el baño y empezó a vomitar.
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