Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Noticia maravillosa”
Katerin y Alejandro estaban contentos por su reciente compromiso, comenzaron a hacer sus respectivos planes para su boda. — Yo digo que nos casemos en dos meses. Sugirió Alejandro tomando su mano y mirándola atentamente. — ¿Qué te parece si lo celebramos el fin de año? Así nuestra boda no tendrá ningún inconveniente. — Me parece excelente. Respondió Alejandro con una sonrisa. Los dos platicaron detenidamente los detalles de su boda, todo estaba siendo pensado meticulosamente. Mientras tanto, Henry y Amery se encontraban desesperados por no encontrar a Katerin, hasta que el mesero se acercó a ellos. — La señorita que venía con el joven me dijo que se iría a casa. Informó amablemente. Amery se tranquilizó, estaba contenta de que su pequeña estuviera bien. Sabía que ella no iría directo a casa, sino que estaría con Alejandro. — Gracias, joven. Dijo Amery sonriendo. Henry sabía que ya era tiempo de despedirse de ella, lo cual causó tristeza en él. Amery, lo miraba con disimulo, ella no podía tener algo más con alguien menor a ella y menos si aún estaba casada. — Bueno, Henry, gusto en conocerte. Ya sabes que serás bienvenido en casa, gracias por ser el amigo de mi niña. Y una vez más, gracias por no haber aceptado ese trato que mi esposo te propuso. Comenzó a decir Amery, tomó sus cosas y le obsequió una última sonrisa. Henry quedó fascinado con su sonrisa, la mujer que tenía frente a él era prohibida, era un amor imposible. «Como hubiera querido haberla conocido antes que el padre de Katerin» Pensó desilusionado. — Sí, gracias Amery. ¿Puedo llamarla así? Preguntó mirándola. Amery sintió una extraña sensación, no era incómoda, más bien era asombrosa. Haber escuchado su nombre de los labios de este hermoso joven le había deleitado sus oídos. «¿Por qué tengo que ser mayor que él? No, no, Amery, deja atrás esas ideas. Ese joven no quiere a una vieja como tú» Pensó desanimada. — Claro, Henry. Puedes llamarme así, además, puedes encontrar una amiga en mí. Nos vemos luego, cuídate. Respondió con amabilidad. Luego dio media vuelta y se apresuró a salir de aquel lugar. Henry solo observó como ella se alejaba de él, esbozó una triste sonrisa. Él sólo podía sentir un aprecio por ella, debía hacerse la idea que aquella mujer era prohibida. ... Alejandro en compañía de una entusiasmada Katerin se encaminaron a la oficina de Don Ernesto, durante su transcurso las mujeres que trabajan en la empresa los miraron sorprendidos, algunas se sintieron celosas y tristes, ya que el joven Alejandro iba tomado de la mano de esa joven de cabellera negra. Además, se podía observar un anillo en sus manos. — Ya estuvo que se nos casa el joven Alejandro. Comentó un oficinista al ver la hermosa escena de los dos tortolitos. — No es justo, yo quería salir con él. Dijo una mujer de cabellera castaña. Katerin se dio cuenta de las miradas curiosas de las personas, sin embargo, no le dio importancia, ya que se sentía feliz y afortunada de tener al amor de su vida junto a ella. La misma secretaria que había atendido a Katerin en esa tarde, contempló con asombro a ellos dos juntos aproximarse a ella. — Vicepresidente Alejandro, ¿usted conoce a esa chica? — Sí, ella es mi prometida, su nombre es Katerin. Respondió Alejandro con orgullo. Al fin podía gritar a los cuatro vientos que la chica que se encontraba a su lado sería su futura esposa. Una vida por delante les esperaba, y él lo sabía perfectamente bien. La secretaria al escuchar sus palabras palideció y se sintió avergonzada, recordó la manera brusca en la que la había atendido. Miró con pena a Katerin. — Oh, lo siento señorita, lo siento por haberla tratado de esa manera. Comenzó a decir. — Oh, no hay problema. Entiendo que debes de seguir con los protocolos de seguridad. Te pido una disculpa por mi petición de hace un rato. La detuvo Katerin con una sonrisa. La chica se asombro ante su amabilidad, Katerin tenía la pinta de la típica muchacha rica malcriada y de pésimo carácter, sin embargo, su respuesta la había dejado sin palabras. Derrumbó el prejuicio que se había hecho de ella. — Así que, ¿pediste información confidencial? Preguntó Alejandro mirando a Katerin con una burlona sonrisa. — Sí, ya te dije que quería darte una sorpresa y creo que me la terminé dando yo. Respondió acariciando su hombro derecho y ocultando su cara en este. La secretaria no dejaba de mirarlos, era como si estuviera presenciando una novela romántica, con una pareja cursi. Podía jurar que en cualquier momento vendrían las abejas por la miel que estos dos desbordaban con su sola presencia. Después de un momento, Alejandro recordó a lo que iban, puso sus emociones en orden y miró a la mujer que estaba frente a ellos esperando pacientemente por su petición. — Oh, disculpa. Te estamos quitando tu valioso tiempo con nuestro romanticismo. Eh... ¿Mi padre está disponible en su oficina? Dijo Alejandro. — Sí, apenas regresó de una reunión. — Gracias, y disculpa por quitarte el tiempo. Contestó Alejandro antes de dirigirse a la oficina de su padre. Katerin le dio una última sonrisa a la joven que los miraba partir, ella se sentía feliz por la hermosa química que estos dos tenían. — Creo que tendremos un asombroso sucesor y ni hablar de su futura señora. Murmuró con satisfacción. Al entrar a la oficina, su padre inmediatamente se levantó a recibirlos. Solo con ver el rostro sonriente de su hijo, supo que habían buenas noticias y al ver el rostro de Katerin confirmó que lo que estaba a punto de suceder era algo realmente bueno. — Katerin, que gusto tenerte de vuelta aquí. Exclamó y fue directamente a saludarla. Ella recibió gratamente su cálido abrazo. Se sentía agradecida por el gran cariño que Don Ernesto le tenía. — Me da gusto volver a verlo, señor Ernesto. Cada día se ve usted más encantador, ya veo de donde saco lo guapo Alejandro. Contestó Katerin con una sonrisa. Ernesto se limitó a sonreír, Katerin lo había halagado, le había recordado la manera de ser de su adorada amiga Kate. La nostalgia lo invadió en un pequeño instante, sin embargo, se obligó a regresar a la realidad. Su hijo estaba a punto de decirle una gran noticia. — Padre, te he hablado de este gran momento todo este tiempo, la cuestión es que... Katerin y yo nos vamos a casar. Dijo Alejandro con emoción, en sus ojos se podía ver lo cuán feliz estaba. Ernesto sonrió abiertamente, le daba gusto que su hijo finalmente estuviera dándole esta agradable noticia. Al fin vería feliz a su hijo, y que mejor con la chica que él amaba. — Hijo, eso es una gran noticia. Esto lo debemos de celebrar. Quiero que me permitan ser su padrino de bodas, yo voy a pagar toda su boda. Respondió abrazándolos con cariño. Katerin negó con la cabeza, al igual que Alejandro. Ellos dos habían planeado pagar su boda, los dos pondrían su granito de arena para contruir su felicidad. No obstante, Don Ernesto se negaba ante eso, él como sea quiere participar en su felicidad. — No, hijos. En verdad quiero ayudarlos en su unión. Déjenme hacerlo, al menos una parte, para que pueda hacerlo en memoria de mi buena amiga Kate. Dijo mirándolos a los dos. Katerin y Alejandro compartieron miradas, no sabían que contestarle, hasta que Katerin asintió. — Está bien, padre. Si así lo deseas así será. Le respondió Alejandro mirándolo con una sonrisa. Su padre se limitó a abrazarlos con cariño. Ellos dos estaban a punto de ser enlazar sus vidas, su hijo había logrado lo que él no había hecho en un pasado. Los tres comenzaron a hacer planes, ya comenzaban a hacer un cálculo para los invitados y el lugar donde se haría su ceremonia. Mientras estaban dando los acuerdos finales en el lugar, Amery llegó con ellos. — Sabía que te encontraría aquí. Dijo al ver a Katerin. Rápidamente la escaneo, al mirar su anillo de compromiso saltó de alegría, la abrazó y también abrazó con euforia a Alejandro. Ella se sentía feliz, su nena a quien tanto amaba al fin se le casaba y con un chico que la trataría bien. — Deseo que sean felices, mis hijos. Dijo Amery con lágrimas en sus ojos. La emoción invadió su corazón, finalmente habría logrado lo que su amiga le había pedido.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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