Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Una vida juntos”
Alejandro no espero más y volvió a cerrar el elevador, con Katerin entre sus brazos comenzó a descender. Sin dudarlo fue directamente a sus suaves labios. Con delicadeza junto sus labios contra los suyos y la besó, primero con timidez y poco a poco su beso se fue profundizando, a la vez, la estrechaba aún más entre sus brazos. Katerin se sentía realmente feliz de estar con él, nuevamente se sentía viva, ya que él la complementaba en todos los sentidos. — No sabes cuanto añore este momento, cuanto quise viajar a París y verte, amor. Dijo Alejandro besando sus mejillas y su cuello. — Ale, Ale. Se limitó a decir Katerin, el momento era magnífico entre ellos dos. El sentimiento de culpa resurgió desde las profundidades de su alma, sabía que debía ser sincera con él. Si en verdad querían tener una relación fuerte y estable, debían de ser francos y hablar de frente sus asuntos. — Ale, tengo algo que decirte. Dijo Katerin mirándolo detenidamente. — Genial, yo también tengo algo que decirte. Dijo Alejandro con entusiasmo. Lo que él planeaba decir era lo que por mucho tiempo había estado pensando, Alejandro estaba más que preparado. — Tú primero. Le indicó Alejandro sonriendo. — No, tú primero. — Bien, sólo porque es algo que quiero decirte desde antes que te fueras. Respondió tomándola de las manos y mirándola fijamente. El roce de sus manos y su piel contra la suya hizo que Katerin se estremeciera. Realmente quería sentir esa agradable sensación que con nadie más había sentido. Alejandro se preparó para decirlo, respiró profundo y exhalo. Dejó salir todos sus nervios, pues estaba frente a la mujer que tanto ama. — Katerin, yo... ¿Quisieras casarte conmigo? Preguntó contemplando su rostro, en búsqueda de un indicio o señal que le dijera su respuesta. Katerin estaba emocionada, nada la haría más feliz que casarse con este gran hombre, quien la amaba como nadie más lo había hecho. Sin embargo, sabía que antes de darle respuesta debía de ser clara. — Ale, yo... - vaciló, miró a su alrededor, solo eran ella y él dentro de ese elevador. Ella no tenía escapatoria. El momento de las revelaciones era justo ahora. - Antes de responderte, necesito que tú me escuches y si estás de acuerdo con seguir, puedo darte mi respuesta. Contestó de manera seria. Alejandro se comenzó a preocupar. Por primera vez ella se comportaba de esta manera con él, estaba seguro que algo grave había sucedido. — Está bien, ¿qué ocurre? Dímelo con confianza. Respondió mirándola a los ojos. Katerin no se atrevió a mirarlos, desvío su mirada. Estaba avergonzada. — Yo... Yo... Estuve a punto de comprometerme con alguien más. Contestó con la mirada gacha. Alejandro se sorprendió. Se permitió un momento para procesar lo que ella había dicho. Katerin espero su respuesta con el corazón agitado. — Katerin... Comenzó a decir Alejandro cuando el elevador se abrió y los empleados los miraron curiosamente. Katerin salió, seguida de Alejandro, se fueron a un lugar lejos de las miradas de las demás personas y con la suficiente tranquilidad para continuar la conversación. — ¿Por qué? La Katerin que conozco no haría las cosas así nada más, sé que debe haber algo grave de por medio. Así que, no veo nada malo. Prosiguió Alejandro tomando sus manos y mirándola fijamente. — Ale... Me he ganado la lotería contigo, tú eres quien he estado esperando toda mi vida. Eres comprensivo, amable, paciente, demasiado paciente y leal. Gracias por amarme. Dijo Katerin con sus ojos cristalinos. Él la había conmovido, sus palabras y sus acciones hacia ella eran sinceras, él le amaba de verdad y Katerin no tenía dudas. — Entonces, ¿qué dices? ¿Quieres casarte conmigo? Preguntó Alejandro incandose y sacando un anillo de compromiso de su bolsillo. Katerin quedó impresionada de la anticipación y la dedicación que Alejandro había tenido. Sin embargo, ella no se había quedado atrás. — No, no acepto. Respondió volteando se y dándole la espalda. Alejandro se levantó desconcertado, su amada no había aceptado su propuesta. En su mente comenzaba a buscar otras alternativas. — Katerin, no tengo problemas... Yo te quiero tal y como eres... Yo sería capaz de... Dijo Alejandro intentando ver de frente a Katerin. Ella entre busco algo de su bolsillo, esto lo había preparado con anticipación con Tamara, desde tiempo lo había estado practicando para este día. Alejandro aún la miraba con un semblante triste. Katerin se giró, se inco, sacó el anillo de la caja y lo miró con una pequeña sonrisa, los nervios la invadían y su rostro se había ruborizado. Los días de práctica con Tamara al fin se verían reflejados. — No acepto, porque yo quiero ser quien lo pida. Permíteme tu consentimiento para que te conviertas en mi esposo, en mi compañero de vida, con quien quiero pasar el resto de mis días, ver crecer a nuestros hijos y estar en las buenas y las malas. Dijo Katerin contemplándolo con cariño. Alejandro se sorprendió por segunda vez, Katerin lo había asustado, sorprendido, dejado sin palabras y alegrado en un solo instante. Sin pensarlo la levantó y la atrajo hacia él. — Claro que acepto, si fuera por mí, ahora mismo me casaría contigo. Respondió emocionado. Katerin se sintió protegida en sus brazos, finalmente se sentía completa, su alma gemela estaba con él. Los conflictos y todo parecía haber sido solucionados de la mejor manera, ahora podría estar junto a él sin ningún problema. — Gracias por tu incondicional amor, tu perseverancia y paciencia han logrado que mi corazón se incline hacia a ti por completo. Prometo amarte por toda mi vida, y si hay vida después de la muerte, también lo haré. Respondió Katerin estrechando lo con cariño. Su historia de amor comenzaba a escribirse. Ellos dos sabían que aún tenían un largo camino por delante. Con brillantes sonrisas se colocaron sus respectivas sortijas y se besaron para concretar su pacto. Por otro lado, Amery y Henry aún seguían en aquel restaurante. El chico de ojos azules la miraba con cariño, la mujer que estaba frente a él había logrado causar un efecto que muchas chicas no habían podido hacer en él. Su atención estaba puesta solo en ella. — ¿Está segura que usted es la madre de Katerin? Es demasiado joven aún. Comentó sorprendido. — Oh, no estoy tan joven como lo dices. De hecho tengo 37 años. Respondió con sinceridad. — ¿A los cuantos años se supone que tuvo a Katerin? Preguntó con curiosidad. Amery sonrió. Esa era la pregunta que todos se hacían cuando las veían juntas. El hecho era que Kate, su amiga era mayor que ella. En el momento que tuvo que hacerse cargo de ella tenía alrededor de unos 17, apenas iba a cumplir la mayoría de edad. Recordar por lo que había sucedido era algo que la emocionaba. — Casi a los 18. En esa época el sistema de educación acababa a esa determinada edad, por eso no tuve tantos problemas. Respondió Amery, sin decirle la verdad, ocultando el hecho de que Katerin no era su hija biológica. — Pero, tuvo un problema al conseguir un trabajo para mantenerla... O su esposo... Henry se detuvo, ya era suficiente, no podía seguir preguntando cosas que eran demasiado personales. Henry realmente se había enamorado a primera vista de Amery, una mujer joven, no se veía como una señora, su edad no se notaba, se veía más de su edad. Él no podía creer que fuera mayor que él, sin embargo ese no era el problema para su posible amor. ¿Qué eran 12 años? Para él sólo eran una simple cifra. Sin embargo, ella estaba casada de Nicolás. Henry se sintió desanimado, una mujer como ella no se encontraba dos veces en la vida. «Me gusta, pero... Esto no es correcto, él es menor que yo. Además, no creo que él ame a una mujer como yo» Pensó Amery desanimada. «No puedo hacer esto, si comienzo a cortejarla es capaz que me lo tome a mal. Ah, ¿qué debo hacer?» Pensó Henry desesperado. — ¿Dónde está Katerin? Preguntó Amery observando a su alrededor.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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