Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Amor para ambos”
Amery miraba con preocupación a Katerin, ella se negaba a que ella hiciera semejante sacrificio. Prefería morir antes que dejar que su pequeña sufriera. — No lo hagas, tu padre ha mentido, jamás hemos perdido nada. Él quiere cumplir con una promesa que hizo con el padre de este chico. Dijo señalando a Henry, quien estaba perdido en la belleza que esta sofisticada mujer emanaba. Katerin se dio cuenta de su mirada, sabía que él se había visto atraído por su madre Amery, y eso no era de asombrarse, ya que la mujer de cabellera pelirroja aún era joven, estaba alrededor de sus 36 años. Mientras, Henry tenía 25 años. — Madre, Henry y yo ya hemos hablado de esto. Él ha disuelto este acuerdo, aún ayudándonos aunque creo que eso no sucederá. Mencionó Katerin para calmar a Amery. Ella suspiró con tranquilidad, se dejó caer sobre el asiento que se encontraba entre ellos dos y bebió de la bebida de Henry, estaba sedienta después de haber corrido por todo el lugar, hasta que había dado con ellos. Henry la contemplaba con fascinación, la mujer frente a él causaba que su corazón se emocionara. Katerin sintió pena por su amigo, su madre no era mujer que se fijará en un hombre menor a ella. — No sabes lo mucho que quise tomar del cuello a tu padre. Es que... ¿Cómo se atreve a hacer semejante barbaridad? Sin importar qué, siempre debe ser tu felicidad nuestra prioridad. Comenzó a decir Amery, ignorando los ojos de enamorado que Henry tenía hacía ella. Katerin observó como Henry suspiraba, era la primera vez que lo veía de esa manera, ni con su relación que tuvieron en años se había comportado así. — Muchachito, has hecho bien. Me da gusto que seas más sensato que ese hombre. No sé en qué momento me fije en él, ahora veo que todo ese tiempo estuve equivocada. Gracias al cielo que no tuve hijos con él. Sino, es capaz que hubiera hecho lo mismo que planeaba hacer con mi querida Katerin. Dijo Amery acariciando el cabello de Katerin. Henry solo asintió, él se había quedado sin palabras. Realmente esta hermosa mujer le había robado el aliento. — Estás lindo, estoy segura que no tardarás en encontrar a una chica. No te preocupes. Porqué mi bella hija ya tiene a alguien que se ha ganado mi respeto y mi aprobación. Ellos dos se aman muchísimo. Prosiguió Amery. Henry solo asintió, Katerin comenzaba a sentir que la estaban ignorando. Sin embargo, se sentía aliviada de que esto tuviera una mejor solución. Pronto volvería a ver a Alejandro, quien la esperaba con mucha emoción. — Katerin, yo pensé que todo esté tiempo eras hija única, pero ahora veo que tienes una preciosa hermana. Dijo Henry contemplando a Amery. Katerin y Amery se miraron, sonrieron y se burlaron de lo que había dicho. Para su madre, él estaba siendo demasiado modesto con sus palabras. Por años no había escuchado semejante halago. — Ay, joven. No diga eso, yo no soy la hermana de Katerin, yo soy su madre. Me llamo Amery Florence, gusto en conocerte. Respondió Amery con una bella sonrisa. — Mucho gusto, madame. Mi nombre es Henry Harris Leviathan, espero que pueda aprobar mi amistad con su hija. Contestó tomando con respeto su mano y besándola. Ante aquel gesto, Amery quedó sorprendida. Después de tantos años, alguien más la trataba con delicadeza y con sutil cortejo. Katerin sólo era testigo de aquella encantadora situación. Ella creía que su madre merecía una segunda oportunidad, y al parecer Henry también estaba ocasionando que ella se sintiera atraída por él. — Con lo que has hecho hoy me has demostrado lo buen amigo que eres. Claro que permitiré su amistad. Respondió esbozando una sonrisa. Definitivamente en ese entorno, Katerin había sido ignorada. Sigilosamente comenzó a caminar lejos de ellos. Henry y Amery aún permanecían en grandes pláticas, Katerin por su parte le pidió de favor a un mesero que después de que ellos reaccionarán les hiciera saber que ella se había retirado y que la vería en casa. Al salir de aquel lugar, emprendió su camino hacia la empresa del padre de Alejandro. Este lugar no estaba lejos de ahí, sólo tenía que caminar dos cuadras, por lo que se permitió admirar el cálido lugar que su país le brindaba. El ir y venir de las personas, los carros pitando por el tráfico que generalmente se hacían esas horas y el viento fresco que soplaba le hacían sentir de vuelta en casa. Al llegar a la empresa, subió al último piso, donde fue recibida por una bella mujer de cabello castaño, ojos café claro, alta y de tez clara, la cual se encargaba de recibir a los clientes y personas que venían a ver a sus jefes. — Buenas tardes, ¿puedo ayudarla en algo? Dijo con voz melosa en cuanto estuvo frente a ella. — Eh, sí. ¿Me podría decir si Alejandro Magno se encuentra en su oficina? Respondió Katerin sonriendo amablemente. La mujer la miró de pies a cabeza. Desde que Alejandro había comenzado a trabajar en la empresa no había habido ningún día en el que no mostrarán interés las chicas, no sólo por su hermosa apariencia, sino por su estatus socioeconómico. — Perdone, de parte de quién lo busca. Contestó sonriendo disimuladamente. — Soy Katerin, yo soy... - vaciló un momento, ella no sabía que decir, no habían concretado aún nada. Además, no se recuperaba de la bochornosa situación de la que se había salvado y de no ser por el buen juicio de Henry, ella habría cometido una injusticia a la persona que más amor le había mostrado. - quiero darle una sorpresa. Dijo limitándose a esbozar una sonrisa. La chica le sonrió forzadamente, no conocía a la mujer que tenía frente a ella. Comenzaba a compadecerse de ella, si pensaba que vería a su jefe o siquiera hablar con él, estaba completamente equivocada. Alejandro en todos estos años se había mantenido al margen lo más posible. No había permitido que ninguna chica intentará ocupar su lugar. A la primera que intentará algo con él, le daba una apariencia fría y brusca. Siempre dejando en claro que jamás podría acaparar su atención. Él solo tenía ojos para una sola mujer y esa era Katerin. — Lo siento, no puedo hacer eso. Son normas de la empresa, así que, puede decirme su nombre completo y asunto que desea tratar con el vicepresidente Alejandro y con gusto le agendo una cita. Mencionó la joven dedicándole una falsa sonrisa de amabilidad. Estaba claro que Katerin no le había caído en gracia, ya que ella había estado intentando algo con Alejandro, pero él como siempre la había frenado. — De acuerdo, lo entiendo. Gracias. Respondió Katerin dando media vuelta y dirigiéndose nuevamente al elevador. Iba con el ánimo decaído, ella realmente quería darle esa sorpresa a Alejandro. Sin embargo, lo que quería hacer no era como en las películas o libros. Desanimada pico el botón para abrir el elevador. Pérdida en sus pensamientos se encontraba que no se dio cuenta del momento en que las puertas se habían abierto, las personas ya habían bajado. Sin mirar adentro se encaminó con la mirada gacha, camino hasta que choco con un cuerpo cálido. Un aroma peculiar y especial para ella invadió su nariz, solo con aspirar ese delicioso perfume supo que estaba ante la presencia del hombre que más amaba. Levantó la vista, sólo para encontrarse a un sorprendido Alejandro. Le bastaron sólo unos segundos para confirmar que la mujer de cabello negro era su adorada Katerin. — ¡Has vuelto! Amor, estás de vuelta. ¿Por qué no me dijiste nada? Exclamó Alejandro abrazándola con mucho cariño, aunque, lo último lo dijo un poco ofendido. Sin embargo, él se alegraba que su amada estaba de vuelta con él. Esta vez no permitiría que nada ni nadie la volviera separar, la espera había sido grande, ahora estaba contento por tenerla a su lado. La recepcionista miró con escepticismo aquella escena, no podía creer que ese hombre cariñoso fuera Alejandro. El hombre que parecía que odiaba a las mujeres, ahora demostraba que todo esté tiempo había estado esperando a quien en realidad amaba.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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