Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Inesperado”
Katerin deseaba que esa fuera una broma de mal gusto, sin embargo, no era así. Sus padres no estaban bromeando, ellos estaban serios. Algo grave había ocurrido en su ausencia. — Padre, explícame que significa esto, por favor. ¿Qué sucede? Yo te dije, te he repetido que amo a Alejandro, él es el indicado para mí. Dile mamá. Dijo Katerin desesperada. — Ya se lo he dicho, tu padre se niega a hacerme caso. Respondió Amery dándole una seria mirada. Esta situación estaba fuera de sus manos, de un momento a otro todo se había ido a la borda. No sabía ni en qué momento se encontraba en esta situación. — Lo siento padre, te respeto y todo. Pero, yo no estoy dispuesta a hacer esto, yo no quiero dejar a Alejandro, bastante ha sufrido, él me ha esperado bastante tiempo. No es justo que ahora venga esto y... — Vamos a perder la empresa de tu madre, hija estaremos en la ruina, si no fuera por algo grave como esto no lo haría, no te pediría esto. Dijo su padre con el semblante preocupado. Katerin palideció, la situación era irreal, no comprendía como era posible que esto estuviera ocurriendo. Ella quería que esto fuera una horrible pesadilla. El esfuerzo de su madre se vendría abajo, todo por una mala decisión que su padre había tomado, el fin de su felicidad se acercaba. Ella se encontraba entre la espada y la pared, por una parte su padre y la empresa que con mucho esfuerzo su madre había forjado y por otra parte, Alejandro, el hombre que había renunciado a su felicidad por ella. Él la amaba de verdad. — No, por favor, padre. Dime que esto es una pesadilla. Por favor, díganme que despertaré y que esto jamás ocurrió. Dijo Katerin al borde de las lágrimas. El corazón de Amery se rompía en pedazos, ver a su pequeña de esta manera, le partía el alma. Por primera vez, detestaba a su marido, era injusto lo que estaba haciendo. Su hija no debía de estar metida en este tipo de asuntos. La felicidad de ella y su vida no debían de depender de sus negocios. — Tú tienes la última palabra, sabes que respetaré lo que digas. Dijo Nicolás dedicándole una pequeña sonrisa, sus ojos estaban cristalinos. Las lágrimas amenazaban con salir. Katerin sabía que no tenía ninguna opción más, su vida y su gratitud estaban de parte de su padre y su madre. Él la hubiera dejado a su suerte, no era su responsabilidad quererla ni cuidarla, pero, su inmenso corazón le habían obligado a ver por ella. Ahora, era momento que ella hiciera tal sacrificio. — Está bien, padre. Haré lo que me pides. Respondió luego de pensar las cosas. Una pequeña lágrima se desbordó y rodeó su mejilla. Amery simplemente no podía aceptar lo que estaba pasando. Miró con desdén a Nicolás, quien abrazaba con cariño a Katerin. — No me voy a quedar con los brazos cruzados. Murmuró molesta. Ella sabía en el fondo que esto afectaría a Katerin, la dañaría. Ella terminaría siendo infeliz, porque la conocía y sabía que él único a quien amaba era a Alejandro, a su vez, él también la amaba. El amor que ellos dos se tenían era el más sincero que había visto en toda su vida. Al llegar a la tienda, se dirigieron con una experta, le dijeron para que evento querían que arreglara a Katerin. Ella se puso manos a la obra, eligió el mejor de los vestidos que tenían en la tienda, la maquilló con sutileza. El resultado fue impactante, Katerin parecía irreconocible. Amery estaba sorprendida, Katerin se parecía cada vez a su amada amiga. — Te ves preciosa, cariño. — Gracias, mamá Amery. Dijo Katerin tratando de ocultar su tristeza. Le había agradado el resultado de su apariencia, pero, le entristecía que alguien más que Alejandro la vería y no solo para cenar con ella, sino que esta noche se comprometería con otro. — Katerin, no debes hacerlo. Por favor, cariño. No lo hagas, debe haber otra manera. Le dijo Amery tomándola de las mejillas y mirándola con preocupación. Katerin vaciló un pequeño instante, su corazón le gritaba que se detuviera y escapará de la locura que estaba por cometer. Pero, su razón le decía que no podía darle la espalda a su padre ni siquiera a la memoria de su madre. — Quiero hacerlo. Dijo a duras penas. — No, eso no es cierto. Tú no quieres eso. Te conozco perfectamente bien y sé que no quieres esto. Contraatacó Amery. Katerin no la escuchó, ella se mantenía firme ante su decisión, aunque le doliera, sabía que no podía dejar que su empresa se perdiera. Estaba en juego el honor de su familia, y eso ella no podía permitir. — Katerin, por favor. — Lo siento, madre. Pero, hay cosas más importantes que mi amor por Alejandro. Dijo con un nudo en la garganta. Sin esperar a que su madre dijera algo más, salió fuera del cuarto al que la habían llevado. Su padre al verla se emocionó y la abrazó, sin dudas Katerin se miraba hermosa en ese vestido azul. — Bueno, es momento que vayamos a conocer a tu futuro esposo. Vas a ver que te vas a llevar con él, es alguien muy caballeroso y agradable. Indicó su padre. Katerin sólo asintió, el nudo en la garganta la había dejado sin hablar, temía que en cualquier momento las lágrimas la traicionaran. Amery volvió a insistir le una vez más, ella se negaba a que su hija hiciera semejante sacrificio, por lo que aprovechó el momento en que su padre estaba pagando en la caja, para hacer que Katerin desistiera de esa decisión. — Katerin, en verdad no estás obligada a hacerlo. Por favor, recapacita pequeña. No creo que a tu madre le gustaría verte de esta manera, ella mil veces preferiría perder la empresa a verte ser infeliz con alguien a quién no amas. Dijo tomándola de las manos y mirándola fijamente. Katerin se negó a mirarla, simplemente no podía verla, sabía que tarde o temprano lloraría, encontrarse con su mirada sólo le causaría que llorara. — No, madre. Lo siento, pero yo ya he tomado una decisión y espero que puedas entenderla. Respondió sin mirarla, se quitó sus manos de encima y se dirigió de nuevo al auto. Amery se quedó en medio de la tienda, con el corazón hecho añicos. La impotencia se apoderó de ella, quería gritar, romper todo a su paso y desaparecer en ese preciso instante, pero no podía. Su pequeña sufriría y ella no podía hacer nada. Nicolás regresó a ella, la miró sorprendido, era la primera vez que no veía tranquila a Amery. Sin embargo, no le dio mucha importancia y la tomó del brazo. Amery al sentir su tacto, enloqueció al estar afuera, se zafó de su agarre y lo miró con rabia. — No sé tú, pero yo no voy a formar parte de esta locura. Yo no voy a estar de acuerdo con esto jamás, no quiero participar en la infelicidad y desgracia de mi pequeña. Tal vez yo no sea su madre biológica, pero, si su madre de crianza. Me duele ver que ella esté haciendo esto solo por esa maldita empresa. Gritó dejando salir su ira. Nicolás se tomó un instante para pensar. Amery estaba en todo su derecho en enfadarse. Pero, no podía hacer más que eso, de todos modos la decisión ya estaba tomada. — Está bien, no partícipes si no quieres hacerlo. Le dijo sin escrúpulos. Dio media vuelta, se encaminó y subió al coche, le dio la orden y arrancó sin ella abordó. Amery simplemente lo maldijo. Por primera vez lo estaba odiando con todo su corazón, era inaceptable a lo que estaba orillando a su niña. Quien a su vez también se negaba a desistir ante esa absurda idea. — cómo me gustaría que estuvieras aquí, Kate. Tú harías que estos dos cabeza dura desistieran ante esta situación. Nada de esto estuviera ocurriendo, amiga. Dijo decepcionada, finalmente le hizo la parada a un taxi y se dirigió a casa. «Espero que desistas, deseo que te arrepientas y que no lo hagas, mi pequeña Katerin» pensó Amery con el corazón apretado. Mientras tanto, Katerin y su padre habían llegado al lujoso restaurante donde se haría aquel encuentro. Con los nervios de punta, Katerin se encaminó y siguió a su padre, hasta que pararon frente a un hombre de cabello oscuro y unos impresionantes ojos azules, vestido en un elegante traje color negro. — Tú... Pudo decir a duras penas Katerin.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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