Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Tiempo”
Michael dejaba fluir sus lágrimas, Amery lo consolaba con mucho cariño. La vida para él no había sido fácil, de eso se daba cuenta. Sus padres estaban más centrados en darle lo mejor económicamente, por lo que por mucho tiempo sus sentimientos habían quedado descuidados y ocultos. La única persona con la que había podido hablar era con Katerin, ella le había dado la atención que él necesitaba, perderla se había convertido en su mayor miedo. Él dependía emocionalmente de ella, por lo que cuando se vio amenazado por la presencia de Alejandro, se cegó y se encerró, no compartió lo que realmente estaba sintiendo, el resultado había sido atroz para los dos. — Le falle a Katerin, no le di lo suficiente, le falle. Ahora la he perdido. Dijo entre sollozos. — No, no, no la has perdido como amiga. Ella es capaz de perdonarte. No te culpes cruelmente, te aseguro que ella te perdonará. Su corazón es gentil. Le respondió tomándolo suavemente de las mejillas, lo miró con compasión y le brindó una mirada llena de amor maternal. Su corazón se abrió, por años había caminado en senderos oscuros, donde todo este tiempo había fingido ser valiente y aparentar algo que realmente no era. Al fin, se le daba la oportunidad de vaciar los sentimientos negativos de los cuales sus compañeros y personas a su alrededor se habían encargado de llenarlo. Las constantes miradas y los comentarios maliciosos lo habían tenido recluido de los demás. Amery le mostraba un lado más agradable, lo estaba escuchando, ella estaba haciendo lo que sus padres no hacían y no porque no quisieran o se negarán, sino porque él mismo no quería abrumarlos y darles más problemas de los que ya de por sí tenían. Al terminar de escucharlo, Amery se sintió afligida, lo que él había pasado por todo este lapso de tiempo había sido demasiado, habían sido injustos con él. — Olvida todo eso, deja atrás todas esas palabras crueles. Siéntete orgulloso de lo que eres. Nunca más te dejes pisotear, eres valioso. Demuéstrales que todo esté tiempo te subestimaron, ánimo Michael. La inseguridad déjala atrás, sé firme en tus decisiones y confía más en ti. Le dijo limpiandole las últimas lágrimas que había derramado. Michael asintió, por primera vez podía encontrar la paz interior, se sentía menos peso sobre su espalda, había dejado salir lo que por años había estado lastimando lo. — Gracias, Amery. Estoy agradecido. — No tienes nada que agradecerme. Eres bienvenido a esta casa, siéntete libre de venir a verme, yo estaré aquí para escucharte. Le respondió acariciando su cabello como si él se tratará de un niño. A los ojos de Amery, él aún lo era. Podía ver a través de sus ojos al niño interno que estaba refugiado en su adolorido y consternado corazón. — Gracias, muchas gracias. - dijo con alegría, luego hubo silencio, Michael miró a los lados y después a los alrededores, por ninguna parte veía a Katerin- ¿dónde está Katerin? Me gustaría pedirle perdón por todo lo que pasó. Amery lo miró con tristeza, tomó de sus manos y lo miró a los ojos. — Ella se ha ido, no está aquí, ella se fue a atender asuntos a París. Su padre ha abierto una empresa allá y le pidió que la manejará mientras busca a alguien de confianza. Michael se sorprendió, por una parte le daba gusto que su amiga estuviera ejerciendo el conocimiento que todo esté tiempo había ganado en la universidad. Y por otro lado, se sentía devastado, hablar y disculparse con ella debía de esperar. — Oh. Solo pudo decir. — No te desanimes, tómate este tiempo para sanar tus heridas. Le aconsejó con una pequeña sonrisa. — De acuerdo, gracias... — Si quieres puedes llamarme Amery, de ahora en adelante seré una amiga para ti. Dijo interrumpiendo lo. — Gracias, Amery. No te guardo rencor, tengo mucho que agradecerte. A fin de cuentas, Katerin encontró el amor con Alejandro, ¿verdad? Ella es feliz con él. Amery asintió con una sonrisa. Su pequeña sonreía, aunque se encontraba lejos, la alegría que Alejandro le compartía cada vez que se llamaban lograba que ella estuviera animada. — Sí, ella es feliz con él. A pesar de la distancia, ellos han podido sobrellevar su relación. — Me da gusto por ellos dos. Bueno, creo que es momento que me retiré, ya me he retrasado bastante. Dijo levantándose. — Mike, tus padres te conocen. Saben lo que sienten, así que, habla con ellos, ustedes tienen mucho que hablar. Le aconsejó antes de que se fuera. — Está bien, muchas gracias, vendré a verla después. Contestó sonriéndole. ... Así fue, como Michael se sinceró con sus padres, quienes no dudaron en visitar a un psicólogo, sabían que debían ayudar a que las heridas en el corazón de su hijo sanarán por completo. Por su parte, Katerin llevó un buen control de la empresa, todos los trabajadores la querían y la estimaban. Ella en poco tiempo había logrado traer prosperidad en la empresa y en sus hogares. El tiempo transcurrió, días, meses... Llenos de alegrías, éxitos, fracasos, días buenos y malos los rodearon. Trayendo consigo aprendizajes y experiencias a ellos. Poco a poco fueron creciendo, no sólo físicamente también mentalmente. Los días pasaron eternos para los dos amantes que añoraban volver a verse, a estrecharse entre sus brazos y deleitarse con la suavidad de sus labios. Dos años habían transcurrido, este tiempo sólo había hecho que Katerin y Alejandro confirmaran lo mucho que se amaban, su amor había podido atravesar las fronteras. Los dos confiaban plenamente el uno del otro. Una mañana fría de invierno, Katerin fue llamada por su padre. Finalmente el día de volver a casa había llegado. Ella se sentía contenta, sin pensarlo dos veces empacó todas sus cosas, compró su boleto y se alistó para despedirse de las buenas personas que había conocido en este hermoso país. Con un conmovedor discurso se despidió de la gente que la admiraba. Dejó a una entusiasta y trabajadora chica de cabello rubio que había trabajado arduamente todo este tiempo a su lado. Mariela Danés, la mejor candidata a representarla, su mano derecha. — Cuida de tu gente, sé justa, no dejes que el poder te corrompa. ¿De acuerdo? Le aconsejó antes de partir. — Ten por seguro que no te defraudaré. Una vez más te doy las gracias por darme tu confianza. — De nada. Al contrario, gracias a ti por el gran desempeño y la dedicación que tienes, el compromiso que muestras con esta empresa. Por favor, cuídate y cuídalos. Dijo Katerin dándole una pequeña palmada en su hombro. — Tenlo por seguro, ten buen viaje y cuídate también, mi amada presidenta. Dijo Mariela con una sonrisa. Katerin sonrío, la chica que dejaba era la mejor elección que había hecho. Nada quedaba pendiente, ella ya podía irse en paz. Tamara había pasado por ella, con felicidad la había acompañado al aeropuerto, con la promesa que ellas dos se volverían a ver, Katerin partió entusiasmada, vería al fin al amor de su vida, a quien no le había dicho que volvería. Las horas se hicieron eternas, Katerin deseaba pronto llegar y abrazar a Alejandro. Ella se había dicho que nunca más la volvería a dejar, esta vez estaría a su lado para siempre. En cuanto aterrizó, su corazón se aceleró, sus manos estaban frías y sus piernas se sintieron débiles. Las ganas de verlo de nuevo la traían loca. La presencia de su padre y su madre la tomaron por sorpresa, los dos corrieron a abrazarla. — Mi pequeña, al fin estas con nosotros. Soñaba tanto este día hasta que al fin se hizo realidad. Dijo Amery abrazándola con cariño. — Hija, al fin has vuelto. Me da gusto que estés bien, querida. El tiempo de halagos y de bienvenida se vio opacada por las miradas inquietas y extrañas que sus padres compartían. Era medio día cuando ella había arribado, ellos tomaron sus maletas y las colocaron en la parte trasera del coche. Al estar arriba del automóvil, los seguros fueron activados, el camino a casa no fue lo que Katerin vio, en cambio estaban dirigiéndose a la tienda que una vez había visitado con Tamara. — ¿A dónde vamos? Preguntó desconcertada. — Hija, hay algo que necesito decirte. Respondió su padre con un gesto afligido. — ¿Qué sucede? Preguntó preocupada. — Hija, perdóname. Es solo que necesito que hagas este sacrificio por mí. Respondió apartando su vista de ella y mirando la ventana. — Tu padre arreglo un matrimonio con un CEO importante. Respondió Amery con tristeza.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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