Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Tarde de chicas”
La hermosa y refinada mujer de cabello castaño que se encontraba frente a ella, sonreía brillantemente, se quitó las gafas que tenía y la abrazó con cariño. — No sabes cuanto te he extrañado a ti y a Ale. — Tamara, te hemos extrañado bastante. Desde que te fuiste de repente no ha habido ni un solo día que no te extrañe. Cuéntame, ¿qué ha sido de ti? Dijo Katerin mirándola con una sonrisa grabada en su rostro. — Tengo muchas cosas que contarte, pero... Ahora no es el momento, primero necesito llevarte a tu lugar de hospedaje, ya que has pasado suficiente tiempo aquí. Le respondió esbozando una apenada sonrisa. Katerin asintió, ella quería salir de aquel lugar. La castaña volvió a colocarse sus gafas oscuras y camino junto a Katerin a la salida. Las dos estaban por cruzar aquel lugar, cuando Tamara se paró bruscamente, se volteó hacia su amiga, sacó un abrigo negro y se lo colocó. — Gracias, Tamara. Me has salvado de atrapar un resfrío. Agradeció Katerin. — Lo sé, querida. Yo también pasé frío mi primera vez que vine para acá. Ahora, es momento que vayamos a un lugar más cálido. Dijo Tamara continuando con su paso a la salida. Katerin estaba sorprendida, ella no podía creer qué en verdad la chica hermosa y refinada que estaba frente a ella era su amiga Tamara, la chica a la que ella había tratado de ayudar con su amor unilateral. Ahora, se notaba que era una mujer hecha y derecha, segura de sí misma. Ya no era la chica insegura ni tímida, ahora era imponente y atractiva. Tamara la condujo hacia un hermoso automóvil de color azul, con el control al mando lo desbloqueo, luego, abrió el maletero y la ayudó a subir su equipaje. Las dos se preparaban para subirse al coche, cuando, Katerin se percató de una cámara detrás del carro que estaba atrás de ellas. — Tamara, alguien nos está tomando fotos. — Oh, sonríe y trata de hacer la mejor postura, es posible que esta foto mañana esté impresa en los periódicos, y que hoy esté en las redes sociales. Le indicó subiéndose en el asiento del copiloto. — ¿Qué? ¿Por qué? Preguntó sorprendida. Tamara sonrió ante las cámaras, saludó y luego se metió a su coche, Katerin la siguió en seguida. Dio una última pose, arrancó el carro y se fueron. — Bueno, verás. Desde que me fui de México con mi mentora Yasmine, me prepare para ser una modelo. Me esforcé bastante, así fue como poco a poco me convertí en la embajadora de una importante empresa de cosméticos y ropa. Respondió manejando por los alrededores, alejándose de los fotógrafos curiosos. Katerin la miró con fascinación, le emocionaba que su amiga haya podido cumplir uno de sus mayores sueños. — Me da mucho gusto. ¡Felicidades, amiga! Exclamó con emoción. — Gracias, pero, cuéntame como te ha ido a ti. Desde que me vine para acá, casi no supe nada de ti, solo un poco de Alejandro. Dijo desviando la conversación. Katerin pensó mucho lo que le diría, no sabría como contarle todo lo que había sucedido con ella, Michael y su actual relación con Alejandro. Eran bastantes cosas que habían pasado en su ausencia. — ¿Qué te parece si hablamos de eso cuando lleguemos al lugar donde estaré todo este tiempo? Contraatacó Katerin sonriendo. — Está bien, no tengo ningún problema. Ya resolví todo lo de esta tarde para estar junto a ti. Respondió esbozando una sonrisa. El resto del camino permanecieron en silencio, Tamara tenía una ligera sospecha del porqué Katerin no quería contarle más. En cambio, Katerin se encontraba sumida en sus pensamientos, la parte difícil vendría en el momento que el carro aparcara en aquel lugar donde tendría su estadía por todo este tiempo. Unas vueltas más, llegaron a una pequeña y acogedora casa. Katerin quedó anonadada por el esplendor y la tranquilidad de aquel bello lugar. Tamara ayudó a bajar su equipaje. Las dos se encaminaron a entrar a la casita, Katerin sacó las llaves que sus padres le habían otorgado antes de venir, y con precisión abrió la puerta. El interior de la casa las dejó sin palabras, como algo que se veía pequeño por fuera podía ser tan espacioso por dentro. La casa contaba con dos niveles, la parte alta tenía una recámara con su respectivo baño, un balcón que daba a la vista hacia la calle. En la parte inferior, se encontraba la cocina, el baño, el comedor, la sala y un cuarto para invitados. — Es maravillosa, se ve que tus padres preparon todo con anticipación para ti. Dijo Tamara sorprendida mirando la linda decoración que la casa contaba, parecía una pequeña replica de la mansión de Katerin. — Sí, lo sé. Bueno, llevaré mis maletas a la parte de arriba y hablaremos sobre nosotros, tenemos muchas cosas que contar. - más yo. — Lo último casi lo dijo en un susurro. Tamara asintió, se sentó en uno de los asientos de color marrón. Mientras, Katerin apenas pudo dejar su equipaje en el cuarto y se sintió nerviosa. «Somos amigas, las amigas se dicen la verdad, así que debo decirle todo lo que ocurrió entre Michael y yo. Y lo que ahora tengo con Alejandro, ella debe saberlo» se dijo a sí misma. Se armó de valor y bajó las escaleras. La valentía se fue perdiendo en el momento que miró a Tamara, ella había aprovechado el momento para preparar café y había colocado unas galletas en una charola. Ella estaba dispuesta a escucharla. — Bien, Kate. Te escucho, querida. Dijo con una sonrisa en cuanto la vio. — Sí, está bien. Bueno... No sé cómo empezar con esta conversación, yo... Tamara se dio cuenta del nerviosismo de Katerin, eso le confirmaba una vez más lo que tanto se había temido por mucho tiempo, sin embargo, su amor platónico por aquel hombre solo era eso, ya había quedado en el pasado. — Estás saliendo con Michael, ¿No? Dijo sin vacilar. Katerin se sorprendió, su pregunta le había tomado por sorpresa. — Oh, no... No estamos saliendo. Respondió Katerin inmediatamente. — Oh, bueno. Yo pensé... Como la última vez antes de irme los vi, besándose, pensé que tú salías con él. — No, sí salimos. Pero, por varios conflictos terminamos la relación, él no era para mí ni yo para él, nosotros dos somos idénticos, nuestras dos personalidades chocaron y bueno, pasó lo que pasó. Ahora estoy saliendo con Ale. Tamara se sorprendió, ella que siempre había pensado que ellos dos eran tal para cual, no habían tenido un buen final. La segunda noticia le había impactado demasiado, Alejandro, su estimado amigo había logrado conseguir que Katerin se enamorará de él, algo que parecía imposible. — Me da mucho gusto por ustedes, me alegro que Alejandro te haya enamorado. ¿Sabés? Desde que hicimos el examen de admisión él te ha querido. — Eso me dijo, la verdad me gustaría haber puesto mis ojos en él desde un principio, al menos así hubiéramos tenido más tiempo con nuestra relación. — Ya, no es necesario que te lamentes. Lo importante es que ahora se aman. Le dijo Tamara dedicándole una sonrisa. — Sí, tienes razón. Hablar con ella había sido más fácil de lo que había pensado. Tamara había crecido bastante, no en su físico, sino emocionalmente. Ya no era aquella chica insensata e ilusionada, y muy enamoradiza. Ahora, demostraba ser una chica valiente, sabía y de buen corazón. El resto de la tarde prosiguieron por contar todo lo que habían vivido en este tiempo alejadas, lo mucho que una le había hecho falta a la otra. Compartieron sus desdichas, lloraron juntas por tristes sucesos, rieron con hechos vergonzosos que cada una había tenido. Así estuvieron hasta que les llegó la noche, Tamara terminaba de darle importantes consejos a Katerin cuando la comida que habían pedido llegó a su casa. Tamara pagó con el pretexto que ese era su regalo de bienvenida. Las dos amigas habían hecho tantos planes para su estadía, la cual estaría llena de momentos felices y emocionantes para las dos, una nueva etapa estaba por empezar para todos.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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