Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Reencuentro”
El vuelo a Francia había sido largo, todo ese transcurso estuvo con la duda de quien era la persona que su madre Amery había mencionado. — ¿Quién será? Murmuró para sí misma. Cansada de darle vueltas al asunto, se dedicó a dormir, un largo día le esperaría. Su corazón se mantenía con Alejandro, el chico que le había robado su corazón, a quien no esperaba por volver a ver, incluso si apenas lo había visto. «Alejandro, mi amado Alejandro. Todo este tiempo perdido te lo recompensare, ya lo verás» Pensó con determinación. ... Al aterrizar, bajó con todos los pasajeros. Sorprendida por el frío clima, quiso haber consultado el clima antes de venir. Con sus manos trató de darle calor a sus brazos por medio de la fricción. Se sintió aliviada de que el aeropuerto tuviera calefacción, sin embargo, al salir de este sabía que seguiría el frívolo viento. «¿Dónde estará la persona que mi madre ha mandado para que me recoja? Si al menos me hubiera dicho si era un hombre o una mujer, al menos sabría adivinar» Pensó mientras miraba a su alrededor en búsqueda de su guía. Abrumada y mareada decidió irse a sentar a unas bancas. Ella estaba dispuesta a esperar por un pequeño lapso de tiempo para encontrarse con aquella persona, sino venía, buscaría ayuda o intentaría dar por ella misma a la dirección que sus padres le habían dado. Eran las 05:30 de la tarde, ella estaba cansada por el tiempo que había estado sentada en el avión. Así que optó por levantarse y esperar con sus maletas junto a la puerta. Aprovechó el tiempo para hacerle saber a Alejandro que ya había llegado con bien y que se encontraba esperando. Alejandro no espero más y marcó para escuchar su dulce voz. — Katerin, que gusto escucharte. — ¿Estás seguro que no te llamaran la atención por marcarme mientras estás en trabajo? Preguntó Katerin preocupada. — No, creo... Bueno, espero que no. Correr el riesgo por ti no es malo. Respondió sonriendo. Ella sonrió ante sus dulces palabras, estaba tan contenta por volverlo a escuchar. Además, hacía que su espera fuera más amena y grata. Katerin escuchó atentamente como había comenzado el día de Alejandro, lo que sus jefes le habían encargado y lo que su padre le había respondido con respecto a su petición de matrimonio. — Él está de acuerdo, con todo lo que yo considere adecuado para mí. Él siempre estará para mí. Además, de estar de acuerdo, nos brindó su bendición. Finalizó Alejandro con un tono feliz. — Eso me da gusto, cariño. Dijo Katerin. La palabra “cariño” fue como una caricia para el corazón de Alejandro, un deleite en sus oídos. Ocultó su cabeza en la pila de documentos que tenía en su mesa. Por un momento, hubo un silencio, Alejandro aún no terminaba de procesar esa linda palabra dicha por los labios de su amada. Katerin se preocupo por él. — ¿Alguien te ha cachado? ¿Estás ahí? Preguntó preocupada. — No, amor. Solo... Solo no esperaba que me llamarás de esa manera. Respondió Alejandro saliendo de su trance. — ¿Estuvo mal? Si quieres yo... — No, fue muy grato escucharte. Por favor, no dejes de hacerlo. Dijo interrumpiendo la. Ella sonrió, ahora la sonrojada y conmovida era ella. Se volteó mirando el ir y venir de las personas que pasaban afuera de la puerta de cristal. — Tan enamorada me traes qué hasta se me olvido mi abrigo, aquí hace mucho frío, no me haría nada mal tenerte ahora mismo. Estar entre tus cálidos y fuertes brazos. Dijo Katerin de manera coqueta. — Katerin, no sabía que fueras así. Me sorprendes... — Más me sorprende a mí que usted joven Alejandro que esté hablando en horas de trabajo. Dijo una voz de una mujer. Era evidente que habían atrapado a Alejandro. Katerin escucho como la señora le comenzó a dar un discurso a Alejandro de lo que debería hacer y como podía llegar a ser un buen líder. Dejándolo callado sin poder defenderse, Katerin decidió interceder por él. — Señora, con todo respecto. Lo siento por distraer a su trabajador, pero, fue mi culpa. Por favor ya no lo regañe. Dijo en el altavoz. La jefa de Alejandro se sintió un poco apenada, no sabía que él no había colgado. Miró con seriedad a Alejandro, tomó su celular. — Jovencita, está bien. Ya no seré tan severa, pero, necesito que le aconsejes que no vuelva a estar usando su teléfono en horas de trabajo. Para eso está su tiempo de almuerzo y de salida para que pueda hablar con libertad. Contestó de manera serena. — De acuerdo, lo entiendo. Aunque, un error lo comete cualquiera. Él no es el único que usa el teléfono, así que, ponga mucho cuidado con sus otros trabajadores. Él ya no repetirá esto, se lo aseguro. — Eso espero y consideraré lo que me aconsejo. — Está bien, adiós Alejandro y escucha a tu jefa. — Bien, amor. Te llamo después. Dijo Alejandro antes de colgar. Katerin sonrió apenada, sabía que había metido en un lío a los trabajadores de ese departamento. Además, que no podía saber lo que Alejandro estaría pasando en estos momentos. — Ay, Ale. Espero que esa señora no te regañe peor de lo que estaba haciendo. Murmuró tomando sus maletas y preparándose para cruzar la puerta. Sin embargo, recordó que no había llamado a casa para informar que ya había llegado con bien. Al llamar a la casa, la primera en contestar fue Amery, después su padre. Los dos estaban pendientes de ella. Su padre incluso había decidido a no ir a la empresa, solo por ella. — ¿Aún sigues en el aeropuerto? Preguntó exaltado su padre. — Sí, por favor pásame a mi madre, quiero hablar con ella. Quiero saber quien vendrá por mí. — Está bien, querida. Te pasaré a tu madre para que ella te explique, ella se encargo de eso. Dijo su padre antes de darle el teléfono a Amery. Katerin espero pacientemente su respuesta, Amery revisó una vez más el mensaje de su enviada. Ella ya había llegado junto a su hija. — Katerin, ella estará pronto contigo. Solo se retraso un poco por un trabajo que le surgió, ya estará junto a ti, sé paciente. — ¿Quién es, madre? Dime, anda. Al menos para reconocerla. — Ya lo verás, no necesito decírtelo. Pronto te encontrarás con ella. Respondió con una voz cantarina. Katerin estaba más intrigada, se moría por saber quien era la misteriosa persona que vendría a recibirla. Su madre al menos le había dado el dato que se trataba de una mujer. Pero, ¿quién será? — Anda, madre. Solo dímelo ya... Quiero saberlo. — No, es más ya debería de estar contigo. Esperaré tu llamada de agradecimiento después, disfruta de tu estadía, conoce tu alrededor y familiarizarte con el ambiente, mi linda Katerin. Dijo antes de colgarle. Katerin se quedó con la duda, su madre se negaba a decirle. Ahora con lo que había dicho, hizo que su curiosidad incrementará aún más. La paciencia comenzaba a colmar le. Pasados unos minutos, decidió que ya era momento de irse, la persona que su madre había mandado no era considerada con ella. Lo cual le molestaba. Con pasos seguros comenzó a caminar hacia la salida, cuando de repente algo la detuvo. Unas delicadas manos se posaron sobre sus hombros, la dulce esencia del jazmín invadió sus fosas nasales, ese perfume lo había olido en alguna parte, de eso estaba segura. — Bienvenue, ma chère amie, Kate. Escuchó decir atrás de ella. La nota de aquella voz, su melodiosa y armoniosa voz. Era una de las que jamás podía olvidar aún si pasarán miles de años. Con emoción se volteó, miró con sorpresa a la hermosa mujer que tenía frente a ella. Cabello castaño, ojos café claro, vestida en un despampanante vestido negro y sus botines negros. — Bienvenida, mi amada amiga Kate. Perdón por la tardanza. Respondió la castaña.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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