Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Destino”
La reciente pareja de enamorados emprendió el camino hacia la reunión con sus padres. Katerin se sentía como la chica más afortunada, tenía a su lado al chico más valioso y cariñoso de todo el mundo. — ¿Dices que tu madrastra no era tan mala después de todo? Preguntó Alejandro sorprendido, luego de que Katerin le contará todo lo que había ocurrido en este tiempo. — Sí, así es. Ya no la llames así, ella es mi madre Amery. Y creo que algún día la llamarás madre también o prefieres decirle suegra. Dijo Katerin acariciando el sedoso cabello de Alejandro. La idea de casarse y formar una familia con Katerin hizo que Alejandro delirara. Se sintió mareado, soñado y las dichosas mariposas se hicieron presentes en su estómago. — ¿Suegra? ¿Eso quiere decir que consideras la idea de casarte conmigo? Preguntó casi atónito. — Claro, no hay más que pensar. Tú eres el chico indicado. Es más, hasta ella me lo confirmó. Tú pasaste su prueba, ella te acepta como su futuro yerno. Respondió sonriendo. Su respuesta solo hizo que Alejandro se sumergiera en su mundo de imaginación. Desde lo lejos contempló a Katerin con un vestido tradicional de blanco, largo y con su velo. Ella venía tomada del brazo de don Nicolás, el cual vestía un traje beige. Las personas estaban a los costados, no podía reconocer del todo a los invitados, a lo cual dio poca importancia. Lo que más le daba prioridad era ver a su amada, la cual le sonreía abiertamente. — Alejandro, Alejandro. Pronunció su nombre con su voz melosa. — Dime, amor. Te escucho. Pronunció hipnotizado por su magnífica sonrisa. — Alejandro, Alejandro. Volvió a pronunciar pero ahora de manera insistente. Seguido de esa voz, todo se desmoronó y se dio cuenta que ya habían llegado a su casa. Katerin se sintió aliviada al verlo reaccionar. — Oh, lo siento. Me perdí por un instante con la idea de casarme contigo. Ya hasta te había visualizado con un lindo vestido de novia. Respondió con una bella sonrisa. El hecho de saber que él ya la imaginaba de esa manera, lograba que deseara con más ansias volver pronto de aquel lugar extranjero. — Ale, que más me gustaría ser tu esposa. Solo con imaginarte con un bello esmoquín hace que mi corazón se precipite. Contestó acariciando su mentón de manera coqueta. El chófer se limitó a observarlos con curiosidad, estos chicos jamás lo dejaban de sorprender. Al detener el auto frente a la puerta de la gran mansión, Amery salió emocionada a recibirlos. — Mis queridos hijos, sean bienvenidos. Exclamó con una sonrisa. Alejandro y Katerin se miraron con complicidad. Estaba claro que no necesitaban salir para que Amery lo considerada como un hijo. — Gracias, seño... — Solo dime Amery o si te parece bien, llámame como madre. Estoy encantada con esa palabra desde que mi pequeña me lo dijo a mí. Lo interrumpió con una sonrisa. El cambio había sido sorprendente, en verdad Amery había estado fingiendo todo ese tiempo, interpretando el papel de una madre desinteresada, cuando en realidad le importaba mucho. Ahora, Alejandro se daba cuenta. En la vida siempre habrá dos tipos de madres, la que te lleva en su vientre y te trae al mundo y la que te cuida y protege a pesar que no seas propio de su vientre. En este caso, Amery formaba parte del segundo tipo. — ¿Ustedes dos...- vaciló mirándolos detenidamente-Son novios? — Preguntó con un cierto tono emocionada. Alejandro y Katerin se miraron, se ruborizaron y no sabían cómo contestar esa repentina pregunta. Si bien habían confesado sus sentimientos, aún no había algo en concreto. Ellos aún no daban el siguiente paso, no formalizaban su relación. — Eh... Bueno... Esto es complicado. Respondió Katerin acariciando sus manos, una con la otra. Alejandro se limitó a escuchar la conversación. ¿Katerin haría la revelación que tanto esperaba o simplemente respondería que no? Él sólo quería saber lo que pensaba ella. — ¿Por qué complicado? A ver, ¿ustedes dos se aman? Les preguntó intercalando su mirada entre ellos dos. — Sí, nos amamos. Respondieron al instante. — Bien, solo eso me basta para comprobar que ustedes están en sincronía. Sean o no novios, ustedes me han resuelto la duda que tenía. Ahora, es mejor que pasen. - Miró a Katerin con una sonrisa - Tu padre los está esperando — anunció, dio media vuelta y se dirigió al comedor. Alejandro le cedió el paso a Katerin, los dos al entrar a la casa igualaron su caminar, tomados de la mano iban. — Es verdad que ella te ama. Es sincera. Expresó Alejandro aún sorprendido. — Sí, entiendo tu asombro. Yo también estuve así, mi madre no pudo encontrar a las mejores personas para cuidarme que Nicolás y Amery. Ellos son más que suficientes, los amo mucho y estaré siempre agradecida con ellos. Al llegar al comedor, su padre fue hacia ellos en cuanto los vio. Los recibió con un cálido abrazo y les invitó a sentarse. Por un largo tiempo se dedicaron a platicar asuntos triviales de su vida. Alejandro contó como lo trataban en la empresa de su padre. Nicolás le dio útiles consejos acerca de cómo progresar con su trabajo, Alejandro lo escucho con atención. Finalmente, había llegado el momento que todos en esa habitación no querían tocar, esa era la partida de Katerin, que cada vez estaba más cerca. — Hija, ya tengo tu boleto de avión. Tu vuelo saldrá en la madrugada. Le informó su padre. En ese instante los ánimos cayeron por los suelos, la despedida era inminente, ella se iría por mucho tiempo. Katerin y su padre se centraron en ver los últimos detalles acerca del manejo de su compañía. Mientras, en un rincón sentado se encontraba un Alejandro silencioso y pasmado. Amery se percató de su tristeza, se acercó a él y coloco sus manos sobre sus hombros. — Sé lo que estás sintiendo ahora, ella también lo siente, cuando se ama de verdad se tiene la confianza en el uno al otro. No te preocupes por ella, allá estará en compañía de más personas de mi confianza. Confío mucho en el destino y se que ustedes dos pasarán todas las dificultades que tengan que atravesar, ya lo verás. Confía en el amor que le tienes, ese es el consejo que puedo darte. Le animo con cariño. Por un momento le había recordado la validez y la sensatez de su madre. Le miró con cariño y asintió. — Bien, así se hace mi pequeño Ale. Ahora, vamos a despedir a Katerin con felicidad y enviarla con la certeza de que le irá bien en todo. Que el tiempo se irá rápido y cuando menos lo esperemos ella estará de vuelta con nosotros. — Sí, gracias, Amery. Estuve equivocado con respecto a ti, yo... Dijo Alejandro listo para pedirle disculpas, sin embargo, Amery lo silenció con su mano y meneo la cabeza de izquierda a derecha. — Ya, no perdamos el tiempo con esto. Nuestra prioridad es Katerin. Tu amor le dará la fuerza que necesita para volver pronto. Dijo con una sonrisa. Dentro de ella se sentía representada por Alejandro, quien amaba a Katerin. Por mucho tiempo, ella había experimentado ese mismo amor por Nicolás, pero, el amor hacia Kate era más grande, ella era más que una amiga, ella era su única familia, su hermana. A veces en la vida se tenían que hacer sacrificios grandes, ella había dejado el amor que sentía por él para ver feliz a su querida Kate. — Está bien. Una vez más, gracias. Dijo Alejandro. ... Se limitaron a pasar más tiempo juntos, Katerin y Alejandro comenzaron hacer planes para cuando ella volviera. — Cuando vuelva estoy dispuesta a ser la señora Magno. Le aseguró tomándolo de la mano y fingiendo colocar un anillo. — Y yo, con mucho gusto tendré el placer de desposarte. Ya verás que prepararé una ceremonia, tú tendrás un impresionante vestido y todos serán presentes para ser testigos de nuestra unión. Le aseguró Alejandro con un brillo en sus ojos. Al llegar el momento de la partida, Katerin y Alejandro se tomaron de las manos, se despidieron con besos y abrazos. Las lágrimas querían salir, pero, los dos se prometieron no llorar, al menos frente del otro no. Por los altavoces se escuchó qué llamaban a los pasajeros de su vuelo. Su momento había llegado. — Volveré pronto, te marco cuando llegue y por favor cuídate mucho. Come bien, toma mucha agua y distraete de vez en cuando, no te estreses con el trabajo. Le aconsejó mirándolo con amor. — Está bien, tú también cuídate. Estaré pendiente de ti. Te amo. — Yo también te amo mucho. Respondió dándole por última vez un beso profundo. Amery y Nicolás los miraban conmovidos. — Esos chicos me recuerdan a alguien. — Ni me lo recuerdes, estuve demasiado triste para despedirla. Solo para que ella volviera en un par de días. Respondió Nicolás con una sonrisa. Amery se acercó a ellos dos, los envolvió en un abrazo. Luego le siguió Nicolás. — Es momento que te vayas, no se te vaya ir el avión. Además, una personita especial estará esperándote en el aeropuerto. — ¿Qué? ¿Quién? Le preguntó sorprendida. — Ya lo verás, anda, ve. Le respondió sin revelarle nada.
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