Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Última oportunidad”
Así fue, como Katerin se dedicó a estar a lado de su padre, comprender cada idea y técnica en la manera de dirigir una empresa, asimismo, como estaba conformado el trabajo de cada trabajador que labora en ésta. Ella tomó nota de cada área, planteó sus dudas y escuchó atentamente su contestación. Lo que tenía por delante sería un gran reto, ella misma tendría la ardua labor de dirigir la empresa que su padre había hecho en Francia. Estaba a punto de ir a un país extranjero, con personas e idioma diferente al de ella, no sabía si se podría acostumbrar a su forma de vida. Sin embargo, ella deseaba con todo su corazón poner el nombre de la empresa por la que sus padres habían trabajado arduamente para levantar. — Está bien, padre. Así lo haré. Confirmó una vez más al finalizar su último día de capacitación. — De acuerdo, si tienes alguna duda, no dudes en preguntarme, ya sea si es de día o de noche, yo te resolveré lo que no entiendas. Le rectificó una vez más. Katerin asintió, abrazó a su padre y le dio un beso en la mejilla. — De acuerdo, yo te lo diré. Ahora, debo ir a casa a hacer mis maletas y pasar a despedirme de mi buen amigo Alejandro. Dijo con entusiasmo, aunque, lo último lo dijo con un tono un poco desanimado. De eso, se dio cuenta Nicolás. — ¿Estás segura que sólo es tu buen amigo? — Claro padre, ¿qué más podría ser? Su padre vaciló, conocía perfectamente bien a su pequeña, él sabía que ella amaba a Alejandro. Dentro de ella se desmoronaba con la idea de irse lejos de él. — Eso mismo decía yo de Kate, y mira, aquí sigo amándola. No te engañes con algo que sabes perfectamente. Le comentó mirándola a los ojos. — Padre, sé que mis sentimientos y los de él son correspondidos. Pero, creo que... Ahora no es el momento para eso, es necesario que nosotros crezcamos laboralmente, que cada uno cumpla con sus metas y sueños que se propuso. Ya después habrá momento para el amor. Contestó Katerin con confianza. Lo que ella le había dicho lo tomó por sorpresa, su pequeña había crecido bastante, era capaz de poner primero sus prioridades y responsabilidades, a pesar que amaba a alguien. Si ella consideraba prudente esperar, él la respetaría. A final de cuentas, si su amor era destinado podría interponerse ante el tiempo y la distancia. — De acuerdo, mi linda Katerin. Ve con cuidado, más tarde nos vemos. Le respondió esbozando una sonrisa. — Nos vemos más tarde, padre. Cuídate también. ... Para ella ahora vendría la parte difícil del asunto, despedirse era la cosa más difícil, ¿a quién no se le hace imposible despedirse de alguien que ama o que quiere mucho? Katerin se encaminó por aquel estrecho lugar en el que se encontraba la oficina que le habían consignado a Alejandro, su padre se había tomado en serio las cosas, realmente quería que su hijo comenzará desde abajo para que lograra entender el funcionamiento de cada área de la empresa. Le encontró atareado, con muchos documentos que revisar y realizar lo que le habían pedido sus superiores. Katerin se sintió mal por venir a darle tal noticia. Con excelente coordinación y disciplina, Alejandro pudo terminar la mayor parte de su trabajo antes de salir a receso, donde Katerin lo esperaba con paciencia. Ella le había comentado un día antes sobre su visita, lo cual lo tenía de muy buen humor. Los dos salieron del gran edificio, se dirigieron al restaurante que se encontraba a lado de éste. En cuanto entraron en aquel agradable y reconfortante lugar, una chica se aproximó a ellos y les extendió la carta del menú. No bastó ni dos minutos para que los dos ordenarán sus respectivos alimentos, la chica con eficiencia captó sus órdenes y se fue, dejándolos solos. Ahora, era el momento de hablar sobre el tema. — Katerin, me dio mucho gusto saber que vendrías a visitarme. Dijo Alejandro en cuanto tuvo la oportunidad. Katerin esbozó una pequeña sonrisa, a ella también le gustaba verlo, le encantaba estar en su presencia. Sin embargo, no todo tendría que girar entorno de sus intereses amorosos, ella debía crear un futuro sustentable para su futura familia o vida que tendría, también, ver por las personas que dependen de la empresa. — A mí también me da gusto verte... - dijo, lo miró atentamente. Alejandro se dio cuenta de que ella quería decirle algo, por lo que le presto toda su atención. El corazón de Katerin vaciló un instante, apretó sus manos contra sus piernas por debajo de la mesa, respiró profundo y dejó salir todo el aire que tenía conteniendo - Alejandro, vine a despedirme de ti. En todo este tiempo has sido alguien más que un simple amigo, has estado conmigo en los tiempos difíciles, me has apoyado y permanecido junto a mí, sin importar si yo te quiero o no. Dejaste de a un lado a tus sentimientos y luchaste por mi felicidad, por eso estoy agradecida contigo. Dijo Katerin sonriendo le al recordar todas las cosas buenas que él había hecho por ella. Alejandro se tomó el tiempo para procesar lo que Katerin le había dicho. Se mantuvo en silencio, hasta que sus palabras llegaron a su razonamiento. Con tristeza la miró. Lo que lo mantenía con optimismo en su día a día, no era querer estar con ella de manera sentimental sino verla al menos una vez a la semana. Ahora, que ella se iría demasiado lejos no sería capaz de verla con tanta regularidad y eso lo entristeció. — Katerin, yo... - Alejandro vaciló. El momento para expresar lo que sentía desde el fondo de su corazón era ahora. Tenía que expresarle lo que sentía desde mucho tiempo antes que ella se fuera- yo... Ella lo miraba atentamente a la espera de su respuesta, él estaba a punto de pronunciar aquellas palabras que se encontraban atoradas en su garganta, cuando la mesera volvió y les colocó sus platos. — Que lo disfruten, bella pareja. Comentó con una sonrisa. Ella y como todo el mundo que se encontraba ahí veían a Katerin y Alejandro como la típica pareja de enamorados que se escondían de la mirada de sus padres. Katerin se sonrojó, aquello le había hecho que su corazón se estremeciera, y pudo comprobar que ella veía algo más a Alejandro, sus sentimientos lentamente se habían inclinado hacia él, quien todo este tiempo había sido su fiel confidente. — Gracias. Atinó a decir. La mesera sonrió y lentamente se apartó de ellos. Alejandro se dio cuenta que Katerin no corrigió a la chica, por lo que pudo deducir que ella también sentía algo por él. Por el tiempo que él contaba, se dedicaron a comer con tranquilidad. Miles de pensamientos bombardeaban su mente, los dos sabían que esta posiblemente sería la última vez que se verían hasta quien sabe cuando volverían a comer juntos como lo estaban ahora. Alejandro y Katerin se dedicaron a grabar y plasmar en sus corazones este lindo momento, ya que posiblemente esto sería un aliento en sus días difíciles. Al finalizar, Alejandro se ofreció a pagar la cuenta, a lo que Katerin se negó y ella la pagó, con la condición que la próxima vez le permitiría hacerlo a él. Aún quedaban unos pocos minutos para que Alejandro volviera al trabajo, Katerin se debatía entre confesar lo que sentía por él. Caminando hacia la empresa se encontraba hasta que Katerin frenó bruscamente su paso y Alejandro también paró y giró. Los dos hablaron al mismo tiempo. — Tengo algo que decir... Dijeron al unísono. Con una sonrisa se miraron, los dos parecían estar en la misma sincronía. Decidieron hablar frente a la fuente que se encontraba en medio de ese lugar. Alejandro le cedió la palabra a Katerin, quien a su vez se lo otorgó a él. Después de una lucha sin fin, Alejandro se armó de valor y al fin lo expresó, aquel sentimiento que por años había mantenido en su corazón. — Katerin, no sé si te hayas dado cuenta, pero yo te amo. Desde que me prestaste aquel bolígrafo, mi corazón desde ese día no ha dejado de enloquecer se cuando te tengo a mi lado o te veo. Confesó mirándola detenidamente a los ojos.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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