Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Amor”
Alejandro había llegado con una sonrisa en su rostro, lo cual, su padre se percató. Y es que su felicidad y su buen humor no era cosa que se podía ocultar fácilmente, hasta los empleados de aquella casa se habían dado cuenta. — ¡Que lindo se ve sonriendo, joven! Exclamó la ama de llaves en cuanto lo vio. — Gracias. Dijo animado. Ernesto recibió a su hijo con alegría, su tristeza había desaparecido, no había duda que Katerin lo ayudaba y lo animaba. Ella era la chica que su hijo necesitaba. — Hijo, que gusto me da verte tan animado. Así deberías estar siempre, verte feliz me pone alegre a mí también. Comentó en cuanto estuvo cerca de él. — Padre, padre. ¿Cómo te encuentras el día de hoy? ¿Qué tal la empresa? Respondió Alejandro con una sonrisa. — Bien, hijo. Ahora que te veo animado, estoy relajado. Y la empresa va cada vez mejor, por cierto, ahora que lo mencionas. Quiero que ya comiences a ir a la empresa, para que puedas familiarizarte con ella. Comenzarás desde el puesto más bajo y comprenderás la importancia de cada área, de las personas y el conocimiento que adquirirás. Por último, después de que te evalúe por un largo plazo de un año y medio, determinare si ya estás listo para ocupar el cargo de vicepresidente. Contestó su padre, dándole las buenas noticias. Alejandro que en todo este tiempo había tomado en serio su vocación, estuvo de acuerdo con la propuesta de su padre. No sólo por el hecho de ser hijo de su padre podía llegar y tener un cargo por el cual no se hubiera esforzado como el resto de las demás personas. Lo que su padre le pedía era algo razonable, y él lo sabía perfectamente bien. Por todo se debía de realizar un esfuerzo y esto no era la excepción. — Está bien, padre. Tú solo indícame lo que quieres que haga y cuando, y yo estaré ahí, dando lo mejor para no defraudarte ni defraudar a mis colegas. Respondió con alegría. Este tiempo su hijo había tenido un buen cambio para bien, gracias a la buena influencia de Katerin y de sus profesores. Él ahora prometía mucho para el bienestar propio, de su empresa y del entorno social y laboral al cual se comenzaría a encaminar. — Perfecto, mañana te presentarás con recursos humanos, llevaras tu solicitud y pasaras las pruebas correspondientes como todos los nuevos. Señaló dándole una palmadita en su hombro. — De acuerdo, padre. — Veo que todo fue bien en la casa de Katerin. — De maravilla, por cierto, Don Nicolás y Katerin te mandaron saludos. Le informó, mientras comenzaban a caminar hacia dentro de la casa. Ernesto sonrió al recordar a su buen amigo Nicolás, un día de estos lo vería y volvería a hablar de sus días juntos en la escuela con él. — Oh, me alegro. Espero agradecerles cuando los vea. Respondió esbozando una sonrisa. ... Katerin no paraba de expresar su inmensa gratitud que tenía hacia sus amados padres, los cuales con mayor esfuerzo y amor la habían protegido y cuidado por estos años. — Pequeña, lo hice por el gran amor que le tengo a tu madre. Respondió su padre acariciando su cabello. — ¿Puedes contarme cómo es que se conocieron y como fue que surgió el amor entre ustedes dos? Preguntó Katerin animada y con una gran curiosidad. Su padre esbozó una gran sonrisa, recordar el momento en que había conocido al amor de su vida le traía buenos recuerdos. «En una tarde fría de otoño, él iba caminando a la universidad sin una sombrilla, la tormenta de ese día era fuera de lo común. Así que, optó por esperar en una parada del autobús hasta que el ambiente se tranquilizara. No pasó suficiente tiempo, cuando la pelinegra se dio cuenta de él. Lo miró con amabilidad y le ofreció su paraguas. — Si quieres, podemos compartir mi sombrilla. Veo que tienes tiempo esperando a que pare, pero, a como están las cosas no creo que lo haga. Por cierto, soy Kate, tú eres el nuevo, ¿No es así? Dijo la muchacha sonriendo le. Sus manos temblaban, y no precisamente por el frío ni porque se hubiera mojado, sino porque al fin estaba hablando con la chica que había encontrado en la mañana. Desde el instante que la había visto lo había flechado y hechizado, su manera de ser y su brillante sonrisa lo habían capturado. — Eh... Sí, gra... Gracias - a duras penas pudo decir, trago saliva y trató de tranquilizarse - Soy Nicolás Castillo, mucho gusto. Respondió apretando sus manos contra sus costados. Aquel acto y su reacción causó ternura en Kate, miró con agrado al chico. Ella acababa de salir de la gran tristeza que le había causado la decepción de su anterior relación, este chico prometía más que su otro amor. — ¿A dónde vas? Yo voy a esa dirección, pero, puedo acompañarte hasta tu casa o bien, me puedes acompañar a la mía, ahí puedo ofrecerte un café caliente. Le sugirió amablemente. — Yo también voy por ese rumbo. Respondió sorprendido. — Bien, me parece excelente. Vayamos por el café, anda. Sirve que te conozco más y te familiarizó con la escuela. Le dijo con voz melosa. Ella se alegraba de tener a alguien con quien hablar durante todo el trayecto solitario a su casa que compartía con Amery, ese día, ella había tenido que quedarse en la universidad porque tenía que tramitar su titulación. — Está bien. Solo pudo decir. La emoción le invadió dejándolo mudo por ese instante. Él no creía que esto en verdad le estuviera sucediendo.» Esa amistad que surgió entre ellos más tarde se convirtió en un amor puro e incondicional, donde a pesar que Kate estaba embarazada de su ex pareja, él la había aceptado e incluso le había prometido que se haría cargo de ella y del bebé, la criaria como su propia hija. Katerin al finalizar de escuchar la linda historia, estuvo feliz por las grandiosas personas que la habían cuidado. Se sentía la chica más afortunada, pensando que estaba olvidada por ellos y enojada con la vida por el hecho de haberle quitado a su madre, sin embargo, ahora se daba cuenta de que no veía las personas valiosas que siempre estuvieron a su lado. — Los amo mucho, gracias por cuidarme y quererme. Los amaré con todo mi corazón hasta el último día de mi vida. Dijo envolviendo los con cariño. — Nosotros también te amamos y te amaremos por siempre, nunca olvides de cuanto te amamos y lo mucho que tu madre te quiso. Respondió Amery sonriendo y correspondiendo su abrazo. Después de aquel dulce momento, Nicolás llamó a Katerin a su despacho, el momento de discutir su futuro había llegado. Ella debía comenzar con su vida laboral, los dos lo sabían. Por mucho tiempo se había preparado y ahora ya contaba con todo. — Katerin, ¿ya has pensado mi propuesta? Le dijo en cuanto la vio llegar. Toda la vida se había preparado para esto, ella en realidad quería llegar a ser alguien como su madre, quien en poco tiempo había hecho que la compañía de su padre se catapultará a la cima, y fuera una de las más importantes en el país. — Sí, padre. Quiero ayudarte, padre. Quiero probar suerte a donde me mandes. Respondió firmemente. Su padre sonrió abiertamente, no podía estar más feliz por su respuesta, sin dudas ella le enorgullecía bastante. En ningún momento se había sentido arrepentido por tenerla como hija. — Está bien, en estos días te instruire y te daré un informe de como está la situación en la empresa. Gracias a ti, nuestro mercado laboral creará más oportunidades de trabajo y nuestra expansión en el mundo. Respondió abrazándola con euforia. Katerin sonrió, le daba gusto ayudar a sus padres y poder ejercer la carrera que por mucho tiempo había estado estudiando. Sin embargo, había algo que le molestaba y eso, era que no vería a Alejandro por quien sabe cuanto tiempo.
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