Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Gratitud”
La mujer frente a ella rogaba que no la llamara madre, sin embargo, todo este tiempo la había cuidado y criado a su manera. Bien dicen que para ser madre y padre no se nace sabiendo, sino que se aprende. — Sé que ella es mi madre, siempre lo será y estará presente en mi corazón. Pero, tú... Tú renunciaste a tu juventud, tus sueños, ambiciones y hasta a tu amor, para estar junto a mí que no soy tu hija de sangre, me criaste a tu manera y me protegiste. A mí parecer si mereces que te llame madre. Dijo Katerin tomándola de los hombros y mirándola con una pequeña sonrisa. Amery se regocijo al ver ese lindo gesto hacia ella por parte de su pequeña niña, a quien amaba con todo su corazón. Por años, le había dado la apariencia de no amarla, incluso a que la despreciaba. Le había causado dolor al portarse de esa manera cruel con ella, sin embargo, eso le había ayudado a su pequeña a refugiarse en su madre, a amarla. Además, a que su carácter y su perspectiva de la vida fuera algo concreto, benefactor en ella y que la ayudara con su desarrollo como persona. Esto se había logrado, claro estaba. Katerin se había convertido en una chica gentil, cariñosa, amable, sincera, inteligente y disciplinada. La cual no daba su confianza a cualquiera, las cosas que hacía las pensaba más de dos veces y siempre era obediente a las sabias palabras que su padre le indicaba. Katerin había odiado con todo su ser a Amery, detestaba verla, incluso alguna vez había pensado que la vida sería mejor sin ella. Ahora, sabía que la había juzgado mal, ella siempre la había estado cuidando y lo más importante, ella amaba a su madre. — Katerin, linda. Por favor, no desprecies a tu madre ni a tu padre Nicolás, ellos dos son buenas personas. — Está bien, pero, tampoco tú te quedas atrás. Eres especial para mí, no eres mi madrastra, eres mi madre Amery. Por favor, deja que te reconozca como mi madre. Deja a un lado tus miedos e inseguridades, no tengas miedo de amarme. Te aseguro que no olvidaré a mi madre. Pero, tampoco es justo que sigas viviendo en amargura. Respondió Katerin animándola. Amery sonrió. Su pequeña había aprendido bastante bien, ella era capaz de seguir adelante, no se dejaba derribar por este asunto. — Gracias, nena. Todo este tiempo quise abrazarte, siempre que te veía triste quería besarte y animarte, no lo hacía por miedo a quitar en alta estima a tu madre. Ahora que me has asegurado que jamás la olvidarás, quiero comenzar de nuevo y amarte tal como lo he querido desde el momento que te tuve en mis brazos. ¿Me lo permites? Pidió mirándola con cariño. La frialdad había quedado en el olvido, ahora, la calidez de sus palabras y el dulce tono de su voz, demostraba el inmenso cariño que por décadas había estado guardando y reteniendo para ella. — Sí, puedes hacerlo. — Gracias, pequeña. Agradeció Amery abrazándola con mucho cariño. Todo este tiempo había soñado con este magnífico momento, ahora, ellas dos estaban en paz. Podían hablarse sin problemas. — Madre, quisiera que resuelvas unas últimas dudas para mí. Primero, ¿aún amas a Nicolás? Preguntó con interés a Amery, quien se sorprendió ante su pregunta. Hacía años que ella había cerrado su corazón al amor, por mucho tiempo, ella se había dedicado a cuidarla y protegerla de personas malintencionadas, por lo que las relaciones amorosas habían quedado en segundo plano. — No, eso ya es pasado. Tu padre ama hasta la muerte a tu madre, su recuerdo aún sigue fresco en él. No creo que él me ame a mí, sólo lo veo como un buen compañero en este magnífico equipo que hacemos los dos como padres, solo hasta ahí. Respondió acariciando su cabello. Katerin asintió satisfecha con su respuesta. El amor que su padre tenía hacía su madre era el más puro e incondicional que había visto a lo largo de su vida. Estaba feliz por la dedicación que tenía hacía su madre. Pero, por otra parte, quería buscarle el amor a su madre Amery. — De acuerdo. Quiero saber, ¿por qué todo este tiempo me hiciste creer que no me querías? ¿Por qué me hiciste vivir todo eso? Preguntó Katerin con ganas de saber todo lo que por todos estos años siempre había querido preguntarle. Amery sonrió tristemente, recordando las veces que la había tratado con frialdad y con crueldad, en la manera rígida de enseñarle las cosas. — Gracias a esas experiencias eres la chica que ahora eres. Capaz de diferenciar entre la buena gente, sin prejuicios, amable con todas las personas y respetuosa. Gracias a que viste como esas chicas malcriadas con las que te junte y reflexionaste por ti misma lo que era correcto y que no. Le respondió tomando un mechón rebelde de su frente y acomodando lo. Katerin se sorprendió aún más, todo lo que ella había hecho tenía un buen propósito. No era la manera más adecuada ni cómoda para ella. Pero, le había ayudado bastante. — Gracias, mamá Amery. De ahora en adelante ya no tendré motivos para reprocharte, porque sé que tienes un propósito para mí. Que solo buscas mi bien. Indicó abrazándola con cariño. Por primera vez, las dos se permitieron ese gesto, de ahora en adelante su relación cambiaría para bien. Las dudas y todo lo que intervenía entre ellas había quedado en el pasado. — ¿Cómo sabías que Michael no me convenía? Se preguntó después de pensar las cosas que habían enfrentado. — Bueno, ese chico no confiaba en ti. Siempre tenía dudas, era solo cuestión de tiempo que hiciera algo en contra tuya por su inseguridad y sus celos. Respondió mirándola a los ojos. — ¿Alejandro es confiable? Amery asintió con una sonrisa. Recordando aquel día que Alejandro se había negado a ayudarla a separar a Michael de su hija. — Creeme que lo es. Le propuse que los separará, le dije que lo ayudaría a ganarse tu corazón. Pero, en cambio él se molesto conmigo y dijo que solo tú podías decidir en eso. Cuando me lo dijo, me alegre. En ese instante, supe que él era el indicado para ti, ya que a pesar del gran aprecio y cariño que te tiene, él es capaz de dejar a un lado sus sentimientos y permitir que seas feliz con quien tú crees que es mejor. Respondió conmovida. Katerin asintió, en Alejandro había encontrado un buen compañero. Con las palabras de su madre podía confiar completamente en él y si él lo deseaba, podían intentar una relación entre ellos dos. Después de pasar una tarde diferente a las demás, donde por primera vez convivían como madre e hija. Amery le mostró todo lo que guardaba de Kate, le contó anécdotas inéditas, que solo ella siendo su mejor amiga sabia. Katerin se deleitó y conoció un poco más a la mujer que le había dado su vida. Al anochecer, Nicolás llegó y las llamó desde abajo. Amery y Katerin se disponían a bajar, cuando, una duda surgió. — Sé que no debo preguntar por esto, tal vez y te sientas molesta. Pero, necesito saber por aquel hombre que abandonó a mi madre. ¿Qué sabes de él? Dijo Katerin con curiosidad. Amery sabía que Katerin le haría esa pregunta, por lo que, asintió, respiró hondo y exhalo. — Ese hombre no ha aparecido, desde que tu madre quedó embarazada hasta que falleció no volvió a aparecer. No sé su paradero ni me importa, si él no mostró interés en mi amiga, no vi porque buscarlo. Ahora, vamos a comer con tu padre. Anda, pequeña. Respondió tomando de la mano a Katerin. Katerin asintió. Ahora mismo podía sentir la calidez de un verdadero hogar, la situación había cambiado. Ella solo necesitaba saber y entender que la única familia que tenía era a ellos dos, quienes estos largos años habían visto por ella. Al ver a su padre, se abalanzó sobre él y le dio las gracias por ser su padre. — No necesito a nadie más, tú eres y siempre serás mi padre. Te amo, papá. Dijo con cariño. Todos admiraron conmovidos esa linda escena.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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