Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Dolor”
Nicolás después de pensarlo por mucho, se decidía a firmar la autorización para sacar a la criatura y salvar a Kate, sin embargo, en ese instante salió una enfermera. — La paciente quiere verlos a los dos. Anunció la enfermera en cuanto estuvo cerca de ellos. — Está bien, por favor vayan a hablar con ella y tomen una decisión rápido, su vida depende de un hilo. Dijo el doctor con preocupación en su rostro. Amery y Nicolás fueron guiados por la enfermera, donde Kate estaba con un gesto demacrado y lágrimas en sus ojos. Ella ya estaba al tanto de la difícil situación en la que se encontraba. — Nicolás, por favor no me quites a mi hija. Déjala vivir en mi lugar, por favor. Imploro en cuanto tuvo su mano entre las suyas. Nicolás miraba con tristeza a la chica que amaba con todo su corazón, aquella que había querido desde el primer día en que la conoció. Ahora, estaba a punto de perderla. Sus ojos se cerrarían para jamás abrirse, todos sus planes quedarían en el pasado y un gran vacío estaría en su corazón. — No, Kate. No me hagas esto, no. No hagas que yo decida entre tú o la bebé, por favor. Todo menos eso. Recuerda que prometimos vivir felices para toda la vida, me lo prometiste. Dijo Nicolás llorando. El corazón de Amery se achicó al ver el sufrimiento de sus dos mejores amigos, ella tampoco quería perder a su pequeña hermana. — Kate, cariño... Kate. Solo susurró dejando fluir su llanto. No había palabras para describir lo que estaba sintiendo, no podía pedirle que renunciara a su hija y que viviera con normalidad. Además, Kate ya había tomado su decisión, por la manera en la que los miraba, era como si ella ya se estuviera despidiendo de ellos dos. — Kate, por favor, quedate conmigo. Imploro Nicolás con el corazón apretado. Ella solo se limitó a llorar, el momento estaba siendo demasiado para todos, la despedida siempre era dura. Nunca pensó que este día llegaría, jamás imagino que no conocería a su pequeña ni que la tendría en brazos. El hombre que estaba a lado de ella, le había ofrecido su amor y ayuda incondicional a pesar de todo. La chica a su lado era la mujer más importante en su vida, ella la había apoyado incluso cuando su propia familia le había dado la espalda, había sido su cómplice de su romance y de sus acciones. Por ella había logrado sentirse libre. Ahora, lamentablemente estaba a punto de despedirlos. — Lo siento, en verdad lo siento. Ustedes dos han sido muy buenos conmigo. Nicolás me aceptaste incluso con una niña en mi vientre. Fuiste capaz de quererla como tuya. Y tú, Amery, la has amado como si fuera tu sobrina. Ahora lo que les pido es que la protejan, que la cuiden los dos, amen la como si fuera su propia hija. Que sea feliz y que no cometa los mismos errores que su madre. Si es posible que no sepa que yo la tuve. Pidió con lágrimas en sus ojos, tomando la mano de cada uno. Aquella petición los conmovió y a la vez los indignó, lo último que les pedía era algo inaceptable. Amery le apretó ligeramente la mano y atrajo su atención. — Prometo que cuidare de tu pequeña, te juro que velare por su felicidad, no permitiré que un hombre como ese que conociste, se burlé de ella ni que la utilice. Te prometo que encontraré a un chico indicado, te lo prometo. También, no dejaré que ella te olvide, tú mereces ser recordada por ella, vivir presente en sus días, incluso si no convivieron. Le aseguró limpiando sus lágrimas, dedicándole una sonrisa. — Gracias, Amery. Mi querida hermana, amiga y madre. Amala en mi lugar. Ahora era momento de hablar con Nicolás, quien no podía creer que esto en verdad estaba ocurriendo. Solo quería que esto se tratara de una horrible pesadilla de la cual despertaría. Sin embargo, no era así. El amor de su vida estaba a punto de irse para jamás volver. — Nicolás, cásate con mi amiga. Ustedes dos sean los padres de Katerin, así quiero que se llame. Protejan la de todo mal, incluso si aquel hombre aparece, cuiden la, por favor. Sé que lo que te pido es egoísta... — No te preocupes, yo cumpliré con lo que me pides. Kate, te amo y te amaré por siempre. Querré a tu hija como si fuera mía, no te preocupes. Contestó Nicolás, sacó el formulario y firmó por tener el bebé. — Gracias, Nicolás. Eres un buen hombre, te dejo en buenas manos, ella es una mujer cariñosa y gentil. No dudo que ustedes se puedan llevar bien. En ese momento, el doctor llegó con las enfermeras. El momento ya había llegado, incluso Kate lo sabía. Su corazón se destrozaba, dejarlos solos con este terrible dolor le causaba tristeza. Nicolás y Amery le dieron unas últimas miradas. Él le entregó el formulario a la enfermera, después los condujeron afuera de la habitación. Donde por un largo tiempo permanecieron entre esas deslumbrantes paredes, los asientos fríos y el olor a desinfectante los rodeó. El llanto de la bebé resonó por aquel tranquilo lugar, en sus corazones sintieron emoción, pero un escalofrío les heló sus cuerpos. Kate yacía postrada con los ojos cerrados y con la expresión de alivio, tranquilidad y seguridad en su rostro. Ella sabía que había dejado a su pequeña en manos de buenas personas. Días enteros lloraron por su partida, no pasó hasta un año que Amery y Nicolás se casaron, sorprendiendo a todos sus conocidos. Algunos de ellos estaban en contra de esa unión, miraban a Nicolás y Amery como traidores, incluso había algunos que creían que ellos tenían que ver con la misteriosa muerte de Kate, la chica que era querida por todos. Sin embargo, ellos desconocían la promesa entre los tres. Así fue, como su controversial matrimonio se convirtió en un tema del que tanto hablaron por mucho tiempo. Ellos tuvieron que vivir con las miradas y cuchicheos en cuanto daban la espalda. Amery tuvo que recluirse por mucho tiempo lejos de las mujeres, para evitar ser señalada. En cambio, dedicó su tiempo para cuidar a la pequeña que era la viva y fiel copia de su gran amiga. Lloraba en las noches recordando los momentos juntas y añoraba por tenerla a su lado aunque sea en sus sueños. La vida de casados para ellos solo era una linda amistad, no había amor de por medio, los dos convivían para darle una familia a la pequeña, incluso dormían en cuartos separados. Para Amery, su amor de juventud ya era irrelevante, su objetivo ahora era cuidar y proteger de la pequeña, así como se lo había prometido a su buen amiga. Renunció incluso a el amor y sus sueños por ser una buena madre. No lo demostraba abiertamente a ella, porque no quería ser quien robara el título de madre, ese solo le pertenecía a su amiga. Por años trabajó porque sólo Katerin la viera como una madrastra y que amará a su madre, a quien la vida se la había arrebatado antes de tiempo. El sacrificio había sido doloroso para ella, tenía que soportar las miradas de odio de la pequeña, y no la culpaba, ella no sabía que detrás de todo eso se ocultaba una gran verdad, una buena mujer de nobles sentimientos que sólo quería su bienestar, incluso si eso significará su sufrimiento. Ahora, estaba frente a ella. Después de que le contó todo, Katerin fue capaz de mirarla con otros ojos. Por mucho tiempo la había malentendido, ella era una verdadera madre, la amaba a su manera, su amor era sincero e incondicional. Había dejado atrás todo por cuidarla. — Madre, tú eres en realidad una madre para mí. — No, Katerin, no lo soy. Tu madre es y será Kate. Respondió mirándola con lágrimas en sus ojos. La palabra la había conmovido, inclusive su corazón había saltado de emoción, sin embargo, se negaba a tener algo que no sentía que se merecía.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
Y, ¿si tan solo nos amamos?

Populares

Populares

close 0/500