Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Pasado”
Dos lindas chicas paseaban tomadas de la mano, una de cabello pelirrojo y otra de cabello oscuro, altas y con una belleza digna de admiración, caminaban rumbo a su automóvil, cuando la pelinegra captó a un chico de cabello castaño que estaba sentado al otro lado de la calle, sostenía un libro entre sus manos. — Mira, que tierno se ve. ¿No lo crees? Dijo la pelinegra con una sonrisa a su amiga, quien examinó detenidamente al sujeto. — No, Kate. Es mejor que nos vayamos a casa, tus padres son estrictos, ya sabes como se ponen si no llegas a tiempo. Le sugirió jalando la ligeramente del brazo. — Ay, Amery. Solo un momento, por favor. Quiero hablar con él, a ti no te parecerá lindo pero a mí si, no sé si alguna vez lo veré o quien sabe si alguna vez me casaré con unos padres como los míos. Respondió haciendo un ligero puchero. Su mejor arma era hacerse la tierna, nunca fallaba en su amiga. Amery torció su boca, la miró con recelo y maldijo por lo bajo. Su punto débil era esa linda actitud de niña. Puesto que toda su infancia y adolescencia se había encargado de ser como una madre cariñosa y hermana mayor para ella. Sabía que lo que le estaba pidiendo le causaría problemas a las dos, tal vez sus padres la castigarían y a ella la tacharían de mala influencia para su hija. Nadie conocía mejor a Kate que ella, por lo que derrotada esbozó una pequeña sonrisa y asintió. Kate la abrazó con euforia, la llenó de besos en el cachete y la miró con gratitud. — Gracias amiga. ¿Sabés que te amo mucho, verdad? Le dijo mirándola detenidamente a los ojos. — Lo sé, nena. Ahora date prisa, sino nos meteremos en problemas, anda corre tras tu amor a primera vista. Respondió dándole una palmadita. Amery no se imaginó que ese día sería el primero de muchos al cual ella sería testigo y cómplice de las salidas, amorío y romance que sostenía con este chico. De lejos se miraba un buen chico que amaba a su amiga, no había ningún fallo ni nada que le preocupara, pero, siempre había algo que no le causaba comodidad. Ella misma no sabía si aquello en realidad era porque a veces sobre protegía a Kate, o, tal vez si era algo más grave. Tras meditar bastante las cosas, ella decidió que no debía de preocuparse, total Kate era lo suficiente adulta para tomar sus decisiones. Ella estaba felizmente al lado de aquel chico, todo marchaba bien. Ni sus padres ni nadie más se había dado cuenta de la relación que tenían en secreto. Hasta que un día, Kate la buscó con lágrimas en sus ojos junto con sus maletas, sus padres habían sospechado de ella, sabían que tenía una relación con un chico, por eso se habían puesto más rígidos y estrictos con ella, hasta el punto de controlarle sus salidas y sus llamadas. Por eso, Kate había decidido salir de su casa e ir a vivir con su mejor amiga sin antes decirle, sabía que ella jamás le fallaría. Cómo esperaba Amery la admitió en su hogar, en aquel lugar solitario donde sólo ella vivía. Los primeros días la pasaron de maravilla, después los problemas comenzaron a surgir, sus padres le advirtieron que si no volvía, jamás la dejarían entrar a casa de nuevo. Kate no sucumbió ante sus amenazas y no les hizo caso. Dicho y hecho ellos se alejaron de ella. Kate y el chico siguieron saliendo, su relación ya iba para los seis meses, cuando, ella de la nada lo dejó de ver. Amery no volvió a ver a aquel joven, por un largo tiempo el humor y la actitud de su mejor amiga cambió drásticamente, ya no era la dulce chica que sonreía con amabilidad, se veía más apagada y débil. Eso comenzaba a preocuparle. Entonces, fue ahí cuando apareció Nicolás, robando el corazón de Amery, él con amabilidad se acercó a preguntarle la hora, luego su nombre, cuando estaba ansiosa y entusiasmada por escuchar la pregunta más importante, se llevó una gran decepción y una punzada en su corazón se hizo presente. Él le preguntó más acerca de Kate, estaba interesado en su amiga y no en ella, como tanto lo había querido. Sin decir más, le contó sobre ella, le advirtió que por el momento su amiga estaba pasando por un momento difícil y que realmente quería verla feliz de nuevo, quería hacer algo para ayudarla. En seguida, él se apresuró a hablarle, con su personalidad amable y gentil habló con ella, de poco a poco se fue ganando su corazón herido. Amery estaba feliz por lo bien que su relación con Nicolás estaba haciendo que su amiga volviera a sonreír. Tristemente veía como el chico que le gustaba hacia feliz a su gran amiga. Su relación progreso demasiado rápido, incluso anunciaron su matrimonio en menos de un mes de ser novios. Amery se mostró distante y fría con ellos, no porque sintiera celos o rabia hacia ellos, sino que estaba tranquilizando su corazón. Después todo, había renunciado a el amor por ella. El día de su boda, todos sus amigos, familiares y conocidos cercanos asistieron en aquella gran celebración. Fue felicidad plena para todos, menos para Amery, quien ocultaba sus sentimientos. Feliz deseó que ellos vivieran felices para toda la vida. Las buenas noticias los invadieron después de la boda, Kate dio la magnífica noticia que próximamente sería madre. Amery dejó de lado todos los malos sentimientos que sentía por ella misma y se permitió ser feliz por su querida hermana Kate, en ese preciso instante se ofreció para ser su madrina. Ellas dos convivieron todo ese tiempo, organizaron el cuarto de la pequeña, compraron ropa y zapatos, planearon hasta el mínimo detalle para el nacimiento de la nena. Su amor ya era cosa del pasado, ahora, lo que prevalecía era el cariño y el entusiasmo que le causaba el conocer a la pequeña mini Kate que estaba a punto de venir al mundo. Los meses pasaron volando, su amiga llegó a comenzar a tener contracciones, la fuente se había roto y el bebé estaba por nacer. Amery corrió a conseguir un taxi que las llevara al hospital, pero todos pasaban llenos. Llamó a Nicolás, el cual le aseguró que llegaría en menos de 25 minutos. Espero pacientemente mientras ayudaba a tranquilizar a Kate como había aprendido en los libros que había leído y en las clases prenatales a las cuales asistió haciéndole compañía a su amiga, cuando Nicolás no podía. En cuanto llegó Nicolás, Amery sacó fuerzas de quien sabe a donde, cargó a Kate y se subió al asiento trasero, mientras seguía tranquilizando la. Al llegar al hospital, la atendieron de inmediato. La labor de parto se alargo bastante, temerosos y con los nervios de punta, Amery y Nicolás dieron vueltas hasta que la doctora salió con un documento en sus manos y miró con preocupación a Nicolás. — Ella está débil, tras intentar más y más, la bebé no ha salido. Si continúa así morirá, debemos hacer algo. Sugirió la doctora con un semblante serio. Nicolás y Amery se miraron, los dos estaban en shock. Kate quién se veía saludable y llena de vida, ahora se debatía entre la vida y la muerte, algo que los dos no se podían aceptar y se negaban a aceptar. — Aquí debe de haber un error. Mi amiga no puede estar debatiéndose entre la vida y la muerte. Usted está mintiendo. Dijo Amery con desesperación. — Por favor, tomen una decisión. Si lo piensan demasiado estaremos poniendo en riesgo la vida de las dos. La nena aún no debía de nacer, no entiendo porque su parto se adelantó. Es momento de tomar una decisión. Les indicó mirándolos en espera de su respuesta. Amery y Nicolás dieron vueltas, los dos no podían aceptar el hecho que estaban a punto de perder a los dos. Su corazón estaba dividido, sin ánimos y con un dolor punzante en su pecho, ellos debían tomar una decisión lo antes posible, era la bebé o era su amiga. Cualquiera de las dos era algo que se negaban a aceptar.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
Y, ¿si tan solo nos amamos?

Populares

Populares

close 0/500