Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 15
–Ven –me dice tendiéndome la mano –hay algo que debo mostrarte. Mi corazón se acelera ante su voz, me siento temblar, es increíble lo que puede lograr en mí pero sobretodo siento como el corazón me late más acelerado de lo normal por su petición. Le permito el contacto, su mano es grande y suave, la mano de un guitarrista, porque ya sé que toca la guitarra y me encanta que lo haga. La mía es pequeña a su lado y un tono más claro que la suya, la mano de una chica. Me extraña esto, de hecho me extraña toda su actitud. Toda la semana estuvo tan atento y tan cercano a mí que me extraña. ¿Por qué si parecía tener interés en Camille ahora parece que no lo tiene? ¿Es que a caso ahora está interesado en mí? Sin querer mi corazón salta emocionado ante de la idea de que eso sea realidad, pero tampoco puedo evitar sentir un poco de pena por Camille. Más no está en mis manos aquello. Prefiero empujarlo al fondo de mi mente. Tengo que pensar en mí y mi felicidad. Lo miro raro y creo que lo nota, aún no lo entiendo del todo. Me dejo arrastrar por él, lo observo embelesada alternando la mirada entre su rostro y nuestras manos enlazadas. Voy tan centrada en verlo que no reparo en nuestro destino hasta que llegamos. El gimnasio. –¿Qué me vas a mostrar? –pregunto pacientemente, pero con cierto atisbo de curiosidad y desconfianza. –Yo –dice rascándose la nuca. Lo noto nervioso, por algún motivo también me pongo así. Es como si pudiera sentir más que nunca sus emociones. –¿Tú...? –digo tratando de aliviar un poco la tensión que se empieza a formar. Al menos me debo mantener tranquila para transmitirle aquello. Se nota tan indeciso, tan nervioso y me gusta así, sus labios están entreabiertos, está tan sexy. Quiero besarlo, pero el recuerdo de las palabras de Camille me persigue, sin previo aviso toma mis mejillas y me besa, al principio estoy sorprendida pero después me dejo llevar y le correspondo. Es dulce al besar, tan delicado que me derrite con un solo beso, mientras le beso me doy cuenta de lo más importante. Me gusta, le quería y lucharé por él, aún así tenga que pasar sobre Camille y sus sentimientos. Ella debe entender que lo que siento es verdadero, que no se puede cambiar y que como mi hermana tiene que aceptarlo. Sin lugar a dudas le quiero tanto que da miedo. Sus dulces labios son embriagantes y simplemente hago lo que hace mucho quiero hacer, porque en ese momento me doy cuenta de lo mucho que he deseado que me bese. Parece que el beso es eterno, y siento como nos fundimos al rozarnos los labios, es como si estuvieramos hechos el uno para el otro. ¿Era posible que tan pronto haya encontrado a esa persona tan especial? ¿Será cierto que los felices para siempre existen? Porque en este momento lo siento fuerte, arrollador y sobretodo certero. Nos separamos. Está con los labios hinchados y los ojos brillantes, seguro yo también tengo esa pinta. Solo que él es sexy, me recuerda mi mente. –Me gustas –dice –me estoy enamorando de tí. Primero es como si estuviera hablando en otro idioma y luego mi cerebro se conecta, entonces entiendo lo que dice. No puedo creer lo que dice y estoy segura que mis ojos están a punto de salirse de mis órbitas. ¿Podría ser algo tan perfecto real? –Pensé que te gustaba Camille –digo confundida. Porque en verdad eso creo o creía. –No –habla –no, tú solo tú me encantas. Con esas palabras me tiene a su merced en ese instante, pero él no lo sabe. Me besa de nuevo. –Pero Camille tiene sentimientos por tí –trato de decir. –Lo solucionaremos –dice convencido –mejor dime, ¿sientes lo mismo? Asiento. –Entonces estoy seguro que lo entenderá –me responde tratando de persuadirme. Y lo estaba consiguiendo. –Demostrémosle al mundo que el amor existe –propone y siento como mis ojos brillan de emoción. Me contagia su sentimiento. –Hagámoslo juntos –dice y unimos nuestras manos. Y lo siento como una promesa que creo que será eterna. Las promesas no se rompen, ¿no es así? Por lo que parece una eternidad estamos en nuestro mundo, sé que Camille no reaccionará bien, ese hecho me pone mal. Odio que ésto ponga en riesgo lo que hemos ganado, por eso quiero ganar un poco de tiempo para hacerle saber y darle el tiempo para entender todo. –Quiero pedirte algo –le digo mirándolo a los ojos. –Pídeme lo que quieras –me dice serio. –¿Podríamos esperar un poco? –pregunto –sabes lo que Camille siente, antes que nada me gustaría decírselo yo y hacer las cosas bien, no quiero que sufra pero le diré la verdad. –Está bien –me concede –espero y la logres convencer sin causarle dolor alguno. Suspiro. Después de nuestro hermoso momento, tenemos que volver a nuestra trágica realidad, aunque ambos queremos seguir disfrutando, sabemos que eso no es posible pues sino empezaremos a levantar sospechas. Las demás clases las pasamos disimulando a la perfección, y creo que funciona pero entonces noto una actitud muy diferente en Cami, parece triste, enojada y a la vez decaída. No me gusta verla así, pero no le pregunto que le sucede. Dejo que pase la práctica, luego de eso nos vamos a casa. Cuando me subo al auto ella ya me espera, no sabía que hoy tenía mucha prisa por irse a casa. Entonces veo el momento de preguntarle y lo hago, su respuesta no me gusta, pues en su voz destila enojo, rabia y mucha tristeza, pero todo va dirigido hacia mí. ¿Cómo es que supo todo lo que pasó? ¿Cómo es que se dió cuenta de que me gusta Leonel? Camille no es estúpida recuerdo. Eso es como una puñalada. Camille sabe lo de Leonel y al final lo que más quiero evitar es imposible de hacer. El auto aparca y yo salgo primero, después ella sale, pero termina pasándome de largo. Con ello solo compruebo que lo noté en su mirada si está dirigido hacia mí y en verdad que lo siente. Antonie me alcanza cuando estoy por correr detrás de Cami, pero por su causa no puedo hacerlo. –¿Qué sucede entre Camille y tú? –pregunta a mis espaldas. –¿A qué te refieres? –le pregunto fingiendo no saber de qué habla. Ojalá que deje pasar pronto el tema. No tengo la intención de responder. –No soy tonto Cassandra, sé que sucede algo, ¿qué es? Lo miro, tiene razón. Es más que evidente que algo sucede. –Le mentí a Camille –digo –le oculté a Camille que yo quiero a Leonel y está sufriendo porque él me eligió a mí a pesar de que sabe lo que ella siente. –Ese gran imbécil –dice y yo lo miro mal. –No lo juzgues –le reprendo. –Por puesto que lo hago, es un total idiota. No estoy diciendo que por haberte elegido, porque el hecho de que hubiese elegido a Cami no lo haría más listo, me refiero que él no tiene porque elegir entre ustedes cuando sabe lo que ambas sienten. No es justo que juegue con ambas, no lo merecen, pero sobretodo él no vale la pena como para que se peleen por su culpa. Al final de todo solo las hará sufrir a las dos y odio el hecho de que eso pueda suceder. Como un chico de verdad debería de dejarlas a ambas. –Pero aun así le quiero –hablo. Niega con cierta molestia. –En ese caso no puedo hacer nada si sigues insistiendo en quemarte. Con eso dicho me pasa de largo y camina hasta el interior de la casa. No sé que pensar de lo que me dijo pero en ese momento no le doy importancia a sus palabras. Paso a la cocina y saludo a mi nana, después voy a la habitación de mamá para saludarla y avisarle que ya estoy aquí. Por último me dirijo a mi habitación para poder pensar con claridad lo que sucede para después decidir si hablo con ella o no. Al pasar por su puerta escucho un ruido proveniente de su cuarto, pego mi oído de forma silenciosa, quiero saber que sucede. Es un sollozo y solo puede ser de alguien. Camille está llorando su pena, eso me forma un nudo en la garganta. Tengo que irme y pensar lo que haré, me quito de su puerta, antes de irme hecho un vistazo a mi espalda por puro instinto. Antonie está de pie a mis espaldas observándome, al parecer también ha oído sus sollozos. Lo miro con pena y él me mira pacíficamente. Me alejo. Es el turno de él, tiene que reparar lo que destruí. En todo el resto del día no he hablado con Camille, no baja a comer y mucho menos a la cena, con el pretexto de que está resfriada y cada vez que me acerco ella me lanza un mirada que me intimida por eso decido no intentar algo. Frente a nuestros padres hemos disimulado, sus palabras, su voz llena de alegría y sus risas las finge a la perfección a la vista de toydo, pero sé que es lo que en realidad le sucede, sé de su pena y que yo la causé. Aunque me siento culpable no quiero dejar a Leonel. El martes tarda mucho en llegar, estoy más que ansiosa por ir al instituto, de verdad que tengo muchas ganas de ver a Leonel. En el trayecto al instituto Camille no cruza palabra conmigo y aunque eso me sigue doliendo decido darle su espacio y tiempo para que se recupere pero sobretodo para que me deje hablar con ella, no me gusta estar peleada con ella pero no puedo obligarla a hablarme. El auto se detiene, bajo de él. Camille se queda dentro aún con Antonie, sé que eso está mal por su parte pero soy consciente que ella sabe lo que hace y no hay necesidad de tratar de corregirla, ella es muy lista a diferencia de mi, por lo regular no se equivoca y si lo hace no vuelve a cometer el mismo error. Camino hasta la entrada donde me encuentro con Leonel, me mira y me da un beso en la mejilla. Le sonrío y él hace lo mismo. –¿Y Camille? –me pregunta. Él y mi hermana se llevan muy bien, pero creo que su relación se verá afectada por lo que pasó, no me gusta la idea de aquello pero nada puedo hacer. Tengo que decirle. –Aún está en el auto –me mira con las cejas alzadas. Está expectante a que diga algo más. –Cami ya lo sabe –suelto, él me da toda su atención. –¿Cómo? –me pregunta. –Se dió cuenta y está enojada conmigo –digo –supongo que igual contigo, está muy dolida y la comprendo. Asiente, sé que está perturbado. Veo a Camille salir con la ayuda de Antonie quien le tiende la mano, ella la posa sobre la suya con elegancia y sale. Se miran. Están frente a frente y veo como él la mira, ella hace lo mismo atenta. Le está diciendo algo, ella asiente de acuerdo. Le responde también y luego veo como la abraza, ella le corresponde, sé que él la ama de verdad, luego la besa en la frente y sube al auto para marcharse, dejándola ahí. Se gira sobre sus talones y camina a la entrada, justo donde estamos. Tan decidida y altanera. Pasa a nuestro lado, está decidida a no hablarle a Leonel, pero él lo hace. –Cami –le dice con suavidad. Ella vuelve la mirada y se detiene, lo mira tan fría e intimidante. –¿Si? –dice con soberbia y aunque Leonel no lo nota, yo noto como se está burlando de él. –Pensé que no me hablarías –dice. –Y no pienso hacerlo –dice burlona –solo te doy el placer de saberlo. Con eso se gira y se va, con eso sé que Camille no es la misma.
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