Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 14
La semana da inicio, con ello me refiero a que hoy es lunes, al fin es lunes. Terrible y espantoso inicio de semana. Cuando llegamos a clase acompañadas de Leonel, él al instante va a ver a Charlotte, algo que me resulta muy raro. Digo por lo normal se queda con nosotras a platicar pero hoy no ha sido así pero mejor no darle importancia. Habla un tiempo con ella, lo sé porque como una loca desquiciada lo estoy observando desde mi sitio mientras platico con Cass o bien dicho, mientras finjo hablar con Cass, porque la gran verdad es que la estoy ignorando de manera olímpica. Soy un asco de hermana, debería de dejar de hacer eso. Un rato después se sienta pero un poco apartado de nosotras y eso me extraña muchísimo, desde ese momento está muy raro, como pensativo y no pronuncia palabra en todas las clases antes del descanso. Tengo unas ganas inmensas de ir y preguntarle qué le sucedía, de paso darle un fuerte abrazo, algo que según él sea un accidente. Nótese mi locura. A la hora del receso no va con nosotras y aunque debo admitir que le hecho de menos trato de no dar a notar cuanto me afecta su falta, pero Dios sabe que si me hace falta el chico. ¿Tan malditamente dependiente soy de él? Seguro que si. Pasamos las demás clases sin poder hablar bien con él y eso es de lo más raro. ¿Por qué se está portando así? Nos evita como si fuéramos una plaga, quiero saber que le pasa pero temo que no confiet lo suficiente en mí como para decirme lo que pasa. El martes entramos a clase, como de costumbre Leonel ya está sentado en uno de los primeros sitios, quiero ir hasta él y sentarme a su lado, así quizá puedo preguntarle por lo que le sucedió ayer y porque su actitud pero en ese momento él llama indirectamente a Cassandra para sentarse a su lado y entiendo perfectamente su indirecta, lo dejo pasar. Maldita sea. El corazón me dolió un poco, el orgullo también me dolió. 'No te enamores Camille.' En el descanso podré hablar con él, pero no es así, pues cuando la campana suena, él se precipita a acaparar la atención de mi hermana y cuando nos sentamos luego de ir por nuestra comida se acomoda a su lado. No voy a mentir diciendo que no me dolió  porque lo hizo, mi mirada divaga y cae en él, sé que reflejo la extrañeza, el dolor que me provocaban sus actos y él solo me mira sin inmutarse. ¿Es que no se da cuenta de todo lo que me hacen sus acciones? Los días posteriores nada cambia para mi, Leonel sigue manteniendo esa actitud acaparante con Cassandra y me duele mucho que sea así, también se la pasa evitándome, eso me hace mucho más daño de lo que espero. Después que siempre he sido luz, estoy segura ahora solo quedan sombras de mí, es curioso como alguien tan lúcido de un momento a otro se puede volver sombras. Las conversaciones se dan poco y solo son en cierto modo forzadas. El fin de semana es un alivio y un martirio, un alivio porque así ya no lo veo y ya no sufro más, en tanto un martirio porque mi mente está dispuesta a joderme, tanto que me lo recuerda una y otra vez. Definitivamente tengo que sacar a ese tonto chico de mi mente. ¿Por qué no simplemente mi jodido corazón se enamora de Tono y ya? Sería más fácil. El lunes por la mañana su actitud hiriente continúa, como ya es costumbre Charlie se sienta conmigo y Cass con él.  Las horas que pasamos encerrados en el salón de clases se me hacen eternas, el timbre suena y me alegro por ello. Charlie suelta un suspiro de alivio al igual que yo. –¿Vamos? –ofrece y acepto. No me molesto en esperar a mi hermana, realmente no tengo ánimos de ver como Leonel la consume y ella se deja llevar, me da rabia de solo pensar que ella me hubiese mentido y en realidad ella si siente algo mínimo por él, porque se lo pregunté cuando le confesé lo que siento por él, y por supuesto ella negó sentir algo por él. Vamos hasta la cafetería, tomamos nuestros lugares en la mesa que habitualmente usamos. Charlie se ve tensa y realmente no entiendo el porque está así. Hoy no vino George, de momento estamos solas, vamos por la comida y volvemos, ella sigue tensa, trato de entablar conversación, pero solo contesta con monosílabos. Es extraño. Los minutos van pasando y tanto Leonel como Cassandra no aparecen, frunzo el ceño extrañada y confundida. –¿Sabes dónde está Cassie? –le pregunto. La veo tensarse más, no contesta. –¿Sabes donde están? –desvía la mirada. No me contesta y eso me enoja. –Charlie –digo con advertencia. Al oírme me dirige la mirada, está cargada de culpa y de pena. –Lo siento Cami –me dice. –Habla –pido. –Cass y Leo se fueron al gimnasio, él le está confesando lo que siente. Trago saliva, presiento que ésto no termina ahí. –Pero ella lo va a rechazar –digo casi para mi misma. Niega. –No, ella también siente lo mismo, él lo sabe y desea persuadirla de sucumbir. –Pero, ella me lo negó. No siente nada por él. Él no sabe de lo que siento, ¿no? –Ella te mintió o te lo oculto –dice –y de hecho él si sabe de tus sentimientos, pero él quiere a Cass. Siento ganas de llorar, de gritar y también me siento traicionada, Cassandra dice sentirse mal porque la confianza ya no es la misma entre nosotras, ahora hacia esto, yo le confié mis sentimientos y ella no confió en mi. Me duele saber que le importa poco lo que yo siento pero sin embargo no me derrumbo. Horas más tarde me subo al auto lo más rápido que puedo, Tono como de costumbre no me abre la puerta, mi pecho se contrae más al recordar porque me hallo en esa situación con él. –¿Y Cass? –se limita a preguntar. –Ahora viene –respondo quedamente y él solo asiente. Poco después viene y se sube, se sienta a mi lado, prefiero dirigir la vista a otro sitio, no quiero verla ni hablar con ella, me siento dolida y traicionada, siento que tanto está roto repentinamente en mi. Porque al final supe por Charlie que Cassandra sucumbió a Leonel, no sé si están juntos pero si sé que tal vez pronto lo estarán. –¿Sucede algo Camille? –me pregunta hipócritamente. Siento furia y enojo. –¿Tendría que sucederme algo? –pregunto, mis palabras son como dagas y ella lo nota. –Cami –dijo con un dejo de suplica –puedo explicarlo. –¿Qué me vas a explicar? –inquiero furiosa –¿qué no era tu intención? ¿qué te dejaste llevar? No quiero que me expliques nada. Me mira dolida, no le creo ni un poco que le afecta como finge. –Si me dejas hablar –me dice. Niego. –Solo cállate Cassandra, no quiero hablar. No digas más. –Pero –empieza. –Solo no me hables –le digo y finge estar herida. En este punto ya no sé si creerle o no, me duele admitirlo pero ya no confío en ella y después de esto quizá nunca lo vuelva a hacer. El auto aparca, ella baja, después lo hago yo, la paso de largo y corro por la entrada, no quiero ir a saludar a mi nana o a mi mamá, porque se darán cuenta de lo que me sucede, como no me las quiero topar decido tomar un camino alterno para llegar a mi habitación. Camino por el pasillo que da a las escaleras, pero por donde casi nadie pasa, el estudio de mi padre está ahí. Doy los pasos más sigilosos que puedo, no deseo ser descubierta, justo frente a la puerta del estudio escucho un grito, no parecía un grito de horror o miedo sino más bien de alegría o placer. Me detengo. Por un rato no se oye nada y estoy por irme, pero una voz proveniente de adentro me retiene de nuevo. –Vaya –dice, la voz de una mujer y no es mi madre –eso fue... delicioso. –Claro siempre lo hago de ese modo –contesta la voz de mi padre. Si no es mi madre, ¿quien es? Pero no hace falta investigar. –Eres magnífica Sarah –de nuevo mi padre. Llevo una mano a mi boca, no puedo creer lo que oigo, esa mujer es la zorra de Sarah, la que planea quitarle todo a mi madre. No siento como las lágrimas bajan, solo procuro no hacer ruido alguno y lo consigo, estoy en shock, no sé que hacer. En el fondo de mi corazón tenía la esperanza que su infidelidad no fuese cierta, solo hasta ese momento me doy cuenta que eso deseaba. Confirmarlo duele más de lo que imagino, y oírlo es mucho peor. ¿Cómo se atreve a hacerle eso a mi madre? Duele como jamás creí que algo doliera. –¿Camille? –pregunta una voz a mis espaldas. Su voz me saca del shock en el que me encuentro. No le hago caso a Tono el propietario de la voz, en lugar de ello sin hacer ruido camino rápidamente a mi habitación, necesito estar sola y necesito desahogarme. Cuando siento que ya no me oirán hecho a correr. Odio ser débil, odio llorar y justo ahora lo estoy haciendo. Entro despavorida a mi habitación, cierro la puerta con seguro tras de mí, lanzo mi mochila a mi escritorio y me derrumbo como jamás lo he hecho. Todo se está desmoronando y no puedo detenerlo sin más, odio tener que pasar por esto. En este instante quiero estar sola y llorar en mi soledad sin que nadie me vea, sin que nadie me juzgue y sin consuelo alguno, porque entonces llego a una importante conclusión. Nunca sientas que todo es perfecto, porque por alguna razón el destino es traicionero y te golpea de la peor forma, te arrebata todo sin que puedas detenerlo. Porque justo ahora me siento impotente, furiosa y traicionada, pero mi soledad no dura mucho, alguien llama a la puerta y sé quien es antes de que diga algo. –Cami –me suplica por tercera vez –abre la puerta. Voy hasta la puerta y me detengo junto a ella, no quiero abrir, quiero estar sola pero sé que no se irá. –Quiero estar sola –le susurro sin abrirle y deslizándome hasta sentarme en el piso. –Cami –me vuelve a decir –por favor. Sollozo al oírlo. La culpa me está quemando, él estaba enamorado de mi y yo le he hecho daño por alguien que no me quiere. Pego las rodillas al pecho. –Vete –pido en un sollozo. –No me iré –susurra. Lo siento deslizarse y sentarse al igual que yo. Pasa lo que se siente como una eternidad y simplemente siento que él aun está ahí, no se irá. Me armo de valor, no estoy tan segura de querer ver su cara, sé que habrá una pizca de reproche en ella, pero aun así no le quiero dejar afuera. Abro la puerta, estoy hecha un desastre, con los ojos hinchados y la nariz roja. Él solo me mira, pero no veo el reproche y eso me golpea más. –Pasa –le susurro. Él entra y cierra con seguro. Sigue mirándome sin saber que hacer, me siento expuesta ante él y sin pretenderlo comienzo a llorar nuevamente, me rodea con sus brazos y me acerca a su pecho. Me tiene consigo hasta que estoy tranquila, lo cual solo lleva poco tiempo. Para cuando me calmo, me separo de él y lo miro. –Perdón –le digo sinceramente. –¿Por qué? –pregunto perturbado. –Por todo –hablo –pero en especial por ser traicionera. –Tú jamás serás una traicionera. –Lo soy –digo –está en mi sangre serlo –continúo con pena –mi padre traicionó a nuestra familia y Cassandra a mi, yo lo hice contigo. ¿Quien mas va a traicionar a quien? –cuestiono. –No lo sé –dice –pero yo estoy seguro que no lo haré. Jamás te traicionaría Camille, te lo prometo.
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