Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 13
'Piensa bien lo que harás, sea lo que sea alguien saldrá lastimado'. Las palabras no dejan de retumbar en mi cabeza. Simplemente no salen de mi cabeza y eso me perturba. No sé que hacer, ya lo tengo claro respecto a quien quiero, pero las palabras de Charlotte me descolocaron. Cuando vuelvo a mi lugar sigo sin saber que hacer y para la hora del descanso en lugar ir con las chicas y George me largo a pensar en todo lo que me ronda la cabeza. ¿Cómo es que me he metido en éste lío? Dos chicas y yo. Jodidos triángulos amorosos. Sé que apestan pero no tenía idea de cuanto. En las siguientes clases y en la práctica de fútbol estoy sin estar realmente. Vamos. A Camille la considero una chica increíble y ya la quiero como una amiga, no quiero perderla, pero a Cassandra la quiero de otro modo y no estoy dispuesto a dejarla ir, al menos no tan fácilmente. Al finalizar las prácticas voy a casa, entonces mientras manejo tomo una decisión. Lucharé por lo que siento por Cassandra, le haré saber a Camille que no la amo y sobretodo buscaré la manera de intentar algo con Cassandra. Estoy dispuesto a todo. Desde la mañana siguiente mis intenciones siguientes se punen en marcha, no quiero dejar pasar más tiempo, tengo planeado confesarle mis sentimientos pronto, así que dispongo de poco tiempo. Al llegar a clase, ellas aún no llegan, tomo uno de los sitios vacíos cercanos a la entrada, a su llegada llamo a Cassandra a sentarse conmigo. Camille me saluda y al ver que quiero que su hermana se siente a mi lado me mira extraño pero toma asiento por delante de mí. Charlotte llega después sentándose a su lado y ya no me siento tan mal por dejarla sola. En el descanso todos vamos, como ya es costumbre a la cafetería, dejamos las mochilas reservando nuestros sitios y nos dirigimos a traer nuestra comida. Al regreso nos sentamos y yo tomo mi lugar a lado de Cassandra, Camille no dice nada solo me mira entre extrañada y dolida. Cruzar palabras es un poco incómodo, pero se suponía que yo no sé de sus sentimientos por lo que no tengo que ser de ese modo, así que hago lo posible para actuar con naturalidad. Los días siguientes sigo con lo que tengo planeado, no quiero hechar nada a perder por lo que no tendré porque sucumbir. Durante esos días veo como Camille se va apagando más y más, sus ánimos no son los mismos y sus sonrisas ya no son verdaderas, lo oculta perfecto ante los demás pero yo veo algo diferente en ella. Me siento tan malditamente cruel y mi mente no hace más que evocar su mirada cada que no la veo. Estúpidos triángulos amorosos. Tengo la certeza de que eso es mi culpa pero por más que una parte de mi se siente mal, la parte que se siente feliz es más grande y por supuesto la que me domina. Es viernes, en todos estos días todo fue como yo lo esperaba, Camille no fue insistente y pareció creer mi mensaje, por el contrario, marcó una linea fina de distancia y aunque se sintió raro estoy bien con ello. –Camille –dice Charlie –¿estás bien? –Claro –habla forzando una sonrisa –¿por qué no habría de estarlo? –No lo sé –responde. –Solo estoy cansada –miente a la perfección –leer en exceso te agota. Suelta una ligera sonrisa que no alcanza sus ojos. –Seguro que si –dice Charlotte convencida. Niego sin ser notado. Yo sé el porque de su actitud, pero no es como que ella lo sepa, ésto es demasiado complicado. Un nuevo fin de semana viene y eso es genial, el gran día en que le confesaré mis sentimientos está más cerca, eso me tiene más que emocionado. El viernes por la noche Landon me invita a una fiesta, pero rechazo su oferta. ¿Por qué? No sé. El sábado me levanto temprano y luego de salir a correr vuelvo, me doy una ducha. Me quedo en casa a ordenar mi cuarto hasta por la tarde cuando mamá sugiere ir a ver a la bisabuela Henrietta. Hace ya varios días que no la veo y ya extraño sus mimos. Para ella yo soy su bisnieto favorito y eso me gusta, ser el preferido, además de que le encanta que le toque la guitarra solo para ella. Tomo mi instrumento y bajo las escaleras para encontrarme con mamá e irnos a casa de mi bisabuela. Como siempre mi "bisa" como me acostumbre a decirle, me recibe más que feliz y tal como hacía cuando era un niño me regala dulces. Son de los dulces que ella le enseñó a hacer a mamá pero con la diferencia de que ella les ponía un toque especial. Saco uno del envoltorio y me lo llevo a la boca. El dulce sabor de la canela y el café se funden en mi boca y es un dulce elixir. Lo saboreo hasta que se termina. –Nunca voy a dejar de decirte lo mucho que amo estos dulces bisa –dije –son fantásticos. –Y los tendrás cada vez que vengas León –me dijo mi bisa. Así es como ella me llama y nadie más lo hace, porque dice que es como los leones, fuertes, veloces y peligrosos. Pero me gusta. –Vendré más seguido –prometo. –Eso me dijiste las veces anteriores y han pasado varios días desde tu última visita. No prometas lo que no cumplirás. –Bisa –digo –no te enojes por favor. –No, no me estoy enojando –pido –solo que te doy un consejo. Asiento sin darle tanta importancia. –¿Quisieras tocar para mí? –me pregunta. Pero suena más a una petición. –Siempre que lo desees –respondo. Ella solo sonríe y se sienta a deleitarse con los sonidos de mi guitarra. Las horas se nos van entre los sonidos de mi guitarra y los halagos de mi bisabuela, mientras le toco canciones me va contando como cada canción le recuerda alguna parte importante de su vida, como el día de su boda o el día en que nació mi abuela. Es una tarde muy agradable como pocas lo han sido. –¿Podrías traerme un poco de agua? –me pide. –Claro –respondo. Voy por su pedido hasta la cocina, su habitación es la última, así que tengo que recorrer todo el pasillo y lo hago. Las voces de mi mamá y mis abuelos se van haciendo más fuertes y un poco más claras. –¿Cuándo lo supieron? –es la voz de mamá. –Hoy que fuimos por los resultados –esta vez es la voz de mi tía. –¿Cuánto? –mamá pregunta. Frunzo el ceño, su voz se escucha apagada, en lugar de llegar a mi destino me pego a la puerta y espero para saber más. –No se sabe -continúa hablando –depende de los cuidados. –¿Qué tan grave es? -pregunta mamá. –El cáncer puede ser muy agresivo y muy veloz pero varía. Empezaremos a medicar a tu abuela lo más pronto posible –le dice mi abuelo a mi mamá y mi tía. Y entonces es como si el mundo me cayera encima, como si todo se desmoronara ante mis ojos, de pronto deja de importar todo, ya no importa nada, solo el hecho de que hay algo que puede hacerme trizas. Una lágrima baja por mi mejilla. Yo no acostumbro a llorar, porque creo que las lágrimas te hacen ver débil y vulnerable pero en esta situación no puedo impedirlas. No soporto más y salgo de mi escondite, camino hasta mamá, aunque ella aún no me veía pero mis abuelos si. –Leonel –dice mi abuela sorprendida. Mamá me voltea a verme y me mira asustada. –¿Pensabas decírmelo? –digo sin pizca de reproche. No me contesta y eso me da una idea de lo que haría. –Me lo ibas a ocultar –afirmo. Solo asiente sin fuerzas. Un nudo me ahoga y me quedo callado. –Pero lo oíste –me habla –Leo, lo siento –me dice. No me contengo más y me derrumbo. Mamá se levanta y como un niño me refugio en sus brazos, ella sabe como me siento y me consuela sin restricciones. Con todo el valor que logro reunir vuelvo a su lado y le hago pasar una tarde inolvidable. Al volver a casa me precipito a mi habitación y me desahogo con mi soledad, ésta vez hasta que ya no puedo más. En toda la noche no puedo dormir. ¿Cómo puedo estar tranquilo cuando siendo realistas, la vida de mi bisabuela puede acabar en solo segundos? De solo imaginarme lo que sucedería el sueño se me va. Paso toda la mañana en la cama, no duermo pero tampoco me levanto, es hasta pasado el medio día que decido salir de ella y solo porque mamá casi me obliga. El día se me escurre como si de agua se trata. El lunes por la mañana mi humor es negro, no tengo deseos de ir al instituto, ni siquiera porque hoy estoy decidido a confesarle a Cassandra lo que siento, en el fondo me siento vacío. Pero en la soledad de mi habitación vienen a mi memoria las palabras de mi bisabuela. '–¿Por qué tardaste tanto León? -me pregunta una vez vuelvo a su habitación. –Mamá me entretuvo –miento. –No me mientas León. –No te miento –contesto manteniendome fuerte. –¿Se te olvida que te conozco demasiado? Te vi crecer desde el vientre de tu madre y yo sugerí tu nombre, te conozco más que a mi misma. –Ten –le ofrezco el vaso con la esperanza de que le pueda cambiar el tema. –Sé lo que me está sucediendo –me dice aceptando el vaso. Solo me queda bajar la mirada. –Mírame –me pide. No me puedo contener y una lágrima escapa. –Sabes una cosa –me dice y centro mi atención en ella –yo también lloraba cuando sabía que alguien a quien amaba iba a morir, pero dejé de hacerlo, porque me di cuenta que la muerte no es más que dejar de estar en este mundo para ir a otro. Es como viajar, como decir que vas al otro lado del mundo y no volverás en mucho tiempo, pero sabes que te volverás a ver con esa persona. La muerte en realidad está solo en tu mente. La miro sin palabras. –Vive León, vive porque hay cosas que no suceden dos veces, no te derrumbes por mi, continua, ama, sonríe, enojate, haz lo que sea, vive, pero no llores porque alguien se va, esto solo es un "hasta pronto", no es el final. Porque todo tiene un principio pero el fin, ese cada uno lo decide. Y este no es el final, solo es un "nos vemos pronto" –me dice y acaricia mi mejilla. Y solo hasta ese momento me doy cuenta de lo mucho que lloro, de lo sé que es para mí, de lo mucho que la extrañaré y la falta que me hará.' Y tiene toda la razón. Una hora después estoy entrando a clases, al igual que los demás días me siento a su lado. Antes de la hora del descanso aprovecho la oportunidad y le pido a Charlotte que se lleve a Camille, por suerte hoy no vino George así que todo será mucho más fácil. Al sonido de la campana, Charlie hace lo que le pido y yo tengo la oportunidad para raptar a Cass. –Ven –le digo ofreciéndole mi mano –hay algo que debo mostrarte. La arrastro conmigo hasta el gimnasio de la escuela y ella me mira extrañada. –¿Qué me vas a mostrar? –pregunta dulcemente. –Yo –hablo rascándome la nuca. –¿Tú...? –dice aliviando un poco la tensión. Sus ojos brillan y sus delgados labios me provocan. Sin más tomo sus mejillas y la beso, al principio parece sorprendida pero después se deja llevar, me corresponde. Y Dios que muero en ese mismo instante. Sus dulces labios son embriagantes y simplemente hago lo que hace mucho quiero hacer. Nos separamos, está con los labios hinchados y los ojos brillantes. –Me gustas –hablo –me estoy enamorando de ti. Me mira con los ojos como platos. –Pensé que te gustaba Camille –dice confundida. –No –respondo –no, tú solo tú me encantas. La beso de nuevo. –Pero Camille tiene sentimientos por tí. –Lo solucionaremos –digo –mejor dime, ¿sientes lo mismo? Asiente. –Entonces estoy seguro que lo entenderá. Demostrémosle al mundo que el amor existe –propongo porque en verdad lo creo y sus ojos brillaron aún más. –Hagámoslo juntos –dice y unimos nuestras manos. Y por primera vez lo digo verdaderamente.
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