Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 12
La cercanía con ambas hermanas me hace conocerlas más. Camille Powell. Cassandra Powell. Sus nombres se parecen tanto, pero vaya que no lo en lo referente a lo demás.Éstas cuatro semanas a lado de ambas han sido geniales. Por un lado está Camille, la enigmática Camille Adeline Johnson Powell. La mayor de ellas, con quien solo me llevo dos años y un mes, parece algo planeado pero no lo es. No miento cuando digo un mes pues ambos somos de la misma fecha, con la diferencia que yo cumplo años un mes antes y ella uno después, hasta en eso el destino se encargaba de jodernos, aclaro que solo en ocasiones. A sus dieciséis años es una chica hermosa, su pelo castaño, largo y ondulado, sin duda algo que me llama demasiado, esa siempre ha sido mi debilidad, las chicas de cabello largo y ondulado. Las mujeres se ven hermosas luciendo el cabello largo. Sus ojos, ni que decir de ellos, son cafés, parecen comunes, pero no es así, es como navegar en chocolate, claros por momentos y oscuros pero sin llegar a parecer negros, a veces siento que me reflejo en ella y eso me gusta. De forma descriptiva y general tenemos algunos rasgos parecidos. Un color bastante extraño, su piel blanca y suave, sus pestañas y ni hablar de su fabuloso cuerpo. Es una chica bajita, con las caderas lo suficientemente amplias para que sus piernas parezcan que son infinitas. Su sonrisa cálida, su risa enérgica, melodiosa, contagiosa y dulce, todo conjugado, sus gestos y sobretodo su carácter, fría para todos, cálida solo para quien ella desee. Todo una combinación exótica, todo un enigma. Pero sobretodo un misterio, uno muy llamativo para quien quiera descubrirlo. Por el otro lado esta Cassandra. La dulce Cassandra Elizabeth Johnson Powell. La menor de las dos, la diferencia de edad es de tres años y veintitrés días. Nacimos en el mismo mes, pero en diferente año y día. Su piel morena, no trigueña, pero si caliente, lo que le da un aire exquisito, oscura, solo lo suficiente para ser candente. Sus carnosos labios sonrosados, los cuáles combinan a la perfección con su color de piel. Sus largas pestañas, esas que abanican sus preciosos ojos, y sus delineadas cejas, sus ojos cafés oscuros, sin llegar a negros. No son del color de los de su hermana, pero aún así son hermosos. Su cabello castaño dorado, parecen hilos de oro en el sol y simplemente me fascina. Lacio y en punta, no es mi tipo pero me gusta, me hipnotiza. Su altura y su figura son simplemente deslumbrantes, su forma de caminar y de moverse. Lo cual es elegante y la vez tiene ese toque de coquetería que a cualquiera llama. Su risa no es como la de su hermana, solo es cálida y discreta, su voz es dulce y sin pretenderlo sensual. Su carácter más pacífico y sin máscaras, la tristeza no la oculta, ni ninguna otra emoción tampoco es ocultada, a diferencia de Camille no es reservada. La quiero, me gusta y me estoy empezando a enamorar de ella, porque si, de las dos ella me logró enamorar, con su inocencia, su timidez y su dulzura. ¿Por qué demonios estoy pensando de ella de forma romántica? No debe de ser así, hay un protocolo que aún debo cumplir y aquí me encuentro pensando en ambas hermanas. Sin querer en mi corazón haciéndolas rivales, esa parte es la que menos debe preocuparme. Las dos me gustan, pero debo admitir que Cassandra pesa más que Camille. No debo compararlas, y no lo hago, porque aunque son hermanas, no son iguales, lo sé a la perfección. Richard y yo somos hermanos, al igual que ellas somos incomparables. Cada una es hermosa a su manera y cada una es de ese modo por ciertas circunstancias que desconozco. Pero en este caso quiero a Cass y voy a pelear por ella si es necesario. El protocolo. Me recuerda mi estúpido cerebro. A la mierda el protocolo. Haré lo que me plazca y lo que desee. El lunes, le confesaré lo que siento. Solo espero no ser mandado a la friendzone. El fin de semana pasa un poco lento, el viernes no voy a ninguna fiesta, así que me voy temprano a la cama, no sin antes tomar mi dosis de relajación tocando la guitarra. De algún modo debo de sacar mi frustración, y dado que no quise tener una noche activa lo mejor fue tocar mi instrumento favorito. La mañana siguiente me despierto cerca del medio día. Cuando bajo a la cocina recién bañado no encuentro a mamá por ningún lado, seguramente ha tenido que salir, en su lugar veo sobre la mesa mi almuerzo junto a una nota escrita por ella. Sonrío como un tonto. Mamá siempre tan buena conmigo, preocupándose por mí, amo a mamá con el alma. Leo. Me fui a casa de tu abuela, la acompañaré al súper y después estaré en su casa para después llevarla a su cita medica. Vuelvo en la noche. Tu desayuno está en el plato, solo calientalo y come. Besos. Vaya, tengo casa sola. Meto mi comida al microondas y una vez lista me siento a comer, una vez termino de comer, me pongo a hacer los deberes, no sin antes dejar limpio el lugar y las cosas que ocupo. Poco después me llama Owen para invitarme a una fiesta. Es sábado, mamá no está, puedo salir a la hora que quiera y volver a la hora que me apetezca, así que sin dudarlo acepto ir. Una cosa es no haber salido ayer, pero ya era una desgracia si no salía hoy, como tengo la tarde libre me pongo unos pantalones de deporte, una camiseta y mis tenis para ir a correr y después al gimnasio. Lo mínimo que puedo hacer es mantenerme en forma. Las últimas dos horas las paso fuera de casa y para cuando vuelvo son las siete, mamá aun no llega, como es de esperarse, lo cual no me sorprende, ya que me lo ha mencionado en la nota. Subo a mi habitación, me doy una ducha para prepararme para la fiesta. Envolví una toalla alrededor de mi cintura, camino por mi habitación en busca de mi ropa para vestirme. Un bóxer y luego un jean negro, lo combino con una camisa blanca que arremango hasta mis codos, hace calor por lo tanto no me pongo chaqueta, me calzo mis botas militares y estoy listo. Hay tiempo de sobra para poder tomar una siesta. Dos horas más tarde me encuentro entrando a la casa de un desconocido, es el organizador de la fiesta. No tengo ni la más mínima idea de quién es el anfitrión pero tampoco es como que importe mucho. Voy hasta la barra y pido una cerveza, me sirven de inmediato, estoy por irme cuando me topo con Diane, no voy negar que hoy se ve muy caliente. Desde nuestro encuentro solo la he visto en clases y nada más. –Leonel –ronronea. –Diane –digo un poco seco. –Me alegra volver a encontrarte –comenta pegándose a mi cuerpo –¿te apetece repetir lo de la otra noche, cariño? –ofrece sin rodeos. La verdad es que no tengo porque pero aún así lo hago, algo en mí me dice que es lo correcto. –Lo siento pero paso –le digo. ¿Pero qué demonios me pasa? ¿Es que a caso me he vuelto loco? ¿Por qué la rechazo? –Tú te lo pierdes, bombón –me responde haciendo un puchero y dándome un beso casto en los labios, él cual no correspondo. ¿Por qué? Tampoco lo sé. Quiero ir tras ella pero mi cuerpo se niega a moverse. Me frustro conmigo mismo, algo en mí está mal, muy mal. El domingo pasa sin problema alguno, no hago casi nada en el día, salvo salir a correr, ir al gimnasio y tocar la guitarra. Por la noche me conecto a mis redes y luego de como todo un acosador buscar a Cassandra le mandé una solicitud por Facebook, la cual acepta inmediatamente. Aprovecho que está en linea para mandarle un mensaje. Lo recibe y lo lee pero no me contesta, eso me deja intrigado, cuando estoy por desconectarme recibo su respuesta, contesto luego y así empezamos una muy agradable conversación. Con un último mensaje deseándole buenas noches y dulces sueños me despido y la dejo dormir. Yo también me voy a la cama y al instante el sueño me vence. La mañana siguiente me levanto más temprano de lo habitual, algo raro en mí. Salgo de la cama y voy a la ventana de mi habitación y la abro, estoy ansioso, el calor no ayuda en lo absoluto. Mi móvil marca cinco cuarenta y cinco, me sorprendo. No soy de despertarme tan temprano pero en vista de que no tengo sueño, me pongo ropa de deporte decido salir a correr, eso si que me ayudará a mejorar mi ansiedad. Corro y corro sin rumbo fijo, quiero sacar toda la jodida ansiedad que llevo dentro y eso es lo que hago. Cuando vuelvo a casa son cerca de las siete, me voy directo a la ducha, me doy un baño que relaja más mis músculos y a la vez me refresca. Media hora más tarde ya estaoy aparcando la moto en el estacionamiento del instituto. En ese momento noto como el flamante Camaro se acerca, se detiene y apaga el motor, de él emergien las dos chicas que me gustan. Primero Cassandra que al verme sonríe y luego Camille, me mira y me saluda con la mano. Es raro que el chico no la ayudara a bajar, pero no me fijo en ello. Una vez cerrada la puerta, el auto se va. –Hola Leo –dice Cassandra. –Cassie –hablo. Con paso decidido Camille llega hasta nosotros. –Leonel –dice sonriente. Asiento en su dirección y le sonrío. Me sorprende que ella me llame por mi nombre completo, pues la mayoría prefiere hacerlo por el derivado de mi nombre y no me molesta, me gusta que lo haga. –¿Vamos a clase? –pregunta animada y yo asiento. –Vamos –habla Cassandra. Una vez en el salón me separo de ellas y voy hasta Charlotte quien lee un libro. Está tan concentrada que no me nota. –Charlotte –digo y ella salta en su asiento. Cierra su libro y me mira. –Leo –dice –me asustaste. –Disculpa Charlie fue sin querer. –Está bien –dice –¿qué tal fue el fin de semana? –Un poco perturbador pero no es la gran cosa. Eleva una ceja y le sonrío. –Vine para pedirte algo –empiezo a decir. –Soy toda oídos –responde feliz. –Me gustaría que me ayudes en el descanso –pido. –¿A quien hay que matar? –bromea y me río con ella. Me río de su pequeña broma, en verdad me agrada la chica. –Necesito que lleves a Camille contigo en el descanso –explico –tengo que hablar con Cass. Me mira interrogante pero asiente. No tiene caso ocultarlo así que se lo cuento. –Estoy enamorado de Cass –digo –y se lo confesaré. Quizá le pida ser mi novia o conocernos más. Ella dirá. Abre enormes los ojos. –Joder –habla más que sorprendida. Me extraña su reacción. –¿Estas bien Charlie? –quiero saber. –Leo –me dice –¿no crees que te estás apresurando? La miro como si le hubiesen salido tres cabezas. –No –digo firme. Niego. –Es que no... –empieza a decir –¿podrías esperar más? Niego de nuevo. Se ha vuelto loca. Quizá. –¿Por que te pones así? –interrogo. Es su turno de negar. –Vamos –pido –debe ser importante por eso reaccionaste así. –Cassandra siente lo mismo –suelta y mi corazón salta dentro de mi pecho, latiendo de emoción –pero igual Camille –y entonces es como si me tiraran agua helada. No puede ser. –Las dos me gustan, fue difícil elegir porque ambas son hermosas pero Cass me pudo. –Camille pasó por lo mismo –explica –no debería estarte diciendo esto pero es importante. Ella tuvo que elegir entre el chico, Tono y tú. Y te eligió a ti. Me siento peor. –Yo quiero a Cassandra y ella a mí. –Pero está Camille –me recuerda –piensa bien lo que harás, sea lo que sea alguien saldrá lastimado. Camille no merece sufrir –me dice. ¿En que dilema me metí?
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Populares

Populares

close 0/500