Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Verdad”
La foto de dos jóvenes sonriendo con alegría se encontraba frente a su madrastra, quien con lágrimas en sus ojos observaba con nostalgia a las chicas del cuadro. — Kate, tu hija está a unos pasos por ser feliz con un chico que en realidad la ama, un poco más y cumpliré con tu promesa. No te preocupes, ella te sigue recordando cada día. Dijo entre sollozos. Katerin sabía que su madrastra había conocido a su madre, pero, no qué ella había sido su mejor amiga. La manera en que la trataba y las duras palabras que le decía tenían en realidad un propósito, ella no lo sabía, pero un gran secreto estaba oculto. — Espera un momento, ¿por qué no me dijiste que mi madre y tú eran mejores amigas? Irrumpió Katerin con exaltación. La pelirroja la miró con sorpresa, no sabía hasta que punto había escuchado de la conversación que tuvo con el retrato. — Katerin, ¿cuántas veces te he dicho que no puedes venir ni entrar en mi habitación? — No, ahora no me vengas con eso. Quiero saber antes la respuesta de la pregunta que te hice, dime la razón, quiero saberlo. Respondió Katerin perdiendo la compostura, en ese momento lo único que le interesaba era saber porque la había tratado así todo este tiempo. «¿Acaso será que ella codiciaba lo que mi madre tenía? ¿Y si ella también tuvo que ver en su muerte? En ella no se puede confiar, debo llegar hasta el último detalle de esta historia, saber porqué jamás me había dicho la relación que tenía con mi madre» Pensó Katerin mientras esperaba la respuesta de aquella nerviosa mujer. Era la primera vez que la miraba de esa manera, su actitud estaba siendo muy diferente. — Anda, responde. — Katerin, por favor. Ve a tu habitación y no te metas en este asunto. — ¿Cómo quieres que no me meta, eh? Ella es mi madre, la joven que está a tu lado en esa foto es mi madre, tú eras su amiga. ¿Por qué te casaste con su esposo en cuanto ella se murió? ¿Acaso tú tuviste algo que ver con eso? Pregunta tras pregunta dejaba salir, sus palabras eran como cuchillas filosas en contra de la mujer, que con sólo escucharla se horrorizaba de sus crueles palabras. Por muy duras que fueran, no podía sucumbir, ella no podía decir la verdad oculta. — Sí, Katerin. Ódiame, por favor. Ódiame por querer ser tu madre, por tener lo que le pertenecía a ella, por robarte la y porque yo estuve en su lugar, por haberte cuidado yo y no ella. Respondió exaltada. Katerin le dirigió una mirada severa cargada de odio, no sólo la estaba odiando, sino que en ese preciso momento quería destrozarle el rostro. — Eres una maldita bruja, tú merecías morir, no ella. Dijo Katerin para antes irse echando rabietas. Los empleados de la mansión se exaltaron ante aquellos gritos, Katerin había sido cruel con la mujer que todo esté tiempo había guardado con recelo la memoria de su buena amiga, la cual solo había cometido un gran error, el cual había sido enamorarse. Ante las palabras llenas de odio por parte de Katerin, la pelirroja se desplomó en el suelo de su habitación, observando con una triste sonrisa al cuadro, donde ellas dos sonreían. — Por eso te advertí de él, te dije que nunca te correspondía como tú lo querías, que solo quería jugar contigo, como lo hacía con todas las chicas. Te lo advertí, Kate. Daría lo que fuera por tenerte una vez más junto a mí, quisiera que jamás te hubieras fijado en él. Dijo afligida y con lágrimas en los ojos. El pasado que habían vivido era algo que jamás se había contado a más personas, solo su círculo de amigos y familia sabían de ésto. La propia Katerin estaba destinada a no saber lo que en realidad se ocultaba tras su origen. — Él no te conviene, te lo dije. Eras demasiado joven para morir, tú tenías que vivir lo suficiente para ver crecer a tu pequeña. ¿Recuerdas ese día? Ese día que me dijiste que esperabas un bebé, me puse feliz por ti. Por un momento olvidé lo que habías hecho, y me centré en felicitarte. Prosiguió sollozando. Los recuerdos volvían una vez más a su afligida mente. La memoria estaba repleta de los buenos momentos que había tenido Kate, Nicolás y ella juntos, los tres buenos amigos y cómplices de su vida. Habían prometido cuidar a la pequeña en su vientre. — Tú prometiste estar por siempre conmigo, tú se lo prometiste a Nicolás quien te amo sin vacilar, él estaba dispuesto a pasar la vida junto a ti. No logro entender porqué la vida fue injusta contigo. Dijo ahora con un tono amargo. Se miró al espejo, su maquillaje se había corrido, su corazón dolía. El recuerdo de su amiga, su hermana a quien tanto había protegido estaba presente solo con observar a la pequeña Katerin, ella era su vivo retrato de ella. — Jamás he querido robar tu recuerdo, ni tu lugar, en ningún momento he deseado eso. Solo quiero que estés presente tú, sabes que soy codiciosa, pero no a ese punto, tú eres lo más importante de mi vida y también lo es tu hija. Me la confiaste para que la protegiera, incluso dijiste que la criara como mía. Pero, no. Eso es inaceptable, por eso todo este tiempo me he estado ganando su odio. Para que ella siempre te tenga a ti como su absoluta madre, sin importar si... Si ella no es hija de Nicolás. Dijo sacando todo lo que estaba guardando por años. Katerin cayó de espaldas, la verdad se había revelado ante ella, la mujer a quien tanto despreciaba en realidad se había encargado de que ella se refugiara en el recuerdo de su difunta madre, la cual no era la que creía. Sin pensarlo, entró la levantó del suelo y la miró directamente a los ojos. — ¿Qué acabas de decir? Repítelo. Dijo Katerin perdiendo los estribos. La mujer se encontraba pálida, no esperaba que ella estuviera escuchando su charla. Ahora, el secreto mejor guardado había sido descubierto por la última persona que por todos los medios había tratado de ocultar. — No es lo que crees, nada es verdad. Ignora mis palabras, nada ni nadie es mejor padre que Nicolás, él siempre será tu padre, sin importar lo que digan los demás o lo que diga una hoja o prueba. Dijo desesperada. Todo este tiempo la historia de su padre y su madre había sido una gran y perfecta mentira, una que por mucho tiempo ella había creído ciegamente. Hoy por fin a sus 23 años conocía la verdad que jamás hubiera querido saber. — ¿Nicolás no es mi padre? Preguntó mirándola con detenimiento. — Katerin, por favor. Tranquilízate, escuchaste mal, eso no es verdad... - respondió intranquila, lo que por años ocultó ahora estaba siendo revelado, todo por su imprudencia y por no fijarse que Katerin se haya ido de su cuarto- nada de lo que escuchaste es verdad, vete de aquí. Imploro preocupada. — No, yo escuche claro, estoy segura de lo que escuché. Ahora dime la verdad. Le exigió tomándola de los hombros y mirándola detenidamente. Por primera vez, ella parecía más débil y pequeña ante sus ojos, en su mirada vio lo cuán asustada que se encontraba. El momento de la revelación había llegado, el secreto mejor guardado estaba a punto de ser revelado. Su esfuerzo se había ido a la borda por estar desahogando se con aquella foto. «Kate, lo siento. No fue mi intención, te prometí que la protegería, si era posible hasta con mi misma integridad. Aunque, he fracasado» Pensó mientras buscaba una manera de salirse de esta difícil situación. — Habla, te estoy esperando. Volvió a decir Katerin. — Bien, te contaré, pero antes quiero que me prometas algo. — Está bien, dime. — No va a cambiar tu manera de ver a tu padre, ni tu madre. Por favor, ellos siempre serán tus padres. Kate y Nicolás serán tus padres por toda la vida, nada lo va a cambiar. ¿De acuerdo? Dijo la pelirroja mirando a Katerin, quien cada vez estaba más intrigada por oír su historia. — De acuerdo, lo prometo. Ahora, dime. Contestó Katerin. — Bien, esto que te contaré es algo que jamás quise contarte.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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