Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Amor o amistad”
Al despertar, Katerin tuvo la sensación de que algo la estaba pisando. Tuvo que pestañear muchas veces para ver con claridad el rostro dormido de Alejandro, quien a su vez la tenía abrazada como si de un oso se tratará. « Oh, no. Me quedé dormida. Ahora, ¿qué hago? Piensa, Katerin. ¿Cómo salimos de esto?» Pensó mirando de un lado a otro. Los fuertes brazos de Alejandro la sostenían firmemente, trató de zafarse de ellos sin despertarlo, pero, eso era más difícil de lo que pensaba. Así que, dio un largo suspiro y se dio por vencida. — Ale, buenos días. Dijo en cuanto vio que los ojos de Alejandro parpadearon. — Buenos días, ¿estoy soñando? Respondió desconcertado parpadeando hasta que se dio cuenta que en realidad ella estaba junto a él. Katerin sonrió avergonzada. Era normal que él se encontrara de esa manera, cualquiera que encontrara a su crush o la persona que tanto le gusta, tendría esa misma reacción y expresión. — No, bueno. Esto es un poco vergonzoso de explicar. En realidad, yo... - vaciló por un momento, lo que había querido hacer fue cambiado de último minuto a tranquilizar sus sueños, al menos, él había podido dormir más tranquilo y lo más importante, es que no había recordado lo que recientemente sucedió entre ellos dos- quería espantarte, pero, termine cayendo sobre ti y tú... Bueno, me abrazaste y ya no pude zafarme, ¿sabés? Tienes demasiada fuerza. Respondió esbozando una sonrisa, mientras ocultaba su nerviosismo. Le tomó como un minuto darse cuenta de lo que le decía, se dejó llevar por la sonrisa de Katerin y esbozó una él también. Luego, se dio cuenta que aún la seguía abrazando. Si por él fuera, jamás la soltaría, sin embargo, ellos dos no tenían ese tipo de relación íntima. Por lo tanto, le debía de dar el respeto que se merecía. Katerin agradeció con otra sonrisa cuando él la soltó, se sintió libre pero una extraña sensación le recorrió su piel. La calidez y la protección que había sentido entre sus brazos ahora se había desvanecido. — Lo siento, en verdad lo siento mucho. Se disculpó Alejandro. — Oh, no. No te preocupes, de todas maneras, la que se debería disculpar soy yo. Perdón por invadir tu espacio personal, y más por haber causado una gran sorpresa. Contestó levantándose de aquella suave cama. — No es ninguna molestia, recuerda que yo te ofrezco mi ayuda siempre que lo necesites. Una vez más él se portaba amable con ella, lo cual causaba que su corazón se derritiera por él, que su ritmo cardíaco aumentará y que confirmara el hecho de que se estaba enamorando de su mejor amigo, el chico codiciado por todas las mujeres de su antigua generación y por todas las mujeres que lo conocían. Una linda sonrisa adornó el rostro de Alejandro, lo que causó que Katerin se quedará perdidamente en esta. Él al darse cuenta no pudo evitar mirarla con ternura. Los dos parecían desbordar miel en estos momentos. La pelirroja los observaba desde afuera de la puerta del cuarto, esperando por ver otra interacción más íntima. «Chicos, son muy lentos. Apresurense, aunque sea un beso» Pensó desesperada. Lentamente comenzaron a acercarse, Katerin estaba bajo el hechizo de sus labios, Alejandro por su mirada. Los dos estaban a punto de sucumbir ante la atmósfera romántica, cuando, de pronto una de las empleadas anunció que el desayuno estaba listo. Los dos se apartaron bruscamente, sonrieron apenados y sus mejillas estaban ruborizadas. — Bueno, creo... Creo que debo irme a mi habitación a prepararme, nos vemos en el desayuno. Atinó a decir Katerin con nerviosismo. — Sí, nos vemos allá. Respondió Alejandro buscando algo en la cama, para evitar ver su mirada, los dos sentían pena por lo que habían estado apunto de hacer. — Bien. Dijo mientras tomaba la manija de la puerta. La madrastra emprendió camino hacia una de las habitaciones cercanas, aun no podía ser descubierta, su plan no se llevaría a cabo si ellos la descubrían. Katerin salió disparada a su cuarto, se dejó caer sobre su cama y cubrió su rostro con su almohada. El calor invadía sus mejillas y su corazón palpitaba con fuerza. El recuerdo de sus labios y la cercanía que había tenido se repetían una y otra vez. — ¿Estoy enamorada de él? Se preguntó a sí misma. La respuesta estaba más clara, no había nada que resolver y ella lo sabía. Él supo ganarse su corazón, con sus acciones, palabras y atenciones fue sembrando el amor en ella. Ahora, era momento que comenzará a florecer y a cosechar lo. ... Durante el desayuno, ellos se mantuvieron distraídos con otras cosas, no se atrevieron a mirarse. El padre y la pelirroja no eran nada despistados, sabían que en realidad algo pasaba entre ellos dos. Por lo que, decidieron hacer de las suyas. — ¿Qué sucedió con ustedes? Ayer se hablaban con confianza, se reían y compartían miradas. Hoy ni siquiera se quieren ver. Comentó Nicolás contemplando los con una sonrisa. — O, ¿Se odian? Preguntó la pelirroja con astucia. — No, claro que no. Respondieron los dos al unísono. — Bien, esa es la respuesta que quería escuchar. Por favor, manténganse juntos por toda esta vida. Les dijo con una sonrisa. Era la primera vez que ella se portaba de esa manera. Katerin estaba sorprendida por la actitud positiva y el gran cambio que comenzaba a tener aquella mujer con ella. Después de los terribles años que la había hecho vivir, ahora de repente se mostraba amable y amorosa. — ¿Gracias? Respondió con duda. Alejandro y Katerin alejaron las inseguridades, su repentina vergüenza y su pena para contemplarse con una tímida sonrisa. Los dos sabían que algo había cambiado entre ellos dos. Al acabar el desayuno, Don Nicolás se despidió de ellos, no sin antes decirle a Alejandro que no dejará de visitarlos y que le enviará sus saludos a su padre. Después que se fuera, Alejandro decidió que ya era momento de irse, Katerin lo dirigió con su chófer y una vez más le agradeció por lo de ayer. Él la había ayudado a superar el terrible momento que había vivido en la fiesta y con Michael, que después de todo había terminado decepcionando la. — Nos vemos después, Kate. Ya sabes que si necesitas algo, yo estaré ahí para ti. ¿De acuerdo? Le volvió a decir esbozando una linda sonrisa. — De acuerdo, Ale. Gracias y ten por seguro que yo también estoy para ti. Cuídate y saluda a tu padre de mi parte. Respondió tomando sus manos entre las suyas, sonrió y le dio un beso en su mejilla derecha. Alejandro no pudo evitar sonreír por ese hermoso gesto, su corazón enloqueció y su autocontrol se vio afectado por unos segundos. «¿Cómo puedo decirte que te amo sin colapsar? Dios, necesito decirte lo mucho que te amo, pero, creo que aún no es momento. Es necesario que aclares todo y estés lista para esta relación» Pensó Alejandro mirándola con cariño. — Está bien, nos vemos. Respondió Alejandro para subir al coche. En cuanto estuvo dentro de este, el chófer comenzó a conducir. Lentamente fue desapareciendo la casa de su vista. — ¡Que bello es el amor! ¿Verdad, Joven? Dijo el chófer mirándolo por el espejo frontal. — Sí, es hermoso. Respondió suspirando mientras tomaba con cariño su mejilla. Por otra parte, Katerin se apresuró a buscar a su madrastra. Ella tenía que explicarle muchas cosas, entre ellas el rompimiento y el cambio brusco que había tenido Michael con respecto a su relación y su persona. — Ella me lo tiene que explicar. Sí o sí. Susurró mientras caminaba a su habitación. Aquella habitación a la que nunca se le había permitido entrar. Lentamente se aproximó a ella, sigilosamente abrió la puerta y observó con asombro lo que había en su interior. Algo la dejó en total shock, sus manos y sus pies no respondían ante ella, lo que escuchó y lo que miraba en ese instante cambiaba por completo la percepción que por años había construido en ella. — ¿Qué? Murmuró inaudible.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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